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domingo, agosto 03, 2008

Inaccesible

Ya soy grande, grande experiencias, no de edad. Ya estoy grande para no saber qué hacer con el deseo, o bien con su objeto.
Ella está allí, al alcance mi mano, pero nada, no puedo. Bah, puedo, pero mo me dejan. Ella está allí, inalcanzable. Ella levanta el muro que nos separa, que me impide encuerparme en ella.

Salimos, vamos y venimos y nada. Me siento que debo re-aprender el ABC, que debo ir a pre-escolar para poder desarmar esa cerca.

Alguien la haría más fácil y diría: no te desea, loca, dejá de rondar.

Soy loba, voraz comedora, no puedo dejar de rondar. No por comer porque sí, es porque la quiero a ella, y ella me duele.


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sábado, octubre 28, 2006

Ser solitario (II)

¿Significa algo tener la casa para “una sola”? ¿Significa algo servirte un Syrah y tirarte en tu sofá preferido y leer a la Yourcenar? ¿Qué “fuegos” arden, mi amor, cuando el sentido de la vida está lejos, o confuso, u olvidado? ¿Qué arde en mí, tan lejana, tan cosa, tan helado de sambayón al whisky? ¿Qué se va quemando, de a poco y que me ahoga como el haschís aquí adentro, muy adentro? Poné, poné tu mano, sentí: la nada. Pero hace tic-tac. La nada, la náusea ¿de golpe sartreana? De Marguerite a Jean Paul (y no el alemán, justamente)? No. Dejo que ella, Yourcenar me queme; me quema con su “treta del débil”, me quema y me hace pensar en todas las mujeres que amé, en todas las mujeres que ¿amo?
Hmm, el libro cae, lo dejo que se vaya, dejo la copa a un lado, me estiro, intento encontrarme, pensarme. Hmm. El cuerpo tieso se va relajando, la mano busca debajo de la camisa el pezón, lo acaricia, intenta que surja de su nada de soledad. Puedo sentir cómo se levanta, cómo choca contra mi dedo. Mi otra mano va hacia abajo, por debajo del short, juega con los vellos. Trato de sincronizar el movimiento. Descubro que ya estaba mojada ¿la metafísica excita? Me voy dando vuelta de a poco, cuidando de no caerme. Mi dedo sabio ya encontró su camino, lo recorre, acaricia la rosa más preciada, la más profunda. Siento algo de electricidad, una sacudida. Siento que puedo empezar a dar vueltas como una calesita, siento que el vértigo está ahí nomás; siento... que ... acaban de tocar el timbre.

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viernes, octubre 27, 2006

Skin deep

Siempre me llamó la atención que esa frase significara: superficial; por extensión aquello que no es más profundo que la misma piel; aquello que no es profundo at all.
Skin tuya sin mí; deep en la garganta azul del mundo; fucking gris como el rescoldo de la memoria. Sola, skin; deep sin vos. Me dejás, te vas, te vas a otros brazos, más amorosos ¿quizás? Fuego, agua; maternidad sostenida sólo por la teta.
Sin skin voy, andando; fucking verde de estas plantas que riego ¿o son mis lágrimas?
Casandra, ya nadie te escucha, y si lo hacen no te entienden. No hay grito peor: el que sale deep del ombligo.
Don’t break my heart. I U SHE canta Peaches, come on baby let’s go. Don’t break my glass ball. I want I nEEd to see the future: only skin deep miles away from home.

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miércoles, octubre 25, 2006

Ser solitario

“Eso no matará tu ser solitario”, me dijo Andrea, y esa frase me quedó rondando estos días. Si dejarme llevar por el deseo de la otra no mata mi ser solitario, entonces ¿qué es lo que lo está matando? M siento casi como una vegetal, o una de esas plantas parásitas: adornan pero nada de nada. Siento que soy un adorno para la vida de Renata y siento que no estoy haciendo nada con la mía.
Trabajo, sí por cierto, y mucho. Leo, casi demasiado, pero me descubro escondiéndome detrás de los libros, de la computadora; me descubro encerrándome en mi escritorio, inventando excusas para no salir, para no estar mucho con Renata.
Ella se da cuenta, pero ha tomado esto como una especie de cruzada, y estas cosas no me agradan mucho. Ella se queda, en silencio, ronda la casa, en vez de ponerse con su cosas o ir a su lugar o salir con sus amistades. Me molesta tener que encerrarme en un cuarto de mi propia casa, cuando justamente decidí arreglar esta casa por lo espaciosa, por lo aireada, pero apenas traspaso la puerta del escritorio, allí está ella, toda sonrisa, con mates o café o cerveza cuando yo no le pedí nada, y se va transformando en una especie de sombra.
Si le digo algo, lo toma a mal, se pone a llorar, le pido disculpas e inexorablemente terminamos en la cama, haciendo (d)el amor algo desapasionado, para cumplir con las formas.
No estoy preparada para los rituales de las parejas comunes y corrientes, quizá no estoy preparada para vivirlos y construirlos con Renata. De todas formas este fin de semana se va a Córdoba yseguro allá ella pondrá en movimiento su otra historia, su otra mentira vital. ¿Cómo puede vivir con éso? ¿Cómo puede vivir así? Pero estoy seguro que allá la aman más de lo que yo la quiero. Es una bella persona, me mueve cosas, pero no cuando estamos tan pegadas, tan juntas.

