Domingo 11 de la mañana. Siento una rodilla que me intenta mover en una cama que no es mi cama.
- Correte, me dicen.
- ¿Otra vez? pregunto mientras me intento hacer a un lado.
- No de esa forma, tonta, me dicen con una sonrisa que dibuja un sol en la habitación. ¿Dibuja un sol? Uff!
Y correrme de nuevo no podría ni aún queriendo. Las diosas! Hacía tiempo que no hacía el amor así, bueh, hacía tiempo que no hacía el amor, pero ese dato no lo comparto con Sonia, que me pone un paquete de facturas en mi falda, y me alcanza un mate amargo.
La habitación huele a sexo y a nag champa. La miro por primera vez. Un dormitorio común y corriente, tranquilo, lindo cómodo, perdido por el barrio de Palermo. La miro mientras ella busca algo en un cajón, mientras me cuenta lo que querría hacer hacer a la siesta.
Le miro el trasero, precioso. Miro sus caderas, admirables, y suspiro mientras casi una bola de fraile se me atora en la garganta.
- Si querés te podés quedar unos días. Yo vuelvo al laburo el martes, me dice mientras trae un cuadernito.
- Hmm no sé si debo y además no tengo muda de ropa, traje poco porque mi idea era irme.
- Y ¿por qué no te fuiste? ¿qué te lo impidió? me pregunta clavándome esos ojos color miel.
- Ahh, no sea así.
- El deseo Elvirita, el deseo te pierde.
¿Qué sabe ella de mi deseo? ¿Qué sabe ella de mí? ¿Qué sé yo ella? ¿Quién cuernos este mujer que me metió en su cama sin preguntarme ¿puedo? ¿Quién es cómo se atrevió a cortar mi celibato? ¿Quién?
Me acerco y la beso. Le hago tambalear el termo, la acaricia, la vuelvo a besar, le muerdo apenas el labio inferior, dejo que mi lengua dibuje el labio superior de su boca.
- Te dije, el deseo te pierde nena.
- Vos no tenés ni idea de lo que soy capaz! le digo soltando una carcajada.
Nos reímos y nos abrazamos y sé que esa pierna se tensa de otra forma, veo que el termo descansa en el piso y el mate en la mesa de luz, y veo que sus planes para la siesta no están tan claros y me doy cuenta que tendré que ir al Once a comprarme un par de remeras al menos.
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lunes, abril 12, 2010
sábado, abril 10, 2010
All tomorrow’s parties
Me bajé en Plaza Italia para hacer tiempo. Siempre llego temprano, no puedo evitarlo.
Toqué el portero,; un voz grave me atendió, abrió y subí al tercer piso. Lo sabía: no había llegado nadie. Antes de darle la mochila, saqué el paquete con los libros. Literalmente Sonia tiró mi campera que le había dado antes para abrilo. Apenas vio el de Baudelaire, buscó entre las páginas y mirándome fijamente empezó a “leer” en un precioso francés:
“Hippolyte, ô ma soeur! tourne donc ton visage,
Toi, mon âme et mon coeur, mon tout et ma moitié,
Tourne vers moi tes yeux pleins d'azur et d'étoiles!
Pour un de ces regards charmants, baume divin,
Des plaisirs plus obscurs je lèverai les voiles,
Et je t'endormirai dans un rêve sans fin!"
Mais Hippolyte alors, levant sa jeune tête:
- "Je ne suis point ingrate et ne me repens pas,
Ma Delphine, je souffre et je suis inquiète,
Comme après un nocturne et terrible repas.”
No leía, recitaba de memoria, ya que no me despegó los ojos hasta que decidió parar. Entonce tomó el otro libro y me dijo: genial! este no lo tenía. Tengo, el segundo de Macky, “Inferno”, el primero imposible conseguirlo. Prometí hacerle una copia del mío.
Me hizo seguirla para dejar mi bolso y mochila y campera en su cuarto. Olía a vainilla y gengibre. Dejé todo sobre un sofá azul oscuro y cuando me di vuelta casi me la llevo por delante.
- ¿Qué pasa? le dije.
- Nada, nada, miraba cómo acomodabas las cosas.
Y salió rumbo a donde tiene el portero porque estaba sonando. Fuimos como 10 mujeres y un par de chicos gay. La noche pasó, pero por alguna razón mi cabeza andaba en otras cosas… o bien andaba en ella… Entre las otras invitadas estaba Amanda, mi amiga del alma que es amiga de Sonia, pero que no sabía que nosotras habíamos empezado a intercambiar mensajes a partir de conocernos en uno de sus cumpleaños.
- ¿Qué hacés vos acá?
- Sonia me invitó, dije calma.
- ¿A vos?
- Sí, y a vos y al resto de esta gente. ¿qué pasa?
- No pasa nada, dice Amanda, o vos decime ¿pasa algo?
- Andá y relajate un poco querés. No dejés que las porteñas te peguen su locura.
- No seas reventada! ¿no me perdonás que casi viva acá?
- No, le digo seria, y luego la abrazo fuerte. Te quiero y te extraño por allá.
La noche fue pasando, el vino fue pasando, la cerveza para las más jóvenes fue pasando, unas ricas picaditas fueron pasando, hasta que me di cuenta de que quedaba yo sola. Mientras le ayudaba a llevar cosas a la cocina le pedí a Sonia que me llamara un radiotaxi y si me podía pasar mis cosas así me podía ir.
- ¿Ir? ¿a dónde?, me pregunta sorprendida.
- A la terminal. Seguro encuentro un bus para Rosario y de allí empalmo a Santa Lucía.
- ¿A esta hora? ¿Vos estás loca?
- No, bueno, quizá un poco, pero está bueno viajar cerca del amanecer…
- ¿Un domingo? Sabés que te podés quedar, hay lugar como habrás visto.
La que mira sorprendida soy yo ahora.
- Gracias, pero mejor me voy. Así podés descansar.
- No, vos te quedás. Dale! y a la tarde, cuando nos levantamos vamos a comer por allí o a tomar mates a un parque, o no nos levantamos y listo, largó con una carcajada contagiosa.
