Sí, comencé un par de días de ayuno, sólo beberé agua y algún que otro jugo de naranja. Necesito vaciar mi cuerpo, vaciar mis entrañas, dejar que se vaya cierta mierda acumulada. Ja. Vaya palabra: mierda, tan pequeña y tan fuerte.
Ayuno y meditación. Le pedí a Renata que me deje un par de días sola. Me miró raro, primero, pero después comprendió, la piba me tiene bien junada.
Quiero ir limpiando mis cuerpos, intentar verme de nuevo, llegar hasta mi ser interior, re-conquistar algo de paz.
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lunes, noviembre 13, 2006
sábado, octubre 28, 2006
Ser solitario (II)
¿Significa algo tener la casa para “una sola”? ¿Significa algo servirte un Syrah y tirarte en tu sofá preferido y leer a la Yourcenar? ¿Qué “fuegos” arden, mi amor, cuando el sentido de la vida está lejos, o confuso, u olvidado? ¿Qué arde en mí, tan lejana, tan cosa, tan helado de sambayón al whisky? ¿Qué se va quemando, de a poco y que me ahoga como el haschís aquí adentro, muy adentro? Poné, poné tu mano, sentí: la nada. Pero hace tic-tac. La nada, la náusea ¿de golpe sartreana? De Marguerite a Jean Paul (y no el alemán, justamente)? No. Dejo que ella, Yourcenar me queme; me quema con su “treta del débil”, me quema y me hace pensar en todas las mujeres que amé, en todas las mujeres que ¿amo?
Hmm, el libro cae, lo dejo que se vaya, dejo la copa a un lado, me estiro, intento encontrarme, pensarme. Hmm. El cuerpo tieso se va relajando, la mano busca debajo de la camisa el pezón, lo acaricia, intenta que surja de su nada de soledad. Puedo sentir cómo se levanta, cómo choca contra mi dedo. Mi otra mano va hacia abajo, por debajo del short, juega con los vellos. Trato de sincronizar el movimiento. Descubro que ya estaba mojada ¿la metafísica excita? Me voy dando vuelta de a poco, cuidando de no caerme. Mi dedo sabio ya encontró su camino, lo recorre, acaricia la rosa más preciada, la más profunda. Siento algo de electricidad, una sacudida. Siento que puedo empezar a dar vueltas como una calesita, siento que el vértigo está ahí nomás; siento... que ... acaban de tocar el timbre.
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Hmm, el libro cae, lo dejo que se vaya, dejo la copa a un lado, me estiro, intento encontrarme, pensarme. Hmm. El cuerpo tieso se va relajando, la mano busca debajo de la camisa el pezón, lo acaricia, intenta que surja de su nada de soledad. Puedo sentir cómo se levanta, cómo choca contra mi dedo. Mi otra mano va hacia abajo, por debajo del short, juega con los vellos. Trato de sincronizar el movimiento. Descubro que ya estaba mojada ¿la metafísica excita? Me voy dando vuelta de a poco, cuidando de no caerme. Mi dedo sabio ya encontró su camino, lo recorre, acaricia la rosa más preciada, la más profunda. Siento algo de electricidad, una sacudida. Siento que puedo empezar a dar vueltas como una calesita, siento que el vértigo está ahí nomás; siento... que ... acaban de tocar el timbre.
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miércoles, octubre 25, 2006
Ser solitario
“Eso no matará tu ser solitario”, me dijo Andrea, y esa frase me quedó rondando estos días. Si dejarme llevar por el deseo de la otra no mata mi ser solitario, entonces ¿qué es lo que lo está matando? M siento casi como una vegetal, o una de esas plantas parásitas: adornan pero nada de nada. Siento que soy un adorno para la vida de Renata y siento que no estoy haciendo nada con la mía.
Trabajo, sí por cierto, y mucho. Leo, casi demasiado, pero me descubro escondiéndome detrás de los libros, de la computadora; me descubro encerrándome en mi escritorio, inventando excusas para no salir, para no estar mucho con Renata.
Ella se da cuenta, pero ha tomado esto como una especie de cruzada, y estas cosas no me agradan mucho. Ella se queda, en silencio, ronda la casa, en vez de ponerse con su cosas o ir a su lugar o salir con sus amistades. Me molesta tener que encerrarme en un cuarto de mi propia casa, cuando justamente decidí arreglar esta casa por lo espaciosa, por lo aireada, pero apenas traspaso la puerta del escritorio, allí está ella, toda sonrisa, con mates o café o cerveza cuando yo no le pedí nada, y se va transformando en una especie de sombra.
Si le digo algo, lo toma a mal, se pone a llorar, le pido disculpas e inexorablemente terminamos en la cama, haciendo (d)el amor algo desapasionado, para cumplir con las formas.
No estoy preparada para los rituales de las parejas comunes y corrientes, quizá no estoy preparada para vivirlos y construirlos con Renata. De todas formas este fin de semana se va a Córdoba yseguro allá ella pondrá en movimiento su otra historia, su otra mentira vital. ¿Cómo puede vivir con éso? ¿Cómo puede vivir así? Pero estoy seguro que allá la aman más de lo que yo la quiero. Es una bella persona, me mueve cosas, pero no cuando estamos tan pegadas, tan juntas.
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Trabajo, sí por cierto, y mucho. Leo, casi demasiado, pero me descubro escondiéndome detrás de los libros, de la computadora; me descubro encerrándome en mi escritorio, inventando excusas para no salir, para no estar mucho con Renata.
Ella se da cuenta, pero ha tomado esto como una especie de cruzada, y estas cosas no me agradan mucho. Ella se queda, en silencio, ronda la casa, en vez de ponerse con su cosas o ir a su lugar o salir con sus amistades. Me molesta tener que encerrarme en un cuarto de mi propia casa, cuando justamente decidí arreglar esta casa por lo espaciosa, por lo aireada, pero apenas traspaso la puerta del escritorio, allí está ella, toda sonrisa, con mates o café o cerveza cuando yo no le pedí nada, y se va transformando en una especie de sombra.
Si le digo algo, lo toma a mal, se pone a llorar, le pido disculpas e inexorablemente terminamos en la cama, haciendo (d)el amor algo desapasionado, para cumplir con las formas.
No estoy preparada para los rituales de las parejas comunes y corrientes, quizá no estoy preparada para vivirlos y construirlos con Renata. De todas formas este fin de semana se va a Córdoba yseguro allá ella pondrá en movimiento su otra historia, su otra mentira vital. ¿Cómo puede vivir con éso? ¿Cómo puede vivir así? Pero estoy seguro que allá la aman más de lo que yo la quiero. Es una bella persona, me mueve cosas, pero no cuando estamos tan pegadas, tan juntas.
