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miércoles, octubre 04, 2006

Give me one reason (Tracy Chapman)

Música de fondo para el alma, para el retorno. Música para curar, lamer, dulcificar heridas. ¿Quién le va a pedir razones a la otra? ¿Yo? ¿Renata? Dice el tango: mano a mano hemos quedado. Tabula rasa: maná para los dedos carcomidos; para los pelos crecidos.
El cuerpo de Renata surge como un barco fantasma en el horizonte de mi cama. La veo dormida. La veo descansando después de haber hablado, después de haber hecho el amor. La veo allí, una pierna asoma por debajo de la sábana. Noto que su pie es chico, redondo, rosado. Me dan ganas de ir a besarlo, de ir subiendo por esa pierna depilada (por el vestido); me dan ganas de ir a jugar con ella y pensar que este barco fantasma no lo es tanto.
Este es el segundo pacto que hago con alguien. El primero fue con Melisa, pero ese es diabólico. Con Renata intentaremos construir desde la apertura (¿?). Ay Elvira, lo tuyo es de culebrón sudaca, malo, pero cuando mirás atrás, hace como dos años, antes de empezar a llevar el blog, ¿qué había en tu vida? Parecías una gata callejera buscando refugio, refugiándote en cualquier cama, junto a cualquier cuerpo. Pero esto era aún antes ¿no? Uy, ¿no te da vértigo recordar esos años? y ¿París?, y ¿New york? ¿No te da vértigo pensar en aquellas para las que fuiste alguien en algún momento? No, no es recuento de presas, no soy, nunca me sentí cazadora, pero quizá llega un momento en la vida en que viene bien ponerse a mirar para atrás, sin tanta ira, reconociendo que aquella que fuiste sos vos. Ese es tu background, es lo que te conforma.
Creo que no puedo seguir escribiendo. No sólo sentí que Renata se dio vuelta en la cama, sino que ahora quedó con medio cuerpo descubierto, y es aún más invitante.

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domingo, octubre 01, 2006

Con las cartas sobre la mesa (I)

Renata acaba de irse, cuando anoche llegó luciendo el famoso vestido, y me dijo: “quiero estrenarlo con vos”. Creo que mi débil beso, que mi débil abrazo me delataron: “¿Qué te pasa?”, me preguntó. Le dije que nada, que sólo cansancio; que no esperaba verla así, tan producida, más cosas dije que no vienen al caso, ya que terminamos curtiendo de todos modos. Por momentos me siento la Justine de Sade, que le daban por todos lados y ella ni se enteraba cómo, mezcla alucinada de inocencia y pelotudez, y locura moralista del Marqués, sin duda alguna.

Renata acaba de irse, ya han pasado unos minutos más. No sé si volveremos a vernos, la menos hoy. Renata se va y se lleva su misterio con ella, como dentro de una valijita para títeres.

Fue esta mañana cuando más que preguntarle le dije, o ambas cosas a la vez: “¿que papel juego yo en tu relación cordobesa?”. Me miró, se puso medio pálida, y esgrimió: “¿de qué relación me hablás?”.
- Eso no lo sé, sólo sé que existe y lo único que quiero saber es qué papel juegoyo.
- Me parece que estás muy convencida de algo que no es, Elvira.
- Digamosle ¿tu prima?.
- Estas loca! Primero porque no pasa nada con ella, y segundo porque cómo podría tener algo con ella, es una parienta.
- O así le ponemos a la relación para que no parezca que lo es, quizá, le dije yo levantándome de la cama.
- Elvira ¿qué me querés decir con todo esto? No entiendo nada.
- Que sé que la voy de amante de una relación que ya existía o bien tenés una amante que toma mi lugar de vez en cuando, la miré fijo; se largó a llorar. Nunca pensé ver a Renata llorando, no sé por qué, pero bueno, esa es la imagen que me daba.
Le alcancé un cajita de pañuelos, se sonó fuerte la nariz, y me dijo: “No sé cómo ni quien te dijo esto, que es una verdad a medias”.
- Renata, soy toda oidos, le dije sentándome en el borde de la cama.