- No, gracias!! jaja. Mejor voy a buscar mis cosas, le digo.
- Están en mi cuarto, si vas te encierro con ellas adentro y no te dejo salir, dejó de lavar un plato y con las manos llenas de detergente se vino hacia mí, me agarró la cara y me estampó un beso. Sí. Me estampó un beso, tipo estampilla especial, de esas que no se despegan nunca o parecen no despegarse y marcan un evento que vos sabés es especial: fecha patria o la venida del Papa.
Sentí la presión de sus labios besando despacio pero firme, sentí cómo se acercaba su cuerpo al mío; sentí cómo su lengua comenzaba a presionar para pasar el cerco de mis labios incrédulos, sentí cómo mis manos comenzaban a jugar con su cabello corto, en su nuca, sentí el agua jabonosa corriendo por mi cuello, mojándome la camisa. Sentí que no había opción. Y me quedé.
Tags: lesbianas, lesbiana, argentina, romance, amor, erotica, deseo, pasion
Toqué el portero,; un voz grave me atendió, abrió y subí al tercer piso. Lo sabía: no había llegado nadie. Antes de darle la mochila, saqué el paquete con los libros. Literalmente Sonia tiró mi campera que le había dado antes para abrilo. Apenas vio el de Baudelaire, buscó entre las páginas y mirándome fijamente empezó a “leer” en un precioso francés:
“Hippolyte, ô ma soeur! tourne donc ton visage,
Toi, mon âme et mon coeur, mon tout et ma moitié,
Tourne vers moi tes yeux pleins d'azur et d'étoiles!
Pour un de ces regards charmants, baume divin,
Des plaisirs plus obscurs je lèverai les voiles,
Et je t'endormirai dans un rêve sans fin!"
Mais Hippolyte alors, levant sa jeune tête:
- "Je ne suis point ingrate et ne me repens pas,
Ma Delphine, je souffre et je suis inquiète,
Comme après un nocturne et terrible repas.”
No leía, recitaba de memoria, ya que no me despegó los ojos hasta que decidió parar. Entonce tomó el otro libro y me dijo: genial! este no lo tenía. Tengo, el segundo de Macky, “Inferno”, el primero imposible conseguirlo. Prometí hacerle una copia del mío.
Me hizo seguirla para dejar mi bolso y mochila y campera en su cuarto. Olía a vainilla y gengibre. Dejé todo sobre un sofá azul oscuro y cuando me di vuelta casi me la llevo por delante.
- ¿Qué pasa? le dije.
- Nada, nada, miraba cómo acomodabas las cosas.
Y salió rumbo a donde tiene el portero porque estaba sonando. Fuimos como 10 mujeres y un par de chicos gay. La noche pasó, pero por alguna razón mi cabeza andaba en otras cosas… o bien andaba en ella… Entre las otras invitadas estaba Amanda, mi amiga del alma que es amiga de Sonia, pero que no sabía que nosotras habíamos empezado a intercambiar mensajes a partir de conocernos en uno de sus cumpleaños.
- ¿Qué hacés vos acá?
- Sonia me invitó, dije calma.
- ¿A vos?
- Sí, y a vos y al resto de esta gente. ¿qué pasa?
- No pasa nada, dice Amanda, o vos decime ¿pasa algo?
- Andá y relajate un poco querés. No dejés que las porteñas te peguen su locura.
- No seas reventada! ¿no me perdonás que casi viva acá?
- No, le digo seria, y luego la abrazo fuerte. Te quiero y te extraño por allá.
La noche fue pasando, el vino fue pasando, la cerveza para las más jóvenes fue pasando, unas ricas picaditas fueron pasando, hasta que me di cuenta de que quedaba yo sola. Mientras le ayudaba a llevar cosas a la cocina le pedí a Sonia que me llamara un radiotaxi y si me podía pasar mis cosas así me podía ir.
- ¿Ir? ¿a dónde?, me pregunta sorprendida.
- A la terminal. Seguro encuentro un bus para Rosario y de allí empalmo a Santa Lucía.
- ¿A esta hora? ¿Vos estás loca?
- No, bueno, quizá un poco, pero está bueno viajar cerca del amanecer…
- ¿Un domingo? Sabés que te podés quedar, hay lugar como habrás visto.
La que mira sorprendida soy yo ahora.
- Gracias, pero mejor me voy. Así podés descansar.
- No, vos te quedás. Dale! y a la tarde, cuando nos levantamos vamos a comer por allí o a tomar mates a un parque, o no nos levantamos y listo, largó con una carcajada contagiosa.
- No, gracias!! jaja. Mejor voy a buscar mis cosas, le digo.
- Están en mi cuarto, si vas te encierro con ellas adentro y no te dejo salir, dejó de lavar un plato y con las manos llenas de detergente se vino hacia mí, me agarró la cara y me estampó un beso. Sí. Me estampó un beso, tipo estampilla especial, de esas que no se despegan nunca o parecen no despegarse y marcan un evento que vos sabés es especial: fecha patria o la venida del Papa.
Sentí la presión de sus labios besando despacio pero firme, sentí cómo se acercaba su cuerpo al mío; sentí cómo su lengua comenzaba a presionar para pasar el cerco de mis labios incrédulos, sentí cómo mis manos comenzaban a jugar con su cabello corto, en su nuca, sentí el agua jabonosa corriendo por mi cuello, mojándome la camisa. Sentí que no había opción. Y me quedé.
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viernes, abril 09, 2010
Las flores del mal
Escapo del ruido de calle Corrientes y entro a "De la Mancha Libros". No es casualidad, es hacia donde me dirigía esta mañana. Cada que q dejo Santa Lucía para visitar Buenos Aires, vengo acá.
Lentamente recorro los estantes, veo novedades, hago algunas consultas. Miro mi reloj. Voy hasta el estante de poesía y saco un ejemplar de Las flores del mal de Carlitos Baudelaire, y oh casualidad: hoy 9 de abril sería su cumpleaños. Decido comprar la edición bilingüe, muy bella, para regalarla y así celebrar dos cumpleaños, el de Baudelaire y el de ella.
