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viernes, diciembre 29, 2006

Ensalada de frutas

Renata está en la galería. Está en bikini, bordó. Renata está descalza en la galería junto a una mesa cubierta por frutas de todos colores, rebosantes de ardientes aromas.
Renata está, en la galería, descalza. Me mira y me dice: ¿quéres? El durazno partido al medio le empapa la mano con su licor. Le digo que sí, se acerca y me da un pedacito.
- A ver, abra la boquita. La miro y empiezo a reirme.
- No, nada de risa que después se atraganta y le tendré que hacer respiración boca a boca.
- Así me vas a matar, le digo, atragantada y vos bombeándo! Sos loca!
Me da otro pedacito de durazno y así la fruta va despareciendo de su mano; se quiere ir pero no la dejo. Me llevo su mano a la boca, apenas saco la lengua y voy recogiendo el licor del durazno, veo que ella se eriza; veo cómo se van poniéndo erguidos. Voy chupando cada uno de sus dedos, y dejo que ellos jueguen en mi boca, con mi lengua.
Nos miramos, y ella se sienta sobre mis piernas y nos quedamos suspendidas en un largo y profundo y dulce beso.
- Bueno, dice, debo seguir practicando la ensalada de frutas para la cena del domingo, y después podemos practicar la despedida del año me dice guiñando un ojo.

Me deja allí, sentada en la reposera, con un libro que quedó casi debajo del respaldo inclinado, me deja con mi soledad interna, con las ganas y esta fiaca de casi fin de año.


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lunes, noviembre 13, 2006

Ayunando

Sí, comencé un par de días de ayuno, sólo beberé agua y algún que otro jugo de naranja. Necesito vaciar mi cuerpo, vaciar mis entrañas, dejar que se vaya cierta mierda acumulada. Ja. Vaya palabra: mierda, tan pequeña y tan fuerte.
Ayuno y meditación. Le pedí a Renata que me deje un par de días sola. Me miró raro, primero, pero después comprendió, la piba me tiene bien junada.
Quiero ir limpiando mis cuerpos, intentar verme de nuevo, llegar hasta mi ser interior, re-conquistar algo de paz.

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martes, noviembre 07, 2006

Reencuentro

Su cuerpo se deshizo en mis dedos, en mi boca. Fue el bocado exquisito de estos últimos días. Renata, puro fuego de vuelta, puro torbellino. ¿Cómo explicar esta alegría, este estado tonto?
A veces me digo: no tiene sentido, cuando estás feliz, ponerte a escribir. ¿Para qué? ¿Qué se puede fijar de la alegría? Todo es volátil, pasajero, pero de seguro deja sus marcas, al menos en la comisura de la boca: esa marca de que allí hubo, al menos, una sonrisa por algún tiempo.

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jueves, noviembre 02, 2006

Loneliness

La soledad puede hacer estragos o puede amigarte con vos misma. Todo depende de como la vayas tomando. La soledad, como su nombre de mujer lo indica, puede seducirte mortalmente; puede picarte en los ojos y en el corazón, pero el cuerpo arremete, el cuerpo arrastra.
Llamado de Renata: “Debo quedarme unos días más aquí; no te comas ninguna historia rara. Te amo. ¿Me extrañás?”.

Le agradecí la torta, le dije que la voy comiendo en tajadas finas, de a poco; que con cada mordisco voy recorriendo su cuerpo; que me detengo un poco más largamente en algunas de sus zonas.
Le dije que la extraño, le dije que también me gusta la soledad; le dije que estoy encerrada leyendo, escribiendo; le dije que le quiero hacer el amor; le dije que la deseo; le dije que me corté con dedo intentanto picar una cebolla; le dije que tengo ganas de tener una gata, de nuevo; le dije que no me olvide; le dije que por favor me perdone por todo lo que hice en el pasado más reciente.

