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viernes, abril 09, 2010

Las flores del mal

Escapo del ruido de calle Corrientes y entro a "De la Mancha Libros". No es casualidad, es hacia donde me dirigía esta mañana. Cada que q dejo Santa Lucía para visitar Buenos Aires, vengo acá.

Lentamente recorro los estantes, veo novedades, hago algunas consultas. Miro mi reloj. Voy hasta el estante de poesía y saco un ejemplar de Las flores del mal de Carlitos Baudelaire, y oh casualidad: hoy 9 de abril sería su cumpleaños. Decido comprar la edición bilingüe, muy bella, para regalarla y así celebrar dos cumpleaños, el de Baudelaire y el de ella.

Una amiga, una simple amiga de otra amiga, me invitó a su cumple, por Palermo. Estoy lejos, miro el reloj ahora también, sentada en un bar con waifai de calle Corrientes. Bah, tengo tiempo para poder terminar de escribir este post después de tanto tiempo.

Otra amiga me dijo: che, se te extraña en la blogosfera. Y yo que le digo que el cansancio (real), que las faltas de ganas, que qué voy a contar ahora!, a quién le interesa esta microhistoria en el amplio océano de otras voces, de otras vidas. Pero se ve que esta amiga tiene un verdadero ascendente sobre mi débil espíritu, y aquí estoy. No prometo nada: ni matrimonio ni felicidad plena. Ja ja.

Sí, una amiga de una amiga me invitó a su cumpleaños en Palermo. Miro el paquete: "Las flores del Mal" y "Como mil flores" de Macky Corbalán, ¿será mucho para regalo? ¿será muy obvio? Lo qué? parece decirme el mozo ya cansado de tanto cortado y aguas saborizadas. Que si será muy obvio de que me gusta... la amiga de mi amiga.

Prometí traer música, esto suena a asalto (uf acabo de mostrar la hilacha de la edad, again). Música: Patricia Barber, Lhasa, Etheridge, Pink, Patti Smith, Indigo Girls, Ani Di Franco, Lucinda Williams, Lila Downs, Etta James... ¿será mucho?

Pago el café más caro de argentina, salgo del lindo boliche y termino de escribir esto en mi pieza de hotel. Miro el reloj: tiempo de bañarme, de relajarme, de salir con tiempo para ir en subte y así vuelvo en taxi, o me llevo las cosas y cuando termine la fiesta me vuelvo a Santa Lucía.

Sí, pagaré el hotel y me llevo el bolso con una sola muda de ropa, 3 libros, Ipod y la cámara de fotos. Suspiro, miro hacia afuera: cae el sol sobre Buenos Aires y no hay flores del mal que alcancen para ser obvia o actuar en demasía.


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jueves, noviembre 02, 2006

Loneliness

La soledad puede hacer estragos o puede amigarte con vos misma. Todo depende de como la vayas tomando. La soledad, como su nombre de mujer lo indica, puede seducirte mortalmente; puede picarte en los ojos y en el corazón, pero el cuerpo arremete, el cuerpo arrastra.
Llamado de Renata: “Debo quedarme unos días más aquí; no te comas ninguna historia rara. Te amo. ¿Me extrañás?”.

Le agradecí la torta, le dije que la voy comiendo en tajadas finas, de a poco; que con cada mordisco voy recorriendo su cuerpo; que me detengo un poco más largamente en algunas de sus zonas.
Le dije que la extraño, le dije que también me gusta la soledad; le dije que estoy encerrada leyendo, escribiendo; le dije que le quiero hacer el amor; le dije que la deseo; le dije que me corté con dedo intentanto picar una cebolla; le dije que tengo ganas de tener una gata, de nuevo; le dije que no me olvide; le dije que por favor me perdone por todo lo que hice en el pasado más reciente.

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jueves, septiembre 21, 2006

Brilla tú diamante loco (II)