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sábado, septiembre 30, 2006

Historia de una pasión

Termino de escribir el título de este post y ya me estoy riendo. Escribo este post como intento de pensar en voz alta qué es esto, qué es todo esto.
La línea pasional es simple, ellas son Elvira y Melisa. Somos nosotras desde siempre, desde el año pasado. Y somos de tal forma que nunca, pero nunca nos hemos “terminado” de separar. Recaemos, y recaemos como si siempre fuera la primera vez, como si siempre estuviéramos recomenzando. El mundo gira a nuestro alrededor, el mundo y sus consecuencias.
Ambas somos fieles de una forma que nadie podrá nunca comprender en su totalidad (tampoco nosotras estamos muy “aware of this”). Aquellas mujeres con las que hemos estado “mientras tanto” seguimos siendo línea pasional (por no llamar pareja), ellas han necesitado de nuestro amantazgo, y nosotras no lo sabíamos, no podíamos intuirlo de esta forma. Ellas iban y venían, y nosotras seguíamos, seguimos.
Lo que más me espanta es el desperdicio de tiempo; el desperdicio de nuestra imaginación en formas de hacernos creer que no nos importamos, cuando sabemos, que tarde o temprano volvemos a caer en nuestra propia trampa.

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miércoles, septiembre 27, 2006

“Sigue al conejo blanco”

Lo recuerdo muy bien, Trinity le dice a Neo: “¿Alguna vez has tenido un sueño, que pareciera tan real que no lo puedes distinguir de la realidad? Y si no pudieras despertar de ese sueño, ¿cómo sabrías que estas soñando? (...) Es la pregunta la que nos da fuerza. Es la duda la que te ha traído aquí."

Así me siento: pura duda; y no hay píldora ni roja ni azul que sirva para llevarme hacia el final de la guarida del conejo blanco. Pero sí siento que tengo una enorme zanahoria frente a mi nariz, y que voy babeando tras ella: Melisa; y por el otro lado, como la querida Alicia, voy encontrando otras personas que tienen unos carteles que dicen: “Pruébame”; “Amame”; “Olvídame”.

Como Neo me despierto frente a la compu, ya habiendo perdido el registro del tiempo. Como él me debato entre escapar por la ventana o dejarme atrapar por los agentes. El vértigo del salto, la invitación a lo salvaje es exquisita, pero no estoy muy segura de querer seguir ese camino.
Por el otro lado estaba esa mixtura Renata que llegó a seducirme, a prometerme un tiempo de paz. No me importaría mi lugar de amantazgo, pero sí me gustaría tenerlo en claro.

El conejo mueve el rabo, me hace señas casi lisérgicas, y mis ojos se despedazan contra este monitor intentando encontrar las palabras que puedam decir este proceso por el que estoy pasando.

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martes, septiembre 26, 2006

Bitter Sweet symphony (II)

Salí del cuarto lo más rápido que pude. Tenía entre ganas de vomitar y de gritar. La sensación fue muy extraña.
- ¿Vos te das cuenta que estás cayendo muy bajo Melisa? ¿Te das cuenta?
- No creo Elvira, sentí que debía decírtelo, pero sí, la forma, sí. No creo que Silvia inventara nada, en realidad es bien directa, y me pareció...
- Basta!!! le grité; basta!! ¿Cómo sé que no mentís porque sabés que ella está allá? ¿Cómo puedo saber si no es una treta tuya? ¿Cómo te puedo creer?
Caí sentada en la misma silla de la cocina. Sentí que Melisa venía hacia mi y le dije: No te acerques.
- Elvira, quiero que sepas que yo estoy, que siempre voy a estar.
- Callate por favor; si, como decís, me querés, callate.

No fue fácil irme, no fue fácil cerrar la puerta, ya no escuchar lo que estaba diciendo. Yo por mi parte no pude decirle nada, esa bomba que tiró me dejó casi sin pensamientos.
Renata vuelve de Córdoba el 28 de septiembre, vuelve del supuesto casamiento o de un real casamiento familiar.
No la conozco tanto como para decir que ella no sería capaz de engañarme; no la conozco tanto para poder haber entendido por qué con toda su capacidad para lo de los títeres, se queda en esta ciudad que te ahoga; no la conozco tanta para sospechar que siempre vuelve a Córdoba para “actuar”.