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viernes, octubre 13, 2006

Poema de Melisa

Hoy recibí por mail este ¿poema? de Melisa:

Te sepulto, nena, bajo los escombros,
bajo las cenizas de mi alma.
Te sepulto y escarbo para volver
a enterrarte, viva, en mi corazón
ya vacío. Te miro a los ojos
como una perra mira a quien
le da de comer o le hace una inútil
caricia en su lomo. Te sepulto, nena,
te borro; te como con pena y escupo
el nombre secreto que supiste darme.

M. L.


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sábado, octubre 07, 2006

Paños fríos

Recién se va Renata para hacer unas compras y tengo la chance de acercarme a la computadora: hace un día y medio que estoy con fiebre, digamos desde que salí del bar el otro día. Fue como un pico atroz de 38 y 39 grados que no bajaba, hasta hace un par de horas.
Me quemaba todo el cuerpo, empezando por mi mano. Quedé muy mal por lo que hice, pero Melisa me llevó al límite, me golpeó bien bajo. En fin, ya está. Recordé que la primera vez que trancé con alguien (Gloria) mientras ya salía con Melisa y se le dije, fue ella la que me abofeteó. Estoy en contra de la violencia, la violencia en mí o en ella, en otras; y estoy de acuerdo con que si alguien te golpea no te quiere, como suelen decir las campañas españolas sobre todo, pero esto era como hacer cerrar la boca, que eso que se está diciendo no se diga. No lo sé, no me jacto, y me parece terrible. Es algo que debo revisar en mí, es algo de lo que aprender.
No me extraña haber caído en cama, con fiebre. No me extraña estar así como eliminando toxinas, como limpiándome.
Cuando llegué a casa después del encuentro con M. lloré mucho, y pude contarle lo que había pasado a Renata. Hablamos mucho hasta que sentí que me estaba cocinando de fiebre.
Lo que recuerdo con claridad es lo que ella me dijo: “A mí ni se te ocurra levantarme la mano”.

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jueves, octubre 05, 2006

The thrill is gone (B. B. King)

Respiré hondo, levanté el teléfono y la cité a Melisa en el Bar enfrente de la plaza de la Congoja. Le dejé un mensaje, y a la hora que le había dejado dicho, bajé de mi oficina y crucé la calle. Para mi sorpresa ella ya estaba allí, y creo que para la sorpresa de Laura, la moza, también, ya que no entendía muy bien qué andaba pasando.
Después de hacer un rompimiento de hielo, de contarnos cosas que olvidaríamos para siempre dentro de cinco minutos, le dije directamente:
- Melisa, quiero nos dejemos de ver. Quiero decir con esto que me dejes de buscar o hablar o lo que sea. Por un tiempo (si es largo, mejor) no quiero saber nada de vos.
- Bueno, bueno, salió la cana que tenés adentro, poniendo límites.
- No intentes dar vuelta la tortilla que esta y por tu lado está bien quemada, Melisa, y yo prefiero que guardemos lo bueno que nos pasó.
- Y que vos intentás una y otra vez de borrarlo, Elvira. Yo no sé si te puedo prometer eso, de no buscarte, es más, después de nuestro último encuentro corté con Silvia...
- ¿Qué? ¿Pensabas que me ibas a recuperar diciéndome lo de Renata?
- No, corté por mí, sólo por mí. No sabía si te iba a volver a ver, y lo hice por mí, al fin y al cabo no la amo.
Suspiré hondo, pero muy hondo: “Melisa, sólo para que sepas, sigo estando con Renata y es a ella a quien quiero, y con quien quiero estar”.
- Qué raro vos jugando un papel secundario ¿no?
- Por qué no te vas a la mierda un poco, pendeja insolente! le dije desde el fondo de los ovarios.
- Ahora soy pendeja e insolente, y vos ¿qué sos? ¿La super madura? o ¿una vieja chota que no sabe de qué cuerpo joven sacar sangre fresca?
No puedo decir ni lo que hice, ni lo que le dije. Me da vergüenza, me siento mal. Pero me fui de allí mordiendo astillas de odio como nunca pensé que me podría pasar. Nunca. Salí del Bar, Laura salió conmigo hasta la puerta: ¿Estás bien? me preguntó. “Sí” le dije mirándome la mano que casi no reconocía como mía.

