Ya soy grande, grande experiencias, no de edad. Ya estoy grande para no saber qué hacer con el deseo, o bien con su objeto.
Ella está allí, al alcance mi mano, pero nada, no puedo. Bah, puedo, pero mo me dejan. Ella está allí, inalcanzable. Ella levanta el muro que nos separa, que me impide encuerparme en ella.
Salimos, vamos y venimos y nada. Me siento que debo re-aprender el ABC, que debo ir a pre-escolar para poder desarmar esa cerca.
Alguien la haría más fácil y diría: no te desea, loca, dejá de rondar.
Soy loba, voraz comedora, no puedo dejar de rondar. No por comer porque sí, es porque la quiero a ella, y ella me duele.
Tags: lesbianas, lesbiana, argentina, romance, amor, erotica, deseo, pasion
Mostrando las entradas con la etiqueta Yéndose a pique. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Yéndose a pique. Mostrar todas las entradas
domingo, agosto 03, 2008
martes, junio 03, 2008
Qué razón tenía esa bruja
Hubo en nuestro querido país una gran poeta (odio decir poetisa) que supo tener razón cuando escribió aquello de:
"Cuídate del amor que es quien se queda.
Para hoy, para mañana, para después de mañana.
Cuídate porque brilla con un brillo de lágrimas yespadas.
Su gloria es la del Sol, tanto como sus furias y su
orgullo. Pero jamás conocerás la paz..."
Bello poema de Olga Orozco, la bruja, la sacerdotisa. El poema se llama Cartomancia y es mucho más largo, pero esa serie de versos mucha veces ha sido para mí una especie de mantra: Cuídate del amor, del amor cuídate; cuídate, amor, del amor. Es quien se queda siempre, por más que no haya un cuerpo cercano, por más que los harapos que visten al corazón son viejas telarañas.
Cuídate, Elvira, cuídate del querer re-caer. De la re-caida amorosa por más asanas que hagás. Cuídate y lavate los dientes y andá a la cama a ver una película, y llorá, llorá fuerte con la caja de Elite al lado. Llorá, total nadie te escucha.
Tags: lesbianas, lesbiana, argentina, romance, amor, erotica, deseo, pasion
"Cuídate del amor que es quien se queda.
Para hoy, para mañana, para después de mañana.
Cuídate porque brilla con un brillo de lágrimas yespadas.
Su gloria es la del Sol, tanto como sus furias y su
orgullo. Pero jamás conocerás la paz..."
Bello poema de Olga Orozco, la bruja, la sacerdotisa. El poema se llama Cartomancia y es mucho más largo, pero esa serie de versos mucha veces ha sido para mí una especie de mantra: Cuídate del amor, del amor cuídate; cuídate, amor, del amor. Es quien se queda siempre, por más que no haya un cuerpo cercano, por más que los harapos que visten al corazón son viejas telarañas.
Cuídate, Elvira, cuídate del querer re-caer. De la re-caida amorosa por más asanas que hagás. Cuídate y lavate los dientes y andá a la cama a ver una película, y llorá, llorá fuerte con la caja de Elite al lado. Llorá, total nadie te escucha.
Tags: lesbianas, lesbiana, argentina, romance, amor, erotica, deseo, pasion
Etiquetas:
Confesiones,
Olga Orozco,
Soledades,
Yéndose a pique
lunes, octubre 02, 2006
Con las cartas sobre la mesa (II)
Ay, ay, ay Elvirita, no hay nada peor que querer saber, no hay nada peor que hurgar en las heridas ajenas, en las propias. ¿Qué sacás en limpio? ¿De qué te sirve ahora saber?
Ya hace un día que se fue, un día que no sabés de ella, un día y vos no agarrás el teléfono, no la llamás para saber cómo está, pero ¿vos cómo estás? El pelo te va creciendo, la herida que te dejó el piercing en el pezón, y que vos te sacaste ya hace un tiempo, va cerrando; ¿pero cómo estás? Tenés la data y ¿qué hacés con eso? La prima de Córdoba no es prima, es su pareja con la que también intenta terminar desde hace un año, y no pueden cerrar la relación del todo, es por eso que cada vez que va para aquellos lugares para en su “ex” casa, con su ex.
- Mi relación con vos intenta ser otra cosa, Elvira. Te amo, y quiero estar con vos; me gustaría que pudiéramos construir algo entre las dos.
Te quedaste mirándola, pero en realidad mirabas más allá; mirabas como hacia atrás pero en el futuro. Sin duda alguna Laurie Anderson tenía razón en citar a Burroughs: “Language is a virus”. Te carcome y no hay cura. Palabras perras que nos enredan al deseo más mísero, más místico. Revelación de revelaciones: todo desnudo allí, como en una camilla de morgue.
Te quedaste mirándola hasta que fue ella quien se levantó de la cama, quien se fue poniendo el jean, la remera; la que guardó el famoso vestidito en un bolso verde en el que pudiste llegar a ver que guardaba un par de libros que había traído la otra vez, su cepillo de diente, unas ojotas.
No pudiste decir nada, ¿qué ibas a decir? No pudiste detenerla, ni lo intentaste. Se acercó, te acarició la base de la nuca, te beso en la mejilla, te dijo: nos hablamos. La dejaste ir como se deja ir... ¿qué mierda querés escribir Elvira? ¿No te das cuenta que llega un momento en que las palabras ya no te sirven?
Tags: lesbianas, lesbiana, argentina, romance, amor, erotica, deseo, pasion
Ya hace un día que se fue, un día que no sabés de ella, un día y vos no agarrás el teléfono, no la llamás para saber cómo está, pero ¿vos cómo estás? El pelo te va creciendo, la herida que te dejó el piercing en el pezón, y que vos te sacaste ya hace un tiempo, va cerrando; ¿pero cómo estás? Tenés la data y ¿qué hacés con eso? La prima de Córdoba no es prima, es su pareja con la que también intenta terminar desde hace un año, y no pueden cerrar la relación del todo, es por eso que cada vez que va para aquellos lugares para en su “ex” casa, con su ex.
- Mi relación con vos intenta ser otra cosa, Elvira. Te amo, y quiero estar con vos; me gustaría que pudiéramos construir algo entre las dos.
