Me bajé en Plaza Italia para hacer tiempo. Siempre llego temprano, no puedo evitarlo.
Toqué el portero,; un voz grave me atendió, abrió y subí al tercer piso. Lo sabía: no había llegado nadie. Antes de darle la mochila, saqué el paquete con los libros. Literalmente Sonia tiró mi campera que le había dado antes para abrilo. Apenas vio el de Baudelaire, buscó entre las páginas y mirándome fijamente empezó a “leer” en un precioso francés:
“Hippolyte, ô ma soeur! tourne donc ton visage,
Toi, mon âme et mon coeur, mon tout et ma moitié,
Tourne vers moi tes yeux pleins d'azur et d'étoiles!
Pour un de ces regards charmants, baume divin,
Des plaisirs plus obscurs je lèverai les voiles,
Et je t'endormirai dans un rêve sans fin!"
Mais Hippolyte alors, levant sa jeune tête:
- "Je ne suis point ingrate et ne me repens pas,
Ma Delphine, je souffre et je suis inquiète,
Comme après un nocturne et terrible repas.”
No leía, recitaba de memoria, ya que no me despegó los ojos hasta que decidió parar. Entonce tomó el otro libro y me dijo: genial! este no lo tenía. Tengo, el segundo de Macky, “Inferno”, el primero imposible conseguirlo. Prometí hacerle una copia del mío.
Me hizo seguirla para dejar mi bolso y mochila y campera en su cuarto. Olía a vainilla y gengibre. Dejé todo sobre un sofá azul oscuro y cuando me di vuelta casi me la llevo por delante.
- ¿Qué pasa? le dije.
- Nada, nada, miraba cómo acomodabas las cosas.
Y salió rumbo a donde tiene el portero porque estaba sonando. Fuimos como 10 mujeres y un par de chicos gay. La noche pasó, pero por alguna razón mi cabeza andaba en otras cosas… o bien andaba en ella… Entre las otras invitadas estaba Amanda, mi amiga del alma que es amiga de Sonia, pero que no sabía que nosotras habíamos empezado a intercambiar mensajes a partir de conocernos en uno de sus cumpleaños.
- ¿Qué hacés vos acá?
- Sonia me invitó, dije calma.
- ¿A vos?
- Sí, y a vos y al resto de esta gente. ¿qué pasa?
- No pasa nada, dice Amanda, o vos decime ¿pasa algo?
- Andá y relajate un poco querés. No dejés que las porteñas te peguen su locura.
- No seas reventada! ¿no me perdonás que casi viva acá?
- No, le digo seria, y luego la abrazo fuerte. Te quiero y te extraño por allá.
La noche fue pasando, el vino fue pasando, la cerveza para las más jóvenes fue pasando, unas ricas picaditas fueron pasando, hasta que me di cuenta de que quedaba yo sola. Mientras le ayudaba a llevar cosas a la cocina le pedí a Sonia que me llamara un radiotaxi y si me podía pasar mis cosas así me podía ir.
- ¿Ir? ¿a dónde?, me pregunta sorprendida.
- A la terminal. Seguro encuentro un bus para Rosario y de allí empalmo a Santa Lucía.
- ¿A esta hora? ¿Vos estás loca?
- No, bueno, quizá un poco, pero está bueno viajar cerca del amanecer…
- ¿Un domingo? Sabés que te podés quedar, hay lugar como habrás visto.
La que mira sorprendida soy yo ahora.
- Gracias, pero mejor me voy. Así podés descansar.
- No, vos te quedás. Dale! y a la tarde, cuando nos levantamos vamos a comer por allí o a tomar mates a un parque, o no nos levantamos y listo, largó con una carcajada contagiosa.
- No, gracias!! jaja. Mejor voy a buscar mis cosas, le digo.
- Están en mi cuarto, si vas te encierro con ellas adentro y no te dejo salir, dejó de lavar un plato y con las manos llenas de detergente se vino hacia mí, me agarró la cara y me estampó un beso. Sí. Me estampó un beso, tipo estampilla especial, de esas que no se despegan nunca o parecen no despegarse y marcan un evento que vos sabés es especial: fecha patria o la venida del Papa.
