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sábado, octubre 07, 2006

Paños fríos

Recién se va Renata para hacer unas compras y tengo la chance de acercarme a la computadora: hace un día y medio que estoy con fiebre, digamos desde que salí del bar el otro día. Fue como un pico atroz de 38 y 39 grados que no bajaba, hasta hace un par de horas.
Me quemaba todo el cuerpo, empezando por mi mano. Quedé muy mal por lo que hice, pero Melisa me llevó al límite, me golpeó bien bajo. En fin, ya está. Recordé que la primera vez que trancé con alguien (Gloria) mientras ya salía con Melisa y se le dije, fue ella la que me abofeteó. Estoy en contra de la violencia, la violencia en mí o en ella, en otras; y estoy de acuerdo con que si alguien te golpea no te quiere, como suelen decir las campañas españolas sobre todo, pero esto era como hacer cerrar la boca, que eso que se está diciendo no se diga. No lo sé, no me jacto, y me parece terrible. Es algo que debo revisar en mí, es algo de lo que aprender.
No me extraña haber caído en cama, con fiebre. No me extraña estar así como eliminando toxinas, como limpiándome.
Cuando llegué a casa después del encuentro con M. lloré mucho, y pude contarle lo que había pasado a Renata. Hablamos mucho hasta que sentí que me estaba cocinando de fiebre.
Lo que recuerdo con claridad es lo que ella me dijo: “A mí ni se te ocurra levantarme la mano”.

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lunes, mayo 30, 2005

Confianza

Anoche Melisa se quedó a dormir. Además de volver a ver “Bound”, charlamos mucho. Volvimos sobre lo que nos pasó, ya que, si bien yo me mandé la cagada, eso nos afecta a ambas.
Una de las líneas que ella tiró fue cómo me hubiera sentido o qué hubiera hecho yo si decidía no decírselo: “De todas formas fue sólo un polvo, ¿no?”, me dijo.
Sí, fue sólo un polvo, pero no podría guardarme eso. No podría estar con ella tranquilamente. Por eso se lo dije. Me parece que debemos ser sinceras en este punto. Y le dije que con Inés, en su momento, nos habíamos propuesto decirnos si pasaba algo con alguien.
- Yo no sé. No sé si me quiero enterar todas las veces.
- ¿Todas las veces?
- Es un decir. Tampoco sé si yo te lo diría. Salvo que sintiera que con esa persona pasa algo realmente importante y que daría para plantearte la separación.
Me la quedé mirando. Este último pensamiento me hizo sentir un frío en la espalda, pero no se lo dije.
- Me parece, continuó, que es como una tortura mental para la otra persona. Por ejemplo yo, sólo porque confío en vos sigo con vos. No tengo manera de saber si no fuiste y te acostaste de nuevo con esa mina.
- No lo hice.
- Está bien. Pero está bien porque te creo. Podría ser lo contrario.
- Meli, estamos hablando de construir con confianza en la otra.
- Sí, pero cómo volvés a confiar después de eso. La otra se cagó en la confianza, o al menos la resquebrajó.
- Mirá, sería buenísimo que me pudieras decir que ya no confiás en mí, y que querés cortarla por eso. No quiero ni torturarte mentalmente ni que me hagas sentir culpable por toda la eternidad.
- Ves, cazaste el punto: la sinceridad tiene dos caminos: tortura y culpabilidad.
- Creo que la confianza se puede volver a construir. Creo que una se puede dar cuenta que la otra no quiere lastimarla. Que lo que pasó fue nada, comparado con lo que esa persona siente por la otra. Yo te amo, y quiero seguir con vos. Para mí lo otro no fue nada.
- Te creo y lo siento. Pero bueno, creo que necesitamos más tiempo. Más de estar así, o de recuperar la mística de los primeros momentos.

jueves, mayo 26, 2005

Destrucción

El otro día escribí algo sobre, justamente, la escritura. Y caí en el silencio. En el silencio del desvarío, de la grieta, del mandarse una cagada; ese silencio que es el resultado de una herida, casi mortal.
El sábado pasado fui a ese almuerzo de ex alumnas al que hice referencia días atrás. Como habíamos quedado, allí nos encontramos con Gloria. El almuerzo fue recontra aburrido, con las preguntas de siempre o con variaciones: ¿ya tenés nietos? ¿te casaste/divorciaste? ¿qué crema te ponés contra las patas de gallo? Y así. Verdaderamente insoportable.
Con Gloria pudimos ir compartiendo algunos comentarios, y detalles de nuestras vidas: yo ahora en incipiente relación, ella separada desde hace un año. Trabajos, ideas acerca del futuro y todo eso.
Yo por mi lado presentí algo, un algo que después pude comprobar. Lo comprobé en su casa. Comprobé su duda, su curiosidad. Y el sábado pasó y allí, en su casa, me encontró el domingo.
Hacia el mediodía salí disparada de allí, mal, prometiéndole a Gloria un llamado que no he realizado. Pero sí la llamé a Melisa, necesitaba decirle. No podía con ese peso. No podía. Ella tampoco pudo. Cuando vino y le dije, su mano que hasta ese momento me había acariciado, me dio vuelta casi la cara, y un portazo, y el silencio. Y mi bronca conmigo misma. Parece que lo mío no tiene remedio: destruir lo bueno que me toca.