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miércoles, octubre 04, 2006

Give me one reason (Tracy Chapman)

Música de fondo para el alma, para el retorno. Música para curar, lamer, dulcificar heridas. ¿Quién le va a pedir razones a la otra? ¿Yo? ¿Renata? Dice el tango: mano a mano hemos quedado. Tabula rasa: maná para los dedos carcomidos; para los pelos crecidos.
El cuerpo de Renata surge como un barco fantasma en el horizonte de mi cama. La veo dormida. La veo descansando después de haber hablado, después de haber hecho el amor. La veo allí, una pierna asoma por debajo de la sábana. Noto que su pie es chico, redondo, rosado. Me dan ganas de ir a besarlo, de ir subiendo por esa pierna depilada (por el vestido); me dan ganas de ir a jugar con ella y pensar que este barco fantasma no lo es tanto.
Este es el segundo pacto que hago con alguien. El primero fue con Melisa, pero ese es diabólico. Con Renata intentaremos construir desde la apertura (¿?). Ay Elvira, lo tuyo es de culebrón sudaca, malo, pero cuando mirás atrás, hace como dos años, antes de empezar a llevar el blog, ¿qué había en tu vida? Parecías una gata callejera buscando refugio, refugiándote en cualquier cama, junto a cualquier cuerpo. Pero esto era aún antes ¿no? Uy, ¿no te da vértigo recordar esos años? y ¿París?, y ¿New york? ¿No te da vértigo pensar en aquellas para las que fuiste alguien en algún momento? No, no es recuento de presas, no soy, nunca me sentí cazadora, pero quizá llega un momento en la vida en que viene bien ponerse a mirar para atrás, sin tanta ira, reconociendo que aquella que fuiste sos vos. Ese es tu background, es lo que te conforma.
Creo que no puedo seguir escribiendo. No sólo sentí que Renata se dio vuelta en la cama, sino que ahora quedó con medio cuerpo descubierto, y es aún más invitante.

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martes, octubre 03, 2006

El secreto de Amanda (post nro. 300)

- Y ahora ¿qué harás? me preguntó Amanda pasándome un mate.
- ¿La verdad? No sé. En realidad quiero intentarlo con Renata.
- No ves, no ves que sos de lo peor.
- Vamos Amanda, vos sabés lo que siento por Melisa, pero ahora que sé dónde está Renata y dónde estoy, quiero seguir con ella, ver qué podemos sacar de bueno.
- Ay amiga del alma, no sé qué decirte.
- Raro te dejé sin palabras! le dije.
- No, esas chicas me dejan sin palabras o consejos y a vos sin aliento. ¿Querés que te confiese algo? me preguntó bajando la voz Amanda, ya que su hija andaba por allí cerca.
- Sí, qué pasa?
- A pesar de todo te tengo envidia, mucha envidia, buena ¿me entendés?
Me la quedé mirando; en los años que la conocía era la primera vez que se “quejaba” de su no estar en pareja.
- Estas loca, vos? No te convendría envidiar a otra persona?
- No, es que vos vivís tan a fondo estas relaciones, te equivoques o no; te caguen o no, las engañes vos a ellas o no. Sos apasionada, y eso me gustaría ser un poco a mí también, dijo Amanda, mirando hacia afuera, por la ventana.
Le tomé la mano, casi instintivamente: “Podés intentarlo...” La sacó rápido, y se quedó mirándome fijo: “No, Elvira, ahora no. Por ahora no puedo nada. Somos amigas, pero hay cosas que vos no sabés”.
- Y vos tampoco de mí, Mandi. Es así, siempre tenemos ese espacio secreto, tan necesario para poder seguir viviendo sin ser invadidas del todo.
- Elvira, me creerías si te digo que hace tiempo estoy enamorada de una persona que nunca me prestó atención?
- Eso es imposible! Es una tonta, entonces, dije.
- ¿Tonta? Yo no dije que fuera una mujer.
- Disculpá, Mandi, me sale por default el femenino.
- Está bien, no es un problema, pero bueno, me tengo que poner a cocinar ¿te quedás?
Jamás la vi así, irse por la tangente, pero me hizo bien saber que ella se fija en alguien.

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lunes, octubre 02, 2006

Con las cartas sobre la mesa (II)

Ay, ay, ay Elvirita, no hay nada peor que querer saber, no hay nada peor que hurgar en las heridas ajenas, en las propias. ¿Qué sacás en limpio? ¿De qué te sirve ahora saber?
Ya hace un día que se fue, un día que no sabés de ella, un día y vos no agarrás el teléfono, no la llamás para saber cómo está, pero ¿vos cómo estás? El pelo te va creciendo, la herida que te dejó el piercing en el pezón, y que vos te sacaste ya hace un tiempo, va cerrando; ¿pero cómo estás? Tenés la data y ¿qué hacés con eso? La prima de Córdoba no es prima, es su pareja con la que también intenta terminar desde hace un año, y no pueden cerrar la relación del todo, es por eso que cada vez que va para aquellos lugares para en su “ex” casa, con su ex.
- Mi relación con vos intenta ser otra cosa, Elvira. Te amo, y quiero estar con vos; me gustaría que pudiéramos construir algo entre las dos.

