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viernes, octubre 26, 2007

Mojada

¿Es posible q lo único que me inspire para escribir sea la lluvia? O es el llanto eterno de tantos corazones q se me han roto.
No, don't worry, prometo no venir con esa cantinela, a quién le interesa? Pero no puedo dejar de decir cómo me encanta la lluvia, cómo me gusta dejarla entrar en mí, q me cubra. Esta noche, te juro, dormiría en el patio y me dejaría ahogar por esta bendición.

De todas formas... el agua para unos spaguettis está puesta, una salsita liviana ya lista, ya q alguien se digno a llamarme por teléfono y amenazó con venir: "Llevo el vino y el postre, ¿qué querés?" me preguntó. Yo pensé: si realmente venís vos serás el postre y la única comida que desearé probar toda la noche.

Mamma mía, que vieja que estoy. Mier.....


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jueves, octubre 12, 2006

Preocupación de una amiga

Una amiga, de casi mi misma edad, fue a un cumpleaños, la estaba pasando bien hasta que comenta en cierto punto de la reunión: “Claro, cuando yo terminé el secundario en el 82, bla bla bla”, y la chica que estaba a su lado se empezó a reir, y le dijo: “Es el año en que yo nací”.
Mi amiga me dijo: “Ay Elvira, qué podía hacer ante esa realidad, esa piba nacía cuando yo estaba terminando el secundario”, y suspiró: “No puede hacer nada, de nada, y eso que me hubiera perdido en esos labios que me trajeron a la realidad de golpe. La hubiera comido a besos, pero no pude decirle nada”.


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miércoles, septiembre 27, 2006

“Sigue al conejo blanco”

Lo recuerdo muy bien, Trinity le dice a Neo: “¿Alguna vez has tenido un sueño, que pareciera tan real que no lo puedes distinguir de la realidad? Y si no pudieras despertar de ese sueño, ¿cómo sabrías que estas soñando? (...) Es la pregunta la que nos da fuerza. Es la duda la que te ha traído aquí."

Así me siento: pura duda; y no hay píldora ni roja ni azul que sirva para llevarme hacia el final de la guarida del conejo blanco. Pero sí siento que tengo una enorme zanahoria frente a mi nariz, y que voy babeando tras ella: Melisa; y por el otro lado, como la querida Alicia, voy encontrando otras personas que tienen unos carteles que dicen: “Pruébame”; “Amame”; “Olvídame”.

Como Neo me despierto frente a la compu, ya habiendo perdido el registro del tiempo. Como él me debato entre escapar por la ventana o dejarme atrapar por los agentes. El vértigo del salto, la invitación a lo salvaje es exquisita, pero no estoy muy segura de querer seguir ese camino.
Por el otro lado estaba esa mixtura Renata que llegó a seducirme, a prometerme un tiempo de paz. No me importaría mi lugar de amantazgo, pero sí me gustaría tenerlo en claro.

El conejo mueve el rabo, me hace señas casi lisérgicas, y mis ojos se despedazan contra este monitor intentando encontrar las palabras que puedam decir este proceso por el que estoy pasando.

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martes, septiembre 19, 2006

Lo que vendrá

- Vos estás loca, completamente loca, me dijo Amanda. ¿Cómo te vas a rapar? Ahora sí creo que estás gagá.
- No me importa lo que digas, ni lo dura que seas. Necesité hacerlo. No fue fácil decidirme, y luego hacerlo.
- ¿Te vió alguien más?
- No, vine directo para acá. Bah, el que me vio es el del taxi.
- Y ¿qué dirás?
- Nada, no tengo mucho que decir, es más, cada vez que abro la boca armo kilombo. Quiero aprovechar estos días en que Renata no está para reacomodarme.
- Elvira, quiero decirte que te quiero y que cuentes conmigo. Me costará un poco mirarte, me imagino que los primeros días, pero acá estoy, como siempre.
- Sí, ya sé, a mí también me pasa con una amiga de afuera, lo primero que creí fue que estaba enferma, pero como yo u otras, sólo lo estaba de la cabeza y del corazón.
- Sabés, no debería decírtelo, pero ayer, tarde, me llamó Melisa.
- ¿Cómo? ¿A vos?
- Sí, no te olvides que la conozco desde hace tiempo, y que es la hermana de la mejor amiga de Sara.
- Cómo olvidarlo, pero para qué te llamo?
- Para preguntarme por vos, me dijo que ayer fue a la oficina y que no te encontró y eso le pareció raro.
- ¿Algo más te dijo?
- Sí, pero no sé si es conveniente decírtelo.
- Si no querías no hubieras empezado, le dije a Amanda encendiendo un cigarrillo.
- En realidad me pidió que te citara en cierto lugar, que te dijera que ella estaría allí. Quiere hablarte.
- Y vos pensabas decirme esto?
- Lo estaba pensando. No sé, Elvira, no la escuché bien a ella, y tenía miedo.
- Vamos Mandi, ya somos grandes. Decime qué te dijo.
- La cita sería para mañana miércoles, por la mañana.
- ¿En dónde? ¿Te lo dijo?
- Sí. En el viejo departamento que ella compartía con Carlos; me dijo que vos sabés donde queda.
- Sí, lo sé.
- ¿Qué vas hacer?
- No sé Amanda, si quiero reacomodarme, creo que no debería ir, y a la vez siento que quizá allí pueda encontrar la pieza que le falta a mi puzzle.