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miércoles, noviembre 01, 2006

El agujero interior

Nada de filosofía barata, pero sí tirar la piña en otra dirección. “Language is a virus”, we all know it, y así y todo lo seguimos usando, nos seguimos contaminando, nos seguimos enamorando, seguimos seduciendo con él.
Estos días me las pasé comiendo torta, pequeñas porciones para que me duren hasta que vuelva Renata (fantasía de comer el último pedacito con ella), y escribiendo cartas a gente amiga que hace mucho que no veo. Sí, se me dio por agarrar la vieja Parker, conseguirle un cartucho, comprar un par de blocks y sentarme en el patio a escribirlas.
La sensación fue muy extraña. Fui contando fragmentos de mi vida (como todo lo que se puede contar es fragmentario). Fui poniendo al día a gente que hace mucho que no sabe de mí. Me fui poniendo al día conmigo misma.
Estuve acomodando la casa, aprovechando mi ser solitario; salí a caminar también. No falta mucho para que vuelva Renata. Quedamos en que no nos llamaríamos, que queríamos ver qué nos pasaba con ese silencio, con esta pequeña distancia. Me pareció y me parece una buena decisión. Sigo observándome.

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domingo, octubre 29, 2006

Torta special

Cuando abrí la puerta no lo podía creer. Era de una pandería y me traían una torta.
Fui hasta la cocina, abrí el paquete, y sobre la cobertura de chocolate blanco decía: “No me olvides”, abrí la tarjeta y leí: “Te amo, Renata”.

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viernes, octubre 27, 2006

Skin deep

Siempre me llamó la atención que esa frase significara: superficial; por extensión aquello que no es más profundo que la misma piel; aquello que no es profundo at all.
Skin tuya sin mí; deep en la garganta azul del mundo; fucking gris como el rescoldo de la memoria. Sola, skin; deep sin vos. Me dejás, te vas, te vas a otros brazos, más amorosos ¿quizás? Fuego, agua; maternidad sostenida sólo por la teta.
Sin skin voy, andando; fucking verde de estas plantas que riego ¿o son mis lágrimas?
Casandra, ya nadie te escucha, y si lo hacen no te entienden. No hay grito peor: el que sale deep del ombligo.
Don’t break my heart. I U SHE canta Peaches, come on baby let’s go. Don’t break my glass ball. I want I nEEd to see the future: only skin deep miles away from home.

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miércoles, octubre 25, 2006

Ser solitario

“Eso no matará tu ser solitario”, me dijo Andrea, y esa frase me quedó rondando estos días. Si dejarme llevar por el deseo de la otra no mata mi ser solitario, entonces ¿qué es lo que lo está matando? M siento casi como una vegetal, o una de esas plantas parásitas: adornan pero nada de nada. Siento que soy un adorno para la vida de Renata y siento que no estoy haciendo nada con la mía.
Trabajo, sí por cierto, y mucho. Leo, casi demasiado, pero me descubro escondiéndome detrás de los libros, de la computadora; me descubro encerrándome en mi escritorio, inventando excusas para no salir, para no estar mucho con Renata.
Ella se da cuenta, pero ha tomado esto como una especie de cruzada, y estas cosas no me agradan mucho. Ella se queda, en silencio, ronda la casa, en vez de ponerse con su cosas o ir a su lugar o salir con sus amistades. Me molesta tener que encerrarme en un cuarto de mi propia casa, cuando justamente decidí arreglar esta casa por lo espaciosa, por lo aireada, pero apenas traspaso la puerta del escritorio, allí está ella, toda sonrisa, con mates o café o cerveza cuando yo no le pedí nada, y se va transformando en una especie de sombra.
Si le digo algo, lo toma a mal, se pone a llorar, le pido disculpas e inexorablemente terminamos en la cama, haciendo (d)el amor algo desapasionado, para cumplir con las formas.
No estoy preparada para los rituales de las parejas comunes y corrientes, quizá no estoy preparada para vivirlos y construirlos con Renata. De todas formas este fin de semana se va a Córdoba yseguro allá ella pondrá en movimiento su otra historia, su otra mentira vital. ¿Cómo puede vivir con éso? ¿Cómo puede vivir así? Pero estoy seguro que allá la aman más de lo que yo la quiero. Es una bella persona, me mueve cosas, pero no cuando estamos tan pegadas, tan juntas.

