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lunes, abril 12, 2010

Explorando

Domingo 11 de la mañana. Siento una rodilla que me intenta mover en una cama que no es mi cama.
- Correte, me dicen.
- ¿Otra vez? pregunto mientras me intento hacer a un lado.
- No de esa forma, tonta, me dicen con una sonrisa que dibuja un sol en la habitación. ¿Dibuja un sol? Uff!

Y correrme de nuevo no podría ni aún queriendo. Las diosas! Hacía tiempo que no hacía el amor así, bueh, hacía tiempo que no hacía el amor, pero ese dato no lo comparto con Sonia, que me pone un paquete de facturas en mi falda, y me alcanza un mate amargo.

La habitación huele a sexo y a nag champa. La miro por primera vez. Un dormitorio común y corriente, tranquilo, lindo cómodo, perdido por el barrio de Palermo. La miro mientras ella busca algo en un cajón, mientras me cuenta lo que querría hacer hacer a la siesta.

Le miro el trasero, precioso. Miro sus caderas, admirables, y suspiro mientras casi una bola de fraile se me atora en la garganta.

- Si querés te podés quedar unos días. Yo vuelvo al laburo el martes, me dice mientras trae un cuadernito.
- Hmm no sé si debo y además no tengo muda de ropa, traje poco porque mi idea era irme.
- Y ¿por qué no te fuiste? ¿qué te lo impidió? me pregunta clavándome esos ojos color miel.
- Ahh, no sea así.
- El deseo Elvirita, el deseo te pierde.

¿Qué sabe ella de mi deseo? ¿Qué sabe ella de mí? ¿Qué sé yo ella? ¿Quién cuernos este mujer que me metió en su cama sin preguntarme ¿puedo? ¿Quién es cómo se atrevió a cortar mi celibato? ¿Quién?

Me acerco y la beso. Le hago tambalear el termo, la acaricia, la vuelvo a besar, le muerdo apenas el labio inferior, dejo que mi lengua dibuje el labio superior de su boca.

- Te dije, el deseo te pierde nena.
- Vos no tenés ni idea de lo que soy capaz! le digo soltando una carcajada.

Nos reímos y nos abrazamos y sé que esa pierna se tensa de otra forma, veo que el termo descansa en el piso y el mate en la mesa de luz, y veo que sus planes para la siesta no están tan claros y me doy cuenta que tendré que ir al Once a comprarme un par de remeras al menos.


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sábado, abril 10, 2010

All tomorrow’s parties

Me bajé en Plaza Italia para hacer tiempo. Siempre llego temprano, no puedo evitarlo.
Toqué el portero,; un voz grave me atendió, abrió y subí al tercer piso. Lo sabía: no había llegado nadie. Antes de darle la mochila, saqué el paquete con los libros. Literalmente Sonia tiró mi campera que le había dado antes para abrilo. Apenas vio el de Baudelaire, buscó entre las páginas y mirándome fijamente empezó a “leer” en un precioso francés:

“Hippolyte, ô ma soeur! tourne donc ton visage,
Toi, mon âme et mon coeur, mon tout et ma moitié,
Tourne vers moi tes yeux pleins d'azur et d'étoiles!
Pour un de ces regards charmants, baume divin,
Des plaisirs plus obscurs je lèverai les voiles,
Et je t'endormirai dans un rêve sans fin!"
Mais Hippolyte alors, levant sa jeune tête:
- "Je ne suis point ingrate et ne me repens pas,
Ma Delphine, je souffre et je suis inquiète,
Comme après un nocturne et terrible repas.”

No leía, recitaba de memoria, ya que no me despegó los ojos hasta que decidió parar. Entonce tomó el otro libro y me dijo: genial! este no lo tenía. Tengo, el segundo de Macky, “Inferno”, el primero imposible conseguirlo. Prometí hacerle una copia del mío.
Me hizo seguirla para dejar mi bolso y mochila y campera en su cuarto. Olía a vainilla y gengibre. Dejé todo sobre un sofá azul oscuro y cuando me di vuelta casi me la llevo por delante.

- ¿Qué pasa? le dije.
- Nada, nada, miraba cómo acomodabas las cosas.

