Salí del cuarto lo más rápido que pude. Tenía entre ganas de vomitar y de gritar. La sensación fue muy extraña.
- ¿Vos te das cuenta que estás cayendo muy bajo Melisa? ¿Te das cuenta?
- No creo Elvira, sentí que debía decírtelo, pero sí, la forma, sí. No creo que Silvia inventara nada, en realidad es bien directa, y me pareció...
- Basta!!! le grité; basta!! ¿Cómo sé que no mentís porque sabés que ella está allá? ¿Cómo puedo saber si no es una treta tuya? ¿Cómo te puedo creer?
Caí sentada en la misma silla de la cocina. Sentí que Melisa venía hacia mi y le dije: No te acerques.
- Elvira, quiero que sepas que yo estoy, que siempre voy a estar.
- Callate por favor; si, como decís, me querés, callate.
No fue fácil irme, no fue fácil cerrar la puerta, ya no escuchar lo que estaba diciendo. Yo por mi parte no pude decirle nada, esa bomba que tiró me dejó casi sin pensamientos.
Renata vuelve de Córdoba el 28 de septiembre, vuelve del supuesto casamiento o de un real casamiento familiar.
No la conozco tanto como para decir que ella no sería capaz de engañarme; no la conozco tanto para poder haber entendido por qué con toda su capacidad para lo de los títeres, se queda en esta ciudad que te ahoga; no la conozco tanta para sospechar que siempre vuelve a Córdoba para “actuar”.
La sensación es amarga, no por su posible engaño, sino por verla a Melisa actuar de esa forma. Me descolocó, no lo esperaba.
Tags: lesbianas, lesbiana, argentina, romance, amor, erotica, deseo, pasion
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martes, septiembre 26, 2006
domingo, septiembre 17, 2006
Más de dos películas...
Anoche, sábado, se había organizado una noche de chicas en “La Mariposa”, ya que en en Isat daban “Bound” con Gena Gershon y Jennifer Tilly.
Llegamos como un par de horas antes con Renata para poder cenar tranquilas, charlar con los chicos, relajarnos para degustar la película y después ver qué nos deparaba el destino de la noche naciente.
La cuestión es que para mí hubo dos películas, o un poco más. A eso de las nueve y media entró en el bar Melisa. La cara de Roberto, dueño del bar y amigo de ambos, se desfiguró y me hacía señas de que él no sabía que ella vendría. Melisa vino acompañada por una mujer que era la primera vez que yo la veía.
Se sentaron en una mesa que quedaba entre la nuestra y la pantalla gigante, así fue como se me multiplicaron las películas.
Antes de que empezara Bound fui al baño y de vuelta intenté una excusa para que nos fuéramos. Renata no me dio bolilla, me dijo: pedí un té de boldo y luego vemos en tu casa.
Melisa sabe Bound es una de mis películas favoritas; con ella intentamos alguna vez remedar la escena de amor en un colchón cualquiera en la casa de alguna persona conocida, pero que no estaba en ese momento. Sabiendo todo esto no puedo dejar de pensar que lo hizo a propósito, el venir, por supuesto.
Durante dos horas tuve que soportar en casi cuadrafónico ver a Gershon y a Melisa besando a la otra, mientras Renata requería mi atención.
Pero esto no fue nada comparado con el final de esa noche. Cuando se acabó la película, y levantaron las luces del bar, la mujer que iba con Melisa, se levantó, se desperezó y justo miró para nuestra mesa, hizo una sonrisa de oreja a oreja: una amiga de la madre. Yo no lo podía creer. Santa Lucía es muy chico, ya lo he dicho, pero esto era demasiado.
Vi cómo esa mujer se iba acercando, vi cómo el rostro de Melisa también tomaba otro color, y cómo se iba quedando en su mesa, hasta que ya no pudo hacerlo.
- Hooola Renatita, cómo estas? dijo la mujer, abrazando a Renata.
- Hola Silvia, qué casualidad! ¿cómo estás?
- Muy bien!, miró hacia su mesa y llamó a Melisa.
- Te presento a Elvira, dijo Renata.
- Hola,. un gusto conocerte, me dijo dándome su mano.
- Vení Meli, por favor.
El corazón me batía fuerte en mi corazón: mezcla de enojo, ira, vergüenza y sobre todo mucha duda.
- Les presento a Melisa, dijo Silvia.
Melisa se acercó a Renata, le dio un beso, y cuando se acercaba a mí, me dijo: “Hola Elvira”. “Se conocen” fue la pregunta a dúo de Renata y la amiga de su madre.
- Sí, dijo Melisa. Mi padre es cliente suyo, y en algún momento me reemplazó en la librería de Roberto.
- Ah, dijo Silvia.
El gesto de Renata fue de intuir que esa era sólo una versión de la historia.
Roberto vino, nos cobró y me llevó al fondo, con X excusa.
- Juro Elvira, juro amor que no sabía nada de esto.
- Y yo creo que Melisa tampoco.
- ¿Quién es la mina? me preguntó
- Parece una amiga de Renata.
- ¿Puede ser así? No es mucha casualidad?
- Vos creés que las casualidades existen, Roberto.
Cuando volví, Renata estaba sola esperándome en la mesa.
- Se fueron, estaban apuradas. la chica me pidió que te dijera que el padre iba a hacer algunos cambios al último pedido que te hizo. Quizá vaya ella, pero no lo sabe.
- Gracias, hermosa. ¿Te parece que nos vamos?
- Sí, vamos. Quiero ducharme e ir a la cama. ¿Puedo quedarme en tu casa, Elvi?
- Sí, claro que sí. Cuando salíamos le dije: ¿Te puedo hacer una pregunta?
