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sábado, abril 10, 2010

All tomorrow’s parties

Me bajé en Plaza Italia para hacer tiempo. Siempre llego temprano, no puedo evitarlo.
Toqué el portero,; un voz grave me atendió, abrió y subí al tercer piso. Lo sabía: no había llegado nadie. Antes de darle la mochila, saqué el paquete con los libros. Literalmente Sonia tiró mi campera que le había dado antes para abrilo. Apenas vio el de Baudelaire, buscó entre las páginas y mirándome fijamente empezó a “leer” en un precioso francés:

“Hippolyte, ô ma soeur! tourne donc ton visage,
Toi, mon âme et mon coeur, mon tout et ma moitié,
Tourne vers moi tes yeux pleins d'azur et d'étoiles!
Pour un de ces regards charmants, baume divin,
Des plaisirs plus obscurs je lèverai les voiles,
Et je t'endormirai dans un rêve sans fin!"
Mais Hippolyte alors, levant sa jeune tête:
- "Je ne suis point ingrate et ne me repens pas,
Ma Delphine, je souffre et je suis inquiète,
Comme après un nocturne et terrible repas.”

No leía, recitaba de memoria, ya que no me despegó los ojos hasta que decidió parar. Entonce tomó el otro libro y me dijo: genial! este no lo tenía. Tengo, el segundo de Macky, “Inferno”, el primero imposible conseguirlo. Prometí hacerle una copia del mío.
Me hizo seguirla para dejar mi bolso y mochila y campera en su cuarto. Olía a vainilla y gengibre. Dejé todo sobre un sofá azul oscuro y cuando me di vuelta casi me la llevo por delante.

- ¿Qué pasa? le dije.
- Nada, nada, miraba cómo acomodabas las cosas.

Y salió rumbo a donde tiene el portero porque estaba sonando. Fuimos como 10 mujeres y un par de chicos gay. La noche pasó, pero por alguna razón mi cabeza andaba en otras cosas… o bien andaba en ella… Entre las otras invitadas estaba Amanda, mi amiga del alma que es amiga de Sonia, pero que no sabía que nosotras habíamos empezado a intercambiar mensajes a partir de conocernos en uno de sus cumpleaños.

- ¿Qué hacés vos acá?
- Sonia me invitó, dije calma.
- ¿A vos?
- Sí, y a vos y al resto de esta gente. ¿qué pasa?
- No pasa nada, dice Amanda, o vos decime ¿pasa algo?
- Andá y relajate un poco querés. No dejés que las porteñas te peguen su locura.
- No seas reventada! ¿no me perdonás que casi viva acá?
- No, le digo seria, y luego la abrazo fuerte. Te quiero y te extraño por allá.

La noche fue pasando, el vino fue pasando, la cerveza para las más jóvenes fue pasando, unas ricas picaditas fueron pasando, hasta que me di cuenta de que quedaba yo sola. Mientras le ayudaba a llevar cosas a la cocina le pedí a Sonia que me llamara un radiotaxi y si me podía pasar mis cosas así me podía ir.

- ¿Ir? ¿a dónde?, me pregunta sorprendida.
- A la terminal. Seguro encuentro un bus para Rosario y de allí empalmo a Santa Lucía.
- ¿A esta hora? ¿Vos estás loca?
- No, bueno, quizá un poco, pero está bueno viajar cerca del amanecer…
- ¿Un domingo? Sabés que te podés quedar, hay lugar como habrás visto.

La que mira sorprendida soy yo ahora.
- Gracias, pero mejor me voy. Así podés descansar.
- No, vos te quedás. Dale! y a la tarde, cuando nos levantamos vamos a comer por allí o a tomar mates a un parque, o no nos levantamos y listo, largó con una carcajada contagiosa.
- No, gracias!! jaja. Mejor voy a buscar mis cosas, le digo.
- Están en mi cuarto, si vas te encierro con ellas adentro y no te dejo salir, dejó de lavar un plato y con las manos llenas de detergente se vino hacia mí, me agarró la cara y me estampó un beso. Sí. Me estampó un beso, tipo estampilla especial, de esas que no se despegan nunca o parecen no despegarse y marcan un evento que vos sabés es especial: fecha patria o la venida del Papa.

Sentí la presión de sus labios besando despacio pero firme, sentí cómo se acercaba su cuerpo al mío; sentí cómo su lengua comenzaba a presionar para pasar el cerco de mis labios incrédulos, sentí cómo mis manos comenzaban a jugar con su cabello corto, en su nuca, sentí el agua jabonosa corriendo por mi cuello, mojándome la camisa. Sentí que no había opción. Y me quedé.


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viernes, abril 09, 2010

Las flores del mal

Escapo del ruido de calle Corrientes y entro a "De la Mancha Libros". No es casualidad, es hacia donde me dirigía esta mañana. Cada que q dejo Santa Lucía para visitar Buenos Aires, vengo acá.

Lentamente recorro los estantes, veo novedades, hago algunas consultas. Miro mi reloj. Voy hasta el estante de poesía y saco un ejemplar de Las flores del mal de Carlitos Baudelaire, y oh casualidad: hoy 9 de abril sería su cumpleaños. Decido comprar la edición bilingüe, muy bella, para regalarla y así celebrar dos cumpleaños, el de Baudelaire y el de ella.

Una amiga, una simple amiga de otra amiga, me invitó a su cumple, por Palermo. Estoy lejos, miro el reloj ahora también, sentada en un bar con waifai de calle Corrientes. Bah, tengo tiempo para poder terminar de escribir este post después de tanto tiempo.

Otra amiga me dijo: che, se te extraña en la blogosfera. Y yo que le digo que el cansancio (real), que las faltas de ganas, que qué voy a contar ahora!, a quién le interesa esta microhistoria en el amplio océano de otras voces, de otras vidas. Pero se ve que esta amiga tiene un verdadero ascendente sobre mi débil espíritu, y aquí estoy. No prometo nada: ni matrimonio ni felicidad plena. Ja ja.