Y salió rumbo a donde tiene el portero porque estaba sonando. Fuimos como 10 mujeres y un par de chicos gay. La noche pasó, pero por alguna razón mi cabeza andaba en otras cosas… o bien andaba en ella… Entre las otras invitadas estaba Amanda, mi amiga del alma que es amiga de Sonia, pero que no sabía que nosotras habíamos empezado a intercambiar mensajes a partir de conocernos en uno de sus cumpleaños.

- ¿Qué hacés vos acá?
- Sonia me invitó, dije calma.
- ¿A vos?
- Sí, y a vos y al resto de esta gente. ¿qué pasa?
- No pasa nada, dice Amanda, o vos decime ¿pasa algo?
- Andá y relajate un poco querés. No dejés que las porteñas te peguen su locura.
- No seas reventada! ¿no me perdonás que casi viva acá?
- No, le digo seria, y luego la abrazo fuerte. Te quiero y te extraño por allá.

La noche fue pasando, el vino fue pasando, la cerveza para las más jóvenes fue pasando, unas ricas picaditas fueron pasando, hasta que me di cuenta de que quedaba yo sola. Mientras le ayudaba a llevar cosas a la cocina le pedí a Sonia que me llamara un radiotaxi y si me podía pasar mis cosas así me podía ir.

- ¿Ir? ¿a dónde?, me pregunta sorprendida.
- A la terminal. Seguro encuentro un bus para Rosario y de allí empalmo a Santa Lucía.
- ¿A esta hora? ¿Vos estás loca?
- No, bueno, quizá un poco, pero está bueno viajar cerca del amanecer…
- ¿Un domingo? Sabés que te podés quedar, hay lugar como habrás visto.

La que mira sorprendida soy yo ahora.
- Gracias, pero mejor me voy. Así podés descansar.
- No, vos te quedás. Dale! y a la tarde, cuando nos levantamos vamos a comer por allí o a tomar mates a un parque, o no nos levantamos y listo, largó con una carcajada contagiosa.
- No, gracias!! jaja. Mejor voy a buscar mis cosas, le digo.
- Están en mi cuarto, si vas te encierro con ellas adentro y no te dejo salir, dejó de lavar un plato y con las manos llenas de detergente se vino hacia mí, me agarró la cara y me estampó un beso. Sí. Me estampó un beso, tipo estampilla especial, de esas que no se despegan nunca o parecen no despegarse y marcan un evento que vos sabés es especial: fecha patria o la venida del Papa.

Sentí la presión de sus labios besando despacio pero firme, sentí cómo se acercaba su cuerpo al mío; sentí cómo su lengua comenzaba a presionar para pasar el cerco de mis labios incrédulos, sentí cómo mis manos comenzaban a jugar con su cabello corto, en su nuca, sentí el agua jabonosa corriendo por mi cuello, mojándome la camisa. Sentí que no había opción. Y me quedé.


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viernes, diciembre 29, 2006

Ensalada de frutas

Renata está en la galería. Está en bikini, bordó. Renata está descalza en la galería junto a una mesa cubierta por frutas de todos colores, rebosantes de ardientes aromas.
Renata está, en la galería, descalza. Me mira y me dice: ¿quéres? El durazno partido al medio le empapa la mano con su licor. Le digo que sí, se acerca y me da un pedacito.
- A ver, abra la boquita. La miro y empiezo a reirme.
- No, nada de risa que después se atraganta y le tendré que hacer respiración boca a boca.
- Así me vas a matar, le digo, atragantada y vos bombeándo! Sos loca!
Me da otro pedacito de durazno y así la fruta va despareciendo de su mano; se quiere ir pero no la dejo. Me llevo su mano a la boca, apenas saco la lengua y voy recogiendo el licor del durazno, veo que ella se eriza; veo cómo se van poniéndo erguidos. Voy chupando cada uno de sus dedos, y dejo que ellos jueguen en mi boca, con mi lengua.
Nos miramos, y ella se sienta sobre mis piernas y nos quedamos suspendidas en un largo y profundo y dulce beso.
- Bueno, dice, debo seguir practicando la ensalada de frutas para la cena del domingo, y después podemos practicar la despedida del año me dice guiñando un ojo.

Me deja allí, sentada en la reposera, con un libro que quedó casi debajo del respaldo inclinado, me deja con mi soledad interna, con las ganas y esta fiaca de casi fin de año.