Sentí la presión de sus labios besando despacio pero firme, sentí cómo se acercaba su cuerpo al mío; sentí cómo su lengua comenzaba a presionar para pasar el cerco de mis labios incrédulos, sentí cómo mis manos comenzaban a jugar con su cabello corto, en su nuca, sentí el agua jabonosa corriendo por mi cuello, mojándome la camisa. Sentí que no había opción. Y me quedé.
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sábado, abril 10, 2010
All tomorrow’s parties
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viernes, agosto 25, 2006
Viernes de pizzas y vino
Fue idea de Renata. La siento abajo, en la cocina, y puedo percibir el aroma de la masa para las pizzas. Se le ocurrió que quería hacer pizzas caseras, beber buen vino, e invitar a una amigas. Si la noche da: pictionary o scrabel.
La dejé hacer. Vimos con quiénes queríamos estar, compartir esta primera cena social. Suena raro, pero es así. Vendrán: Amanda, Sara, Lydia, Cris y Patricia (las últimas tres amigas de ella) y que parecen buenas minas.
Todo va tranquilo, como un ríachuelo manso de las sierras; todo va a fuego lento como un buen guiso de invierno: esos en que el sabor de cada uno de sus elementos se va impregnando, se van mixturando.
Amor marmita. Amor cocina.
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La dejé hacer. Vimos con quiénes queríamos estar, compartir esta primera cena social. Suena raro, pero es así. Vendrán: Amanda, Sara, Lydia, Cris y Patricia (las últimas tres amigas de ella) y que parecen buenas minas.
Todo va tranquilo, como un ríachuelo manso de las sierras; todo va a fuego lento como un buen guiso de invierno: esos en que el sabor de cada uno de sus elementos se va impregnando, se van mixturando.
Amor marmita. Amor cocina.
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domingo, julio 09, 2006
Independencia
Hogar dulce hogar. Todo desparramado; cajas y más cajas. Amigas y amigos trajinando, ayudándome a subir la cama hasta el segundo nivel de la casa, chistes sobre si esa cama hablara, indirectas sobre mi soledad de los últimos meses, mi estado casi monjeril.
Renata miraba, observaba. No sabía si reirse o no. Quiero terminar de estar en la nueva casi y poder darle una respuesta, mejor dicho, dármela a mí misma. Siguiendo con la imagen del aroma, Renata es un aroma nuevo, una especie de chocolate exclusivo. Menos mal que no me escucha ni lee ninguna de mis amigas, me dirían: estás hasta los ovarios. Y no es tan así, no es exactamente igual a como fue con Melisa: dos animales salvajes comiéndonos el mundo. Creo que aquí es diferente, ella es diferente, y yo estoy haciendo un trabajo intenso en mi interior para no desbocarme, para no arruinar nada. No calculo, voy con cuidado.
Dentro de un rato llegará Amanda con el locro prometido, y también el resto de la gente. Me insistieron mucho para hacer una especie de pre-fiesta de inauguración.
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Renata miraba, observaba. No sabía si reirse o no. Quiero terminar de estar en la nueva casi y poder darle una respuesta, mejor dicho, dármela a mí misma. Siguiendo con la imagen del aroma, Renata es un aroma nuevo, una especie de chocolate exclusivo. Menos mal que no me escucha ni lee ninguna de mis amigas, me dirían: estás hasta los ovarios. Y no es tan así, no es exactamente igual a como fue con Melisa: dos animales salvajes comiéndonos el mundo. Creo que aquí es diferente, ella es diferente, y yo estoy haciendo un trabajo intenso en mi interior para no desbocarme, para no arruinar nada. No calculo, voy con cuidado.
Dentro de un rato llegará Amanda con el locro prometido, y también el resto de la gente. Me insistieron mucho para hacer una especie de pre-fiesta de inauguración.
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domingo, mayo 01, 2005
Comiendo en lo de Amanda
Qué lindo dormir hasta tarde, y levantarse para ir a comer a otro lugar. NO tener que hacer nada en la casa. Muy bueno para un domingo.
Acabo de llegar de lo de Amanda. Me invitó a comer locro, casero. Excelente, y muy liviano. Ella le pone de todo, pero nunca te cae mal.