La sensación es amarga, no por su posible engaño, sino por verla a Melisa actuar de esa forma. Me descolocó, no lo esperaba.

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lunes, septiembre 25, 2006

Bitter sweet symphony (I)

Fuimos hasta el baño y Melisa con una jarrita con agua tibia me lavó la cabeza. Era como una especie de bautismo. Nos volvimos a acostar, después de que ella preparara unos mates. Sentí una especie de vértigo, ya que seguro vendría el hablar, el explicar. Había venido para eso. Había venido para enterarme de cosas que no quiero saber, pero bueno, esto forma parte de lo nuevo que quiero hacer. Puedo pensar en este re-encuentro como una recaída, pero es/fue mucho más.
- ¿No parecemos una pareja cualquiera, así en la cama, tomando mate? preguntó Melisa.
- No realmente no. Creo que somos dos minas con mucha energía interna!
Nos reímos un rato, hasta que su cara cambió.
- Lo de Silvia es una especie de prueba que me impuse...
- No sigas, por favor, le dije.
- Necesito decírtelo, ya que necesito descargarme. Fue muy loco, fue con alcohol de por medio, fue todo mal, pero amanecí un día en su cama, en su casa, después de una reunión. Y ahora, no ha pasado mucho, sabés, no sé cómo cortarlo para no lastimarla.
- ¿Me estás pidiendo un consejo? le dije levantámdome de la cama, y vistiéndome.
- No te pongas así, pero es que, no sé Elvira, quiero que lo nuestro quede claro, para ambas. Me gustaría saber sobre vos y Renata.
- Ah, no! esas no, Melisa. No la metas a ella aquí. ¿Querés saber para qué vine?
- Sí, me dijo mirándome fijo.
- Para ver al diablo a los ojos, para poder ver bien de cerca aquello que me tienta y no me deja ir, aquello en vos que me tiene atada, ¿lo entendés?
-....
- Cómo no lo vas a entender... me tenés en la palma de tu mano, siempre fue así, y yo voy y vengo como una tonta, como boluda enferma de amor. No me importa saber cómo terminaste con esa mina, no me importa, sabés? Lo único que quiero es poder decirte: chau, adiós, no te acerques más, no me sigas haciendo mierda.
- Elvira, te amo.
- Si es así, desaparecé de mi vida, y dejá que sólo pueda seguir lo lindo, lo que vivimos en los comienzos.
- ¿Amás a Renata?
- ¿Y qué mierda te importa eso? Es cuestión mía y de ella.
- Sí me importa, porque me estás haciendo ir, es como si me echaras de tu vida, pero no me termina de quedar en claro por qué. ¿Soy peligrosa? ¿Me tenés miedo?
- ¿Vos me estás cargando?
- Para nada Elvira.
- Vos sos ese pedazo de una daga que queda en el corazón y allí se oxida y te recuerda lo que puedo haber sido y no fue.
- Eso, Elvira, yo te cité para ofrecerte/nos una nueva posibilidad. Yo quiero estar con vos.
- Sabés Melisa, sos una especie de vampira. No me había dado cuenta hasta ahora. Sos muy sutil, muy seductora, te vas metiendo, despacio. Mirá, le dije, lo que creo es que tenemos una “cosa” muy fuerte en la cama, el deseo nos puede, no lo voy a negar, pero yo quiero más, y debo ver de qué manera y con quién, y por el momento lo estoy intentando con Renata.
- ¿De verdad? Me dijo con tono irónico. Vos disculpame, pero sabías que “tu” Renata tiene su pareja en Córdoba? ¿Te lo había dicho?
Sentí un frío frío, sentí por primera vez en mi vida que quería pegarle a alguien, me contuve. La miré mal, como preguntándole. Como rogándole que no sea tan yegua.
- Me contó Silvia, viste, son amigas por parte de la familia.