Sí, una amiga de una amiga me invitó a su cumpleaños en Palermo. Miro el paquete: "Las flores del Mal" y "Como mil flores" de Macky Corbalán, ¿será mucho para regalo? ¿será muy obvio? Lo qué? parece decirme el mozo ya cansado de tanto cortado y aguas saborizadas. Que si será muy obvio de que me gusta... la amiga de mi amiga.

Prometí traer música, esto suena a asalto (uf acabo de mostrar la hilacha de la edad, again). Música: Patricia Barber, Lhasa, Etheridge, Pink, Patti Smith, Indigo Girls, Ani Di Franco, Lucinda Williams, Lila Downs, Etta James... ¿será mucho?

Pago el café más caro de argentina, salgo del lindo boliche y termino de escribir esto en mi pieza de hotel. Miro el reloj: tiempo de bañarme, de relajarme, de salir con tiempo para ir en subte y así vuelvo en taxi, o me llevo las cosas y cuando termine la fiesta me vuelvo a Santa Lucía.

Sí, pagaré el hotel y me llevo el bolso con una sola muda de ropa, 3 libros, Ipod y la cámara de fotos. Suspiro, miro hacia afuera: cae el sol sobre Buenos Aires y no hay flores del mal que alcancen para ser obvia o actuar en demasía.


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martes, mayo 13, 2008

Martes 13

.... No te cases ni te embarques dice el dicho. ¿casarme? Ni loca. ¿Embarcarme? Hmmm, podría ser. Quizá embarcarme en una aventura.

Pero bueno, sí, puedo escuchar y leer las preguntas: cómo estás, ché? y en qué andás? Te seguís tirando minitas (vaya expresión); te siguen gustando las pendex?

*suspiro profundo*. Elvirita sigue aquí, en un proceso interno que no llega a descifrar, porque su clave es el amor, es la pasión, el amor-pasión, y toda la teoría que se puede versear al respecto.

¿Ustedes se re-leen? Yo lo vengo haciendo, quizá para lograr el tan famoso feed-back (¿alimentar-atrás?) No, bestia: retro-alimentación que no es lo mismo. Vamos nena! si sabemos que sabés varios idiomas, que sos experta con la lengua, oh! perdón, que sos experta en varias lenguas (la embarré más, no?).

En fin: re-leerse es un fiasco, un garrón, un bajón; pero si la autoestima anda por el piso, qué mejor que leer los propios momentos de gloria, no tan llenos de dolores (ver para ambos sustantivos, la lista del índice).

Martes 13: una película de terror en todos los sentidos. ¿Mi película? Aún en Santa Lucía; yendo de aquí para allá; pero empezando a escribir como realmente se me antoja, sin censuras de ningún tipo, porque una a veces se auto-censura por miedo "alquedíran". Y yo no soy así, o intento no serlo.

¿Embarcada? Y sí, quién te dice.

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viernes, octubre 26, 2007

Mojada

¿Es posible q lo único que me inspire para escribir sea la lluvia? O es el llanto eterno de tantos corazones q se me han roto.
No, don't worry, prometo no venir con esa cantinela, a quién le interesa? Pero no puedo dejar de decir cómo me encanta la lluvia, cómo me gusta dejarla entrar en mí, q me cubra. Esta noche, te juro, dormiría en el patio y me dejaría ahogar por esta bendición.

De todas formas... el agua para unos spaguettis está puesta, una salsita liviana ya lista, ya q alguien se digno a llamarme por teléfono y amenazó con venir: "Llevo el vino y el postre, ¿qué querés?" me preguntó. Yo pensé: si realmente venís vos serás el postre y la única comida que desearé probar toda la noche.

Mamma mía, que vieja que estoy. Mier.....


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jueves, octubre 05, 2006

The thrill is gone (B. B. King)

Respiré hondo, levanté el teléfono y la cité a Melisa en el Bar enfrente de la plaza de la Congoja. Le dejé un mensaje, y a la hora que le había dejado dicho, bajé de mi oficina y crucé la calle. Para mi sorpresa ella ya estaba allí, y creo que para la sorpresa de Laura, la moza, también, ya que no entendía muy bien qué andaba pasando.
Después de hacer un rompimiento de hielo, de contarnos cosas que olvidaríamos para siempre dentro de cinco minutos, le dije directamente:
- Melisa, quiero nos dejemos de ver. Quiero decir con esto que me dejes de buscar o hablar o lo que sea. Por un tiempo (si es largo, mejor) no quiero saber nada de vos.
- Bueno, bueno, salió la cana que tenés adentro, poniendo límites.
- No intentes dar vuelta la tortilla que esta y por tu lado está bien quemada, Melisa, y yo prefiero que guardemos lo bueno que nos pasó.
- Y que vos intentás una y otra vez de borrarlo, Elvira. Yo no sé si te puedo prometer eso, de no buscarte, es más, después de nuestro último encuentro corté con Silvia...
- ¿Qué? ¿Pensabas que me ibas a recuperar diciéndome lo de Renata?
- No, corté por mí, sólo por mí. No sabía si te iba a volver a ver, y lo hice por mí, al fin y al cabo no la amo.
Suspiré hondo, pero muy hondo: “Melisa, sólo para que sepas, sigo estando con Renata y es a ella a quien quiero, y con quien quiero estar”.
- Qué raro vos jugando un papel secundario ¿no?
- Por qué no te vas a la mierda un poco, pendeja insolente! le dije desde el fondo de los ovarios.
- Ahora soy pendeja e insolente, y vos ¿qué sos? ¿La super madura? o ¿una vieja chota que no sabe de qué cuerpo joven sacar sangre fresca?
No puedo decir ni lo que hice, ni lo que le dije. Me da vergüenza, me siento mal. Pero me fui de allí mordiendo astillas de odio como nunca pensé que me podría pasar. Nunca. Salí del Bar, Laura salió conmigo hasta la puerta: ¿Estás bien? me preguntó. “Sí” le dije mirándome la mano que casi no reconocía como mía.