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lunes, septiembre 18, 2006

Rito iniciático

Renata se fue al famoso casamiento en Córdoba, digo famoso por aquella sesión en la diseñadora.
Melisa vino hasta la oficina, y me hice negar. Le pedí a Gloria que le dijera que no estaba. Estuvo como una hora sentada en el bar de la esquina, como intuyendo mi presencia y esperando verme. La podía ver desde la ventana, y no le di el gusto, no me di el gusto.

Cuando me cercioré de que Melisa se había ido, salí. Llevaba el paquetito en el bolso. Llegué a casa, me hice un café, puse música: Patti Smith, algo de AC/DC, Led Zepp, Sumo.
Saqué el paquetito que había comprado en el centro, lo desenvolví, lo abrí, leí las instrucciones.
Fui al baño, puse unos inciensos. Me desnudé completamente y me puse frente al espejo. Agarré la máquina, fuerte en mi mano derecha. El primer mechón cayó limpio, sobre el lavabo. Mi rostro empalideció, y aparecieron unas lágrimas en mis ojos. Una franja lechosa dividía al medio mi cabeza. Encaré por el lado izquierdo: por mí misma, me dije. La segunda estocada a ese lado la dediqué a Inés, mi “primera” mujer entre mis piernas y en mi corazón.
Del living venía: “High voltage, rock and roll”.
El lado derecho me costó más: este mechón va por Melisa; este otro, me dije, va por la lectora, Andrea.
La parte de atrás era una especie de símbolo, de lugar a alcanzar a cualquier costo. Allí pensé en la paz interior, en el aprendizaje, en el desapego. Pensé en la muerte, pensé en mi madre.
Junté todo el pelo en una bolsa verde, fui hasta el jardín, hice un pozo y lo eché allí. Le puse encima una ramita de rosa china que se había caído de la planta más grande.
Fui al baño de nuevo, llené la bañadera, me sumergí. Sales y más aromas. Cuando terminé con el baño me pasé un aceite de almendra por mi “pelada”.
No termino de reconocer a esa del espejo, pero espero que lleguemos a ser buenas amigas.

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domingo, septiembre 17, 2006

Acidez estomacal

Me levanté con acidez, dolor de cabeza, y de parte inferior del cuerpo humano. Ni la quiero nombrar, pero empieza con “C”. Es que a la vuelta de la película Renata estaba más que cariñosa. Ella pudo llegar a su paraíso y yo me quedé comprando los tickets para una próxima vez. Lo malo es que ella se empeñó en intentar sacarme un orgasmo y pago las consecuencias.
Fui a lo de Amanda, mi amiga y consejera:

- ¿Cincuenta? ¿Estás segura?
- Sí Mandy. Me contó Renata, la tipa tiene cincuenta, es psicóloga, y una mandada para algunas cosas. Yo realmente no la conocía.
- Me suena el nombre, pero no importa. Vos estás segura que Melisa estaba allí “de onda” con ella, me preguntó Amanda.
- Sí, si te digo que la tenía unas mesas adelante, y por más oscuridad una ve cuando dos personas se besan o acarician.
- ¿Y cuál es el problema que tenga cincuenta?
- Es mucha edad! dijo casi enojada.
- Pará Elvira, la del mambo con la edad SOS vos, y lo que te jode, dejame que lo diga es que esa “vieja de cincuenta” se esté curtiendo a tu ex, como vos no quisiste seguir haciéndolo.
- De quién sos amiga, mandy, de Melisa o mía.
- Mirá Elvira, yo te quiero mucho, pero mucho, me entendés (me agarró por los hombros) y quiero, deseo, espero que estés bien con alguien.
- ......
- Por eso te voy a decir esto lo más directamente posible: o le das para adelante con Renata, y disfrutás lo que tenés, o bien cortás, vas, la buscás a Melisa y ME/ NOS DEJAN DE JODER. Vos estás hasta los ovarios con esa mina, qué hacés entonces??
- NADA, grité. Ya sé que nada... me puse a llorar.
Sí lloré, sin cebolla, por las mías

- Lo que te pido es que no te sigas haciendo mierda, y que no hagas mierda a otras personas. Además no sé que te pasa, pero te he visto en otras relaciones y nunca tuviste esta locura galopante: que la edad, que el saltar de cama en cama. ¿Qué querés probarte, Vita, qué querés?