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domingo, octubre 15, 2006
Viajes
Renata quiere que viajemos, que viajemos juntas, que tracemos un itinerario y que nos vayamos. Ella quiere lo más natural, más verde, más islas; yo quiero las viejas capitales, el empedrado de París, las sombras de sus calles, sus buhardillas; quiero Berlín, quiero Praga.
- ¿No podés dejar de ser literaria por un minuto? me dice.
- No, no puedo, eso es lo que soy, Renata, además esas ciudades me gustan más allá de la literatura. También quiero volver a La Habana, caminar por su malecón, perderme por esos rincones que de seguro desaparecerán dentro de poco tiempo.
- Ah, ves, ahí sí. Un día en La Habana y luego las playas.
- ¿Un día en La Habana? Vos está loca, a mí no me alcanza, por más que ya conozca. Por suerte allí hay dos playas muy lindas: una, la Santa María del Mar, la otra, Guanabo, de la zona en donde vivía y lo apresaron a Virgilio Piñera.
- Ves, ahí vamos de nuevo.
- Es la solución, le digo, vos te vas todos los días a las playas (hay más que esas dos) y yo recorro de nuevo la ciudad, visito a gente amiga.
- ¿Gente amiga? me mira directo a los ojos.
- No mezcles mi biografía anterior a tu llegada a mi vida, con la posible realización del viaje.
- ¿Cuánto viviste en La Habana? me pregunta trayendo otro porrón de Stout.
- Dos años, muy intensos por cierto. Tengo grabada a fuego esa ciudad en el corazón, y la gente que conocí, y (mirándola también directo a los ojos) a la que amé, eso no lo puedo, ni quiero negar.
- ¿Sabés qué Elvira? Me parece que la solución para este viaje, sería ver entre los lugares que ninguna de las dos conoce, elegir uno y empezar por allí. ¿Qué pensás?
Me levanté , la agarré por la cintura, la besé en el cuello, la atraje bien hacia mí, la abracé fuerte, fuerte: “Te amo”, le dije, “Te amo”, repetí. “Te deseo”, le dije, “te deseo” en cada ciudad que conocí, en cada rincón que recorrí, en cada cama que me ayudó a descansar y a amar.
- Me mentís, lo sé, me dijo; me mentís pero lindo, me hacés que te lo crea.
- Creeme, Renata, creeme. Creé que por primera vez en mi vida empiezo a ver claro, a sentir claro; creeme que cuando se mezcla el deseo y el amor y el sueño y la fantasía hay un solo nombre: Re-na-ta, el tuyo.
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- ¿No podés dejar de ser literaria por un minuto? me dice.
- No, no puedo, eso es lo que soy, Renata, además esas ciudades me gustan más allá de la literatura. También quiero volver a La Habana, caminar por su malecón, perderme por esos rincones que de seguro desaparecerán dentro de poco tiempo.
- Ah, ves, ahí sí. Un día en La Habana y luego las playas.
- ¿Un día en La Habana? Vos está loca, a mí no me alcanza, por más que ya conozca. Por suerte allí hay dos playas muy lindas: una, la Santa María del Mar, la otra, Guanabo, de la zona en donde vivía y lo apresaron a Virgilio Piñera.
- Ves, ahí vamos de nuevo.
- Es la solución, le digo, vos te vas todos los días a las playas (hay más que esas dos) y yo recorro de nuevo la ciudad, visito a gente amiga.
- ¿Gente amiga? me mira directo a los ojos.
- No mezcles mi biografía anterior a tu llegada a mi vida, con la posible realización del viaje.
- ¿Cuánto viviste en La Habana? me pregunta trayendo otro porrón de Stout.
- Dos años, muy intensos por cierto. Tengo grabada a fuego esa ciudad en el corazón, y la gente que conocí, y (mirándola también directo a los ojos) a la que amé, eso no lo puedo, ni quiero negar.
- ¿Sabés qué Elvira? Me parece que la solución para este viaje, sería ver entre los lugares que ninguna de las dos conoce, elegir uno y empezar por allí. ¿Qué pensás?
Me levanté , la agarré por la cintura, la besé en el cuello, la atraje bien hacia mí, la abracé fuerte, fuerte: “Te amo”, le dije, “Te amo”, repetí. “Te deseo”, le dije, “te deseo” en cada ciudad que conocí, en cada rincón que recorrí, en cada cama que me ayudó a descansar y a amar.
- Me mentís, lo sé, me dijo; me mentís pero lindo, me hacés que te lo crea.
- Creeme, Renata, creeme. Creé que por primera vez en mi vida empiezo a ver claro, a sentir claro; creeme que cuando se mezcla el deseo y el amor y el sueño y la fantasía hay un solo nombre: Re-na-ta, el tuyo.
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sábado, octubre 07, 2006
Paños fríos
Me quemaba todo el cuerpo, empezando por mi mano. Quedé muy mal por lo que hice, pero Melisa me llevó al límite, me golpeó bien bajo. En fin, ya está. Recordé que la primera vez que trancé con alguien (Gloria) mientras ya salía con Melisa y se le dije, fue ella la que me abofeteó. Estoy en contra de la violencia, la violencia en mí o en ella, en otras; y estoy de acuerdo con que si alguien te golpea no te quiere, como suelen decir las campañas españolas sobre todo, pero esto era como hacer cerrar la boca, que eso que se está diciendo no se diga. No lo sé, no me jacto, y me parece terrible. Es algo que debo revisar en mí, es algo de lo que aprender.
No me extraña haber caído en cama, con fiebre. No me extraña estar así como eliminando toxinas, como limpiándome.
Cuando llegué a casa después del encuentro con M. lloré mucho, y pude contarle lo que había pasado a Renata. Hablamos mucho hasta que sentí que me estaba cocinando de fiebre.
Lo que recuerdo con claridad es lo que ella me dijo: “A mí ni se te ocurra levantarme la mano”.
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miércoles, octubre 04, 2006
Give me one reason (Tracy Chapman)
Música de fondo para el alma, para el retorno. Música para curar, lamer, dulcificar heridas. ¿Quién le va a pedir razones a la otra? ¿Yo? ¿Renata? Dice el tango: mano a mano hemos quedado. Tabula rasa: maná para los dedos carcomidos; para los pelos crecidos.
El cuerpo de Renata surge como un barco fantasma en el horizonte de mi cama. La veo dormida. La veo descansando después de haber hablado, después de haber hecho el amor. La veo allí, una pierna asoma por debajo de la sábana. Noto que su pie es chico, redondo, rosado. Me dan ganas de ir a besarlo, de ir subiendo por esa pierna depilada (por el vestido); me dan ganas de ir a jugar con ella y pensar que este barco fantasma no lo es tanto.