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domingo, octubre 22, 2006

Cena con la Lectora

Fue en casa, y junto a Renata. Quería que Andrea conociera la nueva casa, que viera cómo había quedado mi nuevo escritorio, que reconociera por allí algunos regalitos que me hizo.
Renata hizo de más que anfitriona, y noté que se esforzaba mucho por querer hacer ver que somos “una pareja”. La dejé hacer, no quise oponerme, eso somos, en eso estamos. Andrea no terminaba de entender bien qué pasaba allí, y creo que tampoco se creyó mucho lo de “la pareja”.
A Renata le conté a grosso modo qué había sucedido entre la lectora y yo; qué espacio ocupó en un tiempo de mi vida. La preocupación de Renata es que no era justamente en mi prehistoria, pero sí un tiempo algo cercano. La tranquilicé diciéndole que ya fue, que por eso quería que ella compartiera esa cena.
Andrea nos contó sus andanzas en México, cómo se enganchó con la causa de Ciudad Juárez; que empezó a escribir una novela; que todo este tiempo estuvo sola.
- En México y sola? no te puedo creer dijo Renata, con todas las lesbianas que hay por allí.
- Sí, quizá sea así, pero tal vez no encontré la que sea para mí. Me gusta la soledad y me la banco, no quiero estar por alguien por estar, le contestó de una forma que me congeló el estómago.
- Con Elvira estuvimos charlando sobre hacer un viaje, y unos de los posibles lugares es ese país, pero sus costas, las playas, le dijo. Yo quiero descansar, dijo Renata, ella quiero ver cosas culturales, librerías, bibliotecas. Yo también, además allá hay toda una tradición en títeres de papel, pero si quiero descansar, quiero hacer eso.
- Es un país muy bello, dijo Andrea. Les fascinaría, y de hecho, si ando por allá de nuevo, cuenten con mi espacio en el DF, al menos.
- Gracias Andrea, dije, pero apenas estamos empezando a planear esto de viajar juntas; ya sabés mi ser solitario se opone aún un poco a eso, dije sonriéndoles a ambas; y para mi sorpresa Andrea me respondió mirándome directo a los ojos: “No te vendría mal alguna vez dejarte llevar, dejarte llevar por el deseo de la otra. Eso no matará tu “ser solitario”.

martes, octubre 17, 2006

La cotidiana

A ver, cómo lo puedo decir. Sí, con Renata estamos en la cotidiana: ver quién hace qué en la casa (hablo de la mía, ya que es ella la que más se desplaza para acá), ni hemos hablado de convivir 24 horas y siete días a la semana, la que suscribe cree que no sobreviviría. Pero aquí estamos: que la que cocina no lava los platos; que quien limpia el patio; cómo hacemos con la ropa de cama y el baño; en fin, esas menudencias que denuncian una vida en común, por más limitada que esté. A veces no deja de darme un escalofrío cuando me pesco a mí misma haciendo gestos que pueden llegar a parecer los de una pareja bien conformada. No sé. Sospecho que es así la vida, pero no puedo dejar de reconocerme como una mujer de acción.

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domingo, octubre 15, 2006

Viajes

Renata quiere que viajemos, que viajemos juntas, que tracemos un itinerario y que nos vayamos. Ella quiere lo más natural, más verde, más islas; yo quiero las viejas capitales, el empedrado de París, las sombras de sus calles, sus buhardillas; quiero Berlín, quiero Praga.
- ¿No podés dejar de ser literaria por un minuto? me dice.
- No, no puedo, eso es lo que soy, Renata, además esas ciudades me gustan más allá de la literatura. También quiero volver a La Habana, caminar por su malecón, perderme por esos rincones que de seguro desaparecerán dentro de poco tiempo.
- Ah, ves, ahí sí. Un día en La Habana y luego las playas.
- ¿Un día en La Habana? Vos está loca, a mí no me alcanza, por más que ya conozca. Por suerte allí hay dos playas muy lindas: una, la Santa María del Mar, la otra, Guanabo, de la zona en donde vivía y lo apresaron a Virgilio Piñera.
- Ves, ahí vamos de nuevo.
- Es la solución, le digo, vos te vas todos los días a las playas (hay más que esas dos) y yo recorro de nuevo la ciudad, visito a gente amiga.
- ¿Gente amiga? me mira directo a los ojos.
- No mezcles mi biografía anterior a tu llegada a mi vida, con la posible realización del viaje.
- ¿Cuánto viviste en La Habana? me pregunta trayendo otro porrón de Stout.
- Dos años, muy intensos por cierto. Tengo grabada a fuego esa ciudad en el corazón, y la gente que conocí, y (mirándola también directo a los ojos) a la que amé, eso no lo puedo, ni quiero negar.
- ¿Sabés qué Elvira? Me parece que la solución para este viaje, sería ver entre los lugares que ninguna de las dos conoce, elegir uno y empezar por allí. ¿Qué pensás?
Me levanté , la agarré por la cintura, la besé en el cuello, la atraje bien hacia mí, la abracé fuerte, fuerte: “Te amo”, le dije, “Te amo”, repetí. “Te deseo”, le dije, “te deseo” en cada ciudad que conocí, en cada rincón que recorrí, en cada cama que me ayudó a descansar y a amar.
- Me mentís, lo sé, me dijo; me mentís pero lindo, me hacés que te lo crea.
- Creeme, Renata, creeme. Creé que por primera vez en mi vida empiezo a ver claro, a sentir claro; creeme que cuando se mezcla el deseo y el amor y el sueño y la fantasía hay un solo nombre: Re-na-ta, el tuyo.