Una amiga, una simple amiga de otra amiga, me invitó a su cumple, por Palermo. Estoy lejos, miro el reloj ahora también, sentada en un bar con waifai de calle Corrientes. Bah, tengo tiempo para poder terminar de escribir este post después de tanto tiempo.
Otra amiga me dijo: che, se te extraña en la blogosfera. Y yo que le digo que el cansancio (real), que las faltas de ganas, que qué voy a contar ahora!, a quién le interesa esta microhistoria en el amplio océano de otras voces, de otras vidas. Pero se ve que esta amiga tiene un verdadero ascendente sobre mi débil espíritu, y aquí estoy. No prometo nada: ni matrimonio ni felicidad plena. Ja ja.
Sí, una amiga de una amiga me invitó a su cumpleaños en Palermo. Miro el paquete: "Las flores del Mal" y "Como mil flores" de Macky Corbalán, ¿será mucho para regalo? ¿será muy obvio? Lo qué? parece decirme el mozo ya cansado de tanto cortado y aguas saborizadas. Que si será muy obvio de que me gusta... la amiga de mi amiga.
Prometí traer música, esto suena a asalto (uf acabo de mostrar la hilacha de la edad, again). Música: Patricia Barber, Lhasa, Etheridge, Pink, Patti Smith, Indigo Girls, Ani Di Franco, Lucinda Williams, Lila Downs, Etta James... ¿será mucho?
Pago el café más caro de argentina, salgo del lindo boliche y termino de escribir esto en mi pieza de hotel. Miro el reloj: tiempo de bañarme, de relajarme, de salir con tiempo para ir en subte y así vuelvo en taxi, o me llevo las cosas y cuando termine la fiesta me vuelvo a Santa Lucía.
Sí, pagaré el hotel y me llevo el bolso con una sola muda de ropa, 3 libros, Ipod y la cámara de fotos. Suspiro, miro hacia afuera: cae el sol sobre Buenos Aires y no hay flores del mal que alcancen para ser obvia o actuar en demasía.
Tags: lesbianas, lesbiana, argentina, romance, amor, erotica, deseo, pasion
Lentamente recorro los estantes, veo novedades, hago algunas consultas. Miro mi reloj. Voy hasta el estante de poesía y saco un ejemplar de Las flores del mal de Carlitos Baudelaire, y oh casualidad: hoy 9 de abril sería su cumpleaños. Decido comprar la edición bilingüe, muy bella, para regalarla y así celebrar dos cumpleaños, el de Baudelaire y el de ella.
Una amiga, una simple amiga de otra amiga, me invitó a su cumple, por Palermo. Estoy lejos, miro el reloj ahora también, sentada en un bar con waifai de calle Corrientes. Bah, tengo tiempo para poder terminar de escribir este post después de tanto tiempo.
Otra amiga me dijo: che, se te extraña en la blogosfera. Y yo que le digo que el cansancio (real), que las faltas de ganas, que qué voy a contar ahora!, a quién le interesa esta microhistoria en el amplio océano de otras voces, de otras vidas. Pero se ve que esta amiga tiene un verdadero ascendente sobre mi débil espíritu, y aquí estoy. No prometo nada: ni matrimonio ni felicidad plena. Ja ja.
Sí, una amiga de una amiga me invitó a su cumpleaños en Palermo. Miro el paquete: "Las flores del Mal" y "Como mil flores" de Macky Corbalán, ¿será mucho para regalo? ¿será muy obvio? Lo qué? parece decirme el mozo ya cansado de tanto cortado y aguas saborizadas. Que si será muy obvio de que me gusta... la amiga de mi amiga.
Prometí traer música, esto suena a asalto (uf acabo de mostrar la hilacha de la edad, again). Música: Patricia Barber, Lhasa, Etheridge, Pink, Patti Smith, Indigo Girls, Ani Di Franco, Lucinda Williams, Lila Downs, Etta James... ¿será mucho?
Pago el café más caro de argentina, salgo del lindo boliche y termino de escribir esto en mi pieza de hotel. Miro el reloj: tiempo de bañarme, de relajarme, de salir con tiempo para ir en subte y así vuelvo en taxi, o me llevo las cosas y cuando termine la fiesta me vuelvo a Santa Lucía.
Sí, pagaré el hotel y me llevo el bolso con una sola muda de ropa, 3 libros, Ipod y la cámara de fotos. Suspiro, miro hacia afuera: cae el sol sobre Buenos Aires y no hay flores del mal que alcancen para ser obvia o actuar en demasía.
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viernes, mayo 16, 2008
Otra copa
¿Qué es el primer amor? O ¿cuál es? ¿Es lo que parió el primer beso, la primera encamada? o ¿bien ese amor platónico que silenciamos hasta que un callo se nos arma en la garganta y no hay lima que pueda pulir esa molestia?
Su nombre tenía cuatro letras: Inés y ella me llevaba apenas tres años.
Éramos dos pendejas enamoradas, y nos comíamos el mundo. Ese que quedaba ahí afuera, ese que apuntaba hacia Buenos Aires o bien hacia Rosario. Éramos tan jóvenes y nos enamoramos. Yo moría de amor por ella y ella por mí. Día y noche, noche y día juntas. Fue mi primera relación con una mujer, con otra persona. Ella encaró, yo no lo pude creer, y allí estuvimos. Tres años. Al poco tiempo de salir, yo decidí decirle a mi mis viejos “lo mío”, ya que se había concretizado en algo, no era sólo lesbianismo platónico. Pero cometí un error: lo hice sin consultarlo con ella. ¡La que se armó! Ella no quería que todo el mundo supiera que ella era lesbiana. Yo le dije que a mis viejos no le dije su nombre, así que podía estar tranquila.
No fue fácil seguir viéndonos, amarnos y seguir construyendo algo. La pasión era muy fuerte, y tener pasión en un lugar como Santa Lucía no es muy sano, salvo que estés pensando en irte de ahí.