Te quedaste mirándola, pero en realidad mirabas más allá; mirabas como hacia atrás pero en el futuro. Sin duda alguna Laurie Anderson tenía razón en citar a Burroughs: “Language is a virus”. Te carcome y no hay cura. Palabras perras que nos enredan al deseo más mísero, más místico. Revelación de revelaciones: todo desnudo allí, como en una camilla de morgue.
Te quedaste mirándola hasta que fue ella quien se levantó de la cama, quien se fue poniendo el jean, la remera; la que guardó el famoso vestidito en un bolso verde en el que pudiste llegar a ver que guardaba un par de libros que había traído la otra vez, su cepillo de diente, unas ojotas.
No pudiste decir nada, ¿qué ibas a decir? No pudiste detenerla, ni lo intentaste. Se acercó, te acarició la base de la nuca, te beso en la mejilla, te dijo: nos hablamos. La dejaste ir como se deja ir... ¿qué mierda querés escribir Elvira? ¿No te das cuenta que llega un momento en que las palabras ya no te sirven?
Tags: lesbianas, lesbiana, argentina, romance, amor, erotica, deseo, pasion
Etiquetas:
Confesiones,
En casa,
Folletín,
Metafísica del des-amor,
Mi pasado me condena,
Renata,
Soledades,
Yéndose a pique
domingo, octubre 01, 2006
Con las cartas sobre la mesa (I)
Renata acaba de irse, ya han pasado unos minutos más. No sé si volveremos a vernos, la menos hoy. Renata se va y se lleva su misterio con ella, como dentro de una valijita para títeres.
Fue esta mañana cuando más que preguntarle le dije, o ambas cosas a la vez: “¿que papel juego yo en tu relación cordobesa?”. Me miró, se puso medio pálida, y esgrimió: “¿de qué relación me hablás?”.
- Eso no lo sé, sólo sé que existe y lo único que quiero saber es qué papel juegoyo.
- Me parece que estás muy convencida de algo que no es, Elvira.
- Digamosle ¿tu prima?.
- Estas loca! Primero porque no pasa nada con ella, y segundo porque cómo podría tener algo con ella, es una parienta.
- O así le ponemos a la relación para que no parezca que lo es, quizá, le dije yo levantándome de la cama.
- Elvira ¿qué me querés decir con todo esto? No entiendo nada.
- Que sé que la voy de amante de una relación que ya existía o bien tenés una amante que toma mi lugar de vez en cuando, la miré fijo; se largó a llorar. Nunca pensé ver a Renata llorando, no sé por qué, pero bueno, esa es la imagen que me daba.
Le alcancé un cajita de pañuelos, se sonó fuerte la nariz, y me dijo: “No sé cómo ni quien te dijo esto, que es una verdad a medias”.
- Renata, soy toda oidos, le dije sentándome en el borde de la cama.
Tags: lesbianas, lesbiana, argentina, romance, amor, erotica, deseo, pasion
sábado, septiembre 30, 2006
Historia de una pasión
Termino de escribir el título de este post y ya me estoy riendo. Escribo este post como intento de pensar en voz alta qué es esto, qué es todo esto.
La línea pasional es simple, ellas son Elvira y Melisa. Somos nosotras desde siempre, desde el año pasado. Y somos de tal forma que nunca, pero nunca nos hemos “terminado” de separar. Recaemos, y recaemos como si siempre fuera la primera vez, como si siempre estuviéramos recomenzando. El mundo gira a nuestro alrededor, el mundo y sus consecuencias.
Ambas somos fieles de una forma que nadie podrá nunca comprender en su totalidad (tampoco nosotras estamos muy “aware of this”). Aquellas mujeres con las que hemos estado “mientras tanto” seguimos siendo línea pasional (por no llamar pareja), ellas han necesitado de nuestro amantazgo, y nosotras no lo sabíamos, no podíamos intuirlo de esta forma. Ellas iban y venían, y nosotras seguíamos, seguimos.
Lo que más me espanta es el desperdicio de tiempo; el desperdicio de nuestra imaginación en formas de hacernos creer que no nos importamos, cuando sabemos, que tarde o temprano volvemos a caer en nuestra propia trampa.
Tags: lesbianas, lesbiana, argentina, romance, amor, erotica, deseo, pasion
La línea pasional es simple, ellas son Elvira y Melisa. Somos nosotras desde siempre, desde el año pasado. Y somos de tal forma que nunca, pero nunca nos hemos “terminado” de separar. Recaemos, y recaemos como si siempre fuera la primera vez, como si siempre estuviéramos recomenzando. El mundo gira a nuestro alrededor, el mundo y sus consecuencias.
Ambas somos fieles de una forma que nadie podrá nunca comprender en su totalidad (tampoco nosotras estamos muy “aware of this”). Aquellas mujeres con las que hemos estado “mientras tanto” seguimos siendo línea pasional (por no llamar pareja), ellas han necesitado de nuestro amantazgo, y nosotras no lo sabíamos, no podíamos intuirlo de esta forma. Ellas iban y venían, y nosotras seguíamos, seguimos.
Lo que más me espanta es el desperdicio de tiempo; el desperdicio de nuestra imaginación en formas de hacernos creer que no nos importamos, cuando sabemos, que tarde o temprano volvemos a caer en nuestra propia trampa.
Tags: lesbianas, lesbiana, argentina, romance, amor, erotica, deseo, pasion
miércoles, septiembre 27, 2006
“Sigue al conejo blanco”
Lo recuerdo muy bien, Trinity le dice a Neo: “¿Alguna vez has tenido un sueño, que pareciera tan real que no lo puedes distinguir de la realidad? Y si no pudieras despertar de ese sueño, ¿cómo sabrías que estas soñando? (...) Es la pregunta la que nos da fuerza. Es la duda la que te ha traído aquí."
Así me siento: pura duda; y no hay píldora ni roja ni azul que sirva para llevarme hacia el final de la guarida del conejo blanco. Pero sí siento que tengo una enorme zanahoria frente a mi nariz, y que voy babeando tras ella: Melisa; y por el otro lado, como la querida Alicia, voy encontrando otras personas que tienen unos carteles que dicen: “Pruébame”; “Amame”; “Olvídame”.