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martes, noviembre 07, 2006

Reencuentro

Su cuerpo se deshizo en mis dedos, en mi boca. Fue el bocado exquisito de estos últimos días. Renata, puro fuego de vuelta, puro torbellino. ¿Cómo explicar esta alegría, este estado tonto?
A veces me digo: no tiene sentido, cuando estás feliz, ponerte a escribir. ¿Para qué? ¿Qué se puede fijar de la alegría? Todo es volátil, pasajero, pero de seguro deja sus marcas, al menos en la comisura de la boca: esa marca de que allí hubo, al menos, una sonrisa por algún tiempo.

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sábado, octubre 28, 2006

Ser solitario (II)

¿Significa algo tener la casa para “una sola”? ¿Significa algo servirte un Syrah y tirarte en tu sofá preferido y leer a la Yourcenar? ¿Qué “fuegos” arden, mi amor, cuando el sentido de la vida está lejos, o confuso, u olvidado? ¿Qué arde en mí, tan lejana, tan cosa, tan helado de sambayón al whisky? ¿Qué se va quemando, de a poco y que me ahoga como el haschís aquí adentro, muy adentro? Poné, poné tu mano, sentí: la nada. Pero hace tic-tac. La nada, la náusea ¿de golpe sartreana? De Marguerite a Jean Paul (y no el alemán, justamente)? No. Dejo que ella, Yourcenar me queme; me quema con su “treta del débil”, me quema y me hace pensar en todas las mujeres que amé, en todas las mujeres que ¿amo?
Hmm, el libro cae, lo dejo que se vaya, dejo la copa a un lado, me estiro, intento encontrarme, pensarme. Hmm. El cuerpo tieso se va relajando, la mano busca debajo de la camisa el pezón, lo acaricia, intenta que surja de su nada de soledad. Puedo sentir cómo se levanta, cómo choca contra mi dedo. Mi otra mano va hacia abajo, por debajo del short, juega con los vellos. Trato de sincronizar el movimiento. Descubro que ya estaba mojada ¿la metafísica excita? Me voy dando vuelta de a poco, cuidando de no caerme. Mi dedo sabio ya encontró su camino, lo recorre, acaricia la rosa más preciada, la más profunda. Siento algo de electricidad, una sacudida. Siento que puedo empezar a dar vueltas como una calesita, siento que el vértigo está ahí nomás; siento... que ... acaban de tocar el timbre.

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miércoles, octubre 04, 2006

Give me one reason (Tracy Chapman)

Música de fondo para el alma, para el retorno. Música para curar, lamer, dulcificar heridas. ¿Quién le va a pedir razones a la otra? ¿Yo? ¿Renata? Dice el tango: mano a mano hemos quedado. Tabula rasa: maná para los dedos carcomidos; para los pelos crecidos.
El cuerpo de Renata surge como un barco fantasma en el horizonte de mi cama. La veo dormida. La veo descansando después de haber hablado, después de haber hecho el amor. La veo allí, una pierna asoma por debajo de la sábana. Noto que su pie es chico, redondo, rosado. Me dan ganas de ir a besarlo, de ir subiendo por esa pierna depilada (por el vestido); me dan ganas de ir a jugar con ella y pensar que este barco fantasma no lo es tanto.
Este es el segundo pacto que hago con alguien. El primero fue con Melisa, pero ese es diabólico. Con Renata intentaremos construir desde la apertura (¿?). Ay Elvira, lo tuyo es de culebrón sudaca, malo, pero cuando mirás atrás, hace como dos años, antes de empezar a llevar el blog, ¿qué había en tu vida? Parecías una gata callejera buscando refugio, refugiándote en cualquier cama, junto a cualquier cuerpo. Pero esto era aún antes ¿no? Uy, ¿no te da vértigo recordar esos años? y ¿París?, y ¿New york? ¿No te da vértigo pensar en aquellas para las que fuiste alguien en algún momento? No, no es recuento de presas, no soy, nunca me sentí cazadora, pero quizá llega un momento en la vida en que viene bien ponerse a mirar para atrás, sin tanta ira, reconociendo que aquella que fuiste sos vos. Ese es tu background, es lo que te conforma.
Creo que no puedo seguir escribiendo. No sólo sentí que Renata se dio vuelta en la cama, sino que ahora quedó con medio cuerpo descubierto, y es aún más invitante.