Lo habíamos planeado. Cuidadosamente. Pero cuando llegó el momento, casi con los boletos de micro en la mano, yo dije: “me quedo”. Inés nunca me lo perdonó. Por eso Amanda, mi amiga del alma, insiste con que yo la dejé ir, que perdí una joya preciosa. Por lo que pude averiguar, Inés se fue primero a Buenos Aires y luego, con el tiempo, a Estados Unidos, y allá se casó con un tipo. Me dicen que tiene una hija. Nunca salió del armario, nunca dijo nada.
¿Por qué una tiene esa manía de guardar fotos? ¿Por qué cuando estás rayando los cincuenta, se te da por abrir la cajita de los recuerdos? La culpa la tiene Amanda, sin duda alguna, y la amiga de su amiga, la Martita. Es por ellas que hoy estoy con este album sobre las piernas, viendo sonreir a dos pibas, una de 19 y otra de 21 años, mientras un Syrah se empecina en teñirme la boca y en brillar en esta copa, mi sola compañìa.
Tags: lesbianas, lesbiana, argentina, romance, amor, erotica, deseo, pasion
Su nombre tenía cuatro letras: Inés y ella me llevaba apenas tres años.
Éramos dos pendejas enamoradas, y nos comíamos el mundo. Ese que quedaba ahí afuera, ese que apuntaba hacia Buenos Aires o bien hacia Rosario. Éramos tan jóvenes y nos enamoramos. Yo moría de amor por ella y ella por mí. Día y noche, noche y día juntas. Fue mi primera relación con una mujer, con otra persona. Ella encaró, yo no lo pude creer, y allí estuvimos. Tres años. Al poco tiempo de salir, yo decidí decirle a mi mis viejos “lo mío”, ya que se había concretizado en algo, no era sólo lesbianismo platónico. Pero cometí un error: lo hice sin consultarlo con ella. ¡La que se armó! Ella no quería que todo el mundo supiera que ella era lesbiana. Yo le dije que a mis viejos no le dije su nombre, así que podía estar tranquila.
No fue fácil seguir viéndonos, amarnos y seguir construyendo algo. La pasión era muy fuerte, y tener pasión en un lugar como Santa Lucía no es muy sano, salvo que estés pensando en irte de ahí.
Lo habíamos planeado. Cuidadosamente. Pero cuando llegó el momento, casi con los boletos de micro en la mano, yo dije: “me quedo”. Inés nunca me lo perdonó. Por eso Amanda, mi amiga del alma, insiste con que yo la dejé ir, que perdí una joya preciosa. Por lo que pude averiguar, Inés se fue primero a Buenos Aires y luego, con el tiempo, a Estados Unidos, y allá se casó con un tipo. Me dicen que tiene una hija. Nunca salió del armario, nunca dijo nada.
¿Por qué una tiene esa manía de guardar fotos? ¿Por qué cuando estás rayando los cincuenta, se te da por abrir la cajita de los recuerdos? La culpa la tiene Amanda, sin duda alguna, y la amiga de su amiga, la Martita. Es por ellas que hoy estoy con este album sobre las piernas, viendo sonreir a dos pibas, una de 19 y otra de 21 años, mientras un Syrah se empecina en teñirme la boca y en brillar en esta copa, mi sola compañìa.
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Inés,
suplemento Soy
jueves, mayo 15, 2008
Yoga
Y sí, si te querés sentir bien, si te querés mantener fuerte, firme, sana, centrada, un cacho menos loca, sería bueno que hicieras yoga, como yo. Claro que... bueno, yo empecé esta mañana :)
El estudio de la profe queda en la Avenida Central y hacia allí me dirigí. El lugar está decorado entre minimal zen y feng-shui oriented :O
Éramos cuatro en total. Nos sentamos en círculo en un espacio muy cálido y perfumado por un sahumerio de NagChampa (el sahumerio de las tortas, nah!!!!). Nos fuimos presentando: fulana, ama de casa y apenas embarazada; sultanita, docente; menganita, farmaceútica; Elvirita, ya sabemos; y ella, la profe, que cómo se iba a llamar!? Selva. Ah no! a mí con esas cosas no! Cómo te vas a llamar Selva! No lo digo por feo, es muy bello pero es demasiado sugerente para una mente inquieta como la mía.
La clase dura una hora y media y cuando termina tomamos un té sentadas en otra habitación llena de almuhadones, puff, dos mesas bajas y con rincones llenos de souvenirs y/o imágenes u objetos relacionados con el yoga, la meditación.
Selva: cabello castaño, corto (bien corto); uñas cortas (no mordidas); un cuerpo esculpido que quería escapar de la malla y la calza.
Ahora estoy intentando ver qué me puedo hacer de comer antes de ir a mi oficina. Un tomate, un huevo, zanahoria, cebolla y atún. Listo, ensalada. Pero mientras estoy en esto mi cabeza anda por otra parte, repitiendo mentalmente sus gestos, revisando su tranquilidad.
Selva, y sí, se cae de maduro, del árbol de la sabiduría, de mi biblioteca mental:
"A mitad del camino de la vida,
en una selva oscura me encontraba
porque mi ruta había extraviado.
¡Cuán dura cosa es decir cuál era
esta salvaje selva, áspera y fuerte
que me vuelve el temor al pensamiento!
Es tan amarga casi cual la muerte;
mas por tratar del bien que allí encontré,
de otras cosas diré que me ocurrieron.
Yo no sé repetir cómo entré en ella
pues tan dormido me hallaba en el punto
que abandoné la senda verdadera."
Tags: lesbianas, lesbiana, argentina, romance, amor, erotica, deseo, pasion
El estudio de la profe queda en la Avenida Central y hacia allí me dirigí. El lugar está decorado entre minimal zen y feng-shui oriented :O
Éramos cuatro en total. Nos sentamos en círculo en un espacio muy cálido y perfumado por un sahumerio de NagChampa (el sahumerio de las tortas, nah!!!!). Nos fuimos presentando: fulana, ama de casa y apenas embarazada; sultanita, docente; menganita, farmaceútica; Elvirita, ya sabemos; y ella, la profe, que cómo se iba a llamar!? Selva. Ah no! a mí con esas cosas no! Cómo te vas a llamar Selva! No lo digo por feo, es muy bello pero es demasiado sugerente para una mente inquieta como la mía.