Como Neo me despierto frente a la compu, ya habiendo perdido el registro del tiempo. Como él me debato entre escapar por la ventana o dejarme atrapar por los agentes. El vértigo del salto, la invitación a lo salvaje es exquisita, pero no estoy muy segura de querer seguir ese camino.
Por el otro lado estaba esa mixtura Renata que llegó a seducirme, a prometerme un tiempo de paz. No me importaría mi lugar de amantazgo, pero sí me gustaría tenerlo en claro.
El conejo mueve el rabo, me hace señas casi lisérgicas, y mis ojos se despedazan contra este monitor intentando encontrar las palabras que puedam decir este proceso por el que estoy pasando.
Tags: lesbianas, lesbiana, argentina, romance, amor, erotica, deseo, pasion
Así me siento: pura duda; y no hay píldora ni roja ni azul que sirva para llevarme hacia el final de la guarida del conejo blanco. Pero sí siento que tengo una enorme zanahoria frente a mi nariz, y que voy babeando tras ella: Melisa; y por el otro lado, como la querida Alicia, voy encontrando otras personas que tienen unos carteles que dicen: “Pruébame”; “Amame”; “Olvídame”.
Como Neo me despierto frente a la compu, ya habiendo perdido el registro del tiempo. Como él me debato entre escapar por la ventana o dejarme atrapar por los agentes. El vértigo del salto, la invitación a lo salvaje es exquisita, pero no estoy muy segura de querer seguir ese camino.
Por el otro lado estaba esa mixtura Renata que llegó a seducirme, a prometerme un tiempo de paz. No me importaría mi lugar de amantazgo, pero sí me gustaría tenerlo en claro.
El conejo mueve el rabo, me hace señas casi lisérgicas, y mis ojos se despedazan contra este monitor intentando encontrar las palabras que puedam decir este proceso por el que estoy pasando.
Tags: lesbianas, lesbiana, argentina, romance, amor, erotica, deseo, pasion
martes, septiembre 26, 2006
Bitter Sweet symphony (II)
Salí del cuarto lo más rápido que pude. Tenía entre ganas de vomitar y de gritar. La sensación fue muy extraña.
- ¿Vos te das cuenta que estás cayendo muy bajo Melisa? ¿Te das cuenta?
- No creo Elvira, sentí que debía decírtelo, pero sí, la forma, sí. No creo que Silvia inventara nada, en realidad es bien directa, y me pareció...
- Basta!!! le grité; basta!! ¿Cómo sé que no mentís porque sabés que ella está allá? ¿Cómo puedo saber si no es una treta tuya? ¿Cómo te puedo creer?
Caí sentada en la misma silla de la cocina. Sentí que Melisa venía hacia mi y le dije: No te acerques.
- Elvira, quiero que sepas que yo estoy, que siempre voy a estar.
- Callate por favor; si, como decís, me querés, callate.
No fue fácil irme, no fue fácil cerrar la puerta, ya no escuchar lo que estaba diciendo. Yo por mi parte no pude decirle nada, esa bomba que tiró me dejó casi sin pensamientos.
Renata vuelve de Córdoba el 28 de septiembre, vuelve del supuesto casamiento o de un real casamiento familiar.
No la conozco tanto como para decir que ella no sería capaz de engañarme; no la conozco tanto para poder haber entendido por qué con toda su capacidad para lo de los títeres, se queda en esta ciudad que te ahoga; no la conozco tanta para sospechar que siempre vuelve a Córdoba para “actuar”.
La sensación es amarga, no por su posible engaño, sino por verla a Melisa actuar de esa forma. Me descolocó, no lo esperaba.
Tags: lesbianas, lesbiana, argentina, romance, amor, erotica, deseo, pasion
- ¿Vos te das cuenta que estás cayendo muy bajo Melisa? ¿Te das cuenta?
- No creo Elvira, sentí que debía decírtelo, pero sí, la forma, sí. No creo que Silvia inventara nada, en realidad es bien directa, y me pareció...
- Basta!!! le grité; basta!! ¿Cómo sé que no mentís porque sabés que ella está allá? ¿Cómo puedo saber si no es una treta tuya? ¿Cómo te puedo creer?
Caí sentada en la misma silla de la cocina. Sentí que Melisa venía hacia mi y le dije: No te acerques.
- Elvira, quiero que sepas que yo estoy, que siempre voy a estar.
- Callate por favor; si, como decís, me querés, callate.
No fue fácil irme, no fue fácil cerrar la puerta, ya no escuchar lo que estaba diciendo. Yo por mi parte no pude decirle nada, esa bomba que tiró me dejó casi sin pensamientos.
Renata vuelve de Córdoba el 28 de septiembre, vuelve del supuesto casamiento o de un real casamiento familiar.
No la conozco tanto como para decir que ella no sería capaz de engañarme; no la conozco tanto para poder haber entendido por qué con toda su capacidad para lo de los títeres, se queda en esta ciudad que te ahoga; no la conozco tanta para sospechar que siempre vuelve a Córdoba para “actuar”.
La sensación es amarga, no por su posible engaño, sino por verla a Melisa actuar de esa forma. Me descolocó, no lo esperaba.
Tags: lesbianas, lesbiana, argentina, romance, amor, erotica, deseo, pasion
Etiquetas:
- de 10 comments,
Folletín,
Melisa,
Metafísica del des-amor,
Rapada,
Recaídas,
Renata,
Santa Lucía,
Yéndose a pique
lunes, septiembre 25, 2006
Bitter sweet symphony (I)
Fuimos hasta el baño y Melisa con una jarrita con agua tibia me lavó la cabeza. Era como una especie de bautismo. Nos volvimos a acostar, después de que ella preparara unos mates. Sentí una especie de vértigo, ya que seguro vendría el hablar, el explicar. Había venido para eso. Había venido para enterarme de cosas que no quiero saber, pero bueno, esto forma parte de lo nuevo que quiero hacer. Puedo pensar en este re-encuentro como una recaída, pero es/fue mucho más.
- ¿No parecemos una pareja cualquiera, así en la cama, tomando mate? preguntó Melisa.
- No realmente no. Creo que somos dos minas con mucha energía interna!
Nos reímos un rato, hasta que su cara cambió.