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jueves, septiembre 21, 2006

Brilla tú diamante loco (II)

Melisa iba desde la base de la nuca hasta arriba de la cabeza dejando un leve rastro de saliva tibia. Yo estaba dura, sentada en la silla, acorralada por sus manos, pero le fui acariciando sus dedos, se los recorría. Apuré como pude el resto de vino que me quedaba en el vaso, tenía la garganta seca.
- ¿Vos querés? me preguntó desde atrás.
- Si quiero qué?
- ¿Querés hacerlo conmigo?
No podía ser tan yegua, preguntarme justo eso en ese momento; me moví en la silla, me di vuelta y sólo encontré sus labios. Me quedé allí, entre lenta y salvaje.
- ¿Qué querés de mí Melisa? le dije mientras le seguía besando las comisuras de los labios, mientras mi lengua luchaba con la de ella.
- ¿No te diste cuenta todavía? Todo, Elvira, todo.
Me levantó de la silla, me abrazó por la cintura, y a los tropezones nos fuimos moviendo, fuimos yendo hacia el cuarto.
Le saqué su remera y ella se fue deteniendo en los botones de la camisa, estaba ansiosa, y yo me imaginaba por qué.
- Ey, otra sorpresa, estás sin corpiño! me dijo
- Viste, soy una mujer nueva, desprejuiciada, loca, caliente.
- No lo digas de nuevo, Elvira, que te rapto.
Fue rápido a ver mis pechos, buscando el que supo tener el piercing. “Voy hacer de cuenta que aún está”, me dijo, y en seguida su lengua, con su piercing estaban en acción.
Me enloqueció con ese beso en el pezón, cómo me apretaba las nalgas con sus manos. Fuimos cayendo hacia la cama, ya desnudas, ya entregadas.
Melisa me puso boca abajo (odio que lo hagan conmigo, me siento que pierdo el control de todo).
- Elvira, me gusta tu espalda. Si supiera la tatuaría; te haría un águila, un dragón, y besaría cada poro.
- Meli, dejame darme vuelta!
Ella sentada encima mío, sobre mi cola, tipo reina del mundo me decía: “No. Mucha veces quise tenerte así. Hoy me doy el gusto, hoy, si esta fuera la última vez, quiero darme el gusto de ver tu espalda, de lamerla (pasaba su lengua, y mi excitación ya era demasiada).
Después de un rato que me pareció un siglo me dejó se hizo a un lado, y fue subiendo por mi costado. Yo no termina de entender qué quería hacer, era como que quería jugar con mi cuerpo, que quería abarcarlo por todos los flancos posibles.
- Elvira, decime por qué tuvimos que lastimarnos tanto? me dijo mientras me acariciaba todo el brazo izquierdo.
- No sé, Melisa, quizá no estábamos listas para lo que teníamos para ofrecernos.
- Y ¿ahora?, se me subió encima y me miraba fijo. Y ahora?
- Ay Melisa, no sé; la quité de encima, irguiéndome un poco en la cama. Casi grité: “No lo sé” y me caí hacia atrás, dejando las piernas que colgaran de la cama.
Melisa subió y también se puso de frente, pero por arriba de mi cabeza, y acomodó la mía sobre su pubis. Me la acariciaba, me acariciaba la cara. Noté que su pubis se movía un poco, y que mi cabeza, iba bajando de nivel. Ni me di cuenta de lo que pasó hasta que pasó. Melisa se vino en mi cabeza; se apretó hacia ella, y acabó. Apenas pude darme vuelta, subir, abrazarla. Apenas me doy cuenta que con ese gesto parecía que ella, me estaba dando a luz.

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miércoles, septiembre 20, 2006

Brilla tú diamante loco (I)

Desde el pasillo se podía escuchar música: “Sweet home Alabama”, cantada por Jewel. El tema parecía pegarme directo en la panza. Decidí fumarme un cigarrillo sentada en la escalera antes de golpear. Era cerca del mediodía. Cuando terminó Jewel sonó James Brown, “I feel good”. Tomé una larga inhalación y decidí golpear la puerta. La música (ahora Bruce Springteen) disminuyó un poco, y entonces la puerta se abrió.
- Hola, me dijo Melisa. Creí que ya no venías.
- Hola. Es que tenía otras cosas que hacer antes de venir.
- Pero bueno, ya estás acá.
El departamento parecía estar distinto y se lo dije. Es que lo están arreglando para alquilarlo, ya que Carlos se va y Melisa que no vive allí no lo puede bancar sola.
- Como lo ponemos en alquiler, quería invitarte a comer acá por última vez. Es como cerrar un ciclo, entendés.
- Sí, muy bien, Meli.