Este es el segundo pacto que hago con alguien. El primero fue con Melisa, pero ese es diabólico. Con Renata intentaremos construir desde la apertura (¿?). Ay Elvira, lo tuyo es de culebrón sudaca, malo, pero cuando mirás atrás, hace como dos años, antes de empezar a llevar el blog, ¿qué había en tu vida? Parecías una gata callejera buscando refugio, refugiándote en cualquier cama, junto a cualquier cuerpo. Pero esto era aún antes ¿no? Uy, ¿no te da vértigo recordar esos años? y ¿París?, y ¿New york? ¿No te da vértigo pensar en aquellas para las que fuiste alguien en algún momento? No, no es recuento de presas, no soy, nunca me sentí cazadora, pero quizá llega un momento en la vida en que viene bien ponerse a mirar para atrás, sin tanta ira, reconociendo que aquella que fuiste sos vos. Ese es tu background, es lo que te conforma.
Creo que no puedo seguir escribiendo. No sólo sentí que Renata se dio vuelta en la cama, sino que ahora quedó con medio cuerpo descubierto, y es aún más invitante.
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El cuerpo de Renata surge como un barco fantasma en el horizonte de mi cama. La veo dormida. La veo descansando después de haber hablado, después de haber hecho el amor. La veo allí, una pierna asoma por debajo de la sábana. Noto que su pie es chico, redondo, rosado. Me dan ganas de ir a besarlo, de ir subiendo por esa pierna depilada (por el vestido); me dan ganas de ir a jugar con ella y pensar que este barco fantasma no lo es tanto.
Este es el segundo pacto que hago con alguien. El primero fue con Melisa, pero ese es diabólico. Con Renata intentaremos construir desde la apertura (¿?). Ay Elvira, lo tuyo es de culebrón sudaca, malo, pero cuando mirás atrás, hace como dos años, antes de empezar a llevar el blog, ¿qué había en tu vida? Parecías una gata callejera buscando refugio, refugiándote en cualquier cama, junto a cualquier cuerpo. Pero esto era aún antes ¿no? Uy, ¿no te da vértigo recordar esos años? y ¿París?, y ¿New york? ¿No te da vértigo pensar en aquellas para las que fuiste alguien en algún momento? No, no es recuento de presas, no soy, nunca me sentí cazadora, pero quizá llega un momento en la vida en que viene bien ponerse a mirar para atrás, sin tanta ira, reconociendo que aquella que fuiste sos vos. Ese es tu background, es lo que te conforma.
Creo que no puedo seguir escribiendo. No sólo sentí que Renata se dio vuelta en la cama, sino que ahora quedó con medio cuerpo descubierto, y es aún más invitante.
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sábado, septiembre 30, 2006
Historia de una pasión
Termino de escribir el título de este post y ya me estoy riendo. Escribo este post como intento de pensar en voz alta qué es esto, qué es todo esto.
La línea pasional es simple, ellas son Elvira y Melisa. Somos nosotras desde siempre, desde el año pasado. Y somos de tal forma que nunca, pero nunca nos hemos “terminado” de separar. Recaemos, y recaemos como si siempre fuera la primera vez, como si siempre estuviéramos recomenzando. El mundo gira a nuestro alrededor, el mundo y sus consecuencias.
Ambas somos fieles de una forma que nadie podrá nunca comprender en su totalidad (tampoco nosotras estamos muy “aware of this”). Aquellas mujeres con las que hemos estado “mientras tanto” seguimos siendo línea pasional (por no llamar pareja), ellas han necesitado de nuestro amantazgo, y nosotras no lo sabíamos, no podíamos intuirlo de esta forma. Ellas iban y venían, y nosotras seguíamos, seguimos.
Lo que más me espanta es el desperdicio de tiempo; el desperdicio de nuestra imaginación en formas de hacernos creer que no nos importamos, cuando sabemos, que tarde o temprano volvemos a caer en nuestra propia trampa.
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La línea pasional es simple, ellas son Elvira y Melisa. Somos nosotras desde siempre, desde el año pasado. Y somos de tal forma que nunca, pero nunca nos hemos “terminado” de separar. Recaemos, y recaemos como si siempre fuera la primera vez, como si siempre estuviéramos recomenzando. El mundo gira a nuestro alrededor, el mundo y sus consecuencias.
Ambas somos fieles de una forma que nadie podrá nunca comprender en su totalidad (tampoco nosotras estamos muy “aware of this”). Aquellas mujeres con las que hemos estado “mientras tanto” seguimos siendo línea pasional (por no llamar pareja), ellas han necesitado de nuestro amantazgo, y nosotras no lo sabíamos, no podíamos intuirlo de esta forma. Ellas iban y venían, y nosotras seguíamos, seguimos.
Lo que más me espanta es el desperdicio de tiempo; el desperdicio de nuestra imaginación en formas de hacernos creer que no nos importamos, cuando sabemos, que tarde o temprano volvemos a caer en nuestra propia trampa.
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domingo, septiembre 17, 2006
Acidez estomacal
Me levanté con acidez, dolor de cabeza, y de parte inferior del cuerpo humano. Ni la quiero nombrar, pero empieza con “C”. Es que a la vuelta de la película Renata estaba más que cariñosa. Ella pudo llegar a su paraíso y yo me quedé comprando los tickets para una próxima vez. Lo malo es que ella se empeñó en intentar sacarme un orgasmo y pago las consecuencias.
Fui a lo de Amanda, mi amiga y consejera:
- ¿Cincuenta? ¿Estás segura?
- Sí Mandy. Me contó Renata, la tipa tiene cincuenta, es psicóloga, y una mandada para algunas cosas. Yo realmente no la conocía.
- Me suena el nombre, pero no importa. Vos estás segura que Melisa estaba allí “de onda” con ella, me preguntó Amanda.
- Sí, si te digo que la tenía unas mesas adelante, y por más oscuridad una ve cuando dos personas se besan o acarician.
- ¿Y cuál es el problema que tenga cincuenta?
- Es mucha edad! dijo casi enojada.
- Pará Elvira, la del mambo con la edad SOS vos, y lo que te jode, dejame que lo diga es que esa “vieja de cincuenta” se esté curtiendo a tu ex, como vos no quisiste seguir haciéndolo.
- De quién sos amiga, mandy, de Melisa o mía.
- Mirá Elvira, yo te quiero mucho, pero mucho, me entendés (me agarró por los hombros) y quiero, deseo, espero que estés bien con alguien.
- ......
- Por eso te voy a decir esto lo más directamente posible: o le das para adelante con Renata, y disfrutás lo que tenés, o bien cortás, vas, la buscás a Melisa y ME/ NOS DEJAN DE JODER. Vos estás hasta los ovarios con esa mina, qué hacés entonces??
- NADA, grité. Ya sé que nada... me puse a llorar.
Sí lloré, sin cebolla, por las mías
- Lo que te pido es que no te sigas haciendo mierda, y que no hagas mierda a otras personas. Además no sé que te pasa, pero te he visto en otras relaciones y nunca tuviste esta locura galopante: que la edad, que el saltar de cama en cama. ¿Qué querés probarte, Vita, qué querés?