Me mató. Amanda me mató, usó el nombre secreto, ese que ni siquiera yo debería estar escribiendo aquí. Era su forma de llamarme cuando éramos un poco más que adolescentes.
La miré y la abracé fuerte; apenas pude susurrar un gracias.
- Mirate, me dijo: sos hermosa, fuerte, inteligente, ¿por qué enrollarte tanto? ¿qué hiciste que pensàs que te merecés pedazo de castigo?

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Más de dos películas...

Anoche, sábado, se había organizado una noche de chicas en “La Mariposa”, ya que en en Isat daban “Bound” con Gena Gershon y Jennifer Tilly.
Llegamos como un par de horas antes con Renata para poder cenar tranquilas, charlar con los chicos, relajarnos para degustar la película y después ver qué nos deparaba el destino de la noche naciente.
La cuestión es que para mí hubo dos películas, o un poco más. A eso de las nueve y media entró en el bar Melisa. La cara de Roberto, dueño del bar y amigo de ambos, se desfiguró y me hacía señas de que él no sabía que ella vendría. Melisa vino acompañada por una mujer que era la primera vez que yo la veía.
Se sentaron en una mesa que quedaba entre la nuestra y la pantalla gigante, así fue como se me multiplicaron las películas.
Antes de que empezara Bound fui al baño y de vuelta intenté una excusa para que nos fuéramos. Renata no me dio bolilla, me dijo: pedí un té de boldo y luego vemos en tu casa.
Melisa sabe Bound es una de mis películas favoritas; con ella intentamos alguna vez remedar la escena de amor en un colchón cualquiera en la casa de alguna persona conocida, pero que no estaba en ese momento. Sabiendo todo esto no puedo dejar de pensar que lo hizo a propósito, el venir, por supuesto.
Durante dos horas tuve que soportar en casi cuadrafónico ver a Gershon y a Melisa besando a la otra, mientras Renata requería mi atención.
Pero esto no fue nada comparado con el final de esa noche. Cuando se acabó la película, y levantaron las luces del bar, la mujer que iba con Melisa, se levantó, se desperezó y justo miró para nuestra mesa, hizo una sonrisa de oreja a oreja: una amiga de la madre. Yo no lo podía creer. Santa Lucía es muy chico, ya lo he dicho, pero esto era demasiado.
Vi cómo esa mujer se iba acercando, vi cómo el rostro de Melisa también tomaba otro color, y cómo se iba quedando en su mesa, hasta que ya no pudo hacerlo.
- Hooola Renatita, cómo estas? dijo la mujer, abrazando a Renata.
- Hola Silvia, qué casualidad! ¿cómo estás?
- Muy bien!, miró hacia su mesa y llamó a Melisa.
- Te presento a Elvira, dijo Renata.
- Hola,. un gusto conocerte, me dijo dándome su mano.
- Vení Meli, por favor.
El corazón me batía fuerte en mi corazón: mezcla de enojo, ira, vergüenza y sobre todo mucha duda.

- Les presento a Melisa, dijo Silvia.
Melisa se acercó a Renata, le dio un beso, y cuando se acercaba a mí, me dijo: “Hola Elvira”. “Se conocen” fue la pregunta a dúo de Renata y la amiga de su madre.
- Sí, dijo Melisa. Mi padre es cliente suyo, y en algún momento me reemplazó en la librería de Roberto.
- Ah, dijo Silvia.
El gesto de Renata fue de intuir que esa era sólo una versión de la historia.
Roberto vino, nos cobró y me llevó al fondo, con X excusa.
- Juro Elvira, juro amor que no sabía nada de esto.
- Y yo creo que Melisa tampoco.
- ¿Quién es la mina? me preguntó
- Parece una amiga de Renata.
- ¿Puede ser así? No es mucha casualidad?
- Vos creés que las casualidades existen, Roberto.

Cuando volví, Renata estaba sola esperándome en la mesa.
- Se fueron, estaban apuradas. la chica me pidió que te dijera que el padre iba a hacer algunos cambios al último pedido que te hizo. Quizá vaya ella, pero no lo sabe.
- Gracias, hermosa. ¿Te parece que nos vamos?
- Sí, vamos. Quiero ducharme e ir a la cama. ¿Puedo quedarme en tu casa, Elvi?
- Sí, claro que sí. Cuando salíamos le dije: ¿Te puedo hacer una pregunta?
- Sí.
- ¿Qué edad tiene esa mujer?
- ¿Silvia? Cincuenta, igual que mi vieja, ¿por?
- Me parecía más grande, más grande que yo.
- Y sí, amor, lo es.