La otra noche de la película no había notado que estaba más delgada, y con cara de cansada. Mientras la miraba ella cocinaba y me dijo que pusiera la música que quisiera.
- Te pido disculpas por lo del otro día. Yo no tenía idea de que irías a ver la película, me dijo y el CD que yo sostenía casi se me cae.
Me la quedé mirando: “Vos sabés que trato de ir a lo que hacen los chicos. De hecho por vos los conocí”.
- Si, lo sé. Pero lo último que hubiera querido es que me vieras con Silvia. Te puede parece raro esto, esta confesión.
- Sí, un poco rara, pero me parece que condice con lo rara que somos nosotras, y no solamente vos, le dije sonriendo y encendiendo otro pucho.
Se me acercó y me dijo: ¿Puedo? y me abrazó fuerte, no sé cuánto tiempo estuvimos allí paradas, abrazadas. Se separó un poco y la vi secarse los ojos. “Disculpame”, me dijo, no quería llorar, pero bueno, me salió.
- No me pidas disculpas por eso, por favor!
- Mejor sigo preparando este espaguetis, me sonrió.
- Ok. Meli, ¿seguís jugando a las máquinas? ¿Al pinball? le pregunté recordando la primera vez que la vi; recordando el tugurio en el que estábamos antes de venir acá por primera vez.
- No, Elvira, no tengo mucho tiempo. Con lo de mi viejo estoy corriendo todo el día, trato de ponerme las pilas para encontrar una beca que me calce y bueno así.
- Me imagino que en el “bueno así” está incluida esta mujer, ¿no?
- Uy! te salió del alma, “esta mujer”.
- Bueno, qué querés!
- ¿Querés saberlo? me miró muy fijo.
- No ahora, tengo hambre.
- Ya va, faltan unos minutos para la salsa. Y no te vas a sacar esa gorrita? Raro en voz algo en la cabeza...
Cuando iba a seguir me miro más fijo: ¿Vos te hiciste algo? Cuando te abracé no te miré para arriba.... No, Elvira, no podés haberte... Vino casi corriendo y me sacó la gorrita.
- Te pelaste!!!! Elvira P. se peló! ¿Cuándo??? No paraba de pasarme la mano por la parte de atrás de la cabeza, suavemente.
- Esperá que me hacés cosquillas, le dije.
- Estás, cómo te diría? Perversamente hermosa. esa pelada acentúa tu mirada.
Yo no sabía dónde meterme y no había mucho lugar.
La fui empujando hacia la cocinita para que terminara de comer; pudimos comer hablando de casi nada importante, una puesta al día de cosas inútiles. Sospecho que todas las ex que nos volvemos a encontrar después de un tiempo hacemos eso.
- Y ¿de esa mujer qué me podés contar? quise saber.
Melisa me miró como sólo ella sabe: “No quiero hablar de eso ahora”. Le hice un gesto como diciéndole, bueno después, pero quiero saber.
Ella se levantó, dejó los platos en la mesada, y se paró detrás mío. Cuando quise darme vuelta, me dijo: “No, quedate así”. Tenía sus manos en mi cabeza, y las pasaba suave. De golpe sentí su respiración en la base de la nuca. Parecía soplar, pero no. Me quise mover y sus manos me detuvieron apoyándose firmes en mis hombros. Sentí, percibí su lengua, que empezaba a subir por la nuca...

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viernes, septiembre 15, 2006

Anclas

Llegué por la espalda, la besé. Fue como echar varios anclas a la vez: su cuello, su perfume, sus pechos. Renata se dio vuelta, me devolvió el beso, me abrazó fuerte. Estaba en la cocina de casa. Habíamos quedado en hacer la famosa cena L word para invitar a Laura y su chica.
Yo no tenía mucha ganas, quería estar a solas con ella, verla como el peso específico de mi realidad, de lo real en mi vida.
La saqué de la cocina, la fui llevando hacia el cuarto: “Pará Elvira, tengo los dedos llenos de cebolla y ajo, pará”, me decía. Yo la iba llevando. Quería que me acariciara con esas manos, que esa cebolla me diera la excusa justa para llorar con ella, por ella, por mí. Llorar en el cúlmine del orgasmo; gritar y jadear cuando esas manos arden en mí. “Estás loca Elvira”, me decía Renata. Yo le pedía más y más. Quería sentirla, saber que yo podía estar allí, con/en ella; quería poder sentirla completamente, real. Sus pechos sobre mis labios, los pezones lechosos incitándome a besarlos, comerlos. Sus dedos de titiritera sabiendo qué hacer en mi rosa concentrada, retraída. Cabalgarnos, inundarnos.
- Elvira, ah, te amo!
- Te amo, nena, te amo.