La clase dura una hora y media y cuando termina tomamos un té sentadas en otra habitación llena de almuhadones, puff, dos mesas bajas y con rincones llenos de souvenirs y/o imágenes u objetos relacionados con el yoga, la meditación.
Selva: cabello castaño, corto (bien corto); uñas cortas (no mordidas); un cuerpo esculpido que quería escapar de la malla y la calza.
Ahora estoy intentando ver qué me puedo hacer de comer antes de ir a mi oficina. Un tomate, un huevo, zanahoria, cebolla y atún. Listo, ensalada. Pero mientras estoy en esto mi cabeza anda por otra parte, repitiendo mentalmente sus gestos, revisando su tranquilidad.
Selva, y sí, se cae de maduro, del árbol de la sabiduría, de mi biblioteca mental:
"A mitad del camino de la vida,
en una selva oscura me encontraba
porque mi ruta había extraviado.
¡Cuán dura cosa es decir cuál era
esta salvaje selva, áspera y fuerte
que me vuelve el temor al pensamiento!
Es tan amarga casi cual la muerte;
mas por tratar del bien que allí encontré,
de otras cosas diré que me ocurrieron.
Yo no sé repetir cómo entré en ella
pues tan dormido me hallaba en el punto
que abandoné la senda verdadera."
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martes, mayo 13, 2008
Martes 13
.... No te cases ni te embarques dice el dicho. ¿casarme? Ni loca. ¿Embarcarme? Hmmm, podría ser. Quizá embarcarme en una aventura.
Pero bueno, sí, puedo escuchar y leer las preguntas: cómo estás, ché? y en qué andás? Te seguís tirando minitas (vaya expresión); te siguen gustando las pendex?
*suspiro profundo*. Elvirita sigue aquí, en un proceso interno que no llega a descifrar, porque su clave es el amor, es la pasión, el amor-pasión, y toda la teoría que se puede versear al respecto.
¿Ustedes se re-leen? Yo lo vengo haciendo, quizá para lograr el tan famoso feed-back (¿alimentar-atrás?) No, bestia: retro-alimentación que no es lo mismo. Vamos nena! si sabemos que sabés varios idiomas, que sos experta con la lengua, oh! perdón, que sos experta en varias lenguas (la embarré más, no?).
En fin: re-leerse es un fiasco, un garrón, un bajón; pero si la autoestima anda por el piso, qué mejor que leer los propios momentos de gloria, no tan llenos de dolores (ver para ambos sustantivos, la lista del índice).
Martes 13: una película de terror en todos los sentidos. ¿Mi película? Aún en Santa Lucía; yendo de aquí para allá; pero empezando a escribir como realmente se me antoja, sin censuras de ningún tipo, porque una a veces se auto-censura por miedo "alquedíran". Y yo no soy así, o intento no serlo.
¿Embarcada? Y sí, quién te dice.
Tags: lesbianas, lesbiana, argentina, romance, amor, erotica, deseo, pasion
Pero bueno, sí, puedo escuchar y leer las preguntas: cómo estás, ché? y en qué andás? Te seguís tirando minitas (vaya expresión); te siguen gustando las pendex?
*suspiro profundo*. Elvirita sigue aquí, en un proceso interno que no llega a descifrar, porque su clave es el amor, es la pasión, el amor-pasión, y toda la teoría que se puede versear al respecto.
¿Ustedes se re-leen? Yo lo vengo haciendo, quizá para lograr el tan famoso feed-back (¿alimentar-atrás?) No, bestia: retro-alimentación que no es lo mismo. Vamos nena! si sabemos que sabés varios idiomas, que sos experta con la lengua, oh! perdón, que sos experta en varias lenguas (la embarré más, no?).
En fin: re-leerse es un fiasco, un garrón, un bajón; pero si la autoestima anda por el piso, qué mejor que leer los propios momentos de gloria, no tan llenos de dolores (ver para ambos sustantivos, la lista del índice).
Martes 13: una película de terror en todos los sentidos. ¿Mi película? Aún en Santa Lucía; yendo de aquí para allá; pero empezando a escribir como realmente se me antoja, sin censuras de ningún tipo, porque una a veces se auto-censura por miedo "alquedíran". Y yo no soy así, o intento no serlo.
¿Embarcada? Y sí, quién te dice.
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Gloria
viernes, octubre 19, 2007
Primavera
En la galeria se respiran los nuevos perfumes de la primavera. Hacía mucho q no tomaba la portátil para escribir algo que esté relacionado conmigo. Hace mucho que no hago nada realmente por mí.
Dejar de llorar por los rincones, dejar de correr por el trabajo; dejar de amar o volver a amar.
Las manos me pesan, los dedos, la cabeza. Es como si saliera de un largo embotamiento.
Pero la primavera, ah, la primavera parece tener un aire curativo casi definitivo.
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Dejar de llorar por los rincones, dejar de correr por el trabajo; dejar de amar o volver a amar.
Las manos me pesan, los dedos, la cabeza. Es como si saliera de un largo embotamiento.
Pero la primavera, ah, la primavera parece tener un aire curativo casi definitivo.
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miércoles, febrero 14, 2007
sábado, diciembre 30, 2006
viernes, diciembre 29, 2006
Ensalada de frutas
Renata está en la galería. Está en bikini, bordó. Renata está descalza en la galería junto a una mesa cubierta por frutas de todos colores, rebosantes de ardientes aromas.
Renata está, en la galería, descalza. Me mira y me dice: ¿quéres? El durazno partido al medio le empapa la mano con su licor. Le digo que sí, se acerca y me da un pedacito.
- A ver, abra la boquita. La miro y empiezo a reirme.
- No, nada de risa que después se atraganta y le tendré que hacer respiración boca a boca.
- Así me vas a matar, le digo, atragantada y vos bombeándo! Sos loca!