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miércoles, octubre 04, 2006

Give me one reason (Tracy Chapman)

Música de fondo para el alma, para el retorno. Música para curar, lamer, dulcificar heridas. ¿Quién le va a pedir razones a la otra? ¿Yo? ¿Renata? Dice el tango: mano a mano hemos quedado. Tabula rasa: maná para los dedos carcomidos; para los pelos crecidos.
El cuerpo de Renata surge como un barco fantasma en el horizonte de mi cama. La veo dormida. La veo descansando después de haber hablado, después de haber hecho el amor. La veo allí, una pierna asoma por debajo de la sábana. Noto que su pie es chico, redondo, rosado. Me dan ganas de ir a besarlo, de ir subiendo por esa pierna depilada (por el vestido); me dan ganas de ir a jugar con ella y pensar que este barco fantasma no lo es tanto.
Este es el segundo pacto que hago con alguien. El primero fue con Melisa, pero ese es diabólico. Con Renata intentaremos construir desde la apertura (¿?). Ay Elvira, lo tuyo es de culebrón sudaca, malo, pero cuando mirás atrás, hace como dos años, antes de empezar a llevar el blog, ¿qué había en tu vida? Parecías una gata callejera buscando refugio, refugiándote en cualquier cama, junto a cualquier cuerpo. Pero esto era aún antes ¿no? Uy, ¿no te da vértigo recordar esos años? y ¿París?, y ¿New york? ¿No te da vértigo pensar en aquellas para las que fuiste alguien en algún momento? No, no es recuento de presas, no soy, nunca me sentí cazadora, pero quizá llega un momento en la vida en que viene bien ponerse a mirar para atrás, sin tanta ira, reconociendo que aquella que fuiste sos vos. Ese es tu background, es lo que te conforma.
Creo que no puedo seguir escribiendo. No sólo sentí que Renata se dio vuelta en la cama, sino que ahora quedó con medio cuerpo descubierto, y es aún más invitante.

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lunes, octubre 02, 2006

Con las cartas sobre la mesa (II)

Ay, ay, ay Elvirita, no hay nada peor que querer saber, no hay nada peor que hurgar en las heridas ajenas, en las propias. ¿Qué sacás en limpio? ¿De qué te sirve ahora saber?
Ya hace un día que se fue, un día que no sabés de ella, un día y vos no agarrás el teléfono, no la llamás para saber cómo está, pero ¿vos cómo estás? El pelo te va creciendo, la herida que te dejó el piercing en el pezón, y que vos te sacaste ya hace un tiempo, va cerrando; ¿pero cómo estás? Tenés la data y ¿qué hacés con eso? La prima de Córdoba no es prima, es su pareja con la que también intenta terminar desde hace un año, y no pueden cerrar la relación del todo, es por eso que cada vez que va para aquellos lugares para en su “ex” casa, con su ex.
- Mi relación con vos intenta ser otra cosa, Elvira. Te amo, y quiero estar con vos; me gustaría que pudiéramos construir algo entre las dos.

Te quedaste mirándola, pero en realidad mirabas más allá; mirabas como hacia atrás pero en el futuro. Sin duda alguna Laurie Anderson tenía razón en citar a Burroughs: “Language is a virus”. Te carcome y no hay cura. Palabras perras que nos enredan al deseo más mísero, más místico. Revelación de revelaciones: todo desnudo allí, como en una camilla de morgue.
Te quedaste mirándola hasta que fue ella quien se levantó de la cama, quien se fue poniendo el jean, la remera; la que guardó el famoso vestidito en un bolso verde en el que pudiste llegar a ver que guardaba un par de libros que había traído la otra vez, su cepillo de diente, unas ojotas.
No pudiste decir nada, ¿qué ibas a decir? No pudiste detenerla, ni lo intentaste. Se acercó, te acarició la base de la nuca, te beso en la mejilla, te dijo: nos hablamos. La dejaste ir como se deja ir... ¿qué mierda querés escribir Elvira? ¿No te das cuenta que llega un momento en que las palabras ya no te sirven?

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domingo, octubre 01, 2006

Con las cartas sobre la mesa (I)

Renata acaba de irse, cuando anoche llegó luciendo el famoso vestido, y me dijo: “quiero estrenarlo con vos”. Creo que mi débil beso, que mi débil abrazo me delataron: “¿Qué te pasa?”, me preguntó. Le dije que nada, que sólo cansancio; que no esperaba verla así, tan producida, más cosas dije que no vienen al caso, ya que terminamos curtiendo de todos modos. Por momentos me siento la Justine de Sade, que le daban por todos lados y ella ni se enteraba cómo, mezcla alucinada de inocencia y pelotudez, y locura moralista del Marqués, sin duda alguna.

Renata acaba de irse, ya han pasado unos minutos más. No sé si volveremos a vernos, la menos hoy. Renata se va y se lleva su misterio con ella, como dentro de una valijita para títeres.

Fue esta mañana cuando más que preguntarle le dije, o ambas cosas a la vez: “¿que papel juego yo en tu relación cordobesa?”. Me miró, se puso medio pálida, y esgrimió: “¿de qué relación me hablás?”.
- Eso no lo sé, sólo sé que existe y lo único que quiero saber es qué papel juegoyo.
- Me parece que estás muy convencida de algo que no es, Elvira.
- Digamosle ¿tu prima?.
- Estas loca! Primero porque no pasa nada con ella, y segundo porque cómo podría tener algo con ella, es una parienta.
- O así le ponemos a la relación para que no parezca que lo es, quizá, le dije yo levantándome de la cama.
- Elvira ¿qué me querés decir con todo esto? No entiendo nada.
- Que sé que la voy de amante de una relación que ya existía o bien tenés una amante que toma mi lugar de vez en cuando, la miré fijo; se largó a llorar. Nunca pensé ver a Renata llorando, no sé por qué, pero bueno, esa es la imagen que me daba.
Le alcancé un cajita de pañuelos, se sonó fuerte la nariz, y me dijo: “No sé cómo ni quien te dijo esto, que es una verdad a medias”.
- Renata, soy toda oidos, le dije sentándome en el borde de la cama.

