Mostrando las entradas con la etiqueta Natalie Barney (gata). Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Natalie Barney (gata). Mostrar todas las entradas

jueves, febrero 09, 2006

Atardecer

Hoy parecía el Principito, iba corriendo mi silla para poder seguir viendo el atardecer. Me agarró en mi patio, y luego me fui al living, y allí agarré la compu, la acomodé; después abrí una botella de Cabernet, y decidí comprender esta molestia que siento muy adentro, y que me quema. La noche está fresca, y estoy por abrir una segunda botella.
Encendí unas velas, unos sahumerios, y pedí algo para comer, no tengo ganas de cocinar esta noche.
Sólo pienso en una baño reparador antes de irme a acostar, sola. Y remarco el sola, porque hubiera tenido la oportunidad de no hacerlo y preferí que fuera así.
Esta tarde se presentó Bárbara en mi oficina y amenazó con venir y salir a comer. Yo le dije que no, que el viaje de vuelta me había cansado un poco, y que prefería estar unos días all by myself. Se fue poco convencida, pero entendiendo mis razones.
Llegar a Santa Lucía, después de casi dos semanas en Las Grutas es como volver a un pequeño infierno. Todo se sabe, todo se ve, todo se cuenta.
Ahh cansancio del pueblo chico, los pocos espacios donde se puede respirar. Y en esos pocos espacios, la mañana siguiente del día en que volvés te encontrás con tu anterior pareja o amante, que está con su nueva compañía.
Touchée. Sí. La ví a Melisa con la francesa. M. se puso colorada completamente, no sé si la otra me registró, pero el desayuno en La Mariposa terminó en un breve saludo a los chicos y la promesa de volver cuando ella no esté por allí.
Copa tras copa de vino es como cubrirme de seda, y a la vez desnudarme. Es como hacerme el amor por dentro, en esta soledad, que para qué lo voy a negar, no me gusta mucho. Pero hoy la elegí, y preferí no tener que fingir, que sonreir porque sí y hacer el amor con alguien que hoy no deseaba. No es que Bárbara no pueda estimularme (ella me gusta mucho), pero te juro que si la hubiera encontrado sola a M. quizá me hubiera zambullido de cabeza en esa locura nuevamente.
Pero hoy ví, sentí que esto realmente acabó, y que hay que trabajar en ese sentido. Ella por su lado, yo por el mío.
Natalie Barney viene y me lame un dedo, otro. La acaricio, es tan suave, y arisca ala vez, como su ex dueña, M. Ella justamente. Mi chica piercing, mi locura, mi amor perdido prohibido, me camino hacia.... el abismo.
Otra copa, mesera, así acabo con este dolor en la ducha, y conmigo misma.

domingo, diciembre 04, 2005

La lectora, mudanzas

Ayer al mediodía recibí un llamado de Andrea, la lectora. Después de los saludos esperables, me dijo que tenía que hablar conmigo.
Yo no tenía muchas ganas, por dos razones: una, estaba super ocupada, y segunda, no quería recaer en tentaciones. Insistió y le dije que sí, pero que iba a ser muy tarde, ya que tenía dos trabajos que supervisar. Finalmente nos encontramos a la madrugada de hoy, sí a las 1:30 de la mañana, y estuvimos hablando hasta eso de las 4 am. Ahora estoy que me caigo, pero cuando vi el reloj, que casi está por marcar las 16 hs. pensé: Andrea ya está rumbo a Rosario.
Sí, Andrea se va a lo de una amiga que vive allí hasta fin de año, y el 2 de enero está saliendo hacia México. Sí: dejó a su novio, dejó Santa Lucía y dejará el país en pocos días. ¿Razones?
- Me harté. No soporto más vivir en esta ciudad de mierda, donde todos te observan lo que hacés y dejar de hacer. Me cansé de la ambigüedad de las personas, de la gente careta. Me cansé de no poder encontrar una mina con la quien curtir tranquila, sin historias.
- ¿Una mina?, pregunté.
- Sí. Bueno, vos sabés que yo soy muy intelectual y eso, pero me gusta decirle mina a una mujer que me gusta.
- Claro. ¿Y cuándo te vas?
- Mañana zarpo hacia Rosario, y el 2 de enero al DF. No sé si me quedaré allí, veré qué pinta.
- Pero tenés una beca, algo?
- No, nada. Sólo un par de amigas que me hice vía chat y que me dijeron que quizá puedo enseñarle inglés a los gringos, y cosas así. Quiero dedicarme a escribir.
- Me parece refuerte la movida que vas hacer. Te deseo todo lo mejor, y que te portes muy mal.
Se sonrió. Nos abrazamos muy fuerte y nos dimos un buen beso, como para cerrar nuestra historia con un recuerdo dulce.

Cerré la puerta, y allí me quedé, mientras Natalie Barney me refregaba las piernas. Levanté las tazas de café, y me senté un rato en la cocina. Pensé en cómo van desapareciendo de mi vida personas a las que quiero, y cómo se van las personas jóvenes con las cuales, además de compartir el deseo, pude intercambiar un par de ideas, libros y hasta discos.
No soy, como leí en un blog, una vieja que se busca pendejas. Me sucedió esto en este último año. No soy roba cunas, no me ando haciendo la pendex. Ellas, Melisa y Andrea, llegaron a mi vida con una fuerza inusitada, dieron vuelta mi mundo, lo desarticularon, y me enseñaron cosas nuevas, y me dieron esperanzas.
Pero ahora se van. Melisa ya está en París, de nuevo; y Andrea con este viaje. Ojalá yo también pudiera armar el bolso y salir por allí, sin tiempo, sin espacio. Pero no puedo, aún no puedo.

Uff, para colmo toda esta sensación se mezcla con el estúpido espíritu navideño que ya el comercio impone en todas partes. Odio estas fechas. Odio estar tan sola, y no hablo de no estar rodeada de gente. Hablo de esa soledad, que no se va de ninguna manera. Salvo...