Melisa iba desde la base de la nuca hasta arriba de la cabeza dejando un leve rastro de saliva tibia. Yo estaba dura, sentada en la silla, acorralada por sus manos, pero le fui acariciando sus dedos, se los recorría. Apuré como pude el resto de vino que me quedaba en el vaso, tenía la garganta seca.
- ¿Vos querés? me preguntó desde atrás.
- Si quiero qué?
- ¿Querés hacerlo conmigo?
No podía ser tan yegua, preguntarme justo eso en ese momento; me moví en la silla, me di vuelta y sólo encontré sus labios. Me quedé allí, entre lenta y salvaje.
- ¿Qué querés de mí Melisa? le dije mientras le seguía besando las comisuras de los labios, mientras mi lengua luchaba con la de ella.
- ¿No te diste cuenta todavía? Todo, Elvira, todo.
Me levantó de la silla, me abrazó por la cintura, y a los tropezones nos fuimos moviendo, fuimos yendo hacia el cuarto.
Le saqué su remera y ella se fue deteniendo en los botones de la camisa, estaba ansiosa, y yo me imaginaba por qué.
- Ey, otra sorpresa, estás sin corpiño! me dijo
- Viste, soy una mujer nueva, desprejuiciada, loca, caliente.
- No lo digas de nuevo, Elvira, que te rapto.
Fue rápido a ver mis pechos, buscando el que supo tener el piercing. “Voy hacer de cuenta que aún está”, me dijo, y en seguida su lengua, con su piercing estaban en acción.
Me enloqueció con ese beso en el pezón, cómo me apretaba las nalgas con sus manos. Fuimos cayendo hacia la cama, ya desnudas, ya entregadas.
Melisa me puso boca abajo (odio que lo hagan conmigo, me siento que pierdo el control de todo).
- Elvira, me gusta tu espalda. Si supiera la tatuaría; te haría un águila, un dragón, y besaría cada poro.
- Meli, dejame darme vuelta!
Ella sentada encima mío, sobre mi cola, tipo reina del mundo me decía: “No. Mucha veces quise tenerte así. Hoy me doy el gusto, hoy, si esta fuera la última vez, quiero darme el gusto de ver tu espalda, de lamerla (pasaba su lengua, y mi excitación ya era demasiada).
Después de un rato que me pareció un siglo me dejó se hizo a un lado, y fue subiendo por mi costado. Yo no termina de entender qué quería hacer, era como que quería jugar con mi cuerpo, que quería abarcarlo por todos los flancos posibles.
- Elvira, decime por qué tuvimos que lastimarnos tanto? me dijo mientras me acariciaba todo el brazo izquierdo.
- No sé, Melisa, quizá no estábamos listas para lo que teníamos para ofrecernos.
- Y ¿ahora?, se me subió encima y me miraba fijo. Y ahora?
- Ay Melisa, no sé; la quité de encima, irguiéndome un poco en la cama. Casi grité: “No lo sé” y me caí hacia atrás, dejando las piernas que colgaran de la cama.
Melisa subió y también se puso de frente, pero por arriba de mi cabeza, y acomodó la mía sobre su pubis. Me la acariciaba, me acariciaba la cara. Noté que su pubis se movía un poco, y que mi cabeza, iba bajando de nivel. Ni me di cuenta de lo que pasó hasta que pasó. Melisa se vino en mi cabeza; se apretó hacia ella, y acabó. Apenas pude darme vuelta, subir, abrazarla. Apenas me doy cuenta que con ese gesto parecía que ella, me estaba dando a luz.

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lunes, febrero 20, 2006

Un sueño de cuerpo roto

Un sueño es, antes que nada, un desvío; atajo de la carretera de los gustos ingratos, del remanido sabor del deseo.
Sueño con mujeres, con serpientes, con labios, senos y estrellas fugaces. Caigo de bruces ante la concha más dorada, pero que a la vez es un agujero negro que me traga, y me vomita al espacio del olvido.
Lamo esos labios que me absorben, que se cierran sobre mí como un nacimiento al revés.
Soy esclava y reina de un cuerpo que ya no reconozco como mío, ni tuya, ni de ella.
Lava, lava de volcán que no lava nada la mugre del sudor, el pegoteo de dedos, labios, vaginas.
Así, un lenguaje directo: que ofenda, que desnude, que me saque este gusto amargo de la boca, del pubis, de mi clítoris.
¿Cuándo dije que sí? o mas bien ¿por qué dije que sí? ¿qué quería probar? Estar despierta hasta la mañana, no descansar, beber agua hasta el hartazgo.
Siento que me traicioné. Siento que es un final precipitado, no un nuevo final de una historia que recomienza cada vez que un latido, un dolor, una señal.
Algo se acabó, en mí. Quedé vacía. Sin voz(s), sin mí, sin ella.


martes, mayo 31, 2005

De a tres

Si bien sé cómo es Melisa, que puede ser directa, a veces hasta muy directa, sé que desde que pasó lo que pasó está como probándome, cómo queriendo saber aún más rápido qué pienso de ciertas cosas. No es que me someta a interrogatorios, pero de la nada aparecen ciertas preguntas. Y claro, no es de la nada, ella ya las debe haber estado rumiando antes.
Esta mañana, mientras desayunábamos, me disparó: ¿Vos estarías con dos mujeres a la vez?
- ¿Cómo?
- Dos mujeres a la vez, vivir con las dos, las tres en un mismo lugar.
- ¿En qué tipo de relación?
- Vamos! en una relación de amantes o pareja de a tres.
Se me secó la garganta a pesar del café.
- No creo. No, para nada. ¿Por qué lo preguntás?
- Y hacer el amor con dos a la vez? Pero sólo por el placer de hacerlo con dos.
- ¿Tipo fantasía?
- Sí.
- Alguna vez pude pensarlo, pero no salía de estar con Sigourney Weaver y Cindy Crawford.
Se río, nos reímos mucho. Pero en el fondo hay un mar de fondo que no deja de estar allí. Y de esa cabecita feroz puedo esperar cualquier cosa.