Me mató. Amanda me mató, usó el nombre secreto, ese que ni siquiera yo debería estar escribiendo aquí. Era su forma de llamarme cuando éramos un poco más que adolescentes.
La miré y la abracé fuerte; apenas pude susurrar un gracias.
- Mirate, me dijo: sos hermosa, fuerte, inteligente, ¿por qué enrollarte tanto? ¿qué hiciste que pensàs que te merecés pedazo de castigo?
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Fui a lo de Amanda, mi amiga y consejera:
- ¿Cincuenta? ¿Estás segura?
- Sí Mandy. Me contó Renata, la tipa tiene cincuenta, es psicóloga, y una mandada para algunas cosas. Yo realmente no la conocía.
- Me suena el nombre, pero no importa. Vos estás segura que Melisa estaba allí “de onda” con ella, me preguntó Amanda.
- Sí, si te digo que la tenía unas mesas adelante, y por más oscuridad una ve cuando dos personas se besan o acarician.
- ¿Y cuál es el problema que tenga cincuenta?
- Es mucha edad! dijo casi enojada.
- Pará Elvira, la del mambo con la edad SOS vos, y lo que te jode, dejame que lo diga es que esa “vieja de cincuenta” se esté curtiendo a tu ex, como vos no quisiste seguir haciéndolo.
- De quién sos amiga, mandy, de Melisa o mía.
- Mirá Elvira, yo te quiero mucho, pero mucho, me entendés (me agarró por los hombros) y quiero, deseo, espero que estés bien con alguien.
- ......
- Por eso te voy a decir esto lo más directamente posible: o le das para adelante con Renata, y disfrutás lo que tenés, o bien cortás, vas, la buscás a Melisa y ME/ NOS DEJAN DE JODER. Vos estás hasta los ovarios con esa mina, qué hacés entonces??
- NADA, grité. Ya sé que nada... me puse a llorar.
Sí lloré, sin cebolla, por las mías
- Lo que te pido es que no te sigas haciendo mierda, y que no hagas mierda a otras personas. Además no sé que te pasa, pero te he visto en otras relaciones y nunca tuviste esta locura galopante: que la edad, que el saltar de cama en cama. ¿Qué querés probarte, Vita, qué querés?
Me mató. Amanda me mató, usó el nombre secreto, ese que ni siquiera yo debería estar escribiendo aquí. Era su forma de llamarme cuando éramos un poco más que adolescentes.
La miré y la abracé fuerte; apenas pude susurrar un gracias.
- Mirate, me dijo: sos hermosa, fuerte, inteligente, ¿por qué enrollarte tanto? ¿qué hiciste que pensàs que te merecés pedazo de castigo?
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miércoles, julio 12, 2006
Deja vu
Tirada en la cama miro el techo de la que fuera mi casa, en mi niñez. Hoy vuelvo a ella más vieja, cansada, pero con ganas de seguir jugando en su patio, de correr por su galería.
Es raro, pero me pareció haber escuchado la voz de mi madre, me pareció escuchar los ecos de mi risa.
Amanda me dijo que es una casa grande para una persona sola, “te hubiera convenido quedarte en el departamento y alquilar o vender esta”.
No. Quería volver, aunque más no sea por un tiempo, quería volver a darle un sentido después de haber descubierto todo ese lado desconocido de la vida de mi madre, de mí, y que aún no puedo compartir aquí, que no quiero hacer público.
Renata me llama cada tardecita, que cómo estoy, que cómo va el acomodamiento de la casa, que si necesito ayuda. Le dije que me reservo el acomodar las bibliotecas con ella; se puso contenta con esa promesa, yo también.
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Es raro, pero me pareció haber escuchado la voz de mi madre, me pareció escuchar los ecos de mi risa.
Amanda me dijo que es una casa grande para una persona sola, “te hubiera convenido quedarte en el departamento y alquilar o vender esta”.
No. Quería volver, aunque más no sea por un tiempo, quería volver a darle un sentido después de haber descubierto todo ese lado desconocido de la vida de mi madre, de mí, y que aún no puedo compartir aquí, que no quiero hacer público.
Renata me llama cada tardecita, que cómo estoy, que cómo va el acomodamiento de la casa, que si necesito ayuda. Le dije que me reservo el acomodar las bibliotecas con ella; se puso contenta con esa promesa, yo también.
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domingo, junio 25, 2006
¿Ready to go?
Mi pregunta, casi metafísica del día de la fecha es: ¿puede una estar segura de poder enfrentar los cambios?
Esta mañana me avisaron pueden entregarme la casa ya arreglada en su totoalidad hacia fines de la primera semana de julio. Gulp. Un nudo en el estómago. Es un vértigo.
Me quedo parada en el medio de mi living, miro hacia el patio, hacia el dormitorio. Recuerdo esos locos encuentros amorosos con Melisa por cada una de estas habitaciones, en este sofa donde reposa la portátil y en donde apenas puedo tener parado el termo de estos mates amargos que me estoy tomando.
Mirá la biblioteca, el estante de los CDs, miro los adornitos, miro todo y es casi la vida. Tanta fuerza, tanto deseo, tanto amor, tanto dolor.
Miro y miro, trato de sobreponer las imágenes presentes y las que serán el futuro, pero que a la vez vienen de un pasado.
¿Estoy lista? Quién lo sabe.
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Esta mañana me avisaron pueden entregarme la casa ya arreglada en su totoalidad hacia fines de la primera semana de julio. Gulp. Un nudo en el estómago. Es un vértigo.
Me quedo parada en el medio de mi living, miro hacia el patio, hacia el dormitorio. Recuerdo esos locos encuentros amorosos con Melisa por cada una de estas habitaciones, en este sofa donde reposa la portátil y en donde apenas puedo tener parado el termo de estos mates amargos que me estoy tomando.
Mirá la biblioteca, el estante de los CDs, miro los adornitos, miro todo y es casi la vida. Tanta fuerza, tanto deseo, tanto amor, tanto dolor.
Miro y miro, trato de sobreponer las imágenes presentes y las que serán el futuro, pero que a la vez vienen de un pasado.
¿Estoy lista? Quién lo sabe.
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jueves, febrero 09, 2006
Atardecer
Hoy parecía el Principito, iba corriendo mi silla para poder seguir viendo el atardecer. Me agarró en mi patio, y luego me fui al living, y allí agarré la compu, la acomodé; después abrí una botella de Cabernet, y decidí comprender esta molestia que siento muy adentro, y que me quema. La noche está fresca, y estoy por abrir una segunda botella.
Encendí unas velas, unos sahumerios, y pedí algo para comer, no tengo ganas de cocinar esta noche.
Sólo pienso en una baño reparador antes de irme a acostar, sola. Y remarco el sola, porque hubiera tenido la oportunidad de no hacerlo y preferí que fuera así.