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sábado, septiembre 30, 2006

Historia de una pasión

Termino de escribir el título de este post y ya me estoy riendo. Escribo este post como intento de pensar en voz alta qué es esto, qué es todo esto.
La línea pasional es simple, ellas son Elvira y Melisa. Somos nosotras desde siempre, desde el año pasado. Y somos de tal forma que nunca, pero nunca nos hemos “terminado” de separar. Recaemos, y recaemos como si siempre fuera la primera vez, como si siempre estuviéramos recomenzando. El mundo gira a nuestro alrededor, el mundo y sus consecuencias.
Ambas somos fieles de una forma que nadie podrá nunca comprender en su totalidad (tampoco nosotras estamos muy “aware of this”). Aquellas mujeres con las que hemos estado “mientras tanto” seguimos siendo línea pasional (por no llamar pareja), ellas han necesitado de nuestro amantazgo, y nosotras no lo sabíamos, no podíamos intuirlo de esta forma. Ellas iban y venían, y nosotras seguíamos, seguimos.
Lo que más me espanta es el desperdicio de tiempo; el desperdicio de nuestra imaginación en formas de hacernos creer que no nos importamos, cuando sabemos, que tarde o temprano volvemos a caer en nuestra propia trampa.

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miércoles, septiembre 27, 2006

“Sigue al conejo blanco”

Lo recuerdo muy bien, Trinity le dice a Neo: “¿Alguna vez has tenido un sueño, que pareciera tan real que no lo puedes distinguir de la realidad? Y si no pudieras despertar de ese sueño, ¿cómo sabrías que estas soñando? (...) Es la pregunta la que nos da fuerza. Es la duda la que te ha traído aquí."

Así me siento: pura duda; y no hay píldora ni roja ni azul que sirva para llevarme hacia el final de la guarida del conejo blanco. Pero sí siento que tengo una enorme zanahoria frente a mi nariz, y que voy babeando tras ella: Melisa; y por el otro lado, como la querida Alicia, voy encontrando otras personas que tienen unos carteles que dicen: “Pruébame”; “Amame”; “Olvídame”.

Como Neo me despierto frente a la compu, ya habiendo perdido el registro del tiempo. Como él me debato entre escapar por la ventana o dejarme atrapar por los agentes. El vértigo del salto, la invitación a lo salvaje es exquisita, pero no estoy muy segura de querer seguir ese camino.
Por el otro lado estaba esa mixtura Renata que llegó a seducirme, a prometerme un tiempo de paz. No me importaría mi lugar de amantazgo, pero sí me gustaría tenerlo en claro.

El conejo mueve el rabo, me hace señas casi lisérgicas, y mis ojos se despedazan contra este monitor intentando encontrar las palabras que puedam decir este proceso por el que estoy pasando.

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martes, septiembre 26, 2006

Bitter Sweet symphony (II)

Salí del cuarto lo más rápido que pude. Tenía entre ganas de vomitar y de gritar. La sensación fue muy extraña.
- ¿Vos te das cuenta que estás cayendo muy bajo Melisa? ¿Te das cuenta?
- No creo Elvira, sentí que debía decírtelo, pero sí, la forma, sí. No creo que Silvia inventara nada, en realidad es bien directa, y me pareció...
- Basta!!! le grité; basta!! ¿Cómo sé que no mentís porque sabés que ella está allá? ¿Cómo puedo saber si no es una treta tuya? ¿Cómo te puedo creer?
Caí sentada en la misma silla de la cocina. Sentí que Melisa venía hacia mi y le dije: No te acerques.
- Elvira, quiero que sepas que yo estoy, que siempre voy a estar.
- Callate por favor; si, como decís, me querés, callate.

No fue fácil irme, no fue fácil cerrar la puerta, ya no escuchar lo que estaba diciendo. Yo por mi parte no pude decirle nada, esa bomba que tiró me dejó casi sin pensamientos.
Renata vuelve de Córdoba el 28 de septiembre, vuelve del supuesto casamiento o de un real casamiento familiar.
No la conozco tanto como para decir que ella no sería capaz de engañarme; no la conozco tanto para poder haber entendido por qué con toda su capacidad para lo de los títeres, se queda en esta ciudad que te ahoga; no la conozco tanta para sospechar que siempre vuelve a Córdoba para “actuar”.

La sensación es amarga, no por su posible engaño, sino por verla a Melisa actuar de esa forma. Me descolocó, no lo esperaba.

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lunes, septiembre 25, 2006

Bitter sweet symphony (I)