Te quedaste mirándola, pero en realidad mirabas más allá; mirabas como hacia atrás pero en el futuro. Sin duda alguna Laurie Anderson tenía razón en citar a Burroughs: “Language is a virus”. Te carcome y no hay cura. Palabras perras que nos enredan al deseo más mísero, más místico. Revelación de revelaciones: todo desnudo allí, como en una camilla de morgue.
Te quedaste mirándola hasta que fue ella quien se levantó de la cama, quien se fue poniendo el jean, la remera; la que guardó el famoso vestidito en un bolso verde en el que pudiste llegar a ver que guardaba un par de libros que había traído la otra vez, su cepillo de diente, unas ojotas.
No pudiste decir nada, ¿qué ibas a decir? No pudiste detenerla, ni lo intentaste. Se acercó, te acarició la base de la nuca, te beso en la mejilla, te dijo: nos hablamos. La dejaste ir como se deja ir... ¿qué mierda querés escribir Elvira? ¿No te das cuenta que llega un momento en que las palabras ya no te sirven?

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domingo, octubre 01, 2006

Con las cartas sobre la mesa (I)

Renata acaba de irse, cuando anoche llegó luciendo el famoso vestido, y me dijo: “quiero estrenarlo con vos”. Creo que mi débil beso, que mi débil abrazo me delataron: “¿Qué te pasa?”, me preguntó. Le dije que nada, que sólo cansancio; que no esperaba verla así, tan producida, más cosas dije que no vienen al caso, ya que terminamos curtiendo de todos modos. Por momentos me siento la Justine de Sade, que le daban por todos lados y ella ni se enteraba cómo, mezcla alucinada de inocencia y pelotudez, y locura moralista del Marqués, sin duda alguna.

Renata acaba de irse, ya han pasado unos minutos más. No sé si volveremos a vernos, la menos hoy. Renata se va y se lleva su misterio con ella, como dentro de una valijita para títeres.

Fue esta mañana cuando más que preguntarle le dije, o ambas cosas a la vez: “¿que papel juego yo en tu relación cordobesa?”. Me miró, se puso medio pálida, y esgrimió: “¿de qué relación me hablás?”.
- Eso no lo sé, sólo sé que existe y lo único que quiero saber es qué papel juegoyo.
- Me parece que estás muy convencida de algo que no es, Elvira.
- Digamosle ¿tu prima?.
- Estas loca! Primero porque no pasa nada con ella, y segundo porque cómo podría tener algo con ella, es una parienta.
- O así le ponemos a la relación para que no parezca que lo es, quizá, le dije yo levantándome de la cama.
- Elvira ¿qué me querés decir con todo esto? No entiendo nada.
- Que sé que la voy de amante de una relación que ya existía o bien tenés una amante que toma mi lugar de vez en cuando, la miré fijo; se largó a llorar. Nunca pensé ver a Renata llorando, no sé por qué, pero bueno, esa es la imagen que me daba.
Le alcancé un cajita de pañuelos, se sonó fuerte la nariz, y me dijo: “No sé cómo ni quien te dijo esto, que es una verdad a medias”.
- Renata, soy toda oidos, le dije sentándome en el borde de la cama.

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sábado, septiembre 30, 2006

Historia de una pasión

Termino de escribir el título de este post y ya me estoy riendo. Escribo este post como intento de pensar en voz alta qué es esto, qué es todo esto.
La línea pasional es simple, ellas son Elvira y Melisa. Somos nosotras desde siempre, desde el año pasado. Y somos de tal forma que nunca, pero nunca nos hemos “terminado” de separar. Recaemos, y recaemos como si siempre fuera la primera vez, como si siempre estuviéramos recomenzando. El mundo gira a nuestro alrededor, el mundo y sus consecuencias.
Ambas somos fieles de una forma que nadie podrá nunca comprender en su totalidad (tampoco nosotras estamos muy “aware of this”). Aquellas mujeres con las que hemos estado “mientras tanto” seguimos siendo línea pasional (por no llamar pareja), ellas han necesitado de nuestro amantazgo, y nosotras no lo sabíamos, no podíamos intuirlo de esta forma. Ellas iban y venían, y nosotras seguíamos, seguimos.
Lo que más me espanta es el desperdicio de tiempo; el desperdicio de nuestra imaginación en formas de hacernos creer que no nos importamos, cuando sabemos, que tarde o temprano volvemos a caer en nuestra propia trampa.

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viernes, septiembre 29, 2006

De vuelta

Renata apareció en casa a la nochecita de ayer. Se apareció con su sonrisa gigante, varias cajas de alfajores cordobeses, materiales para sus muñecos.
- Hoola! quería pasar directo por acá, no quería ir hasta casa!! No aguantaba para verte, me dijo con ese tonito serrano entre burlón y alegre. Terminaba de decir esto mientras metía todo en el zaguán cuando se dio cuenta de mi cambio:
- Oh, no! Te pelaste! No me dijiste nada cuando hablamos!!
Nos abrazamos largo, largo. Me quería contar todo a la vez, e iba dejando retazos de relatos tirados por el living, por la cocina donde tomamos mates, en la cama a la que me fue empujando: “Cuando me puse el vestido pensé en vos, y me acordaba de esa sala de pruebas de Rita”. Mi deseo era ambiguo, era como que estaba en otra parte o que quería poder mirar desde afuera la situación. Me dijo que nunca había hecho el amor con alguien que se había pelado, y eso la excitaba, mucho.