Anclas ante el desierto de lo incierto. Anclas en las ancas de la amada. Anclas para esta vida que brilla, y late. Estoy viva, a pesar de todo estoy viva.

Foto tomada de: http://www.outtakes.org.nz/2004/wgn/films/doi.php

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martes, septiembre 12, 2006

Play it again, Sam

“You must remember this. A kiss is just a kiss...”

Creo que nunca terminaré de desarrollar los anticuerpos necesarios ante el virus Melisa. Ella llega, se mete, levanta fiebre, hace lo suyo y desaparece.
Después de verla quedé tildada para todo el día, y sobre todo de mal humor. Apestaba bronca conmigo misma. ¿Vieja gruñona? ¿Yo? Qué pendeja de mierda, tirarme con esa frase; preferí callarme, para qué hablar, salvo ese ridículo “Vos me convertiste en eso”. ¿De dónde me salió?
Quedé tildada, enojada, y caliente, caliente de calentura pura, de esa que necesitás solucionar cuanto antes o reventás.
Es increible, cómo la deseo, cómo me parte la cabeza, cómo me puede de la manera que me puede.
Cuando estuve en casa no respondí ni los mensajes que me había dejado Renata y tampoco unos de Amanda. Me fui a preparar el baño, y allí no hice más que pensar en Melisa, recordar toda nuestra historia, todo lo pasado.
Me siento tan, pero tan débil en cierta, y tan fuerte en otra. Tenerla allí en el lugar del deseo más profundo no está tan mal, pero que sólo sea imaginario. Está allí, y allí bien está. Renata me calienta a su manera, que es otra, pero también con una carga pasional muy fuerte, pero hace poco que estamos juntas, y la forma de conocernos fue como demasiado conversada y pensada. Con Melisa fue noche, pinball, cervezas, piercings, sexo, amor.

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viernes, septiembre 08, 2006

Una pasarella especial

Perdí de vista a Renata por un rato. Sentía que le decía a Rita que no, que este no me gusta, que este no, muy ajustado. De golpe escucho: “Elviraaaa, vení”. Intenté guiarme sólo por el eco que quedaba de la voz de mi amada, y llegué. Allí estaba Renata, con un vestido negro, pero como en dos capas.
- ¿Te gusta? me dijo, mientras Rita salió para traer unos alfileres.
- Sí, me gusta te queda bien.
- Sentate, y casi me tiró sobre una banqueta.
- Da una perspectiva estar sentada acá.
- ¿Te parece muy corto? me preguntó acercándose. De pronto la tuve sentada sobre una de mis piernas. Ves como es: redecilla y seda. Tocá.
No me quedó otra que tocar, palpar la tela que cubría la zona de los pechos. Si una retiraba la seda del vestido, aparecía una segunda capa, como de redecilla, casi transparente, formando un tejido muy invitador, sobre todo si puedes ver cómo crece un deseable pezón allí abajo. En ese momento creí que iba a estallar él por debajo de esa fina capa, yo que le estaba haciendo upa a Renata, y ella que era una especie de mundo girando sobre mi rodilla.
Sentimos que alguien golpeó la puerta de la habitación, y Renata no se inmutó siguió allí, hasta que Rita entró y le dijo: “Tengo que tomarte una medidas para poder terminarlo bien”.
Renata me dió un beso, se levantó y fue al medio de la habitación frente a un espejo de cuerpo entero. Yo salí hacia lo que parecía un patio para poder fumar un cigarrillo, mientras intentaba calmar la mente, y que ella calmara el cuerpo hasta más tarde.

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sábado, julio 15, 2006

Words

La última, la fragil palabra
que te nombra. La desnuda fragancia
de este olvido clavado en el sexo
como una mariposa, transparente.
Duele, decir el duelo. Duele el dedo
que punza, una y otra vez, la herida.
Te siento, ahí, sangrando, elevada
en mi memoria, puro altar para tu cuerpo.