- Lo de Silvia es una especie de prueba que me impuse...
- No sigas, por favor, le dije.
- Necesito decírtelo, ya que necesito descargarme. Fue muy loco, fue con alcohol de por medio, fue todo mal, pero amanecí un día en su cama, en su casa, después de una reunión. Y ahora, no ha pasado mucho, sabés, no sé cómo cortarlo para no lastimarla.
- ¿Me estás pidiendo un consejo? le dije levantámdome de la cama, y vistiéndome.
- No te pongas así, pero es que, no sé Elvira, quiero que lo nuestro quede claro, para ambas. Me gustaría saber sobre vos y Renata.
- Ah, no! esas no, Melisa. No la metas a ella aquí. ¿Querés saber para qué vine?
- Sí, me dijo mirándome fijo.
- Para ver al diablo a los ojos, para poder ver bien de cerca aquello que me tienta y no me deja ir, aquello en vos que me tiene atada, ¿lo entendés?
-....
- Cómo no lo vas a entender... me tenés en la palma de tu mano, siempre fue así, y yo voy y vengo como una tonta, como boluda enferma de amor. No me importa saber cómo terminaste con esa mina, no me importa, sabés? Lo único que quiero es poder decirte: chau, adiós, no te acerques más, no me sigas haciendo mierda.
- Elvira, te amo.
- Si es así, desaparecé de mi vida, y dejá que sólo pueda seguir lo lindo, lo que vivimos en los comienzos.
- ¿Amás a Renata?
- ¿Y qué mierda te importa eso? Es cuestión mía y de ella.
- Sí me importa, porque me estás haciendo ir, es como si me echaras de tu vida, pero no me termina de quedar en claro por qué. ¿Soy peligrosa? ¿Me tenés miedo?
- ¿Vos me estás cargando?
- Para nada Elvira.
- Vos sos ese pedazo de una daga que queda en el corazón y allí se oxida y te recuerda lo que puedo haber sido y no fue.
- Eso, Elvira, yo te cité para ofrecerte/nos una nueva posibilidad. Yo quiero estar con vos.
- Sabés Melisa, sos una especie de vampira. No me había dado cuenta hasta ahora. Sos muy sutil, muy seductora, te vas metiendo, despacio. Mirá, le dije, lo que creo es que tenemos una “cosa” muy fuerte en la cama, el deseo nos puede, no lo voy a negar, pero yo quiero más, y debo ver de qué manera y con quién, y por el momento lo estoy intentando con Renata.
- ¿De verdad? Me dijo con tono irónico. Vos disculpame, pero sabías que “tu” Renata tiene su pareja en Córdoba? ¿Te lo había dicho?
Sentí un frío frío, sentí por primera vez en mi vida que quería pegarle a alguien, me contuve. La miré mal, como preguntándole. Como rogándole que no sea tan yegua.
- Me contó Silvia, viste, son amigas por parte de la familia.
Tags: lesbianas, lesbiana, argentina, romance, amor, erotica, deseo, pasion
- ¿No parecemos una pareja cualquiera, así en la cama, tomando mate? preguntó Melisa.
- No realmente no. Creo que somos dos minas con mucha energía interna!
Nos reímos un rato, hasta que su cara cambió.
- Lo de Silvia es una especie de prueba que me impuse...
- No sigas, por favor, le dije.
- Necesito decírtelo, ya que necesito descargarme. Fue muy loco, fue con alcohol de por medio, fue todo mal, pero amanecí un día en su cama, en su casa, después de una reunión. Y ahora, no ha pasado mucho, sabés, no sé cómo cortarlo para no lastimarla.
- ¿Me estás pidiendo un consejo? le dije levantámdome de la cama, y vistiéndome.
- No te pongas así, pero es que, no sé Elvira, quiero que lo nuestro quede claro, para ambas. Me gustaría saber sobre vos y Renata.
- Ah, no! esas no, Melisa. No la metas a ella aquí. ¿Querés saber para qué vine?
- Sí, me dijo mirándome fijo.
- Para ver al diablo a los ojos, para poder ver bien de cerca aquello que me tienta y no me deja ir, aquello en vos que me tiene atada, ¿lo entendés?
-....
- Cómo no lo vas a entender... me tenés en la palma de tu mano, siempre fue así, y yo voy y vengo como una tonta, como boluda enferma de amor. No me importa saber cómo terminaste con esa mina, no me importa, sabés? Lo único que quiero es poder decirte: chau, adiós, no te acerques más, no me sigas haciendo mierda.
- Elvira, te amo.
- Si es así, desaparecé de mi vida, y dejá que sólo pueda seguir lo lindo, lo que vivimos en los comienzos.
- ¿Amás a Renata?
- ¿Y qué mierda te importa eso? Es cuestión mía y de ella.
- Sí me importa, porque me estás haciendo ir, es como si me echaras de tu vida, pero no me termina de quedar en claro por qué. ¿Soy peligrosa? ¿Me tenés miedo?
- ¿Vos me estás cargando?
- Para nada Elvira.
- Vos sos ese pedazo de una daga que queda en el corazón y allí se oxida y te recuerda lo que puedo haber sido y no fue.
- Eso, Elvira, yo te cité para ofrecerte/nos una nueva posibilidad. Yo quiero estar con vos.
- Sabés Melisa, sos una especie de vampira. No me había dado cuenta hasta ahora. Sos muy sutil, muy seductora, te vas metiendo, despacio. Mirá, le dije, lo que creo es que tenemos una “cosa” muy fuerte en la cama, el deseo nos puede, no lo voy a negar, pero yo quiero más, y debo ver de qué manera y con quién, y por el momento lo estoy intentando con Renata.
- ¿De verdad? Me dijo con tono irónico. Vos disculpame, pero sabías que “tu” Renata tiene su pareja en Córdoba? ¿Te lo había dicho?
Sentí un frío frío, sentí por primera vez en mi vida que quería pegarle a alguien, me contuve. La miré mal, como preguntándole. Como rogándole que no sea tan yegua.
- Me contó Silvia, viste, son amigas por parte de la familia.