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jueves, septiembre 21, 2006

Brilla tú diamante loco (II)

Melisa iba desde la base de la nuca hasta arriba de la cabeza dejando un leve rastro de saliva tibia. Yo estaba dura, sentada en la silla, acorralada por sus manos, pero le fui acariciando sus dedos, se los recorría. Apuré como pude el resto de vino que me quedaba en el vaso, tenía la garganta seca.
- ¿Vos querés? me preguntó desde atrás.
- Si quiero qué?
- ¿Querés hacerlo conmigo?
No podía ser tan yegua, preguntarme justo eso en ese momento; me moví en la silla, me di vuelta y sólo encontré sus labios. Me quedé allí, entre lenta y salvaje.
- ¿Qué querés de mí Melisa? le dije mientras le seguía besando las comisuras de los labios, mientras mi lengua luchaba con la de ella.
- ¿No te diste cuenta todavía? Todo, Elvira, todo.
Me levantó de la silla, me abrazó por la cintura, y a los tropezones nos fuimos moviendo, fuimos yendo hacia el cuarto.
Le saqué su remera y ella se fue deteniendo en los botones de la camisa, estaba ansiosa, y yo me imaginaba por qué.
- Ey, otra sorpresa, estás sin corpiño! me dijo
- Viste, soy una mujer nueva, desprejuiciada, loca, caliente.
- No lo digas de nuevo, Elvira, que te rapto.
Fue rápido a ver mis pechos, buscando el que supo tener el piercing. “Voy hacer de cuenta que aún está”, me dijo, y en seguida su lengua, con su piercing estaban en acción.
Me enloqueció con ese beso en el pezón, cómo me apretaba las nalgas con sus manos. Fuimos cayendo hacia la cama, ya desnudas, ya entregadas.
Melisa me puso boca abajo (odio que lo hagan conmigo, me siento que pierdo el control de todo).
- Elvira, me gusta tu espalda. Si supiera la tatuaría; te haría un águila, un dragón, y besaría cada poro.
- Meli, dejame darme vuelta!
Ella sentada encima mío, sobre mi cola, tipo reina del mundo me decía: “No. Mucha veces quise tenerte así. Hoy me doy el gusto, hoy, si esta fuera la última vez, quiero darme el gusto de ver tu espalda, de lamerla (pasaba su lengua, y mi excitación ya era demasiada).
Después de un rato que me pareció un siglo me dejó se hizo a un lado, y fue subiendo por mi costado. Yo no termina de entender qué quería hacer, era como que quería jugar con mi cuerpo, que quería abarcarlo por todos los flancos posibles.
- Elvira, decime por qué tuvimos que lastimarnos tanto? me dijo mientras me acariciaba todo el brazo izquierdo.
- No sé, Melisa, quizá no estábamos listas para lo que teníamos para ofrecernos.
- Y ¿ahora?, se me subió encima y me miraba fijo. Y ahora?
- Ay Melisa, no sé; la quité de encima, irguiéndome un poco en la cama. Casi grité: “No lo sé” y me caí hacia atrás, dejando las piernas que colgaran de la cama.
Melisa subió y también se puso de frente, pero por arriba de mi cabeza, y acomodó la mía sobre su pubis. Me la acariciaba, me acariciaba la cara. Noté que su pubis se movía un poco, y que mi cabeza, iba bajando de nivel. Ni me di cuenta de lo que pasó hasta que pasó. Melisa se vino en mi cabeza; se apretó hacia ella, y acabó. Apenas pude darme vuelta, subir, abrazarla. Apenas me doy cuenta que con ese gesto parecía que ella, me estaba dando a luz.

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miércoles, septiembre 20, 2006

Brilla tú diamante loco (I)

Desde el pasillo se podía escuchar música: “Sweet home Alabama”, cantada por Jewel. El tema parecía pegarme directo en la panza. Decidí fumarme un cigarrillo sentada en la escalera antes de golpear. Era cerca del mediodía. Cuando terminó Jewel sonó James Brown, “I feel good”. Tomé una larga inhalación y decidí golpear la puerta. La música (ahora Bruce Springteen) disminuyó un poco, y entonces la puerta se abrió.
- Hola, me dijo Melisa. Creí que ya no venías.
- Hola. Es que tenía otras cosas que hacer antes de venir.
- Pero bueno, ya estás acá.
El departamento parecía estar distinto y se lo dije. Es que lo están arreglando para alquilarlo, ya que Carlos se va y Melisa que no vive allí no lo puede bancar sola.
- Como lo ponemos en alquiler, quería invitarte a comer acá por última vez. Es como cerrar un ciclo, entendés.
- Sí, muy bien, Meli.