Me da otro pedacito de durazno y así la fruta va despareciendo de su mano; se quiere ir pero no la dejo. Me llevo su mano a la boca, apenas saco la lengua y voy recogiendo el licor del durazno, veo que ella se eriza; veo cómo se van poniéndo erguidos. Voy chupando cada uno de sus dedos, y dejo que ellos jueguen en mi boca, con mi lengua.
Nos miramos, y ella se sienta sobre mis piernas y nos quedamos suspendidas en un largo y profundo y dulce beso.
- Bueno, dice, debo seguir practicando la ensalada de frutas para la cena del domingo, y después podemos practicar la despedida del año me dice guiñando un ojo.
Me deja allí, sentada en la reposera, con un libro que quedó casi debajo del respaldo inclinado, me deja con mi soledad interna, con las ganas y esta fiaca de casi fin de año.
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Renata está, en la galería, descalza. Me mira y me dice: ¿quéres? El durazno partido al medio le empapa la mano con su licor. Le digo que sí, se acerca y me da un pedacito.
- A ver, abra la boquita. La miro y empiezo a reirme.
- No, nada de risa que después se atraganta y le tendré que hacer respiración boca a boca.
- Así me vas a matar, le digo, atragantada y vos bombeándo! Sos loca!
Me da otro pedacito de durazno y así la fruta va despareciendo de su mano; se quiere ir pero no la dejo. Me llevo su mano a la boca, apenas saco la lengua y voy recogiendo el licor del durazno, veo que ella se eriza; veo cómo se van poniéndo erguidos. Voy chupando cada uno de sus dedos, y dejo que ellos jueguen en mi boca, con mi lengua.
Nos miramos, y ella se sienta sobre mis piernas y nos quedamos suspendidas en un largo y profundo y dulce beso.
- Bueno, dice, debo seguir practicando la ensalada de frutas para la cena del domingo, y después podemos practicar la despedida del año me dice guiñando un ojo.
Me deja allí, sentada en la reposera, con un libro que quedó casi debajo del respaldo inclinado, me deja con mi soledad interna, con las ganas y esta fiaca de casi fin de año.
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jueves, diciembre 28, 2006
Reconectándome
Recién ahora puedo describir y muy lentamente. El ayuno fue estupendo, tuve ciertas revelaciones que sospecho me ayudarán a seguir adelante, pero recién puedo volver a escribir ya que me caí, me doblé la muñeca, y bien, terminé con un yeso que duró hasta hace unos días atrás.
Rehabilitación por medio, vuelvo a reencontrarme con mis palabras, aquellas que pueden dibujarme entre la niebla, entre la luz.
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Rehabilitación por medio, vuelvo a reencontrarme con mis palabras, aquellas que pueden dibujarme entre la niebla, entre la luz.
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viernes, noviembre 10, 2006
Amaneceres
No sé si alguna vez lo dije, pero me gusta ver amanecer. Hay un aire especial en esa hora en que el cielo va cediendo a las diversas tonalidades de rojo, luego la ceguera del sol, y luego el azul brillante, si es que no hay nubes.
No sé si alguna vez lo dije, pero me gusta mucho hacer el amor por la mañana, parece que tengo el motor encendido, que hay algo que me quema en mi interior. No todas las personas con las que he compartido un amanecer coinciden con esas ganas, pero a veces se me da, y es una especie de aleluya, como decía Lispector.
No sé si alguna vez lo dije, pero me fascina que me hablen en otra lengua, al amanecer, mientras la cortina se mueve al ritmo de un viento extranjero, y percibo una caricia foránea sobre mis pechos.
No sé si alguna ves lo dije, pero deseo poder ser feliz, completamente feliz, no sólo al amanecer, estando sola o acompañada.
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No sé si alguna vez lo dije, pero me gusta mucho hacer el amor por la mañana, parece que tengo el motor encendido, que hay algo que me quema en mi interior. No todas las personas con las que he compartido un amanecer coinciden con esas ganas, pero a veces se me da, y es una especie de aleluya, como decía Lispector.
No sé si alguna vez lo dije, pero me fascina que me hablen en otra lengua, al amanecer, mientras la cortina se mueve al ritmo de un viento extranjero, y percibo una caricia foránea sobre mis pechos.
No sé si alguna ves lo dije, pero deseo poder ser feliz, completamente feliz, no sólo al amanecer, estando sola o acompañada.
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martes, noviembre 07, 2006
Reencuentro
Su cuerpo se deshizo en mis dedos, en mi boca. Fue el bocado exquisito de estos últimos días. Renata, puro fuego de vuelta, puro torbellino. ¿Cómo explicar esta alegría, este estado tonto?
A veces me digo: no tiene sentido, cuando estás feliz, ponerte a escribir. ¿Para qué? ¿Qué se puede fijar de la alegría? Todo es volátil, pasajero, pero de seguro deja sus marcas, al menos en la comisura de la boca: esa marca de que allí hubo, al menos, una sonrisa por algún tiempo.
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A veces me digo: no tiene sentido, cuando estás feliz, ponerte a escribir. ¿Para qué? ¿Qué se puede fijar de la alegría? Todo es volátil, pasajero, pero de seguro deja sus marcas, al menos en la comisura de la boca: esa marca de que allí hubo, al menos, una sonrisa por algún tiempo.
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miércoles, noviembre 01, 2006
El agujero interior
Nada de filosofía barata, pero sí tirar la piña en otra dirección. “Language is a virus”, we all know it, y así y todo lo seguimos usando, nos seguimos contaminando, nos seguimos enamorando, seguimos seduciendo con él.
Estos días me las pasé comiendo torta, pequeñas porciones para que me duren hasta que vuelva Renata (fantasía de comer el último pedacito con ella), y escribiendo cartas a gente amiga que hace mucho que no veo. Sí, se me dio por agarrar la vieja Parker, conseguirle un cartucho, comprar un par de blocks y sentarme en el patio a escribirlas.
La sensación fue muy extraña. Fui contando fragmentos de mi vida (como todo lo que se puede contar es fragmentario). Fui poniendo al día a gente que hace mucho que no sabe de mí. Me fui poniendo al día conmigo misma.