Tags: lesbianas, lesbiana, argentina, romance, amor, erotica, deseo, pasion
Etiquetas:
Folletín,
Melisa,
Metafísica del des-amor,
Recaídas,
Renata,
Silvia,
Yéndose a pique
martes, septiembre 19, 2006
Lo que vendrá
- Vos estás loca, completamente loca, me dijo Amanda. ¿Cómo te vas a rapar? Ahora sí creo que estás gagá.
- No me importa lo que digas, ni lo dura que seas. Necesité hacerlo. No fue fácil decidirme, y luego hacerlo.
- ¿Te vió alguien más?
- No, vine directo para acá. Bah, el que me vio es el del taxi.
- Y ¿qué dirás?
- Nada, no tengo mucho que decir, es más, cada vez que abro la boca armo kilombo. Quiero aprovechar estos días en que Renata no está para reacomodarme.
- Elvira, quiero decirte que te quiero y que cuentes conmigo. Me costará un poco mirarte, me imagino que los primeros días, pero acá estoy, como siempre.
- Sí, ya sé, a mí también me pasa con una amiga de afuera, lo primero que creí fue que estaba enferma, pero como yo u otras, sólo lo estaba de la cabeza y del corazón.
- Sabés, no debería decírtelo, pero ayer, tarde, me llamó Melisa.
- ¿Cómo? ¿A vos?
- Sí, no te olvides que la conozco desde hace tiempo, y que es la hermana de la mejor amiga de Sara.
- Cómo olvidarlo, pero para qué te llamo?
- Para preguntarme por vos, me dijo que ayer fue a la oficina y que no te encontró y eso le pareció raro.
- ¿Algo más te dijo?
- Sí, pero no sé si es conveniente decírtelo.
- Si no querías no hubieras empezado, le dije a Amanda encendiendo un cigarrillo.
- En realidad me pidió que te citara en cierto lugar, que te dijera que ella estaría allí. Quiere hablarte.
- Y vos pensabas decirme esto?
- Lo estaba pensando. No sé, Elvira, no la escuché bien a ella, y tenía miedo.
- Vamos Mandi, ya somos grandes. Decime qué te dijo.
- La cita sería para mañana miércoles, por la mañana.
- ¿En dónde? ¿Te lo dijo?
- Sí. En el viejo departamento que ella compartía con Carlos; me dijo que vos sabés donde queda.
- Sí, lo sé.
- ¿Qué vas hacer?
- No sé Amanda, si quiero reacomodarme, creo que no debería ir, y a la vez siento que quizá allí pueda encontrar la pieza que le falta a mi puzzle.
Tags: lesbianas, lesbiana, argentina, romance, amor, erotica, deseo, pasion
- No me importa lo que digas, ni lo dura que seas. Necesité hacerlo. No fue fácil decidirme, y luego hacerlo.
- ¿Te vió alguien más?
- No, vine directo para acá. Bah, el que me vio es el del taxi.
- Y ¿qué dirás?
- Nada, no tengo mucho que decir, es más, cada vez que abro la boca armo kilombo. Quiero aprovechar estos días en que Renata no está para reacomodarme.
- Elvira, quiero decirte que te quiero y que cuentes conmigo. Me costará un poco mirarte, me imagino que los primeros días, pero acá estoy, como siempre.
- Sí, ya sé, a mí también me pasa con una amiga de afuera, lo primero que creí fue que estaba enferma, pero como yo u otras, sólo lo estaba de la cabeza y del corazón.
- Sabés, no debería decírtelo, pero ayer, tarde, me llamó Melisa.
- ¿Cómo? ¿A vos?
- Sí, no te olvides que la conozco desde hace tiempo, y que es la hermana de la mejor amiga de Sara.
- Cómo olvidarlo, pero para qué te llamo?
- Para preguntarme por vos, me dijo que ayer fue a la oficina y que no te encontró y eso le pareció raro.
- ¿Algo más te dijo?
- Sí, pero no sé si es conveniente decírtelo.
- Si no querías no hubieras empezado, le dije a Amanda encendiendo un cigarrillo.
- En realidad me pidió que te citara en cierto lugar, que te dijera que ella estaría allí. Quiere hablarte.
- Y vos pensabas decirme esto?
- Lo estaba pensando. No sé, Elvira, no la escuché bien a ella, y tenía miedo.
- Vamos Mandi, ya somos grandes. Decime qué te dijo.
- La cita sería para mañana miércoles, por la mañana.
- ¿En dónde? ¿Te lo dijo?
- Sí. En el viejo departamento que ella compartía con Carlos; me dijo que vos sabés donde queda.
- Sí, lo sé.
- ¿Qué vas hacer?
- No sé Amanda, si quiero reacomodarme, creo que no debería ir, y a la vez siento que quizá allí pueda encontrar la pieza que le falta a mi puzzle.
Tags: lesbianas, lesbiana, argentina, romance, amor, erotica, deseo, pasion
sábado, junio 10, 2006
Larga noche
Sí, larga noche la de anoche. Hoy gusto a uva concentrada en mi boca, una especie de nube etílica volando por los alrededores.
Me despertaron los bocinazos, los gritos, el estruendo mundialero: “Argentina! Ae-gen-tina!”.
Me desperté puteando, y como pude me arrastré hasta el baño. Me quedé en remojo como una hora.
Detesto los mundiales, detesto las borracheras al pedo. Detesto verme caer en picada.
Tags: lesbianas, lesbiana, argentina, romance, amor, erotica, deseo, pasion
Me despertaron los bocinazos, los gritos, el estruendo mundialero: “Argentina! Ae-gen-tina!”.
Me desperté puteando, y como pude me arrastré hasta el baño. Me quedé en remojo como una hora.
Detesto los mundiales, detesto las borracheras al pedo. Detesto verme caer en picada.
Tags: lesbianas, lesbiana, argentina, romance, amor, erotica, deseo, pasion
Etiquetas:
De lo cotidiano,
En casa,
Yéndose a pique
lunes, febrero 20, 2006
Un sueño de cuerpo roto
Un sueño es, antes que nada, un desvío; atajo de la carretera de los gustos ingratos, del remanido sabor del deseo.
Sueño con mujeres, con serpientes, con labios, senos y estrellas fugaces. Caigo de bruces ante la concha más dorada, pero que a la vez es un agujero negro que me traga, y me vomita al espacio del olvido.