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sábado, octubre 07, 2006

Paños fríos

Recién se va Renata para hacer unas compras y tengo la chance de acercarme a la computadora: hace un día y medio que estoy con fiebre, digamos desde que salí del bar el otro día. Fue como un pico atroz de 38 y 39 grados que no bajaba, hasta hace un par de horas.
Me quemaba todo el cuerpo, empezando por mi mano. Quedé muy mal por lo que hice, pero Melisa me llevó al límite, me golpeó bien bajo. En fin, ya está. Recordé que la primera vez que trancé con alguien (Gloria) mientras ya salía con Melisa y se le dije, fue ella la que me abofeteó. Estoy en contra de la violencia, la violencia en mí o en ella, en otras; y estoy de acuerdo con que si alguien te golpea no te quiere, como suelen decir las campañas españolas sobre todo, pero esto era como hacer cerrar la boca, que eso que se está diciendo no se diga. No lo sé, no me jacto, y me parece terrible. Es algo que debo revisar en mí, es algo de lo que aprender.
No me extraña haber caído en cama, con fiebre. No me extraña estar así como eliminando toxinas, como limpiándome.
Cuando llegué a casa después del encuentro con M. lloré mucho, y pude contarle lo que había pasado a Renata. Hablamos mucho hasta que sentí que me estaba cocinando de fiebre.
Lo que recuerdo con claridad es lo que ella me dijo: “A mí ni se te ocurra levantarme la mano”.

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miércoles, octubre 04, 2006

Give me one reason (Tracy Chapman)

Música de fondo para el alma, para el retorno. Música para curar, lamer, dulcificar heridas. ¿Quién le va a pedir razones a la otra? ¿Yo? ¿Renata? Dice el tango: mano a mano hemos quedado. Tabula rasa: maná para los dedos carcomidos; para los pelos crecidos.
El cuerpo de Renata surge como un barco fantasma en el horizonte de mi cama. La veo dormida. La veo descansando después de haber hablado, después de haber hecho el amor. La veo allí, una pierna asoma por debajo de la sábana. Noto que su pie es chico, redondo, rosado. Me dan ganas de ir a besarlo, de ir subiendo por esa pierna depilada (por el vestido); me dan ganas de ir a jugar con ella y pensar que este barco fantasma no lo es tanto.
Este es el segundo pacto que hago con alguien. El primero fue con Melisa, pero ese es diabólico. Con Renata intentaremos construir desde la apertura (¿?). Ay Elvira, lo tuyo es de culebrón sudaca, malo, pero cuando mirás atrás, hace como dos años, antes de empezar a llevar el blog, ¿qué había en tu vida? Parecías una gata callejera buscando refugio, refugiándote en cualquier cama, junto a cualquier cuerpo. Pero esto era aún antes ¿no? Uy, ¿no te da vértigo recordar esos años? y ¿París?, y ¿New york? ¿No te da vértigo pensar en aquellas para las que fuiste alguien en algún momento? No, no es recuento de presas, no soy, nunca me sentí cazadora, pero quizá llega un momento en la vida en que viene bien ponerse a mirar para atrás, sin tanta ira, reconociendo que aquella que fuiste sos vos. Ese es tu background, es lo que te conforma.
Creo que no puedo seguir escribiendo. No sólo sentí que Renata se dio vuelta en la cama, sino que ahora quedó con medio cuerpo descubierto, y es aún más invitante.