A eso de las 10 de la noche, después de una ducha me dijo que tenía que ir a su casa, dejar todo el paqueterío y que su directora la llamaría. No me sonaba nada raro, o no me hubiera sonado nada raro, pero algo sonó adentro.
- Y no la podés llamar desde acá? le dije
- No, no quiero gastar tu teléfono y prefiero estar en casa ya que mañana tengo que ir temprano para Rosario.

En todos los relatos apareció un nombre recurrente, que me sonó cada vez más fuerte; es el nombre de una prima, en donde suele parar cada vez que va a Córdoba. Me quedé pensando en eso, me quedé pensando en varias cosas cuando cerré la puerta y escuché que el remise se iba.

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miércoles, septiembre 27, 2006

“Sigue al conejo blanco”

Lo recuerdo muy bien, Trinity le dice a Neo: “¿Alguna vez has tenido un sueño, que pareciera tan real que no lo puedes distinguir de la realidad? Y si no pudieras despertar de ese sueño, ¿cómo sabrías que estas soñando? (...) Es la pregunta la que nos da fuerza. Es la duda la que te ha traído aquí."

Así me siento: pura duda; y no hay píldora ni roja ni azul que sirva para llevarme hacia el final de la guarida del conejo blanco. Pero sí siento que tengo una enorme zanahoria frente a mi nariz, y que voy babeando tras ella: Melisa; y por el otro lado, como la querida Alicia, voy encontrando otras personas que tienen unos carteles que dicen: “Pruébame”; “Amame”; “Olvídame”.

Como Neo me despierto frente a la compu, ya habiendo perdido el registro del tiempo. Como él me debato entre escapar por la ventana o dejarme atrapar por los agentes. El vértigo del salto, la invitación a lo salvaje es exquisita, pero no estoy muy segura de querer seguir ese camino.
Por el otro lado estaba esa mixtura Renata que llegó a seducirme, a prometerme un tiempo de paz. No me importaría mi lugar de amantazgo, pero sí me gustaría tenerlo en claro.

El conejo mueve el rabo, me hace señas casi lisérgicas, y mis ojos se despedazan contra este monitor intentando encontrar las palabras que puedam decir este proceso por el que estoy pasando.

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martes, septiembre 26, 2006

Bitter Sweet symphony (II)

Salí del cuarto lo más rápido que pude. Tenía entre ganas de vomitar y de gritar. La sensación fue muy extraña.
- ¿Vos te das cuenta que estás cayendo muy bajo Melisa? ¿Te das cuenta?
- No creo Elvira, sentí que debía decírtelo, pero sí, la forma, sí. No creo que Silvia inventara nada, en realidad es bien directa, y me pareció...
- Basta!!! le grité; basta!! ¿Cómo sé que no mentís porque sabés que ella está allá? ¿Cómo puedo saber si no es una treta tuya? ¿Cómo te puedo creer?
Caí sentada en la misma silla de la cocina. Sentí que Melisa venía hacia mi y le dije: No te acerques.
- Elvira, quiero que sepas que yo estoy, que siempre voy a estar.
- Callate por favor; si, como decís, me querés, callate.

No fue fácil irme, no fue fácil cerrar la puerta, ya no escuchar lo que estaba diciendo. Yo por mi parte no pude decirle nada, esa bomba que tiró me dejó casi sin pensamientos.
Renata vuelve de Córdoba el 28 de septiembre, vuelve del supuesto casamiento o de un real casamiento familiar.
No la conozco tanto como para decir que ella no sería capaz de engañarme; no la conozco tanto para poder haber entendido por qué con toda su capacidad para lo de los títeres, se queda en esta ciudad que te ahoga; no la conozco tanta para sospechar que siempre vuelve a Córdoba para “actuar”.

La sensación es amarga, no por su posible engaño, sino por verla a Melisa actuar de esa forma. Me descolocó, no lo esperaba.

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lunes, septiembre 25, 2006

Bitter sweet symphony (I)