Estuve acomodando la casa, aprovechando mi ser solitario; salí a caminar también. No falta mucho para que vuelva Renata. Quedamos en que no nos llamaríamos, que queríamos ver qué nos pasaba con ese silencio, con esta pequeña distancia. Me pareció y me parece una buena decisión. Sigo observándome.
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Estos días me las pasé comiendo torta, pequeñas porciones para que me duren hasta que vuelva Renata (fantasía de comer el último pedacito con ella), y escribiendo cartas a gente amiga que hace mucho que no veo. Sí, se me dio por agarrar la vieja Parker, conseguirle un cartucho, comprar un par de blocks y sentarme en el patio a escribirlas.
La sensación fue muy extraña. Fui contando fragmentos de mi vida (como todo lo que se puede contar es fragmentario). Fui poniendo al día a gente que hace mucho que no sabe de mí. Me fui poniendo al día conmigo misma.
Estuve acomodando la casa, aprovechando mi ser solitario; salí a caminar también. No falta mucho para que vuelva Renata. Quedamos en que no nos llamaríamos, que queríamos ver qué nos pasaba con ese silencio, con esta pequeña distancia. Me pareció y me parece una buena decisión. Sigo observándome.
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Soledades
domingo, octubre 29, 2006
Torta special
Cuando abrí la puerta no lo podía creer. Era de una pandería y me traían una torta.
Fui hasta la cocina, abrí el paquete, y sobre la cobertura de chocolate blanco decía: “No me olvides”, abrí la tarjeta y leí: “Te amo, Renata”.
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Fui hasta la cocina, abrí el paquete, y sobre la cobertura de chocolate blanco decía: “No me olvides”, abrí la tarjeta y leí: “Te amo, Renata”.
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Renata
sábado, octubre 28, 2006
Ser solitario (II)
¿Significa algo tener la casa para “una sola”? ¿Significa algo servirte un Syrah y tirarte en tu sofá preferido y leer a la Yourcenar? ¿Qué “fuegos” arden, mi amor, cuando el sentido de la vida está lejos, o confuso, u olvidado? ¿Qué arde en mí, tan lejana, tan cosa, tan helado de sambayón al whisky? ¿Qué se va quemando, de a poco y que me ahoga como el haschís aquí adentro, muy adentro? Poné, poné tu mano, sentí: la nada. Pero hace tic-tac. La nada, la náusea ¿de golpe sartreana? De Marguerite a Jean Paul (y no el alemán, justamente)? No. Dejo que ella, Yourcenar me queme; me quema con su “treta del débil”, me quema y me hace pensar en todas las mujeres que amé, en todas las mujeres que ¿amo?
Hmm, el libro cae, lo dejo que se vaya, dejo la copa a un lado, me estiro, intento encontrarme, pensarme. Hmm. El cuerpo tieso se va relajando, la mano busca debajo de la camisa el pezón, lo acaricia, intenta que surja de su nada de soledad. Puedo sentir cómo se levanta, cómo choca contra mi dedo. Mi otra mano va hacia abajo, por debajo del short, juega con los vellos. Trato de sincronizar el movimiento. Descubro que ya estaba mojada ¿la metafísica excita? Me voy dando vuelta de a poco, cuidando de no caerme. Mi dedo sabio ya encontró su camino, lo recorre, acaricia la rosa más preciada, la más profunda. Siento algo de electricidad, una sacudida. Siento que puedo empezar a dar vueltas como una calesita, siento que el vértigo está ahí nomás; siento... que ... acaban de tocar el timbre.
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Hmm, el libro cae, lo dejo que se vaya, dejo la copa a un lado, me estiro, intento encontrarme, pensarme. Hmm. El cuerpo tieso se va relajando, la mano busca debajo de la camisa el pezón, lo acaricia, intenta que surja de su nada de soledad. Puedo sentir cómo se levanta, cómo choca contra mi dedo. Mi otra mano va hacia abajo, por debajo del short, juega con los vellos. Trato de sincronizar el movimiento. Descubro que ya estaba mojada ¿la metafísica excita? Me voy dando vuelta de a poco, cuidando de no caerme. Mi dedo sabio ya encontró su camino, lo recorre, acaricia la rosa más preciada, la más profunda. Siento algo de electricidad, una sacudida. Siento que puedo empezar a dar vueltas como una calesita, siento que el vértigo está ahí nomás; siento... que ... acaban de tocar el timbre.
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viernes, octubre 27, 2006
Skin deep
Siempre me llamó la atención que esa frase significara: superficial; por extensión aquello que no es más profundo que la misma piel; aquello que no es profundo at all.
Skin tuya sin mí; deep en la garganta azul del mundo; fucking gris como el rescoldo de la memoria. Sola, skin; deep sin vos. Me dejás, te vas, te vas a otros brazos, más amorosos ¿quizás? Fuego, agua; maternidad sostenida sólo por la teta.
Sin skin voy, andando; fucking verde de estas plantas que riego ¿o son mis lágrimas?
Casandra, ya nadie te escucha, y si lo hacen no te entienden. No hay grito peor: el que sale deep del ombligo.
Don’t break my heart. I U SHE canta Peaches, come on baby let’s go. Don’t break my glass ball. I want I nEEd to see the future: only skin deep miles away from home.
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Skin tuya sin mí; deep en la garganta azul del mundo; fucking gris como el rescoldo de la memoria. Sola, skin; deep sin vos. Me dejás, te vas, te vas a otros brazos, más amorosos ¿quizás? Fuego, agua; maternidad sostenida sólo por la teta.
Sin skin voy, andando; fucking verde de estas plantas que riego ¿o son mis lágrimas?
Casandra, ya nadie te escucha, y si lo hacen no te entienden. No hay grito peor: el que sale deep del ombligo.
Don’t break my heart. I U SHE canta Peaches, come on baby let’s go. Don’t break my glass ball. I want I nEEd to see the future: only skin deep miles away from home.
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domingo, octubre 22, 2006
Cena con la Lectora
Fue en casa, y junto a Renata. Quería que Andrea conociera la nueva casa, que viera cómo había quedado mi nuevo escritorio, que reconociera por allí algunos regalitos que me hizo.