Lamo esos labios que me absorben, que se cierran sobre mí como un nacimiento al revés.
Soy esclava y reina de un cuerpo que ya no reconozco como mío, ni tuya, ni de ella.
Lava, lava de volcán que no lava nada la mugre del sudor, el pegoteo de dedos, labios, vaginas.
Así, un lenguaje directo: que ofenda, que desnude, que me saque este gusto amargo de la boca, del pubis, de mi clítoris.
¿Cuándo dije que sí? o mas bien ¿por qué dije que sí? ¿qué quería probar? Estar despierta hasta la mañana, no descansar, beber agua hasta el hartazgo.
Siento que me traicioné. Siento que es un final precipitado, no un nuevo final de una historia que recomienza cada vez que un latido, un dolor, una señal.
Algo se acabó, en mí. Quedé vacía. Sin voz(s), sin mí, sin ella.
Sueño con mujeres, con serpientes, con labios, senos y estrellas fugaces. Caigo de bruces ante la concha más dorada, pero que a la vez es un agujero negro que me traga, y me vomita al espacio del olvido.
Lamo esos labios que me absorben, que se cierran sobre mí como un nacimiento al revés.
Soy esclava y reina de un cuerpo que ya no reconozco como mío, ni tuya, ni de ella.
Lava, lava de volcán que no lava nada la mugre del sudor, el pegoteo de dedos, labios, vaginas.
Así, un lenguaje directo: que ofenda, que desnude, que me saque este gusto amargo de la boca, del pubis, de mi clítoris.
¿Cuándo dije que sí? o mas bien ¿por qué dije que sí? ¿qué quería probar? Estar despierta hasta la mañana, no descansar, beber agua hasta el hartazgo.
Siento que me traicioné. Siento que es un final precipitado, no un nuevo final de una historia que recomienza cada vez que un latido, un dolor, una señal.
Algo se acabó, en mí. Quedé vacía. Sin voz(s), sin mí, sin ella.
viernes, enero 06, 2006
Sin reinas ni regalos
¿Cómo estoy? Para el orto. Con calor, enojada. Excusa dada por Melisa: se quedó en lo de unas amigas y cómo ya eran las 10 de la noche pensó que mejor sería no llamarme.
No le creo, y se lo dije. Y me importa nada, y se acabó. Intentó hacer puchero del otro lado y le dije que no se moleste, que no le sirvará, y que para mí ya fue.
No soy fría, soy realista.
No le creo, y se lo dije. Y me importa nada, y se acabó. Intentó hacer puchero del otro lado y le dije que no se moleste, que no le sirvará, y que para mí ya fue.
No soy fría, soy realista.
Etiquetas:
Melisa,
Metafísica del des-amor,
Yéndose a pique
miércoles, enero 04, 2006
Sucumbiendo a su hechizo

Hoy me llamó me Melisa, me dijo llorando que si se lo pido no vuelve a París, que se queda, que lo intentamos de nuevo, que podemos hacerlo, que nos lo merecemos.
Le dije que se quede tranquila, que no, que no nos dejemos arrastrar por el deseo. “La carne sola no es todo” le dije, y sentí que sonaba más que cursi, sonoba como guión de película clase Z.
- No me vengás con pelotudeces, acordate que yo estaba enamorada de vos un tiempo antes de que nos conociéramos en ese cumpleaños. Sé lo que siento por vos.
- Meli, nos estamos haciendo mierda, dándonos golpes bajos. Quizá yo, finalmente, deba reconocer que no soy una mujer de una sola mujer.
- No me jodás, E., no me vengás con esa.
- Es verdad, quizá deba reconocerlo, y quien quiera estar conmigo aceptar eso.
- No te hagas la recia, la dura, la “no me importa un cuerno”. Sé que me amás, me deseás, ¿qué más?
- Podemos cortar?
- Si vos querés, sí, pero esta noche paso por tu casa, a las ocho, y te voy a sacar el sí.
- Ni se te ocurra.
- Vos me conocés bien, sabés que puedo hacerlo. Soy tu bruja, una vez, sólo una vez me lo dijiste y no lo olvidé.
- Un beso, quizá nos veamos.
Mis manos sudan, no puedo dejar de fumar, ando de un lado al otro y... no quiero. No quiero caer, recaer en esto.
Etiquetas:
Folletín,
Ilustradas,
Melisa,
Yéndose a pique
Arena movediza
Ayer vino a casa Melisa, no le pude decir que no entrara. Traía una sidra, y un regalo: una compilación con temas piratas de la Etheridge. Natalie Barney casi se le fue encima.
Charlamos un rato, a distancia, como dos animales que se acechan. Estaba hermosa, no lo voy a negar. Y tampoco voy a negar que cuando fui a hacer café y llegó por atrás, y me dio vuelta y me dió un chupón de aquellos, no me negué, me dejé hacer, nos dejamos hacer. Y lo hicimos. Lo hicimos una vez en la cocina, lo hicimos en el living, lo hicimos en el dormitorio. Pasamos casi todo el martes juntas, hasta que le pedí que se fuera, que esto es una locura. Que sí, que nos deseamos, que en este plano todo bien, pero no en el otro. En la construcción esa del amor. No quería irse, y yo en verdad no quería que se vaya. Hace dos horas que cerré la puerta tras ella. Dos horas que sigo bebiendo sola, ahora cerveza. Dos horas en que este pedo no me impide escribir y llorar a la vez. Lloro por pelotuda, por enamorada, por pajera, por calentona.
Lloro por cabrona. Porque la amo y la dejo ir; porque quiero dejar de amarla; porque quiero que deje de amarme. Quiero el final, el corte más profundo, la herida que cierre con sal.
Un desierto para mi corazón, quiero. El deseo nublado de la soledad más absoluta. Mierda, la amo. Y me hundo.