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martes, octubre 03, 2006

El secreto de Amanda (post nro. 300)

- Y ahora ¿qué harás? me preguntó Amanda pasándome un mate.
- ¿La verdad? No sé. En realidad quiero intentarlo con Renata.
- No ves, no ves que sos de lo peor.
- Vamos Amanda, vos sabés lo que siento por Melisa, pero ahora que sé dónde está Renata y dónde estoy, quiero seguir con ella, ver qué podemos sacar de bueno.
- Ay amiga del alma, no sé qué decirte.
- Raro te dejé sin palabras! le dije.
- No, esas chicas me dejan sin palabras o consejos y a vos sin aliento. ¿Querés que te confiese algo? me preguntó bajando la voz Amanda, ya que su hija andaba por allí cerca.
- Sí, qué pasa?
- A pesar de todo te tengo envidia, mucha envidia, buena ¿me entendés?
Me la quedé mirando; en los años que la conocía era la primera vez que se “quejaba” de su no estar en pareja.
- Estas loca, vos? No te convendría envidiar a otra persona?
- No, es que vos vivís tan a fondo estas relaciones, te equivoques o no; te caguen o no, las engañes vos a ellas o no. Sos apasionada, y eso me gustaría ser un poco a mí también, dijo Amanda, mirando hacia afuera, por la ventana.
Le tomé la mano, casi instintivamente: “Podés intentarlo...” La sacó rápido, y se quedó mirándome fijo: “No, Elvira, ahora no. Por ahora no puedo nada. Somos amigas, pero hay cosas que vos no sabés”.
- Y vos tampoco de mí, Mandi. Es así, siempre tenemos ese espacio secreto, tan necesario para poder seguir viviendo sin ser invadidas del todo.
- Elvira, me creerías si te digo que hace tiempo estoy enamorada de una persona que nunca me prestó atención?
- Eso es imposible! Es una tonta, entonces, dije.
- ¿Tonta? Yo no dije que fuera una mujer.
- Disculpá, Mandi, me sale por default el femenino.
- Está bien, no es un problema, pero bueno, me tengo que poner a cocinar ¿te quedás?
Jamás la vi así, irse por la tangente, pero me hizo bien saber que ella se fija en alguien.

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lunes, octubre 02, 2006

Con las cartas sobre la mesa (II)

Ay, ay, ay Elvirita, no hay nada peor que querer saber, no hay nada peor que hurgar en las heridas ajenas, en las propias. ¿Qué sacás en limpio? ¿De qué te sirve ahora saber?
Ya hace un día que se fue, un día que no sabés de ella, un día y vos no agarrás el teléfono, no la llamás para saber cómo está, pero ¿vos cómo estás? El pelo te va creciendo, la herida que te dejó el piercing en el pezón, y que vos te sacaste ya hace un tiempo, va cerrando; ¿pero cómo estás? Tenés la data y ¿qué hacés con eso? La prima de Córdoba no es prima, es su pareja con la que también intenta terminar desde hace un año, y no pueden cerrar la relación del todo, es por eso que cada vez que va para aquellos lugares para en su “ex” casa, con su ex.
- Mi relación con vos intenta ser otra cosa, Elvira. Te amo, y quiero estar con vos; me gustaría que pudiéramos construir algo entre las dos.

Te quedaste mirándola, pero en realidad mirabas más allá; mirabas como hacia atrás pero en el futuro. Sin duda alguna Laurie Anderson tenía razón en citar a Burroughs: “Language is a virus”. Te carcome y no hay cura. Palabras perras que nos enredan al deseo más mísero, más místico. Revelación de revelaciones: todo desnudo allí, como en una camilla de morgue.
Te quedaste mirándola hasta que fue ella quien se levantó de la cama, quien se fue poniendo el jean, la remera; la que guardó el famoso vestidito en un bolso verde en el que pudiste llegar a ver que guardaba un par de libros que había traído la otra vez, su cepillo de diente, unas ojotas.
No pudiste decir nada, ¿qué ibas a decir? No pudiste detenerla, ni lo intentaste. Se acercó, te acarició la base de la nuca, te beso en la mejilla, te dijo: nos hablamos. La dejaste ir como se deja ir... ¿qué mierda querés escribir Elvira? ¿No te das cuenta que llega un momento en que las palabras ya no te sirven?