E./ LLA


lunes, febrero 20, 2006

Un sueño de cuerpo roto

Un sueño es, antes que nada, un desvío; atajo de la carretera de los gustos ingratos, del remanido sabor del deseo.
Sueño con mujeres, con serpientes, con labios, senos y estrellas fugaces. Caigo de bruces ante la concha más dorada, pero que a la vez es un agujero negro que me traga, y me vomita al espacio del olvido.
Lamo esos labios que me absorben, que se cierran sobre mí como un nacimiento al revés.
Soy esclava y reina de un cuerpo que ya no reconozco como mío, ni tuya, ni de ella.
Lava, lava de volcán que no lava nada la mugre del sudor, el pegoteo de dedos, labios, vaginas.
Así, un lenguaje directo: que ofenda, que desnude, que me saque este gusto amargo de la boca, del pubis, de mi clítoris.
¿Cuándo dije que sí? o mas bien ¿por qué dije que sí? ¿qué quería probar? Estar despierta hasta la mañana, no descansar, beber agua hasta el hartazgo.
Siento que me traicioné. Siento que es un final precipitado, no un nuevo final de una historia que recomienza cada vez que un latido, un dolor, una señal.
Algo se acabó, en mí. Quedé vacía. Sin voz(s), sin mí, sin ella.


sábado, febrero 04, 2006

Lady in red


Viniste de rojo, húmedos tus cabellos, tus manos aromadas por un urgente perfume. Viniste de rojo para embestirme. Me dijiste tu nombre: Amanda. Mentís y lo hacés muy bien. Ese no es tu nombre, y no me importa, por primera vez no me importa. También me mentís diciéndome que sos lesbiana, que sólo lo hacés con mujeres. Sorry, nena, no es verdad. Se nota en tu cuerpo, en tus movimientos, que también curtís con tipos, y sabés qué... no me importa.
Somos las dos en el aquí y ahora. En cada beso, cogida, en cada comida que compartimos. Ni ayer ni mañana. Carpe Diem, en rojo, tornando al violeta.
Te dije que llevo un blog, no me creíste, pero en mi computadora encontré tu búsqueda... ¿qué buscabas? Nada... una gota en el océano de la blogosfera.
Sos la única que lo sabe: escribo mi vida, y la de aquellas con quienes me cruzo. Esa parte de vida, queda por aquí.

Cogés bien ¿sabías? ¿Te lo han dicho tus hombres? El sur libera, el sur limpia el alma y el cuerpo, y la mente.
Viniste de rojo, querías jugar a las escondidas, al gallito ciego, a caperucita roja.
Me das fuerza ¿sabías? Amanda, la que es amada por una tonta como yo; por una romántica como yo. Te emocionaste cuando te di las rosas la otra noche. Yo también, fue con desapego, pero me emocioné. Aún puedo regalar flores; o un libro, o bombones.
A Melisa solía regalarle bombones, nos empachábamos con ellos. Pero aquí estás vos, y me observás mientras escribo. Estás en esa cama de un pequeño departamento, en el culo del mundo, y mientras fumás me mirás, en pose.
- ¿Escribís sobre mí?
- Sí, te digo. Me siento casi como una pintora, con su modelo allí desnuda. Te pinto con palabras, pero más que a vos a la situación.
- ¿Lo voy a poder leer?
- Si lo encontrás sí, es todo tuyo este texto que estoy por subir en la web.

Morbo del saberse contada, dicha, saboreada en palabras. Sus pezones comienzan a pararse, a erguirse como torres marinas. Mis manos necesitan otra cosa más que un teclado. Es bella Amanda, la que miente. Somos bellas en esta tarde remota de un remoto sur, frío y con lluvia.