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viernes, septiembre 15, 2006

Anclas

Llegué por la espalda, la besé. Fue como echar varios anclas a la vez: su cuello, su perfume, sus pechos. Renata se dio vuelta, me devolvió el beso, me abrazó fuerte. Estaba en la cocina de casa. Habíamos quedado en hacer la famosa cena L word para invitar a Laura y su chica.
Yo no tenía mucha ganas, quería estar a solas con ella, verla como el peso específico de mi realidad, de lo real en mi vida.
La saqué de la cocina, la fui llevando hacia el cuarto: “Pará Elvira, tengo los dedos llenos de cebolla y ajo, pará”, me decía. Yo la iba llevando. Quería que me acariciara con esas manos, que esa cebolla me diera la excusa justa para llorar con ella, por ella, por mí. Llorar en el cúlmine del orgasmo; gritar y jadear cuando esas manos arden en mí. “Estás loca Elvira”, me decía Renata. Yo le pedía más y más. Quería sentirla, saber que yo podía estar allí, con/en ella; quería poder sentirla completamente, real. Sus pechos sobre mis labios, los pezones lechosos incitándome a besarlos, comerlos. Sus dedos de titiritera sabiendo qué hacer en mi rosa concentrada, retraída. Cabalgarnos, inundarnos.
- Elvira, ah, te amo!
- Te amo, nena, te amo.

Anclas ante el desierto de lo incierto. Anclas en las ancas de la amada. Anclas para esta vida que brilla, y late. Estoy viva, a pesar de todo estoy viva.

Foto tomada de: http://www.outtakes.org.nz/2004/wgn/films/doi.php

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jueves, septiembre 14, 2006

No aclarés que oscurece


Me dijo Amanda cuando le conté mi encuentro con Melisa, y cuando intenté explicarle lo que ella me mueve, pero que lo mío es “aquí y ahora” con Renata.
Cuando terminé de decir esta frase, mi querida amiga se largó una carcajada que casi me deja sorda.
- No me vengás con eso.
- Pero Mandy, es que es éso ahora. Yo estoy con Renata.
- Como ahora estás conmigo y dentro de un rato con el carnicero.
- Che, no seas tan dura y cínica. Creo que no me lo merezco.
- Elvirita, a veces me parece que tenés una edad emocional menor a la tuya, y hasta te diría que muchas pendejas son más maduras que vos, incluso Melisa. Es que no podés ver que le gustás, obviamente aún siente algo por vos, y le gusta jugar, encenderte un poco, provocarte, pero sabiendo lo que sí es real ahora: que vos estás en otra, pero no relación, vos estás en otra, y vaya una a saber en qué y dónde.

Me quedé muda. Amanda tiene toda la razón del mundo. Estoy en otra, y creo que no sé muy bien en qué tierra estoy pisando. Si es algo es lodo: muy blando y ensucia mucho, y luego se seca y deja marcas oscuras. Evidencias. Todo es evidencia. Todo te vende, todo te desnuda, todo te exhibe, todo muestra la mierda que sos, todo sigue allí mientras una se hunde.

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sábado, agosto 05, 2006

Cosas que hay que aprender

1) no por cuarentona no aguantarás varias horas de hacer el amor, seguidas.
2) La edad no tiene nada que ver con "tener" una historia rica y muy personal.
3) Podés leer y que nadie te joda por más que la amada ronde por la casa.
4) Tu casa es tu casa y su casa es su casa, y viceversa, pero sin invasión.
5) podés tomar mates a las 4 de la mañana, junto al hogar y no te morirás de sueño.
6) Un títere te puede seducir y despertar a las dos de la mañana.
7) Aprender a esconder rápido la portátil cuando se intenta bloguerar a horas raras.
8) El café en granos es mejor que el café instantáneo.

Son domésticas, lo sé, pero son y me pasan, y la estoy pasando bien.


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jueves, mayo 05, 2005

Yerra

Es como cuando te queman o te quemás, cuando te hacés un corte muy profundo: quizá la piel se pega, se vuelve a unir, pero queda una marca, una señal para recordarte qué pasó ese día o determinada noche.

¿Por qué yerra? Por que se la hacen (la marca) a un animal acorralado, y es una marca de pertenencia, al menos temporal: hasta que se morfen al bicho.

Marca en el cuerpo, en la voz, en los dedos amarillos por el tabaco. En el esfuerzo que puede resultar tratar de cruzar nuevamente el puente, pero sin la magia de la primera vez.