Fuimos hasta el baño y Melisa con una jarrita con agua tibia me lavó la cabeza. Era como una especie de bautismo. Nos volvimos a acostar, después de que ella preparara unos mates. Sentí una especie de vértigo, ya que seguro vendría el hablar, el explicar. Había venido para eso. Había venido para enterarme de cosas que no quiero saber, pero bueno, esto forma parte de lo nuevo que quiero hacer. Puedo pensar en este re-encuentro como una recaída, pero es/fue mucho más.
- ¿No parecemos una pareja cualquiera, así en la cama, tomando mate? preguntó Melisa.
- No realmente no. Creo que somos dos minas con mucha energía interna!
Nos reímos un rato, hasta que su cara cambió.
- Lo de Silvia es una especie de prueba que me impuse...
- No sigas, por favor, le dije.
- Necesito decírtelo, ya que necesito descargarme. Fue muy loco, fue con alcohol de por medio, fue todo mal, pero amanecí un día en su cama, en su casa, después de una reunión. Y ahora, no ha pasado mucho, sabés, no sé cómo cortarlo para no lastimarla.
- ¿Me estás pidiendo un consejo? le dije levantámdome de la cama, y vistiéndome.
- No te pongas así, pero es que, no sé Elvira, quiero que lo nuestro quede claro, para ambas. Me gustaría saber sobre vos y Renata.
- Ah, no! esas no, Melisa. No la metas a ella aquí. ¿Querés saber para qué vine?
- Sí, me dijo mirándome fijo.
- Para ver al diablo a los ojos, para poder ver bien de cerca aquello que me tienta y no me deja ir, aquello en vos que me tiene atada, ¿lo entendés?
-....
- Cómo no lo vas a entender... me tenés en la palma de tu mano, siempre fue así, y yo voy y vengo como una tonta, como boluda enferma de amor. No me importa saber cómo terminaste con esa mina, no me importa, sabés? Lo único que quiero es poder decirte: chau, adiós, no te acerques más, no me sigas haciendo mierda.
- Elvira, te amo.
- Si es así, desaparecé de mi vida, y dejá que sólo pueda seguir lo lindo, lo que vivimos en los comienzos.
- ¿Amás a Renata?
- ¿Y qué mierda te importa eso? Es cuestión mía y de ella.
- Sí me importa, porque me estás haciendo ir, es como si me echaras de tu vida, pero no me termina de quedar en claro por qué. ¿Soy peligrosa? ¿Me tenés miedo?
- ¿Vos me estás cargando?
- Para nada Elvira.
- Vos sos ese pedazo de una daga que queda en el corazón y allí se oxida y te recuerda lo que puedo haber sido y no fue.
- Eso, Elvira, yo te cité para ofrecerte/nos una nueva posibilidad. Yo quiero estar con vos.
- Sabés Melisa, sos una especie de vampira. No me había dado cuenta hasta ahora. Sos muy sutil, muy seductora, te vas metiendo, despacio. Mirá, le dije, lo que creo es que tenemos una “cosa” muy fuerte en la cama, el deseo nos puede, no lo voy a negar, pero yo quiero más, y debo ver de qué manera y con quién, y por el momento lo estoy intentando con Renata.
- ¿De verdad? Me dijo con tono irónico. Vos disculpame, pero sabías que “tu” Renata tiene su pareja en Córdoba? ¿Te lo había dicho?
Sentí un frío frío, sentí por primera vez en mi vida que quería pegarle a alguien, me contuve. La miré mal, como preguntándole. Como rogándole que no sea tan yegua.
- Me contó Silvia, viste, son amigas por parte de la familia.

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jueves, septiembre 21, 2006

Brilla tú diamante loco (II)

Melisa iba desde la base de la nuca hasta arriba de la cabeza dejando un leve rastro de saliva tibia. Yo estaba dura, sentada en la silla, acorralada por sus manos, pero le fui acariciando sus dedos, se los recorría. Apuré como pude el resto de vino que me quedaba en el vaso, tenía la garganta seca.
- ¿Vos querés? me preguntó desde atrás.
- Si quiero qué?
- ¿Querés hacerlo conmigo?
No podía ser tan yegua, preguntarme justo eso en ese momento; me moví en la silla, me di vuelta y sólo encontré sus labios. Me quedé allí, entre lenta y salvaje.
- ¿Qué querés de mí Melisa? le dije mientras le seguía besando las comisuras de los labios, mientras mi lengua luchaba con la de ella.
- ¿No te diste cuenta todavía? Todo, Elvira, todo.
Me levantó de la silla, me abrazó por la cintura, y a los tropezones nos fuimos moviendo, fuimos yendo hacia el cuarto.
Le saqué su remera y ella se fue deteniendo en los botones de la camisa, estaba ansiosa, y yo me imaginaba por qué.
- Ey, otra sorpresa, estás sin corpiño! me dijo
- Viste, soy una mujer nueva, desprejuiciada, loca, caliente.
- No lo digas de nuevo, Elvira, que te rapto.
Fue rápido a ver mis pechos, buscando el que supo tener el piercing. “Voy hacer de cuenta que aún está”, me dijo, y en seguida su lengua, con su piercing estaban en acción.
Me enloqueció con ese beso en el pezón, cómo me apretaba las nalgas con sus manos. Fuimos cayendo hacia la cama, ya desnudas, ya entregadas.
Melisa me puso boca abajo (odio que lo hagan conmigo, me siento que pierdo el control de todo).
- Elvira, me gusta tu espalda. Si supiera la tatuaría; te haría un águila, un dragón, y besaría cada poro.
- Meli, dejame darme vuelta!
Ella sentada encima mío, sobre mi cola, tipo reina del mundo me decía: “No. Mucha veces quise tenerte así. Hoy me doy el gusto, hoy, si esta fuera la última vez, quiero darme el gusto de ver tu espalda, de lamerla (pasaba su lengua, y mi excitación ya era demasiada).
Después de un rato que me pareció un siglo me dejó se hizo a un lado, y fue subiendo por mi costado. Yo no termina de entender qué quería hacer, era como que quería jugar con mi cuerpo, que quería abarcarlo por todos los flancos posibles.
- Elvira, decime por qué tuvimos que lastimarnos tanto? me dijo mientras me acariciaba todo el brazo izquierdo.
- No sé, Melisa, quizá no estábamos listas para lo que teníamos para ofrecernos.
- Y ¿ahora?, se me subió encima y me miraba fijo. Y ahora?
- Ay Melisa, no sé; la quité de encima, irguiéndome un poco en la cama. Casi grité: “No lo sé” y me caí hacia atrás, dejando las piernas que colgaran de la cama.
Melisa subió y también se puso de frente, pero por arriba de mi cabeza, y acomodó la mía sobre su pubis. Me la acariciaba, me acariciaba la cara. Noté que su pubis se movía un poco, y que mi cabeza, iba bajando de nivel. Ni me di cuenta de lo que pasó hasta que pasó. Melisa se vino en mi cabeza; se apretó hacia ella, y acabó. Apenas pude darme vuelta, subir, abrazarla. Apenas me doy cuenta que con ese gesto parecía que ella, me estaba dando a luz.

