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martes, mayo 13, 2008

Martes 13

.... No te cases ni te embarques dice el dicho. ¿casarme? Ni loca. ¿Embarcarme? Hmmm, podría ser. Quizá embarcarme en una aventura.

Pero bueno, sí, puedo escuchar y leer las preguntas: cómo estás, ché? y en qué andás? Te seguís tirando minitas (vaya expresión); te siguen gustando las pendex?

*suspiro profundo*. Elvirita sigue aquí, en un proceso interno que no llega a descifrar, porque su clave es el amor, es la pasión, el amor-pasión, y toda la teoría que se puede versear al respecto.

¿Ustedes se re-leen? Yo lo vengo haciendo, quizá para lograr el tan famoso feed-back (¿alimentar-atrás?) No, bestia: retro-alimentación que no es lo mismo. Vamos nena! si sabemos que sabés varios idiomas, que sos experta con la lengua, oh! perdón, que sos experta en varias lenguas (la embarré más, no?).

En fin: re-leerse es un fiasco, un garrón, un bajón; pero si la autoestima anda por el piso, qué mejor que leer los propios momentos de gloria, no tan llenos de dolores (ver para ambos sustantivos, la lista del índice).

Martes 13: una película de terror en todos los sentidos. ¿Mi película? Aún en Santa Lucía; yendo de aquí para allá; pero empezando a escribir como realmente se me antoja, sin censuras de ningún tipo, porque una a veces se auto-censura por miedo "alquedíran". Y yo no soy así, o intento no serlo.

¿Embarcada? Y sí, quién te dice.

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sábado, octubre 07, 2006

Paños fríos

Recién se va Renata para hacer unas compras y tengo la chance de acercarme a la computadora: hace un día y medio que estoy con fiebre, digamos desde que salí del bar el otro día. Fue como un pico atroz de 38 y 39 grados que no bajaba, hasta hace un par de horas.
Me quemaba todo el cuerpo, empezando por mi mano. Quedé muy mal por lo que hice, pero Melisa me llevó al límite, me golpeó bien bajo. En fin, ya está. Recordé que la primera vez que trancé con alguien (Gloria) mientras ya salía con Melisa y se le dije, fue ella la que me abofeteó. Estoy en contra de la violencia, la violencia en mí o en ella, en otras; y estoy de acuerdo con que si alguien te golpea no te quiere, como suelen decir las campañas españolas sobre todo, pero esto era como hacer cerrar la boca, que eso que se está diciendo no se diga. No lo sé, no me jacto, y me parece terrible. Es algo que debo revisar en mí, es algo de lo que aprender.
No me extraña haber caído en cama, con fiebre. No me extraña estar así como eliminando toxinas, como limpiándome.
Cuando llegué a casa después del encuentro con M. lloré mucho, y pude contarle lo que había pasado a Renata. Hablamos mucho hasta que sentí que me estaba cocinando de fiebre.
Lo que recuerdo con claridad es lo que ella me dijo: “A mí ni se te ocurra levantarme la mano”.

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jueves, mayo 26, 2005

Destrucción

El otro día escribí algo sobre, justamente, la escritura. Y caí en el silencio. En el silencio del desvarío, de la grieta, del mandarse una cagada; ese silencio que es el resultado de una herida, casi mortal.
El sábado pasado fui a ese almuerzo de ex alumnas al que hice referencia días atrás. Como habíamos quedado, allí nos encontramos con Gloria. El almuerzo fue recontra aburrido, con las preguntas de siempre o con variaciones: ¿ya tenés nietos? ¿te casaste/divorciaste? ¿qué crema te ponés contra las patas de gallo? Y así. Verdaderamente insoportable.
Con Gloria pudimos ir compartiendo algunos comentarios, y detalles de nuestras vidas: yo ahora en incipiente relación, ella separada desde hace un año. Trabajos, ideas acerca del futuro y todo eso.
Yo por mi lado presentí algo, un algo que después pude comprobar. Lo comprobé en su casa. Comprobé su duda, su curiosidad. Y el sábado pasó y allí, en su casa, me encontró el domingo.
Hacia el mediodía salí disparada de allí, mal, prometiéndole a Gloria un llamado que no he realizado. Pero sí la llamé a Melisa, necesitaba decirle. No podía con ese peso. No podía. Ella tampoco pudo. Cuando vino y le dije, su mano que hasta ese momento me había acariciado, me dio vuelta casi la cara, y un portazo, y el silencio. Y mi bronca conmigo misma. Parece que lo mío no tiene remedio: destruir lo bueno que me toca.

lunes, mayo 16, 2005

¿Vos te acordás qué tiempos aquellos...?

- Hola.
- Hola, ¿hablo con ... ....?
- Sí, ella habla.
- Hola! ..., soy Gloria S. ¿Te acordás de mi? 3ro B turno tarde!
- Ahh, Gloria, como estás?, pregunté con ganas de colgar.
- Te llamaba para invitarte a una reunión con las ex de la escuela.
- Ahh. Mirá Gloria, esas reuniones mucho no me gustan. Pasa mucha agua bajo el puente, viste?
- Sí, te entiendo.
- Gracias.
Y de la nada:
- Vos ..., seguís... seguís
- ¿Qué?
- Saliendo con mujeres?
- Sí, ¿por qué? ¿querés probar?
- Ay, andá, sos la misma loca de siempre.
- Sí (y sobre todo coherente dentro de mi locura). ¿Por qué lo preguntás? ? Estás haciendo algún censo?
- No, sólo curiosidad. No sé. Fui una estúpida, disculpame.
El tono que usó me sonó raro, como avergonzado.
- Vos vas a ir a esa reunión? No te recuerdo muy sociable, le dije.
- Ja. Sí, voy a ir. Fui a una hace muchos años, y después dejé de ir. Me aburren.
- Entonces dejame pensarlo. Quizá entre las dos nos aburrimos menos.
- Dale, pensalo, te quedan unos días. Te dejo mi teléfono.
- Ok. Cualquier cosa te llamo. Gracias por avisarme y no te quedes mal por lo de la pregunta.
- No sé en qué pensé cuando te la hice. Bueno te mando un beso.
- Besos, chau.