El dolor desnuda y lo que muestra es lo que seremos cuando haya sólo cenizas: una nada que intentamos vestir, maquillar, reconocer a ciegas en ciegas noches de amor o de alcohol.

La escupida, para arriba, del amor. El odio a una misma en el desamor. La sucia y a veces innecesaria parafernalia de la reconciliación: ¿me perdonás? ¿todavía me querés? ¿no ves que sos la única?.

No. No caímos en eso. Escupimos ácido en las heridas, quizá no las actuales. Más viejas. Las más mías. El sarcasmo de la sabiduría en boca de una niña.

¿Habrá pañales geriátricos mentales?

lunes, mayo 02, 2005

Breakfast in bed

El insomnio me duró bastante, estuve dando vueltas como hasta las tres de la mañana. Así que cuando una mano, muy suavemente, me sacudió el hombro a eso de las 8:30 no tenía ni media gana de despertarme.
Pero un aroma me llevó a abrir los ojos: café. Y se sentí muy cerca. Fui cayendo en mí y vi que Melisa me había traído el desayuno a la cama.
El corazón me dio un vuelco, ¿cuándo fue la última vez que pasó esto en mi vida? Años luz.
Me senté en la cama y unos labios mezcla de carne y mermelada me besaron, me fueron trayendo a la orilla de la realidad.
Wow. Café, jugo de naranjas (¿de dónde las sacó?), tostadas con mermelada y unos pirulitos de manteca.
- Buen día su señoría!, y volvió a besarme
Por mi parte mi saludo fue una especie de lava saliendo de una cueva. Se río.
- Qué voz tan sensual!
- Es la que tengo, linda.

Me acordé de un tema que cantaban UB40 con la mina de Pretender, creo. Que se llama como el nombre de este post.
Y supe que un lunes puede empezar de otra manera. Y lo más extraño fue que cuando terminamos de desayunar, la bandeja y todo fue a parar, lentamente al piso, y recordé lo que era hacer el amor por la mañana, y mi cuerpo se llenó de otra energía.

Vi que va a la Facultad con sus piercings, perfumada, fresca, con ganas de discutir todo. Me quedé en la cama y fui viendo como se ponía su jean, una remera, un buzo encima. Fui testigo de una de sus mañanas, la primera que compartimos.

Recién lo recordé y uf, me dio un tirón allí mismo. Qué vieja calentona. Ja. Me río de mí misma. ¿Me estoy enamorando? Debe ser que sí porque ya siento el ejército del autoboicot poniéndose en marcha.

Sin sueño

Sé que me estoy arriesgando y apenas puedo escribir despacio para no hacer ruido. Por suerte los teclados de las portátiles son más suaves.
Desde donde estoy puedo ver a Melisa durmiendo, en mi cama. Estoy en el living y dejé entornada la puerta a propósito.
Me gusta verla dormir. En ese momento es como que podés conocer el otro lado de las personas.
Necesitaba fumar un cigarrillo y tomar distancia. Hoy sí se queda. Lo charlamos ayer. Ya se trajo sus cosas de la Facultad y unos impuestos que tiene que pagarle a la madre.
Está aquí y se quedará a dormir porque ambas lo queremos. Suena fácil, pero no lo es tanto.
La veo tan joven, tan fresca. Cargando con toda otra cultura. Sin embargo tiene mucha conciencia del pasado. Se nota que habla mucho con sus padres. La madre estuvo exiliada, cuando volvió al país, la parió.

Los datos que dan todo y no dan nada. Te sitúan, te encuadran la historia y pará de contar.
Ella es tan joven como la democracia, y si nos ponemos a pensar, en estos 22 años ya cargamos muchas muertas y muertos más. Lo que dejó incrustado el sistema del Terror es lo que sigue matando.

Pero yo quería hablar de verla allí, semidesnuda, respirando tranquila. Quería escribir sobre poder juntar estos pedazos de historia que somos, estos cuerpos nuevos y gastados (y allí las edades se mezclan). Y no sé, realmente no sé, por qué me salió lo de la dictadura. Esa marca de años queda, y siempre reaparece. Es inevitable cuando trato con gente joven, por suerte la gran mayoría gente piola.