Esta tarde se presentó Bárbara en mi oficina y amenazó con venir y salir a comer. Yo le dije que no, que el viaje de vuelta me había cansado un poco, y que prefería estar unos días all by myself. Se fue poco convencida, pero entendiendo mis razones.
Llegar a Santa Lucía, después de casi dos semanas en Las Grutas es como volver a un pequeño infierno. Todo se sabe, todo se ve, todo se cuenta.
Ahh cansancio del pueblo chico, los pocos espacios donde se puede respirar. Y en esos pocos espacios, la mañana siguiente del día en que volvés te encontrás con tu anterior pareja o amante, que está con su nueva compañía.
Touchée. Sí. La ví a Melisa con la francesa. M. se puso colorada completamente, no sé si la otra me registró, pero el desayuno en La Mariposa terminó en un breve saludo a los chicos y la promesa de volver cuando ella no esté por allí.
Copa tras copa de vino es como cubrirme de seda, y a la vez desnudarme. Es como hacerme el amor por dentro, en esta soledad, que para qué lo voy a negar, no me gusta mucho. Pero hoy la elegí, y preferí no tener que fingir, que sonreir porque sí y hacer el amor con alguien que hoy no deseaba. No es que Bárbara no pueda estimularme (ella me gusta mucho), pero te juro que si la hubiera encontrado sola a M. quizá me hubiera zambullido de cabeza en esa locura nuevamente.
Pero hoy ví, sentí que esto realmente acabó, y que hay que trabajar en ese sentido. Ella por su lado, yo por el mío.
Natalie Barney viene y me lame un dedo, otro. La acaricio, es tan suave, y arisca ala vez, como su ex dueña, M. Ella justamente. Mi chica piercing, mi locura, mi amor perdido prohibido, me camino hacia.... el abismo.
Otra copa, mesera, así acabo con este dolor en la ducha, y conmigo misma.
Encendí unas velas, unos sahumerios, y pedí algo para comer, no tengo ganas de cocinar esta noche.
Sólo pienso en una baño reparador antes de irme a acostar, sola. Y remarco el sola, porque hubiera tenido la oportunidad de no hacerlo y preferí que fuera así.
Esta tarde se presentó Bárbara en mi oficina y amenazó con venir y salir a comer. Yo le dije que no, que el viaje de vuelta me había cansado un poco, y que prefería estar unos días all by myself. Se fue poco convencida, pero entendiendo mis razones.
Llegar a Santa Lucía, después de casi dos semanas en Las Grutas es como volver a un pequeño infierno. Todo se sabe, todo se ve, todo se cuenta.
Ahh cansancio del pueblo chico, los pocos espacios donde se puede respirar. Y en esos pocos espacios, la mañana siguiente del día en que volvés te encontrás con tu anterior pareja o amante, que está con su nueva compañía.
Touchée. Sí. La ví a Melisa con la francesa. M. se puso colorada completamente, no sé si la otra me registró, pero el desayuno en La Mariposa terminó en un breve saludo a los chicos y la promesa de volver cuando ella no esté por allí.
Copa tras copa de vino es como cubrirme de seda, y a la vez desnudarme. Es como hacerme el amor por dentro, en esta soledad, que para qué lo voy a negar, no me gusta mucho. Pero hoy la elegí, y preferí no tener que fingir, que sonreir porque sí y hacer el amor con alguien que hoy no deseaba. No es que Bárbara no pueda estimularme (ella me gusta mucho), pero te juro que si la hubiera encontrado sola a M. quizá me hubiera zambullido de cabeza en esa locura nuevamente.
Pero hoy ví, sentí que esto realmente acabó, y que hay que trabajar en ese sentido. Ella por su lado, yo por el mío.
Natalie Barney viene y me lame un dedo, otro. La acaricio, es tan suave, y arisca ala vez, como su ex dueña, M. Ella justamente. Mi chica piercing, mi locura, mi amor perdido prohibido, me camino hacia.... el abismo.
Otra copa, mesera, así acabo con este dolor en la ducha, y conmigo misma.
lunes, febrero 06, 2006
Spleen
Ayer no quise ir a la playa, preferí quedarme en la frescura del depto. Las Grutas es un lugar bellísimo, pero todo quema. Pocos árboles, mucho polvo cuando al atardecer se levanta el viento.Ayer me quedé y subí mi foto, tomada por Lucrecia.
- Si vos escribís sobre mí, yo debo sacarle una foto a la autora.
- Ok. Pero esperá que pose.
Fue raro ponerme a borrar mi rostro, no siento que sea esconderme, pero todavía no quiero que las multitudes me paren por la calle. Ja. Un poco de humor para una mañana medio aburrida. Estoy entre cansada y saturada de mar. Lucrecia, siguiendo con lo intelectual, dice que sufro de “spleen”; más que spleen sufro de ansiedad crónica. Me cuesta relajarme, quedarme en un solo lugar, y hay quienes dirían, en una misma cama con una misma persona.
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domingo, febrero 05, 2006
jueves, mayo 26, 2005
Destrucción
El otro día escribí algo sobre, justamente, la escritura. Y caí en el silencio. En el silencio del desvarío, de la grieta, del mandarse una cagada; ese silencio que es el resultado de una herida, casi mortal.
El sábado pasado fui a ese almuerzo de ex alumnas al que hice referencia días atrás. Como habíamos quedado, allí nos encontramos con Gloria. El almuerzo fue recontra aburrido, con las preguntas de siempre o con variaciones: ¿ya tenés nietos? ¿te casaste/divorciaste? ¿qué crema te ponés contra las patas de gallo? Y así. Verdaderamente insoportable.
Con Gloria pudimos ir compartiendo algunos comentarios, y detalles de nuestras vidas: yo ahora en incipiente relación, ella separada desde hace un año. Trabajos, ideas acerca del futuro y todo eso.
Yo por mi lado presentí algo, un algo que después pude comprobar. Lo comprobé en su casa. Comprobé su duda, su curiosidad. Y el sábado pasó y allí, en su casa, me encontró el domingo.
Hacia el mediodía salí disparada de allí, mal, prometiéndole a Gloria un llamado que no he realizado. Pero sí la llamé a Melisa, necesitaba decirle. No podía con ese peso. No podía. Ella tampoco pudo. Cuando vino y le dije, su mano que hasta ese momento me había acariciado, me dio vuelta casi la cara, y un portazo, y el silencio. Y mi bronca conmigo misma. Parece que lo mío no tiene remedio: destruir lo bueno que me toca.
El sábado pasado fui a ese almuerzo de ex alumnas al que hice referencia días atrás. Como habíamos quedado, allí nos encontramos con Gloria. El almuerzo fue recontra aburrido, con las preguntas de siempre o con variaciones: ¿ya tenés nietos? ¿te casaste/divorciaste? ¿qué crema te ponés contra las patas de gallo? Y así. Verdaderamente insoportable.