La otra noche de la película no había notado que estaba más delgada, y con cara de cansada. Mientras la miraba ella cocinaba y me dijo que pusiera la música que quisiera.
- Te pido disculpas por lo del otro día. Yo no tenía idea de que irías a ver la película, me dijo y el CD que yo sostenía casi se me cae.
Me la quedé mirando: “Vos sabés que trato de ir a lo que hacen los chicos. De hecho por vos los conocí”.
- Si, lo sé. Pero lo último que hubiera querido es que me vieras con Silvia. Te puede parece raro esto, esta confesión.
- Sí, un poco rara, pero me parece que condice con lo rara que somos nosotras, y no solamente vos, le dije sonriendo y encendiendo otro pucho.
Se me acercó y me dijo: ¿Puedo? y me abrazó fuerte, no sé cuánto tiempo estuvimos allí paradas, abrazadas. Se separó un poco y la vi secarse los ojos. “Disculpame”, me dijo, no quería llorar, pero bueno, me salió.
- No me pidas disculpas por eso, por favor!
- Mejor sigo preparando este espaguetis, me sonrió.
- Ok. Meli, ¿seguís jugando a las máquinas? ¿Al pinball? le pregunté recordando la primera vez que la vi; recordando el tugurio en el que estábamos antes de venir acá por primera vez.
- No, Elvira, no tengo mucho tiempo. Con lo de mi viejo estoy corriendo todo el día, trato de ponerme las pilas para encontrar una beca que me calce y bueno así.
- Me imagino que en el “bueno así” está incluida esta mujer, ¿no?
- Uy! te salió del alma, “esta mujer”.
- Bueno, qué querés!
- ¿Querés saberlo? me miró muy fijo.
- No ahora, tengo hambre.
- Ya va, faltan unos minutos para la salsa. Y no te vas a sacar esa gorrita? Raro en voz algo en la cabeza...
Cuando iba a seguir me miro más fijo: ¿Vos te hiciste algo? Cuando te abracé no te miré para arriba.... No, Elvira, no podés haberte... Vino casi corriendo y me sacó la gorrita.
- Te pelaste!!!! Elvira P. se peló! ¿Cuándo??? No paraba de pasarme la mano por la parte de atrás de la cabeza, suavemente.
- Esperá que me hacés cosquillas, le dije.
- Estás, cómo te diría? Perversamente hermosa. esa pelada acentúa tu mirada.
Yo no sabía dónde meterme y no había mucho lugar.
La fui empujando hacia la cocinita para que terminara de comer; pudimos comer hablando de casi nada importante, una puesta al día de cosas inútiles. Sospecho que todas las ex que nos volvemos a encontrar después de un tiempo hacemos eso.
- Y ¿de esa mujer qué me podés contar? quise saber.
Melisa me miró como sólo ella sabe: “No quiero hablar de eso ahora”. Le hice un gesto como diciéndole, bueno después, pero quiero saber.
Ella se levantó, dejó los platos en la mesada, y se paró detrás mío. Cuando quise darme vuelta, me dijo: “No, quedate así”. Tenía sus manos en mi cabeza, y las pasaba suave. De golpe sentí su respiración en la base de la nuca. Parecía soplar, pero no. Me quise mover y sus manos me detuvieron apoyándose firmes en mis hombros. Sentí, percibí su lengua, que empezaba a subir por la nuca...

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martes, septiembre 12, 2006

Play it again, Sam

“You must remember this. A kiss is just a kiss...”