Renata hizo de más que anfitriona, y noté que se esforzaba mucho por querer hacer ver que somos “una pareja”. La dejé hacer, no quise oponerme, eso somos, en eso estamos. Andrea no terminaba de entender bien qué pasaba allí, y creo que tampoco se creyó mucho lo de “la pareja”.
A Renata le conté a grosso modo qué había sucedido entre la lectora y yo; qué espacio ocupó en un tiempo de mi vida. La preocupación de Renata es que no era justamente en mi prehistoria, pero sí un tiempo algo cercano. La tranquilicé diciéndole que ya fue, que por eso quería que ella compartiera esa cena.
Andrea nos contó sus andanzas en México, cómo se enganchó con la causa de Ciudad Juárez; que empezó a escribir una novela; que todo este tiempo estuvo sola.
- En México y sola? no te puedo creer dijo Renata, con todas las lesbianas que hay por allí.
- Sí, quizá sea así, pero tal vez no encontré la que sea para mí. Me gusta la soledad y me la banco, no quiero estar por alguien por estar, le contestó de una forma que me congeló el estómago.
- Con Elvira estuvimos charlando sobre hacer un viaje, y unos de los posibles lugares es ese país, pero sus costas, las playas, le dijo. Yo quiero descansar, dijo Renata, ella quiero ver cosas culturales, librerías, bibliotecas. Yo también, además allá hay toda una tradición en títeres de papel, pero si quiero descansar, quiero hacer eso.
- Es un país muy bello, dijo Andrea. Les fascinaría, y de hecho, si ando por allá de nuevo, cuenten con mi espacio en el DF, al menos.
- Gracias Andrea, dije, pero apenas estamos empezando a planear esto de viajar juntas; ya sabés mi ser solitario se opone aún un poco a eso, dije sonriéndoles a ambas; y para mi sorpresa Andrea me respondió mirándome directo a los ojos: “No te vendría mal alguna vez dejarte llevar, dejarte llevar por el deseo de la otra. Eso no matará tu “ser solitario”.
Renata hizo de más que anfitriona, y noté que se esforzaba mucho por querer hacer ver que somos “una pareja”. La dejé hacer, no quise oponerme, eso somos, en eso estamos. Andrea no terminaba de entender bien qué pasaba allí, y creo que tampoco se creyó mucho lo de “la pareja”.
A Renata le conté a grosso modo qué había sucedido entre la lectora y yo; qué espacio ocupó en un tiempo de mi vida. La preocupación de Renata es que no era justamente en mi prehistoria, pero sí un tiempo algo cercano. La tranquilicé diciéndole que ya fue, que por eso quería que ella compartiera esa cena.
Andrea nos contó sus andanzas en México, cómo se enganchó con la causa de Ciudad Juárez; que empezó a escribir una novela; que todo este tiempo estuvo sola.
- En México y sola? no te puedo creer dijo Renata, con todas las lesbianas que hay por allí.
- Sí, quizá sea así, pero tal vez no encontré la que sea para mí. Me gusta la soledad y me la banco, no quiero estar por alguien por estar, le contestó de una forma que me congeló el estómago.
- Con Elvira estuvimos charlando sobre hacer un viaje, y unos de los posibles lugares es ese país, pero sus costas, las playas, le dijo. Yo quiero descansar, dijo Renata, ella quiero ver cosas culturales, librerías, bibliotecas. Yo también, además allá hay toda una tradición en títeres de papel, pero si quiero descansar, quiero hacer eso.
- Es un país muy bello, dijo Andrea. Les fascinaría, y de hecho, si ando por allá de nuevo, cuenten con mi espacio en el DF, al menos.
- Gracias Andrea, dije, pero apenas estamos empezando a planear esto de viajar juntas; ya sabés mi ser solitario se opone aún un poco a eso, dije sonriéndoles a ambas; y para mi sorpresa Andrea me respondió mirándome directo a los ojos: “No te vendría mal alguna vez dejarte llevar, dejarte llevar por el deseo de la otra. Eso no matará tu “ser solitario”.
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Mi pasado me condena,
Renata,
Se dice de mí
martes, octubre 17, 2006
La cotidiana
A ver, cómo lo puedo decir. Sí, con Renata estamos en la cotidiana: ver quién hace qué en la casa (hablo de la mía, ya que es ella la que más se desplaza para acá), ni hemos hablado de convivir 24 horas y siete días a la semana, la que suscribe cree que no sobreviviría. Pero aquí estamos: que la que cocina no lava los platos; que quien limpia el patio; cómo hacemos con la ropa de cama y el baño; en fin, esas menudencias que denuncian una vida en común, por más limitada que esté. A veces no deja de darme un escalofrío cuando me pesco a mí misma haciendo gestos que pueden llegar a parecer los de una pareja bien conformada. No sé. Sospecho que es así la vida, pero no puedo dejar de reconocerme como una mujer de acción.
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Mi pasado me condena,
Renata
jueves, octubre 12, 2006
Preocupación de una amiga
Una amiga, de casi mi misma edad, fue a un cumpleaños, la estaba pasando bien hasta que comenta en cierto punto de la reunión: “Claro, cuando yo terminé el secundario en el 82, bla bla bla”, y la chica que estaba a su lado se empezó a reir, y le dijo: “Es el año en que yo nací”.
Mi amiga me dijo: “Ay Elvira, qué podía hacer ante esa realidad, esa piba nacía cuando yo estaba terminando el secundario”, y suspiró: “No puede hacer nada, de nada, y eso que me hubiera perdido en esos labios que me trajeron a la realidad de golpe. La hubiera comido a besos, pero no pude decirle nada”.
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Mi amiga me dijo: “Ay Elvira, qué podía hacer ante esa realidad, esa piba nacía cuando yo estaba terminando el secundario”, y suspiró: “No puede hacer nada, de nada, y eso que me hubiera perdido en esos labios que me trajeron a la realidad de golpe. La hubiera comido a besos, pero no pude decirle nada”.
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¿Cuestión de edad?
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