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domingo, octubre 01, 2006

Con las cartas sobre la mesa (I)

Renata acaba de irse, cuando anoche llegó luciendo el famoso vestido, y me dijo: “quiero estrenarlo con vos”. Creo que mi débil beso, que mi débil abrazo me delataron: “¿Qué te pasa?”, me preguntó. Le dije que nada, que sólo cansancio; que no esperaba verla así, tan producida, más cosas dije que no vienen al caso, ya que terminamos curtiendo de todos modos. Por momentos me siento la Justine de Sade, que le daban por todos lados y ella ni se enteraba cómo, mezcla alucinada de inocencia y pelotudez, y locura moralista del Marqués, sin duda alguna.

Renata acaba de irse, ya han pasado unos minutos más. No sé si volveremos a vernos, la menos hoy. Renata se va y se lleva su misterio con ella, como dentro de una valijita para títeres.

Fue esta mañana cuando más que preguntarle le dije, o ambas cosas a la vez: “¿que papel juego yo en tu relación cordobesa?”. Me miró, se puso medio pálida, y esgrimió: “¿de qué relación me hablás?”.
- Eso no lo sé, sólo sé que existe y lo único que quiero saber es qué papel juegoyo.
- Me parece que estás muy convencida de algo que no es, Elvira.
- Digamosle ¿tu prima?.
- Estas loca! Primero porque no pasa nada con ella, y segundo porque cómo podría tener algo con ella, es una parienta.
- O así le ponemos a la relación para que no parezca que lo es, quizá, le dije yo levantándome de la cama.
- Elvira ¿qué me querés decir con todo esto? No entiendo nada.
- Que sé que la voy de amante de una relación que ya existía o bien tenés una amante que toma mi lugar de vez en cuando, la miré fijo; se largó a llorar. Nunca pensé ver a Renata llorando, no sé por qué, pero bueno, esa es la imagen que me daba.
Le alcancé un cajita de pañuelos, se sonó fuerte la nariz, y me dijo: “No sé cómo ni quien te dijo esto, que es una verdad a medias”.
- Renata, soy toda oidos, le dije sentándome en el borde de la cama.

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sábado, septiembre 30, 2006

Historia de una pasión

Termino de escribir el título de este post y ya me estoy riendo. Escribo este post como intento de pensar en voz alta qué es esto, qué es todo esto.
La línea pasional es simple, ellas son Elvira y Melisa. Somos nosotras desde siempre, desde el año pasado. Y somos de tal forma que nunca, pero nunca nos hemos “terminado” de separar. Recaemos, y recaemos como si siempre fuera la primera vez, como si siempre estuviéramos recomenzando. El mundo gira a nuestro alrededor, el mundo y sus consecuencias.
Ambas somos fieles de una forma que nadie podrá nunca comprender en su totalidad (tampoco nosotras estamos muy “aware of this”). Aquellas mujeres con las que hemos estado “mientras tanto” seguimos siendo línea pasional (por no llamar pareja), ellas han necesitado de nuestro amantazgo, y nosotras no lo sabíamos, no podíamos intuirlo de esta forma. Ellas iban y venían, y nosotras seguíamos, seguimos.
Lo que más me espanta es el desperdicio de tiempo; el desperdicio de nuestra imaginación en formas de hacernos creer que no nos importamos, cuando sabemos, que tarde o temprano volvemos a caer en nuestra propia trampa.

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viernes, septiembre 29, 2006

De vuelta

Renata apareció en casa a la nochecita de ayer. Se apareció con su sonrisa gigante, varias cajas de alfajores cordobeses, materiales para sus muñecos.
- Hoola! quería pasar directo por acá, no quería ir hasta casa!! No aguantaba para verte, me dijo con ese tonito serrano entre burlón y alegre. Terminaba de decir esto mientras metía todo en el zaguán cuando se dio cuenta de mi cambio:
- Oh, no! Te pelaste! No me dijiste nada cuando hablamos!!
Nos abrazamos largo, largo. Me quería contar todo a la vez, e iba dejando retazos de relatos tirados por el living, por la cocina donde tomamos mates, en la cama a la que me fue empujando: “Cuando me puse el vestido pensé en vos, y me acordaba de esa sala de pruebas de Rita”. Mi deseo era ambiguo, era como que estaba en otra parte o que quería poder mirar desde afuera la situación. Me dijo que nunca había hecho el amor con alguien que se había pelado, y eso la excitaba, mucho.