Fuimos hasta el baño y Melisa con una jarrita con agua tibia me lavó la cabeza. Era como una especie de bautismo. Nos volvimos a acostar, después de que ella preparara unos mates. Sentí una especie de vértigo, ya que seguro vendría el hablar, el explicar. Había venido para eso. Había venido para enterarme de cosas que no quiero saber, pero bueno, esto forma parte de lo nuevo que quiero hacer. Puedo pensar en este re-encuentro como una recaída, pero es/fue mucho más.
- ¿No parecemos una pareja cualquiera, así en la cama, tomando mate? preguntó Melisa.
- No realmente no. Creo que somos dos minas con mucha energía interna!
Nos reímos un rato, hasta que su cara cambió.
- Lo de Silvia es una especie de prueba que me impuse...
- No sigas, por favor, le dije.
- Necesito decírtelo, ya que necesito descargarme. Fue muy loco, fue con alcohol de por medio, fue todo mal, pero amanecí un día en su cama, en su casa, después de una reunión. Y ahora, no ha pasado mucho, sabés, no sé cómo cortarlo para no lastimarla.
- ¿Me estás pidiendo un consejo? le dije levantámdome de la cama, y vistiéndome.
- No te pongas así, pero es que, no sé Elvira, quiero que lo nuestro quede claro, para ambas. Me gustaría saber sobre vos y Renata.
- Ah, no! esas no, Melisa. No la metas a ella aquí. ¿Querés saber para qué vine?
- Sí, me dijo mirándome fijo.
- Para ver al diablo a los ojos, para poder ver bien de cerca aquello que me tienta y no me deja ir, aquello en vos que me tiene atada, ¿lo entendés?
-....
- Cómo no lo vas a entender... me tenés en la palma de tu mano, siempre fue así, y yo voy y vengo como una tonta, como boluda enferma de amor. No me importa saber cómo terminaste con esa mina, no me importa, sabés? Lo único que quiero es poder decirte: chau, adiós, no te acerques más, no me sigas haciendo mierda.
- Elvira, te amo.
- Si es así, desaparecé de mi vida, y dejá que sólo pueda seguir lo lindo, lo que vivimos en los comienzos.
- ¿Amás a Renata?
- ¿Y qué mierda te importa eso? Es cuestión mía y de ella.
- Sí me importa, porque me estás haciendo ir, es como si me echaras de tu vida, pero no me termina de quedar en claro por qué. ¿Soy peligrosa? ¿Me tenés miedo?
- ¿Vos me estás cargando?
- Para nada Elvira.
- Vos sos ese pedazo de una daga que queda en el corazón y allí se oxida y te recuerda lo que puedo haber sido y no fue.
- Eso, Elvira, yo te cité para ofrecerte/nos una nueva posibilidad. Yo quiero estar con vos.
- Sabés Melisa, sos una especie de vampira. No me había dado cuenta hasta ahora. Sos muy sutil, muy seductora, te vas metiendo, despacio. Mirá, le dije, lo que creo es que tenemos una “cosa” muy fuerte en la cama, el deseo nos puede, no lo voy a negar, pero yo quiero más, y debo ver de qué manera y con quién, y por el momento lo estoy intentando con Renata.
- ¿De verdad? Me dijo con tono irónico. Vos disculpame, pero sabías que “tu” Renata tiene su pareja en Córdoba? ¿Te lo había dicho?
Sentí un frío frío, sentí por primera vez en mi vida que quería pegarle a alguien, me contuve. La miré mal, como preguntándole. Como rogándole que no sea tan yegua.
- Me contó Silvia, viste, son amigas por parte de la familia.

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jueves, septiembre 21, 2006

Brilla tú diamante loco (II)

Melisa iba desde la base de la nuca hasta arriba de la cabeza dejando un leve rastro de saliva tibia. Yo estaba dura, sentada en la silla, acorralada por sus manos, pero le fui acariciando sus dedos, se los recorría. Apuré como pude el resto de vino que me quedaba en el vaso, tenía la garganta seca.
- ¿Vos querés? me preguntó desde atrás.
- Si quiero qué?
- ¿Querés hacerlo conmigo?
No podía ser tan yegua, preguntarme justo eso en ese momento; me moví en la silla, me di vuelta y sólo encontré sus labios. Me quedé allí, entre lenta y salvaje.
- ¿Qué querés de mí Melisa? le dije mientras le seguía besando las comisuras de los labios, mientras mi lengua luchaba con la de ella.
- ¿No te diste cuenta todavía? Todo, Elvira, todo.
Me levantó de la silla, me abrazó por la cintura, y a los tropezones nos fuimos moviendo, fuimos yendo hacia el cuarto.
Le saqué su remera y ella se fue deteniendo en los botones de la camisa, estaba ansiosa, y yo me imaginaba por qué.
- Ey, otra sorpresa, estás sin corpiño! me dijo
- Viste, soy una mujer nueva, desprejuiciada, loca, caliente.
- No lo digas de nuevo, Elvira, que te rapto.
Fue rápido a ver mis pechos, buscando el que supo tener el piercing. “Voy hacer de cuenta que aún está”, me dijo, y en seguida su lengua, con su piercing estaban en acción.
Me enloqueció con ese beso en el pezón, cómo me apretaba las nalgas con sus manos. Fuimos cayendo hacia la cama, ya desnudas, ya entregadas.
Melisa me puso boca abajo (odio que lo hagan conmigo, me siento que pierdo el control de todo).
- Elvira, me gusta tu espalda. Si supiera la tatuaría; te haría un águila, un dragón, y besaría cada poro.
- Meli, dejame darme vuelta!
Ella sentada encima mío, sobre mi cola, tipo reina del mundo me decía: “No. Mucha veces quise tenerte así. Hoy me doy el gusto, hoy, si esta fuera la última vez, quiero darme el gusto de ver tu espalda, de lamerla (pasaba su lengua, y mi excitación ya era demasiada).
Después de un rato que me pareció un siglo me dejó se hizo a un lado, y fue subiendo por mi costado. Yo no termina de entender qué quería hacer, era como que quería jugar con mi cuerpo, que quería abarcarlo por todos los flancos posibles.
- Elvira, decime por qué tuvimos que lastimarnos tanto? me dijo mientras me acariciaba todo el brazo izquierdo.
- No sé, Melisa, quizá no estábamos listas para lo que teníamos para ofrecernos.
- Y ¿ahora?, se me subió encima y me miraba fijo. Y ahora?
- Ay Melisa, no sé; la quité de encima, irguiéndome un poco en la cama. Casi grité: “No lo sé” y me caí hacia atrás, dejando las piernas que colgaran de la cama.
Melisa subió y también se puso de frente, pero por arriba de mi cabeza, y acomodó la mía sobre su pubis. Me la acariciaba, me acariciaba la cara. Noté que su pubis se movía un poco, y que mi cabeza, iba bajando de nivel. Ni me di cuenta de lo que pasó hasta que pasó. Melisa se vino en mi cabeza; se apretó hacia ella, y acabó. Apenas pude darme vuelta, subir, abrazarla. Apenas me doy cuenta que con ese gesto parecía que ella, me estaba dando a luz.