Charlamos un rato, a distancia, como dos animales que se acechan. Estaba hermosa, no lo voy a negar. Y tampoco voy a negar que cuando fui a hacer café y llegó por atrás, y me dio vuelta y me dió un chupón de aquellos, no me negué, me dejé hacer, nos dejamos hacer. Y lo hicimos. Lo hicimos una vez en la cocina, lo hicimos en el living, lo hicimos en el dormitorio. Pasamos casi todo el martes juntas, hasta que le pedí que se fuera, que esto es una locura. Que sí, que nos deseamos, que en este plano todo bien, pero no en el otro. En la construcción esa del amor. No quería irse, y yo en verdad no quería que se vaya. Hace dos horas que cerré la puerta tras ella. Dos horas que sigo bebiendo sola, ahora cerveza. Dos horas en que este pedo no me impide escribir y llorar a la vez. Lloro por pelotuda, por enamorada, por pajera, por calentona.
Lloro por cabrona. Porque la amo y la dejo ir; porque quiero dejar de amarla; porque quiero que deje de amarme. Quiero el final, el corte más profundo, la herida que cierre con sal.
Un desierto para mi corazón, quiero. El deseo nublado de la soledad más absoluta. Mierda, la amo. Y me hundo.
Etiquetas:
Erotica,
Melisa,
Metafísica del des-amor,
Recaídas,
Yéndose a pique
jueves, mayo 05, 2005
Yerra
Es como cuando te queman o te quemás, cuando te hacés un corte muy profundo: quizá la piel se pega, se vuelve a unir, pero queda una marca, una señal para recordarte qué pasó ese día o determinada noche.
¿Por qué yerra? Por que se la hacen (la marca) a un animal acorralado, y es una marca de pertenencia, al menos temporal: hasta que se morfen al bicho.
Marca en el cuerpo, en la voz, en los dedos amarillos por el tabaco. En el esfuerzo que puede resultar tratar de cruzar nuevamente el puente, pero sin la magia de la primera vez.
El dolor desnuda y lo que muestra es lo que seremos cuando haya sólo cenizas: una nada que intentamos vestir, maquillar, reconocer a ciegas en ciegas noches de amor o de alcohol.
La escupida, para arriba, del amor. El odio a una misma en el desamor. La sucia y a veces innecesaria parafernalia de la reconciliación: ¿me perdonás? ¿todavía me querés? ¿no ves que sos la única?.
No. No caímos en eso. Escupimos ácido en las heridas, quizá no las actuales. Más viejas. Las más mías. El sarcasmo de la sabiduría en boca de una niña.
¿Habrá pañales geriátricos mentales?
¿Por qué yerra? Por que se la hacen (la marca) a un animal acorralado, y es una marca de pertenencia, al menos temporal: hasta que se morfen al bicho.
Marca en el cuerpo, en la voz, en los dedos amarillos por el tabaco. En el esfuerzo que puede resultar tratar de cruzar nuevamente el puente, pero sin la magia de la primera vez.
El dolor desnuda y lo que muestra es lo que seremos cuando haya sólo cenizas: una nada que intentamos vestir, maquillar, reconocer a ciegas en ciegas noches de amor o de alcohol.
La escupida, para arriba, del amor. El odio a una misma en el desamor. La sucia y a veces innecesaria parafernalia de la reconciliación: ¿me perdonás? ¿todavía me querés? ¿no ves que sos la única?.
No. No caímos en eso. Escupimos ácido en las heridas, quizá no las actuales. Más viejas. Las más mías. El sarcasmo de la sabiduría en boca de una niña.
¿Habrá pañales geriátricos mentales?
Etiquetas:
¿Cuestión de edad?,
Distancias,
Folletín,
Melisa,
Metafísica del des-amor,
Yéndose a pique
miércoles, mayo 04, 2005
¿El fin?
Nos encontramos en un bar. Me dijo que como me había escuchado rara, prefería que nos encontráramos en un espacio “neutral”.
Rápidamente me contó qué había sido de su día, que había tenido que preparar como una clase especial sobre diseño web con otras compañeras, que Carlos se había olvidado de ir a pagar la luz y así.
Yo sonreía, la escuchaba detenidamente, como siempre.
- Pero a vos qué te pasa hoy, me preguntó tierna.
- Nada. Pavadas.
- Dale, ¿te puedo ayudar?
(Ya me estás ayudando, y yo no quiero, es como que mi lado oscuro no quiere).
- No. No te preocupes. Es... sólo cansancio.
- No te creo. Se te nota que no es eso.
(Suspiro mío)
- Esta mañana te vi en el bar, estabas con tus compañeras.
- ¿Sí? y ¿ por qué no entraste? o ¿pasaste en taxi?
- No, había salido a caminar, refrescar un poco las ideas, y a comprar puchos y café.
- Y ¿por qué no entraste, mala?, dijo como haciendo pucheros.
- Es que... No sé.
- ...
- No se me dio.
- ¿No se te dio?
- Es que pensé que si entraba te iba a incomodar, o que tus compañeras pensarían que soy tu madre.
- ¿Qué? me dijo fulminándome con la mirada.
- Eso.
- ¿Vos pensaste eso? En vez de pensar que me pondría contenta de ver por allí, de manera inesperada. No pensaste que podría haber sido una alegría para las dos.
- Eh...
- Qué pelotudez. Jamás pensé escuchar de vos esta pelotudez.
- Melisa..., le quise agarrar la mano y me la sacó antes.
- Melisa ¿qué? ¿Dónde cuernos quedo yo? tengo 22 años, pero ya no me hago pis en la cama, laburo y ya tengo edad de poder elegir con quien estar, a quien querer. Y en este caso sos vos, que parecés no quererlo del todo.
- Escuchame no es eso.
- ¿Qué diablos es entonces? ¿De qué tenés miedo? No lo puedo creer, yo agazapada un año, preguntando de vez en cuando por vos, y escuchar esto de ahora. ¿Sabés qué?
Moví de manera negativa la cabeza, sin abrir la boca.
- ¿Sabés cómo te hubiera presentado?... Chicas, ella es ..., mi novia.
Sonreí.
- De qué te sonreís. Así te siento yo, ¿y vos a mí?
- También claro que sí.
- No, creo que no.
- Melisa...
Se paró. Y se dirigió a una mesa cercana. Yo la miraba y no lo podía creer.
Se dijo a una pareja que estaba allí sentada:
- Hola, ¿tiene idea de quién es ella?
Cara de nada de esas personas.
- Mi novia.
- Melisa, por favor, apenas pude articular desde la mesa.