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miércoles, septiembre 20, 2006

Brilla tú diamante loco (I)

Desde el pasillo se podía escuchar música: “Sweet home Alabama”, cantada por Jewel. El tema parecía pegarme directo en la panza. Decidí fumarme un cigarrillo sentada en la escalera antes de golpear. Era cerca del mediodía. Cuando terminó Jewel sonó James Brown, “I feel good”. Tomé una larga inhalación y decidí golpear la puerta. La música (ahora Bruce Springteen) disminuyó un poco, y entonces la puerta se abrió.
- Hola, me dijo Melisa. Creí que ya no venías.
- Hola. Es que tenía otras cosas que hacer antes de venir.
- Pero bueno, ya estás acá.
El departamento parecía estar distinto y se lo dije. Es que lo están arreglando para alquilarlo, ya que Carlos se va y Melisa que no vive allí no lo puede bancar sola.
- Como lo ponemos en alquiler, quería invitarte a comer acá por última vez. Es como cerrar un ciclo, entendés.
- Sí, muy bien, Meli.

La otra noche de la película no había notado que estaba más delgada, y con cara de cansada. Mientras la miraba ella cocinaba y me dijo que pusiera la música que quisiera.
- Te pido disculpas por lo del otro día. Yo no tenía idea de que irías a ver la película, me dijo y el CD que yo sostenía casi se me cae.
Me la quedé mirando: “Vos sabés que trato de ir a lo que hacen los chicos. De hecho por vos los conocí”.
- Si, lo sé. Pero lo último que hubiera querido es que me vieras con Silvia. Te puede parece raro esto, esta confesión.
- Sí, un poco rara, pero me parece que condice con lo rara que somos nosotras, y no solamente vos, le dije sonriendo y encendiendo otro pucho.
Se me acercó y me dijo: ¿Puedo? y me abrazó fuerte, no sé cuánto tiempo estuvimos allí paradas, abrazadas. Se separó un poco y la vi secarse los ojos. “Disculpame”, me dijo, no quería llorar, pero bueno, me salió.
- No me pidas disculpas por eso, por favor!
- Mejor sigo preparando este espaguetis, me sonrió.
- Ok. Meli, ¿seguís jugando a las máquinas? ¿Al pinball? le pregunté recordando la primera vez que la vi; recordando el tugurio en el que estábamos antes de venir acá por primera vez.
- No, Elvira, no tengo mucho tiempo. Con lo de mi viejo estoy corriendo todo el día, trato de ponerme las pilas para encontrar una beca que me calce y bueno así.
- Me imagino que en el “bueno así” está incluida esta mujer, ¿no?
- Uy! te salió del alma, “esta mujer”.
- Bueno, qué querés!
- ¿Querés saberlo? me miró muy fijo.
- No ahora, tengo hambre.
- Ya va, faltan unos minutos para la salsa. Y no te vas a sacar esa gorrita? Raro en voz algo en la cabeza...
Cuando iba a seguir me miro más fijo: ¿Vos te hiciste algo? Cuando te abracé no te miré para arriba.... No, Elvira, no podés haberte... Vino casi corriendo y me sacó la gorrita.
- Te pelaste!!!! Elvira P. se peló! ¿Cuándo??? No paraba de pasarme la mano por la parte de atrás de la cabeza, suavemente.
- Esperá que me hacés cosquillas, le dije.
- Estás, cómo te diría? Perversamente hermosa. esa pelada acentúa tu mirada.
Yo no sabía dónde meterme y no había mucho lugar.
La fui empujando hacia la cocinita para que terminara de comer; pudimos comer hablando de casi nada importante, una puesta al día de cosas inútiles. Sospecho que todas las ex que nos volvemos a encontrar después de un tiempo hacemos eso.
- Y ¿de esa mujer qué me podés contar? quise saber.
Melisa me miró como sólo ella sabe: “No quiero hablar de eso ahora”. Le hice un gesto como diciéndole, bueno después, pero quiero saber.
Ella se levantó, dejó los platos en la mesada, y se paró detrás mío. Cuando quise darme vuelta, me dijo: “No, quedate así”. Tenía sus manos en mi cabeza, y las pasaba suave. De golpe sentí su respiración en la base de la nuca. Parecía soplar, pero no. Me quise mover y sus manos me detuvieron apoyándose firmes en mis hombros. Sentí, percibí su lengua, que empezaba a subir por la nuca...

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lunes, septiembre 18, 2006

Rito iniciático

Renata se fue al famoso casamiento en Córdoba, digo famoso por aquella sesión en la diseñadora.
Melisa vino hasta la oficina, y me hice negar. Le pedí a Gloria que le dijera que no estaba. Estuvo como una hora sentada en el bar de la esquina, como intuyendo mi presencia y esperando verme. La podía ver desde la ventana, y no le di el gusto, no me di el gusto.

Cuando me cercioré de que Melisa se había ido, salí. Llevaba el paquetito en el bolso. Llegué a casa, me hice un café, puse música: Patti Smith, algo de AC/DC, Led Zepp, Sumo.
Saqué el paquetito que había comprado en el centro, lo desenvolví, lo abrí, leí las instrucciones.
Fui al baño, puse unos inciensos. Me desnudé completamente y me puse frente al espejo. Agarré la máquina, fuerte en mi mano derecha. El primer mechón cayó limpio, sobre el lavabo. Mi rostro empalideció, y aparecieron unas lágrimas en mis ojos. Una franja lechosa dividía al medio mi cabeza. Encaré por el lado izquierdo: por mí misma, me dije. La segunda estocada a ese lado la dediqué a Inés, mi “primera” mujer entre mis piernas y en mi corazón.
Del living venía: “High voltage, rock and roll”.
El lado derecho me costó más: este mechón va por Melisa; este otro, me dije, va por la lectora, Andrea.
La parte de atrás era una especie de símbolo, de lugar a alcanzar a cualquier costo. Allí pensé en la paz interior, en el aprendizaje, en el desapego. Pensé en la muerte, pensé en mi madre.
Junté todo el pelo en una bolsa verde, fui hasta el jardín, hice un pozo y lo eché allí. Le puse encima una ramita de rosa china que se había caído de la planta más grande.
Fui al baño de nuevo, llené la bañadera, me sumergí. Sales y más aromas. Cuando terminé con el baño me pasé un aceite de almendra por mi “pelada”.
No termino de reconocer a esa del espejo, pero espero que lleguemos a ser buenas amigas.