Con Gloria pudimos ir compartiendo algunos comentarios, y detalles de nuestras vidas: yo ahora en incipiente relación, ella separada desde hace un año. Trabajos, ideas acerca del futuro y todo eso.
Yo por mi lado presentí algo, un algo que después pude comprobar. Lo comprobé en su casa. Comprobé su duda, su curiosidad. Y el sábado pasó y allí, en su casa, me encontró el domingo.
Hacia el mediodía salí disparada de allí, mal, prometiéndole a Gloria un llamado que no he realizado. Pero sí la llamé a Melisa, necesitaba decirle. No podía con ese peso. No podía. Ella tampoco pudo. Cuando vino y le dije, su mano que hasta ese momento me había acariciado, me dio vuelta casi la cara, y un portazo, y el silencio. Y mi bronca conmigo misma. Parece que lo mío no tiene remedio: destruir lo bueno que me toca.
viernes, mayo 20, 2005
De palabras está hecho el mundo
Y no sólo de palabras, de hechos, de gestos, de acciones. Pero algo que me ayudó a mí en mi noche más negra de la invisibilidad, como esas veces en que tenés que cambiar el nombre de quien estás enamorada, en esas noches que llorás a moco tendido porque no te animás a decirle a tu mejor amiga que la querés, que estás enamorada de ella, y no lo hacés por temor al rechazo, al golpe bajo, hasta miedo a la bofetada que te puedan dar.
En esos momentos me ayudó la palabra, es decir, la escritura. Tengo algunas publicaciones (pecados de la juventud) pero sobre todo tengo mis diarios personales. Esos que llenás en noches desesperadas, en días grises, aullando de dolor, cayéndote de alcohol o drogas, aún con el beso robado en alguna cama en tus labios.
Esa escritura, esa práctica me salvó de caerme, de matarme, de asfixiarme. Estuve pensando en esto hoy, mientras bebía mi capuccino de costumbre. Anoté algunas de estas líneas para después desarrollarlas (ahora lo estoy haciendo). Lo pensé relacionado con la onda de llevar un blog, de poder decir lo tuyo en este espacio.
Yo me siento otra desde que lo hago. Podría firmar con mi nombre y todo eso, pero no sería lo mismo. La escritura de este blog ya es casi casi parte de mi aire. Me deja jugar con mi propia historia, con la de otras mujeres. Y cuando digo jugar, digo: hablar, pensar, reflexionar, crear.
Esta escritura también me mantiene viva. Es mi juego secreto. Es un reflejo de parte de mi vida, no toda, por supuesto.
Yo creo que las lesbianas deberíamos tomar la escritura de un blog como un espacio que nos ayude a ser menos invisibles, en donde podamos decirnos, compartir nuestras cosas. Y, sin duda alguna, se van creando olas, y se van acercando montañas, y van quemando los cuerpos.
Una vez más la escritura me da la posibilidad de ser yo, y de correr un poco la cortina de mi casa, y sacudir algunas cosas p’afuera.
En esos momentos me ayudó la palabra, es decir, la escritura. Tengo algunas publicaciones (pecados de la juventud) pero sobre todo tengo mis diarios personales. Esos que llenás en noches desesperadas, en días grises, aullando de dolor, cayéndote de alcohol o drogas, aún con el beso robado en alguna cama en tus labios.
Esa escritura, esa práctica me salvó de caerme, de matarme, de asfixiarme. Estuve pensando en esto hoy, mientras bebía mi capuccino de costumbre. Anoté algunas de estas líneas para después desarrollarlas (ahora lo estoy haciendo). Lo pensé relacionado con la onda de llevar un blog, de poder decir lo tuyo en este espacio.
Yo me siento otra desde que lo hago. Podría firmar con mi nombre y todo eso, pero no sería lo mismo. La escritura de este blog ya es casi casi parte de mi aire. Me deja jugar con mi propia historia, con la de otras mujeres. Y cuando digo jugar, digo: hablar, pensar, reflexionar, crear.
Esta escritura también me mantiene viva. Es mi juego secreto. Es un reflejo de parte de mi vida, no toda, por supuesto.
Yo creo que las lesbianas deberíamos tomar la escritura de un blog como un espacio que nos ayude a ser menos invisibles, en donde podamos decirnos, compartir nuestras cosas. Y, sin duda alguna, se van creando olas, y se van acercando montañas, y van quemando los cuerpos.
Una vez más la escritura me da la posibilidad de ser yo, y de correr un poco la cortina de mi casa, y sacudir algunas cosas p’afuera.
jueves, mayo 19, 2005
Es la vida que me alcanza
Anoche me invitó a cenar a un restaurant que habrió no hace mucho tiempo. Es tan dulce. Siempre con sorpresas, con regalitos: que un chocolate, que un muñequito, o tarjeta, o postales por mail.
Y yo, yo enganchada, mentalmente, con la vida de D. Que se vaya a freir churros, que las tortillas me las sigo comiendo yo.
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miércoles, mayo 11, 2005
Salir del armario
Tenía 19 años e Inés tenía apenas tres más. Éramos dos pendejas enamoradas, y nos comíamos el mundo. Ese que quedaba ahí afuera, ese que apuntaba hacia Buenos Aires o bien hacia Rosario. Éramos tan jóvenes y nos enamoramos. Estábamos locas una por la otra. Día y noche, noche y día juntas. Fue mi primera relación con otra mujer, con otra persona. Ella encaró, yo no lo pude creer, y allí estuvimos. Tres años. Al poco tiempo de salir, yo decidí decirle a mi mis viejos lo mío, ya que se había concretizado en algo, no era sólo lesbianismo platónico. Pero lo hice sin consultarlo con ella.
!La que se armó! Ella no quería que todo el mundo supiera que ella era lesbiana. Yo le expliqué que mis viejos sabían que yo era. No le había dado ningún nombre.
No fue fácil, vernos, amarnos y seguir construyendo algo. Pero la pasión era muy fuerte. Y tener pasión en un lugar como Santa Lucía no es muy sano, salvo que estés pensando en irte de ahí.
Lo habíamos planeado. Cuidadosamente. Pero cuando llegó el momento, casi con los boletos de micro en la mano, yo dije: “me quedo”. Inés nunca me lo perdonó. Por eso Amanda insiste con que la dejé ir. Por lo que supe, se fue con el tiempo a Estados Unidos, y allá se casó con un tipo. Me dicen que tiene una hija. Nunca salió del armario, nunca dijo nada.
A mí me echaron de un laburo, pero a escondidas, no.
!La que se armó! Ella no quería que todo el mundo supiera que ella era lesbiana. Yo le expliqué que mis viejos sabían que yo era. No le había dado ningún nombre.
No fue fácil, vernos, amarnos y seguir construyendo algo. Pero la pasión era muy fuerte. Y tener pasión en un lugar como Santa Lucía no es muy sano, salvo que estés pensando en irte de ahí.