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miércoles, septiembre 20, 2006

Brilla tú diamante loco (I)

Desde el pasillo se podía escuchar música: “Sweet home Alabama”, cantada por Jewel. El tema parecía pegarme directo en la panza. Decidí fumarme un cigarrillo sentada en la escalera antes de golpear. Era cerca del mediodía. Cuando terminó Jewel sonó James Brown, “I feel good”. Tomé una larga inhalación y decidí golpear la puerta. La música (ahora Bruce Springteen) disminuyó un poco, y entonces la puerta se abrió.
- Hola, me dijo Melisa. Creí que ya no venías.
- Hola. Es que tenía otras cosas que hacer antes de venir.
- Pero bueno, ya estás acá.
El departamento parecía estar distinto y se lo dije. Es que lo están arreglando para alquilarlo, ya que Carlos se va y Melisa que no vive allí no lo puede bancar sola.
- Como lo ponemos en alquiler, quería invitarte a comer acá por última vez. Es como cerrar un ciclo, entendés.
- Sí, muy bien, Meli.

La otra noche de la película no había notado que estaba más delgada, y con cara de cansada. Mientras la miraba ella cocinaba y me dijo que pusiera la música que quisiera.
- Te pido disculpas por lo del otro día. Yo no tenía idea de que irías a ver la película, me dijo y el CD que yo sostenía casi se me cae.
Me la quedé mirando: “Vos sabés que trato de ir a lo que hacen los chicos. De hecho por vos los conocí”.
- Si, lo sé. Pero lo último que hubiera querido es que me vieras con Silvia. Te puede parece raro esto, esta confesión.
- Sí, un poco rara, pero me parece que condice con lo rara que somos nosotras, y no solamente vos, le dije sonriendo y encendiendo otro pucho.
Se me acercó y me dijo: ¿Puedo? y me abrazó fuerte, no sé cuánto tiempo estuvimos allí paradas, abrazadas. Se separó un poco y la vi secarse los ojos. “Disculpame”, me dijo, no quería llorar, pero bueno, me salió.
- No me pidas disculpas por eso, por favor!
- Mejor sigo preparando este espaguetis, me sonrió.
- Ok. Meli, ¿seguís jugando a las máquinas? ¿Al pinball? le pregunté recordando la primera vez que la vi; recordando el tugurio en el que estábamos antes de venir acá por primera vez.
- No, Elvira, no tengo mucho tiempo. Con lo de mi viejo estoy corriendo todo el día, trato de ponerme las pilas para encontrar una beca que me calce y bueno así.
- Me imagino que en el “bueno así” está incluida esta mujer, ¿no?
- Uy! te salió del alma, “esta mujer”.
- Bueno, qué querés!
- ¿Querés saberlo? me miró muy fijo.
- No ahora, tengo hambre.
- Ya va, faltan unos minutos para la salsa. Y no te vas a sacar esa gorrita? Raro en voz algo en la cabeza...
Cuando iba a seguir me miro más fijo: ¿Vos te hiciste algo? Cuando te abracé no te miré para arriba.... No, Elvira, no podés haberte... Vino casi corriendo y me sacó la gorrita.
- Te pelaste!!!! Elvira P. se peló! ¿Cuándo??? No paraba de pasarme la mano por la parte de atrás de la cabeza, suavemente.
- Esperá que me hacés cosquillas, le dije.
- Estás, cómo te diría? Perversamente hermosa. esa pelada acentúa tu mirada.
Yo no sabía dónde meterme y no había mucho lugar.
La fui empujando hacia la cocinita para que terminara de comer; pudimos comer hablando de casi nada importante, una puesta al día de cosas inútiles. Sospecho que todas las ex que nos volvemos a encontrar después de un tiempo hacemos eso.
- Y ¿de esa mujer qué me podés contar? quise saber.
Melisa me miró como sólo ella sabe: “No quiero hablar de eso ahora”. Le hice un gesto como diciéndole, bueno después, pero quiero saber.
Ella se levantó, dejó los platos en la mesada, y se paró detrás mío. Cuando quise darme vuelta, me dijo: “No, quedate así”. Tenía sus manos en mi cabeza, y las pasaba suave. De golpe sentí su respiración en la base de la nuca. Parecía soplar, pero no. Me quise mover y sus manos me detuvieron apoyándose firmes en mis hombros. Sentí, percibí su lengua, que empezaba a subir por la nuca...