Creo que nunca terminaré de desarrollar los anticuerpos necesarios ante el virus Melisa. Ella llega, se mete, levanta fiebre, hace lo suyo y desaparece.
Después de verla quedé tildada para todo el día, y sobre todo de mal humor. Apestaba bronca conmigo misma. ¿Vieja gruñona? ¿Yo? Qué pendeja de mierda, tirarme con esa frase; preferí callarme, para qué hablar, salvo ese ridículo “Vos me convertiste en eso”. ¿De dónde me salió?
Quedé tildada, enojada, y caliente, caliente de calentura pura, de esa que necesitás solucionar cuanto antes o reventás.
Es increible, cómo la deseo, cómo me parte la cabeza, cómo me puede de la manera que me puede.
Cuando estuve en casa no respondí ni los mensajes que me había dejado Renata y tampoco unos de Amanda. Me fui a preparar el baño, y allí no hice más que pensar en Melisa, recordar toda nuestra historia, todo lo pasado.
Me siento tan, pero tan débil en cierta, y tan fuerte en otra. Tenerla allí en el lugar del deseo más profundo no está tan mal, pero que sólo sea imaginario. Está allí, y allí bien está. Renata me calienta a su manera, que es otra, pero también con una carga pasional muy fuerte, pero hace poco que estamos juntas, y la forma de conocernos fue como demasiado conversada y pensada. Con Melisa fue noche, pinball, cervezas, piercings, sexo, amor.

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miércoles, enero 04, 2006

Arena movediza

Ayer vino a casa Melisa, no le pude decir que no entrara. Traía una sidra, y un regalo: una compilación con temas piratas de la Etheridge. Natalie Barney casi se le fue encima.
Charlamos un rato, a distancia, como dos animales que se acechan. Estaba hermosa, no lo voy a negar. Y tampoco voy a negar que cuando fui a hacer café y llegó por atrás, y me dio vuelta y me dió un chupón de aquellos, no me negué, me dejé hacer, nos dejamos hacer. Y lo hicimos. Lo hicimos una vez en la cocina, lo hicimos en el living, lo hicimos en el dormitorio. Pasamos casi todo el martes juntas, hasta que le pedí que se fuera, que esto es una locura. Que sí, que nos deseamos, que en este plano todo bien, pero no en el otro. En la construcción esa del amor. No quería irse, y yo en verdad no quería que se vaya. Hace dos horas que cerré la puerta tras ella. Dos horas que sigo bebiendo sola, ahora cerveza. Dos horas en que este pedo no me impide escribir y llorar a la vez. Lloro por pelotuda, por enamorada, por pajera, por calentona.
Lloro por cabrona. Porque la amo y la dejo ir; porque quiero dejar de amarla; porque quiero que deje de amarme. Quiero el final, el corte más profundo, la herida que cierre con sal.
Un desierto para mi corazón, quiero. El deseo nublado de la soledad más absoluta. Mierda, la amo. Y me hundo.

sábado, mayo 07, 2005

Revelación

Ya volví. Estoy en casa. Nada de viajes. La coraza cedió y soy desnuda, una vez más.

Anoche no sabía lo que quería probar. Hasta dónde llegaba mi locura. Cuando nos encontramos con Elsa, recién allí me di cuenta, de que ella también me lleva casi 20 años. Nos saludamos como dos viejas amigas, cenamos como dos viejas amigas. Esas charlas clásicas de amigas/ ex amantes. Bebimos. Una vez por semana puede hacerlo. Me dijo que sigue tocando el violín. Al menos una vez por mes. Elsa me sonaba como una agenda, y como un eco quebrado de algo que había pasado muchísimo tiempo atrás.
No sé por qué le dije que estaba parando en la misma habitación donde nos habíamos encontrado por primera vez.
- ¿Puedo volver a verla?
No sé por qué dije que sí. Caminar hasta el hotel me resultó muy pesado. El frío, el vino, el ruido, el pasado, el presente.

Sólo puedo decir que fuimos como dos ballenas tratando de llegar muy adentro del océano. Ni tierno. ni dulce, ni salvaje. Nada de nada. Creo que ella fingió. Yo no quise hacerlo.
Nos saludamos como dos damas que deciden (tácitamente) olvidar todo. Yo me duché, me bañé para borrar el crimen que había cometido contra mí misma.
Tomé un café en el bar del hotel. Pedí un remise. Retiro, y aquí estoy.