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domingo, septiembre 17, 2006

Acidez estomacal

Me levanté con acidez, dolor de cabeza, y de parte inferior del cuerpo humano. Ni la quiero nombrar, pero empieza con “C”. Es que a la vuelta de la película Renata estaba más que cariñosa. Ella pudo llegar a su paraíso y yo me quedé comprando los tickets para una próxima vez. Lo malo es que ella se empeñó en intentar sacarme un orgasmo y pago las consecuencias.
Fui a lo de Amanda, mi amiga y consejera:

- ¿Cincuenta? ¿Estás segura?
- Sí Mandy. Me contó Renata, la tipa tiene cincuenta, es psicóloga, y una mandada para algunas cosas. Yo realmente no la conocía.
- Me suena el nombre, pero no importa. Vos estás segura que Melisa estaba allí “de onda” con ella, me preguntó Amanda.
- Sí, si te digo que la tenía unas mesas adelante, y por más oscuridad una ve cuando dos personas se besan o acarician.
- ¿Y cuál es el problema que tenga cincuenta?
- Es mucha edad! dijo casi enojada.
- Pará Elvira, la del mambo con la edad SOS vos, y lo que te jode, dejame que lo diga es que esa “vieja de cincuenta” se esté curtiendo a tu ex, como vos no quisiste seguir haciéndolo.
- De quién sos amiga, mandy, de Melisa o mía.
- Mirá Elvira, yo te quiero mucho, pero mucho, me entendés (me agarró por los hombros) y quiero, deseo, espero que estés bien con alguien.
- ......
- Por eso te voy a decir esto lo más directamente posible: o le das para adelante con Renata, y disfrutás lo que tenés, o bien cortás, vas, la buscás a Melisa y ME/ NOS DEJAN DE JODER. Vos estás hasta los ovarios con esa mina, qué hacés entonces??
- NADA, grité. Ya sé que nada... me puse a llorar.
Sí lloré, sin cebolla, por las mías

- Lo que te pido es que no te sigas haciendo mierda, y que no hagas mierda a otras personas. Además no sé que te pasa, pero te he visto en otras relaciones y nunca tuviste esta locura galopante: que la edad, que el saltar de cama en cama. ¿Qué querés probarte, Vita, qué querés?

Me mató. Amanda me mató, usó el nombre secreto, ese que ni siquiera yo debería estar escribiendo aquí. Era su forma de llamarme cuando éramos un poco más que adolescentes.
La miré y la abracé fuerte; apenas pude susurrar un gracias.
- Mirate, me dijo: sos hermosa, fuerte, inteligente, ¿por qué enrollarte tanto? ¿qué hiciste que pensàs que te merecés pedazo de castigo?

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Más de dos películas...

Anoche, sábado, se había organizado una noche de chicas en “La Mariposa”, ya que en en Isat daban “Bound” con Gena Gershon y Jennifer Tilly.
Llegamos como un par de horas antes con Renata para poder cenar tranquilas, charlar con los chicos, relajarnos para degustar la película y después ver qué nos deparaba el destino de la noche naciente.
La cuestión es que para mí hubo dos películas, o un poco más. A eso de las nueve y media entró en el bar Melisa. La cara de Roberto, dueño del bar y amigo de ambos, se desfiguró y me hacía señas de que él no sabía que ella vendría. Melisa vino acompañada por una mujer que era la primera vez que yo la veía.
Se sentaron en una mesa que quedaba entre la nuestra y la pantalla gigante, así fue como se me multiplicaron las películas.
Antes de que empezara Bound fui al baño y de vuelta intenté una excusa para que nos fuéramos. Renata no me dio bolilla, me dijo: pedí un té de boldo y luego vemos en tu casa.
Melisa sabe Bound es una de mis películas favoritas; con ella intentamos alguna vez remedar la escena de amor en un colchón cualquiera en la casa de alguna persona conocida, pero que no estaba en ese momento. Sabiendo todo esto no puedo dejar de pensar que lo hizo a propósito, el venir, por supuesto.
Durante dos horas tuve que soportar en casi cuadrafónico ver a Gershon y a Melisa besando a la otra, mientras Renata requería mi atención.
Pero esto no fue nada comparado con el final de esa noche. Cuando se acabó la película, y levantaron las luces del bar, la mujer que iba con Melisa, se levantó, se desperezó y justo miró para nuestra mesa, hizo una sonrisa de oreja a oreja: una amiga de la madre. Yo no lo podía creer. Santa Lucía es muy chico, ya lo he dicho, pero esto era demasiado.
Vi cómo esa mujer se iba acercando, vi cómo el rostro de Melisa también tomaba otro color, y cómo se iba quedando en su mesa, hasta que ya no pudo hacerlo.
- Hooola Renatita, cómo estas? dijo la mujer, abrazando a Renata.
- Hola Silvia, qué casualidad! ¿cómo estás?
- Muy bien!, miró hacia su mesa y llamó a Melisa.
- Te presento a Elvira, dijo Renata.
- Hola,. un gusto conocerte, me dijo dándome su mano.
- Vení Meli, por favor.
El corazón me batía fuerte en mi corazón: mezcla de enojo, ira, vergüenza y sobre todo mucha duda.