A eso de las 10 de la noche, después de una ducha me dijo que tenía que ir a su casa, dejar todo el paqueterío y que su directora la llamaría. No me sonaba nada raro, o no me hubiera sonado nada raro, pero algo sonó adentro.
- Y no la podés llamar desde acá? le dije
- No, no quiero gastar tu teléfono y prefiero estar en casa ya que mañana tengo que ir temprano para Rosario.

En todos los relatos apareció un nombre recurrente, que me sonó cada vez más fuerte; es el nombre de una prima, en donde suele parar cada vez que va a Córdoba. Me quedé pensando en eso, me quedé pensando en varias cosas cuando cerré la puerta y escuché que el remise se iba.

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miércoles, septiembre 27, 2006

“Sigue al conejo blanco”

Lo recuerdo muy bien, Trinity le dice a Neo: “¿Alguna vez has tenido un sueño, que pareciera tan real que no lo puedes distinguir de la realidad? Y si no pudieras despertar de ese sueño, ¿cómo sabrías que estas soñando? (...) Es la pregunta la que nos da fuerza. Es la duda la que te ha traído aquí."

Así me siento: pura duda; y no hay píldora ni roja ni azul que sirva para llevarme hacia el final de la guarida del conejo blanco. Pero sí siento que tengo una enorme zanahoria frente a mi nariz, y que voy babeando tras ella: Melisa; y por el otro lado, como la querida Alicia, voy encontrando otras personas que tienen unos carteles que dicen: “Pruébame”; “Amame”; “Olvídame”.

Como Neo me despierto frente a la compu, ya habiendo perdido el registro del tiempo. Como él me debato entre escapar por la ventana o dejarme atrapar por los agentes. El vértigo del salto, la invitación a lo salvaje es exquisita, pero no estoy muy segura de querer seguir ese camino.
Por el otro lado estaba esa mixtura Renata que llegó a seducirme, a prometerme un tiempo de paz. No me importaría mi lugar de amantazgo, pero sí me gustaría tenerlo en claro.

El conejo mueve el rabo, me hace señas casi lisérgicas, y mis ojos se despedazan contra este monitor intentando encontrar las palabras que puedam decir este proceso por el que estoy pasando.

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martes, septiembre 26, 2006

Bitter Sweet symphony (II)

Salí del cuarto lo más rápido que pude. Tenía entre ganas de vomitar y de gritar. La sensación fue muy extraña.
- ¿Vos te das cuenta que estás cayendo muy bajo Melisa? ¿Te das cuenta?
- No creo Elvira, sentí que debía decírtelo, pero sí, la forma, sí. No creo que Silvia inventara nada, en realidad es bien directa, y me pareció...
- Basta!!! le grité; basta!! ¿Cómo sé que no mentís porque sabés que ella está allá? ¿Cómo puedo saber si no es una treta tuya? ¿Cómo te puedo creer?
Caí sentada en la misma silla de la cocina. Sentí que Melisa venía hacia mi y le dije: No te acerques.
- Elvira, quiero que sepas que yo estoy, que siempre voy a estar.
- Callate por favor; si, como decís, me querés, callate.

No fue fácil irme, no fue fácil cerrar la puerta, ya no escuchar lo que estaba diciendo. Yo por mi parte no pude decirle nada, esa bomba que tiró me dejó casi sin pensamientos.
Renata vuelve de Córdoba el 28 de septiembre, vuelve del supuesto casamiento o de un real casamiento familiar.
No la conozco tanto como para decir que ella no sería capaz de engañarme; no la conozco tanto para poder haber entendido por qué con toda su capacidad para lo de los títeres, se queda en esta ciudad que te ahoga; no la conozco tanta para sospechar que siempre vuelve a Córdoba para “actuar”.

La sensación es amarga, no por su posible engaño, sino por verla a Melisa actuar de esa forma. Me descolocó, no lo esperaba.

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