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lunes, septiembre 19, 2005

La lectora

Se fue a desayunar a La Mariposa, pero dijo que ya vuelve. Suelo verla desayunando y leyendo allí. Me había llamado la atención su forma de comer, de devorar los libros. Ya lo comenté en post anteriores.
Cuando entró a la librería se quedó sorprendida al verme, me saludó, y fue directo a una mesa de ofertas. Parecía buscar a Melisa, que es quien suele atender aquí. Noté que estaba incómoda, como perdida. A mí me suele pasar cuando cambian algo o deja de estar alguien en un lugar que frecuento.
Cuando se acercó con la pilita de libros, le respondí antes de que preguntara: “Estoy reemplazando a Melisa. Ella está de viaje”.
“Cierto. Sabía lo de su viaje, pero no la fecha en que se iría”, fue su respuesta, que por cierto me sonó algo dolida.
“Cuando está ella suelo dejarle lo que selecciono, voy al bar y luego vuelvo”.
“Sí, te he visto en el bar. Recordá que yo estoy hasta eso de las 13 hs., quizá un poco más, pero no más allá de las 14 hs.”
“Okey, entendido”. Antes de salir dio media vuelta y me preguntó: ¿Cuál es tu nombre?
- Marina, mentí.

martes, mayo 10, 2005

El albatros

Ayer, cuando salí de trabajar, en vez de cumplir con mi ritual capuccino me encaminé hacia el laburo de Melisa. Tenía mucho curiosidad de conocerlo.
Ella trabaja en una librería de usados y ocasión que tiene el baudeleriano nombre de “El albatros”; mientras tanto intenta ir consiguiendo trabajos relacionados con el diseño.
El lugar me gustó mucho. Ese aroma de papel y madera. Se puede decir que tiene onda. Los dueños son dos amigos gays de Melisa.
Estaba uno de ellos, que cuando me vio entrar (yo me había quedado mirando unos libros en la vidriera), exclamó: “Es ella. Seguro que es tu novia”. Esa frase me trajo temporariamente recuerdos de una noche que prefiero olvidar.
- Sí, es ella- dijo Melisa viniendo a mi encuentro.
- Hola amor, te presento a Roberto. Roberto te presento a ...
- Encantada, dije.
- Encantada, dijo. Ay sí, soy así, una loca que prefiere hablar en femenino.
Todas nos reíamos un rato, y para mi sorpresa (no sé bien por qué) Roberto comenzó a recitar un poema de Perlongher.

Nos quedamos charlando los tres, tomamos un café, hasta que R. se fue. Nos dejó solas y me puse a mirar qué había de bueno por allí. Cómo estaba armada, es decir, secciones, etc. Me gustan mucho los libros. Me siento que respiro entre ellos.
Melisa parece moverse como pez en el agua también. Entraron dos personas y a ambas les vendió varios títulos. Este era todo un lado suyo que desconocía. Fue como agregar una pieza la rompecabezas.
Estaba muy linda: de jeans, con una camisa tipo leñadora (qué vieja, no? para las referencias), como un pañuelito al cuello de color violeta, y ahh, ese perfume que me vuelve loca: Dune.
- Qué sorpresa el que hayas venido. Ya te estaba por mandar una invitación.
- No seas exagerada. Hace poco que nos conocemos, poco que salimos, poco que nos peleamos, poco que nos reconciliamos. ¿Qué más querés?
- A vos. Todo el tiempo a vos -se acercó y me dio un beso de lengua que me dejó... así.
- ¿Nos vemos esta noche?, le pregunté.
- Sí. Pasa a buscar las cosas por mi casa y voy.
- Te espero. Pero venite comida, no hay nada de nada en la heladera.
- Ok. Así será.

Aprovecho ahora que se está duchando. Escucho el agua caer sobre su cuerpo, el aroma del jabón; un poco del vino y del sahumerio que encendimos y bebimos me está dando ganas de, bueno, ir a ducharme, o directo a la cama. Y no sé.