- Les presento a Melisa, dijo Silvia.
Melisa se acercó a Renata, le dio un beso, y cuando se acercaba a mí, me dijo: “Hola Elvira”. “Se conocen” fue la pregunta a dúo de Renata y la amiga de su madre.
- Sí, dijo Melisa. Mi padre es cliente suyo, y en algún momento me reemplazó en la librería de Roberto.
- Ah, dijo Silvia.
El gesto de Renata fue de intuir que esa era sólo una versión de la historia.
Roberto vino, nos cobró y me llevó al fondo, con X excusa.
- Juro Elvira, juro amor que no sabía nada de esto.
- Y yo creo que Melisa tampoco.
- ¿Quién es la mina? me preguntó
- Parece una amiga de Renata.
- ¿Puede ser así? No es mucha casualidad?
- Vos creés que las casualidades existen, Roberto.

Cuando volví, Renata estaba sola esperándome en la mesa.
- Se fueron, estaban apuradas. la chica me pidió que te dijera que el padre iba a hacer algunos cambios al último pedido que te hizo. Quizá vaya ella, pero no lo sabe.
- Gracias, hermosa. ¿Te parece que nos vamos?
- Sí, vamos. Quiero ducharme e ir a la cama. ¿Puedo quedarme en tu casa, Elvi?
- Sí, claro que sí. Cuando salíamos le dije: ¿Te puedo hacer una pregunta?
- Sí.
- ¿Qué edad tiene esa mujer?
- ¿Silvia? Cincuenta, igual que mi vieja, ¿por?
- Me parecía más grande, más grande que yo.
- Y sí, amor, lo es.

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viernes, septiembre 15, 2006

Anclas

Llegué por la espalda, la besé. Fue como echar varios anclas a la vez: su cuello, su perfume, sus pechos. Renata se dio vuelta, me devolvió el beso, me abrazó fuerte. Estaba en la cocina de casa. Habíamos quedado en hacer la famosa cena L word para invitar a Laura y su chica.
Yo no tenía mucha ganas, quería estar a solas con ella, verla como el peso específico de mi realidad, de lo real en mi vida.
La saqué de la cocina, la fui llevando hacia el cuarto: “Pará Elvira, tengo los dedos llenos de cebolla y ajo, pará”, me decía. Yo la iba llevando. Quería que me acariciara con esas manos, que esa cebolla me diera la excusa justa para llorar con ella, por ella, por mí. Llorar en el cúlmine del orgasmo; gritar y jadear cuando esas manos arden en mí. “Estás loca Elvira”, me decía Renata. Yo le pedía más y más. Quería sentirla, saber que yo podía estar allí, con/en ella; quería poder sentirla completamente, real. Sus pechos sobre mis labios, los pezones lechosos incitándome a besarlos, comerlos. Sus dedos de titiritera sabiendo qué hacer en mi rosa concentrada, retraída. Cabalgarnos, inundarnos.
- Elvira, ah, te amo!
- Te amo, nena, te amo.

Anclas ante el desierto de lo incierto. Anclas en las ancas de la amada. Anclas para esta vida que brilla, y late. Estoy viva, a pesar de todo estoy viva.

Foto tomada de: http://www.outtakes.org.nz/2004/wgn/films/doi.php

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martes, septiembre 12, 2006

Play it again, Sam

“You must remember this. A kiss is just a kiss...”

Creo que nunca terminaré de desarrollar los anticuerpos necesarios ante el virus Melisa. Ella llega, se mete, levanta fiebre, hace lo suyo y desaparece.
Después de verla quedé tildada para todo el día, y sobre todo de mal humor. Apestaba bronca conmigo misma. ¿Vieja gruñona? ¿Yo? Qué pendeja de mierda, tirarme con esa frase; preferí callarme, para qué hablar, salvo ese ridículo “Vos me convertiste en eso”. ¿De dónde me salió?
Quedé tildada, enojada, y caliente, caliente de calentura pura, de esa que necesitás solucionar cuanto antes o reventás.
Es increible, cómo la deseo, cómo me parte la cabeza, cómo me puede de la manera que me puede.
Cuando estuve en casa no respondí ni los mensajes que me había dejado Renata y tampoco unos de Amanda. Me fui a preparar el baño, y allí no hice más que pensar en Melisa, recordar toda nuestra historia, todo lo pasado.
Me siento tan, pero tan débil en cierta, y tan fuerte en otra. Tenerla allí en el lugar del deseo más profundo no está tan mal, pero que sólo sea imaginario. Está allí, y allí bien está. Renata me calienta a su manera, que es otra, pero también con una carga pasional muy fuerte, pero hace poco que estamos juntas, y la forma de conocernos fue como demasiado conversada y pensada. Con Melisa fue noche, pinball, cervezas, piercings, sexo, amor.

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sábado, marzo 04, 2006

Declaración

Fue así, me sonó a eso, y por eso mismo nos reimos mucho. Hoy fui a almorzar a lo de Bárbara, y entre spaguettis y tintillo, esta bella mujer se me declaró: “Quiero estar con vos, ya sabés, como tu... no sé... novia, compañera???”.
Sólo le pedí que me diera tiempo, que no la quiero lastimar, y que tampoco tengo tantas fuerzas para volver a intentar algo.
Le fui sincera: “Melisa siempre estará. Soy yo la que tendrá que trabajar para no recaer. Y muchas veces no estoy tan segura de no querer recaer”.
Si me oyera mi psicóloga. Sí volví a mis sesiones, y me hace bien.

Estaba muy bella Bárbara, y tiene esa seguridad de su vida pasada, de sus decisiones, del saber gozar de la soledad cuando le toca, y gozar con quien le toque en el amor/deseo.
- Yo te espero Elvira, pero no toda la vida ¿sabés?
- Sí... lo sé. Gracias por decirmelo, por ser directa y clara.


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