La desperté muy temprano a Melisa, y le pedí que nos viéramos esta tarde.

viernes, mayo 06, 2005

Living, loving, she’s just a woman

Siempre me gustó Led Zepp. Y este tema viene muy bien para este momento ¿mental?
Estoy en un hotel en una de las avenidas más francesas de la república argentina. Y en el techo se dibujan las luces de los autos, se escuchan las bocinas. Pedí habitación a la calle, así me inunda el mundanal ruido. Es más, pedí la misma habitación en la que hice el amor, por primera vez, con Elsa. ¿La recuerdan?
Las luces van dibujando mapas sonoros que se mezclan con el humo del cigarrillo. Hace un frío de cagarse. Un frío que el chocolate que tomé en La Giralda no pudo alejar.
Como siempre compré unos libros, no puedo dejar de hacerlo cada vez que vengo a Buenos Aires. Y menos en este viaje de ¿transición? ¿de tiro por elevación?, de puros signos de interrogación.
Soy sólo una mujer, perdida en su propia estupidez. Perdiendo la cabeza por una mujer que la pierde por ella, pero mejor no. Ver qué pasa. Cómo arreglamos el cristal que se quebró.
Algo en mi interior hizo crack. Voilá. Aquí estoy, en esta pieza de hotel, en la avenida más francesa de este país. Sola. Esperando que se hagan eso de las 21:30 hs. La llamé a Elsa. Quedamos en vernos en el Café Montserrat. Al menos nos juntamos allí. Después veremos. Después veré.
Frío, humedad, sal en los labios. Garganta seca. Y el viaje continúa. Rosario, Paraná, Córdoba. Escalas del olvido.
Wish you were here, my love.

miércoles, abril 20, 2005

Estoy perdida

A eso de las 16 hs. cerré la Power Book, la guardé en mi bolso, acomodé (lo más que puede) mis papeles y salí de la oficinita. No trabajo en casa y eso me ayuda a salir y respirar otros aires.
Me crucé al bar de la esquina, el que da a la Plaza de la Congoja. Pedí el capuccino de costumbre y me quedé mirando la nada. Cuando me aburrí de la nada agarré un ejemplar del diario Clarín, casi sin ganas.
De golpe un sombra se dibuja sobre el diario. Alguien se había parado delante del ventanal del bar. Levanto mis ojos, y para mi sopresa la veo: Dolores. Me sonríe y me hace una seña para ver si puede entrar y venir a la mesa. Digo un sí que de tan bajo rompe algo en mi interior.
No les puedo decir cómo me empezó a latir el corazón. A mil. Parezco una pendeja. Ahh su perfume. Cómo me gusta.
Se sentó y pidió un te con limón, su bebida preferida. Terminó casi de un tirón el cigarillo que estaba fumando antes de hablarme.
Y vuelta con la cuestión esa de estar confundida. Que no sabe qué quiere pero que me quiere. Que disculpara el llamado de la otra anoche: "No podía dejar de pensar en vos" me dijo.
Yo estaba más que en silencio, estaba como escondiéndome y con un dolor de estómago insoportable.
Y fue ella la que se despachó, después estar las dos hablando durante un rato: "Aquí cerca hay un hotel de esos gay friendly. Si querés podemos ir y seguir hablando".
- ¿Qué? ¿Un hotel?, ¿No podemos seguir aquí?.
- Yo preferiría un espacio más íntimo, pero que no fuera ni tu casa ni la mía.
- No sé Dolores, no sé. Qué cuernos querés de mí? Ya somos grandes, no podemos estar como dos adolescentes. Meta jugar y jugar.
- ¿Jugar? Te parece que sufrir es jugar. Y comenzó a hacer puchero.
Me quedé mirando hacia afuera mientras ella se limpiaba la nariz.
Dije: Vamos.

Y aquí estoy. Después de haber el hecho amor con Dolores durante dos horas, eternas. Mejor dicho haber cogido. Salvajes las dos. Comiéndonos, besándonos. Ella allí desnuda, tan sensual. Tan morena, tan rellenita a su manera. Yo ofreciéndole lo que ella más desea: mis pechos.
Sí aquí estoy. Entre contenta y triste, pero sola.
No sé. No sé cómo seguirá esto.