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martes, mayo 20, 2008

Shane

Y sí, alguna vez tenía que confesarlo, gritarlo a los cuatro vientos; subida desde una mesa y acostada en una cama: amo a Shane! sí, sí, la de L word; sí, la misma que viste y calza.
Amanda suele decirme: "pero si a vos te gustan las mujeres con tetas, cómo es posible que te gusta esta chica que no tiene nada".
Yo le contesto que en este caso (como en muchos otros) no tiene nada que ver. Es más, creo que no sería Shane si tuviera más tetas.
En fin, que anoche, milanesas caseras hechas por Amanda y vinito tinto, nos pusimos a ver el programa. Estuvo bueno, a mí me movió mucho todo el testimonio de ella en la escuela donde va el hermanito.
*Suspiros*. Me hace recordar tantas cosas, como debés decir quién sos y qué sos, como si eso le aclarara las cosas a las personas, pero yo siempre apuesto a esa persona desconocida que puede escucharte y que zás, le hace click y empieza a pensarse desde otro lugar, desde otra posibilidad.

Hmmm... tampoco puedo negar que la actriz que interpreta Shane me hace recordar a Melisa. Todo ese estilo desparpajo, toda esa onda que me hizo perder la razón y enamorarme como me enamoré de ella.

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jueves, junio 02, 2005

Salida del closet inesperada

Melisa llegó a eso de la una de la mañana. No la podía parar. Me sacó de la cama, preparó café, y me dijo: “Sentate. No lo vas a poder creer!”.
Me senté, nos sentamos. Y me largó: “Mi viejo es puto”.
- ¿Qué? casi me atraganto con el café, que además quemaba y mucho!
- Sí. Yo estoy medio como loca, porque estuve como dos horas dándole vueltas al asunto para que no le cayera muy mal, hasta que me dijo: “Vos me querés decir que te gustan las mujeres?”. Me lo quedé mirando y le dije: Sí.
En este punto de su relato M. empezó a llorar, y se me acercó para abrazarme, más bien para que la abrazara. Parecía un flancito entre mis brazos, no esa mujer salvaje que suele ser.
- Sabés qué me dijo? Que por eso se terminó de separar de mi vieja. Que la quería un montón, pero que a él le gustaban los hombres. Parece que mi vieja lo tomó para el orto a todo esto, pero bueno, con la historia del exilio a cuestas y toda la cuestión militante anterior o el amor que ambos se tuvieron, ella nunca dijo nada, ni hechó mierda sobre él. Pero sí puedo entender que lo hubiera hecho conmigo.
La cuestión es que mi viejo hace cinco años que mantiene una relación con un tipo de Buenos Aires, algo más joven que él, creo que me dijo 5 o 6 años, también con hijos, pero blanqueado hace mucho tiempo.

Yo la abrazaba y la miraba sostenidamente mientras me contaba todo esto. Se sonaba los mocos, me acariciaba la cara. Se reía lloraba.

- Mi viejo, puto. ¿Lo podés creer?
- Mirá es toda una sorpresa, pero entra dentro de las posibilidades.
- Pero por qué se calló tanto tiempo. Yo no soy una mujer de la prehistoria.
- Vos bien sabés que cada uno tiene su tiempo, amor.
- Sí. Ya lo sé. Mirame, yo cuidándome tanto.
- ¿Cómo te sentís?
- Bien, dentro de todo. Además fue muy loco, ya que él te conoce.
- ¿A mí?
- Sí. Me preguntó quién era la persona con la que estaba, y le dije. Tu apellido le sonaba, y es que te contrató un par de veces para organizarles unos eventos.
- ¿No me digas que tu viejo es “... ...”.?
- Sí!!!!!!! Ese mismo.
- Joder! Qué chico que es Santa Lucía!
- Sí, muy chico!