Ella allí abriendo la puerta de otro mundo para mí. Cierta adrenalina. Juntar lo cuerpos, juntar los fragmentos que somos. Juntar esa mirada con la mía. ¿Es posible mirar juntas? ¿Será posible?

domingo, mayo 01, 2005

Comiendo en lo de Amanda

Qué lindo dormir hasta tarde, y levantarse para ir a comer a otro lugar. NO tener que hacer nada en la casa. Muy bueno para un domingo.
Acabo de llegar de lo de Amanda. Me invitó a comer locro, casero. Excelente, y muy liviano. Ella le pone de todo, pero nunca te cae mal.
Amanda estaba como loca, quería saber T-O-D-O, y que cómo se tenía que enterar por Sara y etc.
Cuando terminé de contarle todo lo que ustedes ya saben, salvo algunos detalles o datos que no he dado por aquí, Amanda se me quedó mirando.

- Mirá. ¿Cuántos años hacen que nos conocemos? ¿Más de 20?
- Y sí, por ahí andamos.
- Es la primera vez que te noto hablar como una “enamorada”.
- ....
- Sí, no te hagás la boluda. Sabés a qué me refiero. Al menos es la primera vez que te escucha hablar así desde la historia con Inés.
- No empecemos...
- No, no empiezo, pero ya sabés qué pienso.
- Sí... que la dejé ir.
- Y más cosas, que ahora no vienen al caso. Y por eso te quiero decir esto, si a esta piba la querés o ves que te estás enamorando o que puede ir en serio, por favor, no la dejés, no la espantés. Tenés esa extraña capacidad de destruir lo bueno que te pasa.
- Ah, gracias, sos una amiga.
- ¿Me equivoco? ¿Qué pasó con Inés? Tu maldito orgullo.
- Cortala que se pudre todo.
- Yo la corto, pero no quiero que te sigas haciendo mierda, y en este caso que la hagas mierda a Melisa. Por poco la vi crecer.
- Otro palo más ¿no?
- No. Lo de la edad es bien relativo. Pero espero que todo ande bien.
- Ay Amandita, para mí la edad no es poca cosa. Melisa me está dando un nuevo aire que respirar, pero es joven, y planea irse a vivir a otro lado cuando se reciba. Puede aparecer otra mujer.
- Basta. Pará. ¿Estás bien con ella?
- Sí. Muy bien, te diría.
- Entonces no pensés tanto en el futuro. Pero ayudalo un poco y que ese poco sea bueno.

Se me acercó y me abrazó muy fuerte.

- ¿Cuando se vuelven a ver?
- Creo que esta noche. Quedé en llamarla.

jueves, abril 28, 2005

Me deshizo

Hay un punto en mí que lo podría denominar mi punto débil. Es ese punto en donde lo cursi y lo salvaje se juntan.
En donde soy la humana de todos los días y la personaje de comic de algunas veces.
Salí temprano del trabajo con la idea, con la única idea de mi capuccino crepuscular. Ya saben, en el bar de la esquina, mirando hacia la Plaza de la Congoja.
Cuando entré la vi. Estaba allí sentada, con cara de pícara. Una especie de travesura.
La saludé sorprendida, y hasta Laura, la moza, también lo estuvo.
- Ayer dijiste, como al pasar, que saldrías más temprano del trabajo. Y como me comentaste acerca de este ritual, pensé en traerte un regalito. Esto.

Extendió su mano y había un chocolate con un moñito alrededor. Me quedé sin palabras, seca la garganta. Y la quería comer a besos y mi otra parte, la dura, racional y metida me decía: no, no.

- Gracias linda, - apenas pude articular.

Charlamos de su día, del mío. Charlamos y nos perdimos en el tiempo.

Hum... chocolate blanco, qué rico. Dejo que cada cuadradito se disuelva en mi boca. Lo dejo allí. Me endulza y calma mi nerviosismo.
Es que entre las otras cosas, que para ella no habíamos hablado, era qué podíamos hacer esta noche.
Realmente ni lo había pensado. Las cosas habían pasado tan rápido en los dos últimos días, y en realidad había sido ella la planeadora de todo.

Fue un momento de debilidad, lo juro. Sí, lo juro. Fue cuando pronuncié: “Si querés podés venir a casa”.
Sus ojos brillaron, sus piercings parecían brillar más.