Amanda estaba como loca, quería saber T-O-D-O, y que cómo se tenía que enterar por Sara y etc.
Cuando terminé de contarle todo lo que ustedes ya saben, salvo algunos detalles o datos que no he dado por aquí, Amanda se me quedó mirando.
- Mirá. ¿Cuántos años hacen que nos conocemos? ¿Más de 20?
- Y sí, por ahí andamos.
- Es la primera vez que te noto hablar como una “enamorada”.
- ....
- Sí, no te hagás la boluda. Sabés a qué me refiero. Al menos es la primera vez que te escucha hablar así desde la historia con Inés.
- No empecemos...
- No, no empiezo, pero ya sabés qué pienso.
- Sí... que la dejé ir.
- Y más cosas, que ahora no vienen al caso. Y por eso te quiero decir esto, si a esta piba la querés o ves que te estás enamorando o que puede ir en serio, por favor, no la dejés, no la espantés. Tenés esa extraña capacidad de destruir lo bueno que te pasa.
- Ah, gracias, sos una amiga.
- ¿Me equivoco? ¿Qué pasó con Inés? Tu maldito orgullo.
- Cortala que se pudre todo.
- Yo la corto, pero no quiero que te sigas haciendo mierda, y en este caso que la hagas mierda a Melisa. Por poco la vi crecer.
- Otro palo más ¿no?
- No. Lo de la edad es bien relativo. Pero espero que todo ande bien.
- Ay Amandita, para mí la edad no es poca cosa. Melisa me está dando un nuevo aire que respirar, pero es joven, y planea irse a vivir a otro lado cuando se reciba. Puede aparecer otra mujer.
- Basta. Pará. ¿Estás bien con ella?
- Sí. Muy bien, te diría.
- Entonces no pensés tanto en el futuro. Pero ayudalo un poco y que ese poco sea bueno.
Se me acercó y me abrazó muy fuerte.
- ¿Cuando se vuelven a ver?
- Creo que esta noche. Quedé en llamarla.
Acabo de llegar de lo de Amanda. Me invitó a comer locro, casero. Excelente, y muy liviano. Ella le pone de todo, pero nunca te cae mal.
Amanda estaba como loca, quería saber T-O-D-O, y que cómo se tenía que enterar por Sara y etc.
Cuando terminé de contarle todo lo que ustedes ya saben, salvo algunos detalles o datos que no he dado por aquí, Amanda se me quedó mirando.
- Mirá. ¿Cuántos años hacen que nos conocemos? ¿Más de 20?
- Y sí, por ahí andamos.
- Es la primera vez que te noto hablar como una “enamorada”.
- ....
- Sí, no te hagás la boluda. Sabés a qué me refiero. Al menos es la primera vez que te escucha hablar así desde la historia con Inés.
- No empecemos...
- No, no empiezo, pero ya sabés qué pienso.
- Sí... que la dejé ir.
- Y más cosas, que ahora no vienen al caso. Y por eso te quiero decir esto, si a esta piba la querés o ves que te estás enamorando o que puede ir en serio, por favor, no la dejés, no la espantés. Tenés esa extraña capacidad de destruir lo bueno que te pasa.
- Ah, gracias, sos una amiga.
- ¿Me equivoco? ¿Qué pasó con Inés? Tu maldito orgullo.
- Cortala que se pudre todo.
- Yo la corto, pero no quiero que te sigas haciendo mierda, y en este caso que la hagas mierda a Melisa. Por poco la vi crecer.
- Otro palo más ¿no?
- No. Lo de la edad es bien relativo. Pero espero que todo ande bien.
- Ay Amandita, para mí la edad no es poca cosa. Melisa me está dando un nuevo aire que respirar, pero es joven, y planea irse a vivir a otro lado cuando se reciba. Puede aparecer otra mujer.
- Basta. Pará. ¿Estás bien con ella?
- Sí. Muy bien, te diría.
- Entonces no pensés tanto en el futuro. Pero ayudalo un poco y que ese poco sea bueno.
Se me acercó y me abrazó muy fuerte.
- ¿Cuando se vuelven a ver?
- Creo que esta noche. Quedé en llamarla.
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