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jueves, febrero 02, 2006

Paisaje Zen


Las Grutas, 2 de febrero de 2006

Tu ombligo: un ojo de agua, al salir del mar, de la ducha. Tus orejas: caracolas esquivas a mis besos, laberintos sonoros de tu mundo. Tus dedos: mi delirio, mi excitación, la música de tu piano. Tu lengua: erizo de mar, esponja marina que me despierta, que me mece, que me coge. Tus pechos: todo el mundo en donde habito y mamo y respiro.
Tu nombre: aún no me es dado. Te niegas. Dices que es lo de menos, que puedo seguir llamándote “mi sirena”. Claro: viniste directo desde el mar, en el sur de esta patria, más que austral.

miércoles, enero 04, 2006

Arena movediza

Ayer vino a casa Melisa, no le pude decir que no entrara. Traía una sidra, y un regalo: una compilación con temas piratas de la Etheridge. Natalie Barney casi se le fue encima.
Charlamos un rato, a distancia, como dos animales que se acechan. Estaba hermosa, no lo voy a negar. Y tampoco voy a negar que cuando fui a hacer café y llegó por atrás, y me dio vuelta y me dió un chupón de aquellos, no me negué, me dejé hacer, nos dejamos hacer. Y lo hicimos. Lo hicimos una vez en la cocina, lo hicimos en el living, lo hicimos en el dormitorio. Pasamos casi todo el martes juntas, hasta que le pedí que se fuera, que esto es una locura. Que sí, que nos deseamos, que en este plano todo bien, pero no en el otro. En la construcción esa del amor. No quería irse, y yo en verdad no quería que se vaya. Hace dos horas que cerré la puerta tras ella. Dos horas que sigo bebiendo sola, ahora cerveza. Dos horas en que este pedo no me impide escribir y llorar a la vez. Lloro por pelotuda, por enamorada, por pajera, por calentona.
Lloro por cabrona. Porque la amo y la dejo ir; porque quiero dejar de amarla; porque quiero que deje de amarme. Quiero el final, el corte más profundo, la herida que cierre con sal.
Un desierto para mi corazón, quiero. El deseo nublado de la soledad más absoluta. Mierda, la amo. Y me hundo.

jueves, agosto 04, 2005

Entré en duda... con música puede estar mejor

Yo aún no me lo creo. Pero sería interesante probarlo. Me imagino un tema de Zeppelin... ahhh.... o de Melissa Etheridge... o María Bethania... allí, haciéndome acabar... oh oh...

  audi-oh

audi-oh



¡Sube el sonido y enciende el placer!

Nos encanta este innovador juguete erótico llegado directo de Estados Unidos. El Audi-Oh consigue hacerte sentir tu música y sonidos favoritos dentro de tí, transformándolos en deliciosas vibraciones. Ya estés en tu pub favorito o montándotelo a lo chill-out en casa, el Audi-Oh cambiará tu modo de sentir la música.
Reacciona al sonido ambiente, aunque también se puede conectar directamente al equipo de música, para los reproductores MP3 o iPod. (para lo que necesita un cable adicional: Kit Audi-Oh)

El carnaval, no será nunca más lo mismo...

tamaño (cm): 4x5
hecho de: goma gelatina (Jelly)

Mini vibes

No, no tiene forma de huevo. Tiene justo el formato que andaba buscando. Parece que su nombre técnico es "pocket rocket", y que pertenece al grupo de los mini vibes.
Esto lo encontré en el sitio recomendado por Winter. Gracias a todas! Veremos qué se consigue por estos lados.

miércoles, agosto 03, 2005

Juguetes lésbicos

Desde hace un tiempo ando buscando un adminículo... digamos un... Bueno, sí, un vibrador, pero un vibrador para tortas.
Lo ando buscando es un decir, ya que no sé para dónde ir. Algunas amigas me recomendaron sitios de sexshops on line, pero a decir verdad me ES-PAN-TA-RON, son tan pero tan heteros!
Lo que ando buscando lo vi en una película. Es in vibrador con forma de esos tubitos de goma de pegar en barra, así de chiquito. Es lo que podríamos llamar un estimulador clitoriano.
¿Alguna lectora de Buenos Aires o Rosario, o Córdoba sabe dónde podría encontrarlo? Tampoco me interesa esa especie de vibrador mariposa... No, y no. Gracias por la info.

viernes, mayo 20, 2005

Amor

Tus senos como dos frutas invitantes. Tus labios en mis labios, con el sabor del alcohol y del piercing haciendo cosquillas en mi lengua.
La grupa dibujada a contraluz, la piel abierta al deseo. La rosa máxima contra mi rosa en el roce del nomeolvides.
La desmedida medida de tus caricias. Así, me traes hacia esta orilla. La real, aquella en donde se puede esbozar una otra vida.