Lo habíamos planeado. Cuidadosamente. Pero cuando llegó el momento, casi con los boletos de micro en la mano, yo dije: “me quedo”. Inés nunca me lo perdonó. Por eso Amanda insiste con que la dejé ir. Por lo que supe, se fue con el tiempo a Estados Unidos, y allá se casó con un tipo. Me dicen que tiene una hija. Nunca salió del armario, nunca dijo nada.
A mí me echaron de un laburo, pero a escondidas, no.
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martes, mayo 10, 2005
Chapa y pintura
Hoy me corté el pelo. Me queda mucho mejor, y hasta podría decir que me saca algunos años. Fui a “Chez Albert”, y como me encontré con que ahora te dan masajes, y esas cosas, aproveché el paquete completo.
Me siento muy relajada, con ganas de cenar algo rico (no se me ocurre qué puede ser), y la estoy esperando a Melisa, que está por caer de un momento al otro..
Mientras me daban los masajes estuve pensando en toda la tensión que viví estas últimas semanas. Me parecen siglos. Pero sé que me hace muy bien poder estar como estoy, con quien estoy. En el trabajo las cosas van bien, y algunas personas me están recomendado a gente amigas de otras ciudades, al menos más grandes.
Necesitaba hacer este cambio, digo, el pelo. En mí es todo un signo. Me siento como más liberada, sin esa pesadez del cabello largo. Además ya me estaba resultando algo incómodo en la cama (jeje). A Melisa le queda muy bien el pelo como lo tiene, pasándole la mitad de la espalda. Su cara tiene unas facciones especiales que se realzan con ese forma de peinarse que tiene, con esa manera que tiene de recogérselo hacia atrás en rodetes inexistentes. Me gusta, y ¿qué?
Me siento muy relajada, con ganas de cenar algo rico (no se me ocurre qué puede ser), y la estoy esperando a Melisa, que está por caer de un momento al otro..
Mientras me daban los masajes estuve pensando en toda la tensión que viví estas últimas semanas. Me parecen siglos. Pero sé que me hace muy bien poder estar como estoy, con quien estoy. En el trabajo las cosas van bien, y algunas personas me están recomendado a gente amigas de otras ciudades, al menos más grandes.
Necesitaba hacer este cambio, digo, el pelo. En mí es todo un signo. Me siento como más liberada, sin esa pesadez del cabello largo. Además ya me estaba resultando algo incómodo en la cama (jeje). A Melisa le queda muy bien el pelo como lo tiene, pasándole la mitad de la espalda. Su cara tiene unas facciones especiales que se realzan con ese forma de peinarse que tiene, con esa manera que tiene de recogérselo hacia atrás en rodetes inexistentes. Me gusta, y ¿qué?
miércoles, mayo 04, 2005
¿El fin?
Nos encontramos en un bar. Me dijo que como me había escuchado rara, prefería que nos encontráramos en un espacio “neutral”.
Rápidamente me contó qué había sido de su día, que había tenido que preparar como una clase especial sobre diseño web con otras compañeras, que Carlos se había olvidado de ir a pagar la luz y así.
Yo sonreía, la escuchaba detenidamente, como siempre.
- Pero a vos qué te pasa hoy, me preguntó tierna.
- Nada. Pavadas.
- Dale, ¿te puedo ayudar?
(Ya me estás ayudando, y yo no quiero, es como que mi lado oscuro no quiere).
- No. No te preocupes. Es... sólo cansancio.
- No te creo. Se te nota que no es eso.
(Suspiro mío)
- Esta mañana te vi en el bar, estabas con tus compañeras.
- ¿Sí? y ¿ por qué no entraste? o ¿pasaste en taxi?
- No, había salido a caminar, refrescar un poco las ideas, y a comprar puchos y café.
- Y ¿por qué no entraste, mala?, dijo como haciendo pucheros.
- Es que... No sé.
- ...
- No se me dio.
- ¿No se te dio?
- Es que pensé que si entraba te iba a incomodar, o que tus compañeras pensarían que soy tu madre.
- ¿Qué? me dijo fulminándome con la mirada.
- Eso.
- ¿Vos pensaste eso? En vez de pensar que me pondría contenta de ver por allí, de manera inesperada. No pensaste que podría haber sido una alegría para las dos.
- Eh...
- Qué pelotudez. Jamás pensé escuchar de vos esta pelotudez.
- Melisa..., le quise agarrar la mano y me la sacó antes.
- Melisa ¿qué? ¿Dónde cuernos quedo yo? tengo 22 años, pero ya no me hago pis en la cama, laburo y ya tengo edad de poder elegir con quien estar, a quien querer. Y en este caso sos vos, que parecés no quererlo del todo.
- Escuchame no es eso.
- ¿Qué diablos es entonces? ¿De qué tenés miedo? No lo puedo creer, yo agazapada un año, preguntando de vez en cuando por vos, y escuchar esto de ahora. ¿Sabés qué?
Moví de manera negativa la cabeza, sin abrir la boca.
- ¿Sabés cómo te hubiera presentado?... Chicas, ella es ..., mi novia.
Sonreí.
- De qué te sonreís. Así te siento yo, ¿y vos a mí?
- También claro que sí.
- No, creo que no.
- Melisa...
Se paró. Y se dirigió a una mesa cercana. Yo la miraba y no lo podía creer.
Se dijo a una pareja que estaba allí sentada:
- Hola, ¿tiene idea de quién es ella?
Cara de nada de esas personas.
- Mi novia.
- Melisa, por favor, apenas pude articular desde la mesa.
Fue hacia otra mesa:
- Sabe quién es ella?
- No, ¿quién?
- Mi novia.
Volvió como sacada de sí, era la primera vez que la veía así y que veía a otra mujer actuar así, en público.
- ¿Dónde más querés que lo diga para creerme?
- Te creo. Pero salgamos de acá ahora mismo.
- ¿Miedo, vergüenza?
- Por favor Melisa, salgamos.
Ya en la calle la cosa siguió. Y me fue dando de a palos. Me fue sacudiendo duro, muy duro.
Pero tenía razón. Toda la razón del mundo.
- ¿Por qué te negás a ser feliz?
- No... lo... sé, le dije llorando, sentada en el banco de una plaza.
Creo que nunca me sentí tan desnuda ante alguien, creo que cualquier persona me hubiera podido ver hasta los huesos.
- Es que... No sé. ¿Demasiado bueno para ser real?
- Ah, no vengás con esa frase hecha. A mí no. Con eso no me arreglás, no me alcanza.
La miré desolada: “Con qué te alcanza?
- Con vos,..., con vos. ¿No lo entendés? Vos hablando, en silencio, cogiendo, haciendo el amor, cocinando, leyendo, de frente y en el teléfono. Tus manos, tus tetas, tu concha. Tu cabeza, tu inteligencia (de la que ahora dudo), tu fuerza interior, tu historia.