Fue hacia otra mesa:
- Sabe quién es ella?
- No, ¿quién?
- Mi novia.
Volvió como sacada de sí, era la primera vez que la veía así y que veía a otra mujer actuar así, en público.
- ¿Dónde más querés que lo diga para creerme?
- Te creo. Pero salgamos de acá ahora mismo.
- ¿Miedo, vergüenza?
- Por favor Melisa, salgamos.
Ya en la calle la cosa siguió. Y me fue dando de a palos. Me fue sacudiendo duro, muy duro.
Pero tenía razón. Toda la razón del mundo.
- ¿Por qué te negás a ser feliz?
- No... lo... sé, le dije llorando, sentada en el banco de una plaza.
Creo que nunca me sentí tan desnuda ante alguien, creo que cualquier persona me hubiera podido ver hasta los huesos.
- Es que... No sé. ¿Demasiado bueno para ser real?
- Ah, no vengás con esa frase hecha. A mí no. Con eso no me arreglás, no me alcanza.
La miré desolada: “Con qué te alcanza?
- Con vos,..., con vos. ¿No lo entendés? Vos hablando, en silencio, cogiendo, haciendo el amor, cocinando, leyendo, de frente y en el teléfono. Tus manos, tus tetas, tu concha. Tu cabeza, tu inteligencia (de la que ahora dudo), tu fuerza interior, tu historia.
También con tus dudas, pero para eso quiero que las compartas conmigo, aquellas que tengan que ver conmigo. No pienses por mí, ni quieras tener todo bajo control.
Y me abrazó muy fuerte. Hacía tiempo que no lloraba de esa forma. Sigo llorando. Hoy no fui a trabajar, no puedo. Y esto apenas lo puedo escribir.
Rápidamente me contó qué había sido de su día, que había tenido que preparar como una clase especial sobre diseño web con otras compañeras, que Carlos se había olvidado de ir a pagar la luz y así.
Yo sonreía, la escuchaba detenidamente, como siempre.
- Pero a vos qué te pasa hoy, me preguntó tierna.
- Nada. Pavadas.
- Dale, ¿te puedo ayudar?
(Ya me estás ayudando, y yo no quiero, es como que mi lado oscuro no quiere).
- No. No te preocupes. Es... sólo cansancio.
- No te creo. Se te nota que no es eso.
(Suspiro mío)
- Esta mañana te vi en el bar, estabas con tus compañeras.
- ¿Sí? y ¿ por qué no entraste? o ¿pasaste en taxi?
- No, había salido a caminar, refrescar un poco las ideas, y a comprar puchos y café.
- Y ¿por qué no entraste, mala?, dijo como haciendo pucheros.
- Es que... No sé.
- ...
- No se me dio.
- ¿No se te dio?
- Es que pensé que si entraba te iba a incomodar, o que tus compañeras pensarían que soy tu madre.
- ¿Qué? me dijo fulminándome con la mirada.
- Eso.
- ¿Vos pensaste eso? En vez de pensar que me pondría contenta de ver por allí, de manera inesperada. No pensaste que podría haber sido una alegría para las dos.
- Eh...
- Qué pelotudez. Jamás pensé escuchar de vos esta pelotudez.
- Melisa..., le quise agarrar la mano y me la sacó antes.
- Melisa ¿qué? ¿Dónde cuernos quedo yo? tengo 22 años, pero ya no me hago pis en la cama, laburo y ya tengo edad de poder elegir con quien estar, a quien querer. Y en este caso sos vos, que parecés no quererlo del todo.
- Escuchame no es eso.
- ¿Qué diablos es entonces? ¿De qué tenés miedo? No lo puedo creer, yo agazapada un año, preguntando de vez en cuando por vos, y escuchar esto de ahora. ¿Sabés qué?
Moví de manera negativa la cabeza, sin abrir la boca.
- ¿Sabés cómo te hubiera presentado?... Chicas, ella es ..., mi novia.
Sonreí.
- De qué te sonreís. Así te siento yo, ¿y vos a mí?
- También claro que sí.
- No, creo que no.
- Melisa...
Se paró. Y se dirigió a una mesa cercana. Yo la miraba y no lo podía creer.
Se dijo a una pareja que estaba allí sentada:
- Hola, ¿tiene idea de quién es ella?
Cara de nada de esas personas.
- Mi novia.
- Melisa, por favor, apenas pude articular desde la mesa.
Fue hacia otra mesa:
- Sabe quién es ella?
- No, ¿quién?
- Mi novia.
Volvió como sacada de sí, era la primera vez que la veía así y que veía a otra mujer actuar así, en público.
- ¿Dónde más querés que lo diga para creerme?
- Te creo. Pero salgamos de acá ahora mismo.
- ¿Miedo, vergüenza?
- Por favor Melisa, salgamos.
Ya en la calle la cosa siguió. Y me fue dando de a palos. Me fue sacudiendo duro, muy duro.
Pero tenía razón. Toda la razón del mundo.
- ¿Por qué te negás a ser feliz?
- No... lo... sé, le dije llorando, sentada en el banco de una plaza.
Creo que nunca me sentí tan desnuda ante alguien, creo que cualquier persona me hubiera podido ver hasta los huesos.
- Es que... No sé. ¿Demasiado bueno para ser real?
- Ah, no vengás con esa frase hecha. A mí no. Con eso no me arreglás, no me alcanza.
La miré desolada: “Con qué te alcanza?
- Con vos,..., con vos. ¿No lo entendés? Vos hablando, en silencio, cogiendo, haciendo el amor, cocinando, leyendo, de frente y en el teléfono. Tus manos, tus tetas, tu concha. Tu cabeza, tu inteligencia (de la que ahora dudo), tu fuerza interior, tu historia.
También con tus dudas, pero para eso quiero que las compartas conmigo, aquellas que tengan que ver conmigo. No pienses por mí, ni quieras tener todo bajo control.
Y me abrazó muy fuerte. Hacía tiempo que no lloraba de esa forma. Sigo llorando. Hoy no fui a trabajar, no puedo. Y esto apenas lo puedo escribir.
Etiquetas:
Confesiones,
Folletín,
Identi-kit,
Melisa,
Metafísica del des-amor,
Papelones,
Yéndose a pique
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