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martes, septiembre 19, 2006

Lo que vendrá

- Vos estás loca, completamente loca, me dijo Amanda. ¿Cómo te vas a rapar? Ahora sí creo que estás gagá.
- No me importa lo que digas, ni lo dura que seas. Necesité hacerlo. No fue fácil decidirme, y luego hacerlo.
- ¿Te vió alguien más?
- No, vine directo para acá. Bah, el que me vio es el del taxi.
- Y ¿qué dirás?
- Nada, no tengo mucho que decir, es más, cada vez que abro la boca armo kilombo. Quiero aprovechar estos días en que Renata no está para reacomodarme.
- Elvira, quiero decirte que te quiero y que cuentes conmigo. Me costará un poco mirarte, me imagino que los primeros días, pero acá estoy, como siempre.
- Sí, ya sé, a mí también me pasa con una amiga de afuera, lo primero que creí fue que estaba enferma, pero como yo u otras, sólo lo estaba de la cabeza y del corazón.
- Sabés, no debería decírtelo, pero ayer, tarde, me llamó Melisa.
- ¿Cómo? ¿A vos?
- Sí, no te olvides que la conozco desde hace tiempo, y que es la hermana de la mejor amiga de Sara.
- Cómo olvidarlo, pero para qué te llamo?
- Para preguntarme por vos, me dijo que ayer fue a la oficina y que no te encontró y eso le pareció raro.
- ¿Algo más te dijo?
- Sí, pero no sé si es conveniente decírtelo.
- Si no querías no hubieras empezado, le dije a Amanda encendiendo un cigarrillo.
- En realidad me pidió que te citara en cierto lugar, que te dijera que ella estaría allí. Quiere hablarte.
- Y vos pensabas decirme esto?
- Lo estaba pensando. No sé, Elvira, no la escuché bien a ella, y tenía miedo.
- Vamos Mandi, ya somos grandes. Decime qué te dijo.
- La cita sería para mañana miércoles, por la mañana.
- ¿En dónde? ¿Te lo dijo?
- Sí. En el viejo departamento que ella compartía con Carlos; me dijo que vos sabés donde queda.
- Sí, lo sé.
- ¿Qué vas hacer?
- No sé Amanda, si quiero reacomodarme, creo que no debería ir, y a la vez siento que quizá allí pueda encontrar la pieza que le falta a mi puzzle.

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lunes, septiembre 18, 2006

Rito iniciático

Renata se fue al famoso casamiento en Córdoba, digo famoso por aquella sesión en la diseñadora.
Melisa vino hasta la oficina, y me hice negar. Le pedí a Gloria que le dijera que no estaba. Estuvo como una hora sentada en el bar de la esquina, como intuyendo mi presencia y esperando verme. La podía ver desde la ventana, y no le di el gusto, no me di el gusto.

Cuando me cercioré de que Melisa se había ido, salí. Llevaba el paquetito en el bolso. Llegué a casa, me hice un café, puse música: Patti Smith, algo de AC/DC, Led Zepp, Sumo.
Saqué el paquetito que había comprado en el centro, lo desenvolví, lo abrí, leí las instrucciones.
Fui al baño, puse unos inciensos. Me desnudé completamente y me puse frente al espejo. Agarré la máquina, fuerte en mi mano derecha. El primer mechón cayó limpio, sobre el lavabo. Mi rostro empalideció, y aparecieron unas lágrimas en mis ojos. Una franja lechosa dividía al medio mi cabeza. Encaré por el lado izquierdo: por mí misma, me dije. La segunda estocada a ese lado la dediqué a Inés, mi “primera” mujer entre mis piernas y en mi corazón.
Del living venía: “High voltage, rock and roll”.
El lado derecho me costó más: este mechón va por Melisa; este otro, me dije, va por la lectora, Andrea.
La parte de atrás era una especie de símbolo, de lugar a alcanzar a cualquier costo. Allí pensé en la paz interior, en el aprendizaje, en el desapego. Pensé en la muerte, pensé en mi madre.
Junté todo el pelo en una bolsa verde, fui hasta el jardín, hice un pozo y lo eché allí. Le puse encima una ramita de rosa china que se había caído de la planta más grande.
Fui al baño de nuevo, llené la bañadera, me sumergí. Sales y más aromas. Cuando terminé con el baño me pasé un aceite de almendra por mi “pelada”.
No termino de reconocer a esa del espejo, pero espero que lleguemos a ser buenas amigas.

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