También con tus dudas, pero para eso quiero que las compartas conmigo, aquellas que tengan que ver conmigo. No pienses por mí, ni quieras tener todo bajo control.
Y me abrazó muy fuerte. Hacía tiempo que no lloraba de esa forma. Sigo llorando. Hoy no fui a trabajar, no puedo. Y esto apenas lo puedo escribir.
Rápidamente me contó qué había sido de su día, que había tenido que preparar como una clase especial sobre diseño web con otras compañeras, que Carlos se había olvidado de ir a pagar la luz y así.
Yo sonreía, la escuchaba detenidamente, como siempre.
- Pero a vos qué te pasa hoy, me preguntó tierna.
- Nada. Pavadas.
- Dale, ¿te puedo ayudar?
(Ya me estás ayudando, y yo no quiero, es como que mi lado oscuro no quiere).
- No. No te preocupes. Es... sólo cansancio.
- No te creo. Se te nota que no es eso.
(Suspiro mío)
- Esta mañana te vi en el bar, estabas con tus compañeras.
- ¿Sí? y ¿ por qué no entraste? o ¿pasaste en taxi?
- No, había salido a caminar, refrescar un poco las ideas, y a comprar puchos y café.
- Y ¿por qué no entraste, mala?, dijo como haciendo pucheros.
- Es que... No sé.
- ...
- No se me dio.
- ¿No se te dio?
- Es que pensé que si entraba te iba a incomodar, o que tus compañeras pensarían que soy tu madre.
- ¿Qué? me dijo fulminándome con la mirada.
- Eso.
- ¿Vos pensaste eso? En vez de pensar que me pondría contenta de ver por allí, de manera inesperada. No pensaste que podría haber sido una alegría para las dos.
- Eh...
- Qué pelotudez. Jamás pensé escuchar de vos esta pelotudez.
- Melisa..., le quise agarrar la mano y me la sacó antes.
- Melisa ¿qué? ¿Dónde cuernos quedo yo? tengo 22 años, pero ya no me hago pis en la cama, laburo y ya tengo edad de poder elegir con quien estar, a quien querer. Y en este caso sos vos, que parecés no quererlo del todo.
- Escuchame no es eso.
- ¿Qué diablos es entonces? ¿De qué tenés miedo? No lo puedo creer, yo agazapada un año, preguntando de vez en cuando por vos, y escuchar esto de ahora. ¿Sabés qué?
Moví de manera negativa la cabeza, sin abrir la boca.
- ¿Sabés cómo te hubiera presentado?... Chicas, ella es ..., mi novia.
Sonreí.
- De qué te sonreís. Así te siento yo, ¿y vos a mí?
- También claro que sí.
- No, creo que no.
- Melisa...
Se paró. Y se dirigió a una mesa cercana. Yo la miraba y no lo podía creer.
Se dijo a una pareja que estaba allí sentada:
- Hola, ¿tiene idea de quién es ella?
Cara de nada de esas personas.
- Mi novia.
- Melisa, por favor, apenas pude articular desde la mesa.
Fue hacia otra mesa:
- Sabe quién es ella?
- No, ¿quién?
- Mi novia.
Volvió como sacada de sí, era la primera vez que la veía así y que veía a otra mujer actuar así, en público.
- ¿Dónde más querés que lo diga para creerme?
- Te creo. Pero salgamos de acá ahora mismo.
- ¿Miedo, vergüenza?
- Por favor Melisa, salgamos.
Ya en la calle la cosa siguió. Y me fue dando de a palos. Me fue sacudiendo duro, muy duro.
Pero tenía razón. Toda la razón del mundo.
- ¿Por qué te negás a ser feliz?
- No... lo... sé, le dije llorando, sentada en el banco de una plaza.
Creo que nunca me sentí tan desnuda ante alguien, creo que cualquier persona me hubiera podido ver hasta los huesos.
- Es que... No sé. ¿Demasiado bueno para ser real?
- Ah, no vengás con esa frase hecha. A mí no. Con eso no me arreglás, no me alcanza.
La miré desolada: “Con qué te alcanza?
- Con vos,..., con vos. ¿No lo entendés? Vos hablando, en silencio, cogiendo, haciendo el amor, cocinando, leyendo, de frente y en el teléfono. Tus manos, tus tetas, tu concha. Tu cabeza, tu inteligencia (de la que ahora dudo), tu fuerza interior, tu historia.
También con tus dudas, pero para eso quiero que las compartas conmigo, aquellas que tengan que ver conmigo. No pienses por mí, ni quieras tener todo bajo control.
Y me abrazó muy fuerte. Hacía tiempo que no lloraba de esa forma. Sigo llorando. Hoy no fui a trabajar, no puedo. Y esto apenas lo puedo escribir.
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Yéndose a pique
domingo, abril 24, 2005
Cumpleaños de 15
Estoy de cumpleaños de 15. Sara, la hija de Amanda, una amiga, los cumple y yo estaré allí, como su madrina, pero también como encargada de que todo salga bien. ¿Por qué? Porque mi laburo, de lo cual vivo y pervivo, es ser gestora de eventos sociales y culturales. Vos venís me decís qué querés hacer y yo te armo todo el esquema, logística, decoración, regalos, etc.
Este emprendimiento lo pude empezar a llevar adelante a partir de mis contactos y de las personas amigas de ellos. Es decir una buena agenda, que fue creciendo en la época en que trabajaba en una empresa de turismo. En realidad estaba asociada a un tipo que me cagó.
Pero aquí estamos cuando Sarita, ya con sus 15 estrenados hace pocos días, va a festejarlo con sus amigas y amigos. No quiso que hubiera muchos familiares, y me parece que está bien.
Por suerte lo habíamos programado para hacerlo en un salón, porque anoche llovió y hoy amaneció muy frío.
Estoy en los últimos detalles, toda esta preparación final me mantiene pensando en otra cosa.
Me pone mal no saber dónde estoy parada, ni con quién estoy parada. Preferiría saber que estoy en un pantano pero sola. En fín. Un domingo ocupado es mejor que nada.
Este emprendimiento lo pude empezar a llevar adelante a partir de mis contactos y de las personas amigas de ellos. Es decir una buena agenda, que fue creciendo en la época en que trabajaba en una empresa de turismo. En realidad estaba asociada a un tipo que me cagó.
Pero aquí estamos cuando Sarita, ya con sus 15 estrenados hace pocos días, va a festejarlo con sus amigas y amigos. No quiso que hubiera muchos familiares, y me parece que está bien.
Por suerte lo habíamos programado para hacerlo en un salón, porque anoche llovió y hoy amaneció muy frío.
Estoy en los últimos detalles, toda esta preparación final me mantiene pensando en otra cosa.
Me pone mal no saber dónde estoy parada, ni con quién estoy parada. Preferiría saber que estoy en un pantano pero sola. En fín. Un domingo ocupado es mejor que nada.
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