Está decidido: vuelvo a casa. Basta de vacaciones. Necesito mi casa, mi colchón, mi gata, mis lugares.
¿Lucrecia? Ella se queda unos días más. Dentro de una semana debe volver a Baires, para trabajar. Sí, es de Buenos Aires, vive en Montserrat. Le dije que tengo amigas por allí, que suelo parar cerca.
¿Nos volveremos a ver? No sé. Intercambiamos direcciones de mails, números de teléfono. Nos estamos despidiendo. Hasta ahora fue muy bueno, me cargó las pilas y me siento casi como nueva, llena de deseo.
En Santa Lucía me esperan un par de trabajos grandes, y que demandan mi presencia. Debo ponerme con lo de la casa de mi madre, e intentar encontrarme, finalmente, con mi media hermana.
Ahh, me canso de sólo enumerar todo esto, pero lo siento bien mío, y quiero estar allí, presente. Carpe Diem, too.
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martes, febrero 07, 2006
lunes, febrero 06, 2006
Spleen
Ayer no quise ir a la playa, preferí quedarme en la frescura del depto. Las Grutas es un lugar bellísimo, pero todo quema. Pocos árboles, mucho polvo cuando al atardecer se levanta el viento.Ayer me quedé y subí mi foto, tomada por Lucrecia.
- Si vos escribís sobre mí, yo debo sacarle una foto a la autora.
- Ok. Pero esperá que pose.
Fue raro ponerme a borrar mi rostro, no siento que sea esconderme, pero todavía no quiero que las multitudes me paren por la calle. Ja. Un poco de humor para una mañana medio aburrida. Estoy entre cansada y saturada de mar. Lucrecia, siguiendo con lo intelectual, dice que sufro de “spleen”; más que spleen sufro de ansiedad crónica. Me cuesta relajarme, quedarme en un solo lugar, y hay quienes dirían, en una misma cama con una misma persona.
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domingo, febrero 05, 2006
Talking head(s)
Te gustan los juegos mentales, eso hace que me gustes más. Las palabras, además de la música, son tu pasión. Hacía tiempo que no me pasaba: alguien rápida, que devuelve la estocada mental al toque, alguien que dispara rápido sus ideas, sus respuestas, en al menos otros dos idiomas.
Me das la razón: tu nombre no es Amanda, es Lucrecia. Te creo un poco más, pero aún me suena literario. No importa. Esto es un juego, y lo juego. Es bueno saber desde un comienzo de qué va la historia o la no historia.
¿Mi corazón? Una especie de caleidoscopio, lleno de gasas y pervinox. Ya nadie podría romperlo, ergo no pido eso, pido que vengan y me lo roben, de una vez para siempre, que me lleven con él, que me lleven de verdad. Que me traguen y me vomiten.
Pero, si lo pienso bien, ni eso pido. Ya no pido nada, cada vez que lo hice me fue dado, pero el antídoto no suele venir con el veneno.
So, here we are, Lucrecia and me. Living loving we’re just two women. ¿Veneno? ¿Lucrecia? Hmmm. Sigo con los juegos, mentales, de palabras, de significantes en trance.
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sábado, febrero 04, 2006
Lady in red

Viniste de rojo, húmedos tus cabellos, tus manos aromadas por un urgente perfume. Viniste de rojo para embestirme. Me dijiste tu nombre: Amanda. Mentís y lo hacés muy bien. Ese no es tu nombre, y no me importa, por primera vez no me importa. También me mentís diciéndome que sos lesbiana, que sólo lo hacés con mujeres. Sorry, nena, no es verdad. Se nota en tu cuerpo, en tus movimientos, que también curtís con tipos, y sabés qué... no me importa.
Somos las dos en el aquí y ahora. En cada beso, cogida, en cada comida que compartimos. Ni ayer ni mañana. Carpe Diem, en rojo, tornando al violeta.
Te dije que llevo un blog, no me creíste, pero en mi computadora encontré tu búsqueda... ¿qué buscabas? Nada... una gota en el océano de la blogosfera.
Sos la única que lo sabe: escribo mi vida, y la de aquellas con quienes me cruzo. Esa parte de vida, queda por aquí.
Cogés bien ¿sabías? ¿Te lo han dicho tus hombres? El sur libera, el sur limpia el alma y el cuerpo, y la mente.
Viniste de rojo, querías jugar a las escondidas, al gallito ciego, a caperucita roja.
Me das fuerza ¿sabías? Amanda, la que es amada por una tonta como yo; por una romántica como yo. Te emocionaste cuando te di las rosas la otra noche. Yo también, fue con desapego, pero me emocioné. Aún puedo regalar flores; o un libro, o bombones.
A Melisa solía regalarle bombones, nos empachábamos con ellos. Pero aquí estás vos, y me observás mientras escribo. Estás en esa cama de un pequeño departamento, en el culo del mundo, y mientras fumás me mirás, en pose.
- ¿Escribís sobre mí?
- Sí, te digo. Me siento casi como una pintora, con su modelo allí desnuda. Te pinto con palabras, pero más que a vos a la situación.
- ¿Lo voy a poder leer?
- Si lo encontrás sí, es todo tuyo este texto que estoy por subir en la web.
Morbo del saberse contada, dicha, saboreada en palabras. Sus pezones comienzan a pararse, a erguirse como torres marinas. Mis manos necesitan otra cosa más que un teclado. Es bella Amanda, la que miente. Somos bellas en esta tarde remota de un remoto sur, frío y con lluvia.
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viernes, febrero 03, 2006
Después de las sierras, el mar
Sí, después de mis semanas en Córdoba, curando el corazón y el cuerpo; descansando mi mente, volví para Santa Lucía, trabajé unos días, y decidí rumbear para el sur del país, y sobre todo volver a un lugar tan bello como Las Grutas.
Ya hace más de una semana que estoy por aquí, en el depto de una amiga, pero sola. Bah, sola es una forma de decir, ya que a los tres días de llegar apareció en mi vida una sirena, y una no pudo dejar de oir su llamado, por más que me había propuesto no meterme en nada, por meses, al menos.
Pero esto fue más fuerte, y bueno, aquí estoy, no tan sola, tampoco enamorada, pero gozando un poco de la vida con otra mujer, de casi mi edad, música, y masajista. ¿Qué más puedo pedir?
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jueves, febrero 02, 2006
Paisaje Zen
Las Grutas, 2 de febrero de 2006
Tu ombligo: un ojo de agua, al salir del mar, de la ducha. Tus orejas: caracolas esquivas a mis besos, laberintos sonoros de tu mundo. Tus dedos: mi delirio, mi excitación, la música de tu piano. Tu lengua: erizo de mar, esponja marina que me despierta, que me mece, que me coge. Tus pechos: todo el mundo en donde habito y mamo y respiro.
Tu nombre: aún no me es dado. Te niegas. Dices que es lo de menos, que puedo seguir llamándote “mi sirena”. Claro: viniste directo desde el mar, en el sur de esta patria, más que austral.
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