Lo que no le dije en ese momento es que yo sí ya sabía que ese hombre era gay, pero lo que no sabía era que es su padre. Buen tipo.

miércoles, junio 01, 2005

Salida del closet total de Melisa

Melisa pasó esta tarde muy excitada. Acaba de hablar con su madre de nuevo sobre su orientación sexual. Hace ya unos años atrás lo había y su madre se enojó un poco y luego pareció olvidarlo. Fue allí que hizo su aparición en escena Carlos, sobre todo para tener una excusas para sus salidas y sus trasnochadas fuera de su casa.
Parece que hoy la sentó, mate de por medio y se lo volvió a decir. Lo decidió porque siente que puede contar conmigo y porque dentro de poco se inaugura el bar de los chicos y no piensa esconderse. Nunca lo hizo, pero nunca había podido compartir sus historias. Así que le dijo a su madre que se fuera preparando porque le quiere presentar a su compañera.
Su madre lloró, pero la abrazo muy fuerte. Y le dijo que sólo espera que no la lastimen, y que pueda ser feliz sintiendo.
Pasó por acá para decirme que esta noche cena con el padre, para hacer lo mismo. El no sabe nada de nada, pero piensa decírselo igual.
Le pregunté cuándo había decidido hacer toda esta movida.
- Anoche mientras hacíamos el amor.
- ¿Anoche? y no me dijiste nada.
- No. Fue extraño, fue la primera vez que te sentí acabar libremente, como entregándote, y eso me hizo decidirlo. Esas cosas no se pueden simular.
-¿De veras sentiste eso?
- Sí, pero lo charlamos más tarde.

Me dio un beso, agarró su campera y se fue. Otra vez me dejó sin palabras, pero coincido: anoche yo sentí justamente eso. Poder dejarme ir en el amor.

miércoles, mayo 11, 2005

Salir del armario

Tenía 19 años e Inés tenía apenas tres más. Éramos dos pendejas enamoradas, y nos comíamos el mundo. Ese que quedaba ahí afuera, ese que apuntaba hacia Buenos Aires o bien hacia Rosario. Éramos tan jóvenes y nos enamoramos. Estábamos locas una por la otra. Día y noche, noche y día juntas. Fue mi primera relación con otra mujer, con otra persona. Ella encaró, yo no lo pude creer, y allí estuvimos. Tres años. Al poco tiempo de salir, yo decidí decirle a mi mis viejos lo mío, ya que se había concretizado en algo, no era sólo lesbianismo platónico. Pero lo hice sin consultarlo con ella.
!La que se armó! Ella no quería que todo el mundo supiera que ella era lesbiana. Yo le expliqué que mis viejos sabían que yo era. No le había dado ningún nombre.
No fue fácil, vernos, amarnos y seguir construyendo algo. Pero la pasión era muy fuerte. Y tener pasión en un lugar como Santa Lucía no es muy sano, salvo que estés pensando en irte de ahí.
Lo habíamos planeado. Cuidadosamente. Pero cuando llegó el momento, casi con los boletos de micro en la mano, yo dije: “me quedo”. Inés nunca me lo perdonó. Por eso Amanda insiste con que la dejé ir. Por lo que supe, se fue con el tiempo a Estados Unidos, y allá se casó con un tipo. Me dicen que tiene una hija. Nunca salió del armario, nunca dijo nada.
A mí me echaron de un laburo, pero a escondidas, no.

martes, mayo 10, 2005

En guardia

No sé por qué cada vez que escribo me siento como que estoy a la defensiva, ¿de qué? Una piensa que lo que piensan las otras personas no la afectan, pero se ve que sí. El trabajo es bien subterráneo. Es esto lo que me hace enojar cuando algunas paquis me dicen que las lesbianas nos quejamos y que mitificamos mucho lo del closet, o lo del armario. Es decir no ser visibles, o mejor, el no poder hacernos visible porque peligra el trabajo, te puedan rajar de tu casa, tus amigas y amigos te ignoran o empiezan a decirte o tratarte como una enferma.
Charlamos algo de esto con Melisa. Sobre su familia no habla mucho, aún, y yo no quiero apurarla. Con sus amigas o allegados parece que la tiene clara. Esto de poder ir por la vida y poder decir: mi compañera/o es XX y que esas XX no sean un nombre de hombre (en el caso de las lesbianas), que disfrazaría a la verdadera persona.
No es fácil ir de frente, decir qué sos, en realidad qué sentís y con quién lo sentís. Es todo un proceso. Pero hay momentos que la lesbohomofobia me acecha, y no es bueno. Para nada.