- Sí. Sara me habló de ella.
- Mirala vos.
- Es tu ahijada, ¿no?
- Sí, pero en cualquier momento dejo de serlo, si me sigo enterando de que anda contando cosas mías por ahí.
- No te enojes, la culpa la tengo yo.
- ¿Vos? En menos de una semana ya te contó vida y obra por lo que veo.
- No. No en una semana.
- ¿No? Y ¿cómo es eso señorita?
- Desde hace más de un año.
- ...
- No te pongas así. No es un servicio de inteligencia. Es que un día que vos estabas en su casa yo fui a buscar a mi hermana. Y te vi.
Estabas entre enojada y triste y le contabas con muchos ademanes a Amanda una historia tuya. Me gustaste.
- ¿Qué? (no podía decir otra cosa)
- Sí. Me gustaste. Y le pregunté a Sara quién eras. Y después que te fuiste (ni me viste entre tantas lágrimas, supongo) Amanda le contó algo a Sara.
Te quieren mucho, y estaban preocupadas.
- Sí. Con Amanda somos casi como hermanas. Pero volviendo al aquí y ahora.
- Volviendo al aquí y ahora es que a esta lesbianita le gustaba una señora lesbiana: usted. Te vi varias veces por la calle y esperé a que me reconocieras. Pero nada.
- Te juro que no te registré.
- Ya lo sé. Y cada vez que te veía le preguntaba algo a Sara. Y bueno, el domingo cuando te vi allí no podía hacer nada, nada más que jugar. Hasta que te acercaste.
Mirando a su alrededor, como para que no oigan: “Podés creer que me mojé”.
- Che!, dije yo mirando para todos lados también.
- Es que no lo podía creer. Vos ahí y tan cerca ¿Te sueno muy, demasiado pendeja, no?
Le tomé el mentón y levanté su cara: “Para nada. No me esperaba esto. Yo también debo parecerte medio pendeja”.

Como comenzando de nuevo

Ah, ya estoy vieja para levantarme de una cama a eso de la 1 de la mañana, vestirme y volver a mi casa. Hacía mucho tiempo que no hacía eso. Es raro, sabe bien, me siento bien.
Ya estoy empezando a pensar que Melisa no tiene 22 años, o al menos tiene cierta sabiduría que te hace olvidar cuál es su edad.
Hubo pizza, pero no me había adelantado que era casera: buenísima; buen vino. Hubo lo que se pueden imaginar ( no entraré en detalles ya que alguien me escribió diciéndome que hago pornografía barata y para colmo soft, ¿?).

Cenamos con Carlos. Se quedo el tiempo que duran 4 porciones de pizza para él. Simpático.
Mientras terminaba de preparar la salsa me dediqué a mirar una pequeña biblioteca que tienen allí. De todo un poco. De Bukowski a Diana Bellessi, del Marqués de Sade (¿?) a Pizarnik. Algunos autores desentonaban, pero es gusto personal y no da para este post.

- ¿Sade?
- Ese es Carlos, con esas cosas.
- Claro, y vos con tus piercings nada, no?
- En todo caso una Marquesa.

miércoles, abril 27, 2005

La cita

Cuando llegué del trabajo me encontré con una invitación en el contestador: “Si querés o podés habrá pizza y vino en lo de Carlos. El presupuesto no me da para más. Besos.”
Otro llamado: “A las 9 de la noche. Soy yo, ya sabés”.

Anoche fue mi primera vez con alguien con piercing, mi primera vez con alguien más joven, mucho más joven que yo. No quiero engancharme y bueno, más dolores.
¿Qué me dicen? ¿Qué les late? A mí un buen momento. Y quizá tenga que aprender a vivir de una serie de buenos momentos.

lunes, abril 25, 2005

Confesiones

(...)
- Ah no. Mirá que te acostás con una pendeja y amanecés meada hasta los ovarios. Recordá el dicho.
- Me parece que no es así el dicho.
- No me vengás con esa. ¿Desde cuándo te gustan las pendejas? ¿O ya te estás poniendo vieja chota?
- Vieja tu abuela. Pero... vos la viste ayer, Amanda, vos la viste.
- Sí, y tiene sólo 22 años.
- Y una mirada y unas manos.
- Estás hecha una vieja pajera.
- Che, no me digás así.
- ......
- Quizá sea una fantasía. No más que eso.
- ¿Una fantasía? ¿De qué estás hablando, ...?
- Siempre quise tener algo con una campeona de flippers.
- No. Pero no ves que a vos te pegó mal el champagne. “Tener algo con una campeona de flipper”. No lo puedo creer.
- ¿Vos sos o no sos mi amiga? Te estoy contando una fantasía y vos me cargás así. Me gustó. La piba me gustó.
- Por lo que sé, tiene novio.
- Y qué? Eso no me asusta. Pero me gustaría volver a verla, no sé si para que pase algo, sólo para verla y hasta verla jugar.
- Escuchame, ..., cambiando de tema, ¿volviste a saber algo de Dolores?
- Guacha. Sos una guacha. Eso no es cambiar de tema.

domingo, abril 24, 2005

¿Fin de fiesta?

La fiesta salió de 10. Sara estuvo muy contenta y fueron más de 100 personas.
Yo me dediqué a qué todo lo necesario no faltara y a tomar unas cervezas. La cerveza me relaja y realmente necesitaba estar menos tensa.
Entre los pedidos de Sara constaban una mesa de tenis y dos o tres máquinas pinball. Tanto a su madre como a mí nos pareció una buena idea.
A eso de las dos o tres horas de empezada la fiesta, mas bien informal, quiero decir con esto: sin vestido especial, etc., me percaté que en la máquina del Dr. Who estaba una misma chica jugando ya hacía un rato. Había una latita bock sobre la caja del juego, por lo que deduje que más de 18 años debería tener.
Me llamó la atención cuando empecé a sentir cómo le iba sacando juegos a la máquina. Me acerqué y vi el puntaje. Era realmente increíble.
- Qué bien que jugás.
Silencio concentrado en el juego.
- Yo hace mucho que no lo juego, ya han cerrado casi todas las casas de videogames, añadí.
- Yo solía ir por la avenida, me pasaba horas y sacaba y sacaba juegos gratis.
Ahora yo estaba en silencio. Solía ir a esa misma casa de juegos, años ha.
- Es cuestión de focalizarse y un poco de suerte, me dijo mirándome fijo a los ojos y haciendo una extraña sonrisa, medio de canchera.
Caray. Se me secó la garganta. No me había percatado de su rostro. Piercings en la nariz, arriba del ojo y en la lengua. ¿Cómo lo aguanta? Pero a mí no se me secó la garganta por esos endemoniados metales. No.
- ¿Sos amiga de Sara?
- No. Soy la hermana mayor de una de sus compañeras de escuela. Como suelo prestarle CDs le pareció bien invitarme, y cuando me dijo que habría maquinitas me decidí del todo.
- ¿Cuántos años tenés?
La pelotita de metal se le fue por el fondo, y puteó.
- ¿Y vos?
- Ah no, con esas no! Yo soy la mayor y me tenés que responder.
- Qué sos, la ley también?
Me cago en vos pendeja, pensé.
- No, una amiga de la casa.
Me clavó de nuevo los ojos marrones y me dijo: 22. Soy Melisa.
- Soy ... y tengo casi el doble tuyo. Casi.

Sara rompió la inminente presentación diciéndome que ya era tiempo de la torta.
Sí, Sarita, siempre es bienvenido y llega el tiempo de la torta, dije para mis adentros.

- La seguimos después, le dije a la piba, que ya no me escuchó, ya había acertado con otra pelotita triunfal.

jueves, abril 21, 2005

Love letters: Elsa

Hoy me descubrí unas canas, no me quedan mal, en realidad apenas se ven. Pero junto con las canas descubrí una vieja caja llenas de cartas. Estaba cubierta de polvo, bien alto en una de las estanterías. Ya casi la había olvidado, y en verdad, tenía miedo a abrirla.
Es una caja simple, de esas para archivos, de un marrón ya gastado. A pesar mío la abrí. Un vaho de humedad, perfumes, y polvo me atacó. Tuve que toser y la caja se me fue a la mierda, pero por suerte las cartas estaban acomodadas y atadas en paquetitos.
No recordaba que me hubiera tomado tanto trabajo con ellas; demasiada paciencia para una impaciente como yo.
Así que las junté, me fui al living con ellas, me preparé un café y me abismé en ese pasado.
Empecé con un paquetito envuelto en papel barrilete azul. Afuera se podía leer: Elsa. Y me pareció bien comenzar por esas, ya que desde este fondo de olvido y no olvido, es decir el presente, el otro día recibí una de ella.
Las conté: 10. Sobres gruesos, de esos con un forro de papel azul adentro, sobre viejos para esta época. Me encantan.
Comienzos de los noventa. ¿En qué andaba yo por esos años? Mejor ni pensarlo. Era la peor de todas. Ja.
Comienzos de los noventa. Entre dark y romantic, yo salía con una ex violinista. ¿Se puede ser realmente ex violinista? No lo sé, ella pensaba que sí.

“Querida ...:
Tu presencia ayer en casa me dio ganas de intentar parte del “Trino del diablo”. No porque sea una gran intérprete sino porque Tartini me recuerda a vos: rebuscada casi sin sentido.
No te enojes. No frunzas el ceño. No te alejes. Al menos me hacés acercar al violín y no al alcohol.
Ah tus besos,..., me encienden. ¿Lo podés creer? Para una vieja de mi edad, y vos tan joven, tan con ganas de comerte el mundo. Ya te lo estás comiendo y me estás dejando sin nada.
Te quiero ¿sabías? Y me da bronca que estés lejos. Que estos kilómetros nos separen.
Vos sabés que yo no puedo viajar tanto como querría, así están las cosas, y te pido que me comprendas.
¿No te basta que te quiera, que te desee?
(...)”

No puedo seguir transcribiendo. Se me nublan los ojos por las lágrimas. Qué día hoy, qué día.