- Sí.
- ¿Qué edad tiene esa mujer?
- ¿Silvia? Cincuenta, igual que mi vieja, ¿por?
- Me parecía más grande, más grande que yo.
- Y sí, amor, lo es.
Tags: lesbianas, lesbiana, argentina, romance, amor, erotica, deseo, pasion
Llegamos como un par de horas antes con Renata para poder cenar tranquilas, charlar con los chicos, relajarnos para degustar la película y después ver qué nos deparaba el destino de la noche naciente.
La cuestión es que para mí hubo dos películas, o un poco más. A eso de las nueve y media entró en el bar Melisa. La cara de Roberto, dueño del bar y amigo de ambos, se desfiguró y me hacía señas de que él no sabía que ella vendría. Melisa vino acompañada por una mujer que era la primera vez que yo la veía.
Se sentaron en una mesa que quedaba entre la nuestra y la pantalla gigante, así fue como se me multiplicaron las películas.
Antes de que empezara Bound fui al baño y de vuelta intenté una excusa para que nos fuéramos. Renata no me dio bolilla, me dijo: pedí un té de boldo y luego vemos en tu casa.
Melisa sabe Bound es una de mis películas favoritas; con ella intentamos alguna vez remedar la escena de amor en un colchón cualquiera en la casa de alguna persona conocida, pero que no estaba en ese momento. Sabiendo todo esto no puedo dejar de pensar que lo hizo a propósito, el venir, por supuesto.
Durante dos horas tuve que soportar en casi cuadrafónico ver a Gershon y a Melisa besando a la otra, mientras Renata requería mi atención.
Pero esto no fue nada comparado con el final de esa noche. Cuando se acabó la película, y levantaron las luces del bar, la mujer que iba con Melisa, se levantó, se desperezó y justo miró para nuestra mesa, hizo una sonrisa de oreja a oreja: una amiga de la madre. Yo no lo podía creer. Santa Lucía es muy chico, ya lo he dicho, pero esto era demasiado.
Vi cómo esa mujer se iba acercando, vi cómo el rostro de Melisa también tomaba otro color, y cómo se iba quedando en su mesa, hasta que ya no pudo hacerlo.
- Hooola Renatita, cómo estas? dijo la mujer, abrazando a Renata.
- Hola Silvia, qué casualidad! ¿cómo estás?
- Muy bien!, miró hacia su mesa y llamó a Melisa.
- Te presento a Elvira, dijo Renata.
- Hola,. un gusto conocerte, me dijo dándome su mano.
- Vení Meli, por favor.
El corazón me batía fuerte en mi corazón: mezcla de enojo, ira, vergüenza y sobre todo mucha duda.
- Les presento a Melisa, dijo Silvia.
Melisa se acercó a Renata, le dio un beso, y cuando se acercaba a mí, me dijo: “Hola Elvira”. “Se conocen” fue la pregunta a dúo de Renata y la amiga de su madre.
- Sí, dijo Melisa. Mi padre es cliente suyo, y en algún momento me reemplazó en la librería de Roberto.
- Ah, dijo Silvia.
El gesto de Renata fue de intuir que esa era sólo una versión de la historia.
Roberto vino, nos cobró y me llevó al fondo, con X excusa.
- Juro Elvira, juro amor que no sabía nada de esto.
- Y yo creo que Melisa tampoco.
- ¿Quién es la mina? me preguntó
- Parece una amiga de Renata.
- ¿Puede ser así? No es mucha casualidad?
- Vos creés que las casualidades existen, Roberto.
Cuando volví, Renata estaba sola esperándome en la mesa.
- Se fueron, estaban apuradas. la chica me pidió que te dijera que el padre iba a hacer algunos cambios al último pedido que te hizo. Quizá vaya ella, pero no lo sabe.
- Gracias, hermosa. ¿Te parece que nos vamos?
- Sí, vamos. Quiero ducharme e ir a la cama. ¿Puedo quedarme en tu casa, Elvi?
- Sí, claro que sí. Cuando salíamos le dije: ¿Te puedo hacer una pregunta?
- Sí.
- ¿Qué edad tiene esa mujer?
- ¿Silvia? Cincuenta, igual que mi vieja, ¿por?
- Me parecía más grande, más grande que yo.
- Y sí, amor, lo es.
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jueves, septiembre 07, 2006
Una diseñadora muy especial
- No la voy con eso del casorio, pero quiero ir! Soy adicta a esa provincia, me dijo.
Charlamos un rato sobre esa rama familiar, y enseguida me dijo: “Me tengo que comprar un vestido, para la fiesta”.
Me la quedé mirando, algo perdida debo confesar. ¿Renata en vestido? Hasta ahora nunca la había con alguno.
Enseguida captó mi mirada y dijo: Sí, también uso vestidos, depende la ocasión, honey, me tomó de la barbilla como suele hacer, para rematar ese mimo con un beso en la nariz.
- Y tengo que pedirte algo, dijo.
- ¿Qué cosa?
- Que me acompañes a elegirlo.
El amargo se me atragantó en la garganta: ¿Yooo?, Sí, vos quién más!
- Es que es... raro.
- Vamos, dale! Nos vamos a divertir.
Lejos de mí estaba la diversión representada en una salida de compras. Pero insistió tanto que al final cedí.
Yo no sabía que en Santa Lucía hubiera costureras o diseñadoras de “alta costura”, y menos una lesbiana. Trabaja en su casa y se llama Rita. Es una mujer de casi sesenta, que vive sola, pero está en relación hace más de veinte años con otra diseñadora, medio top, que vive en Buenos Aires. Rita atiende en su casa, más o menos en el centro de la ciudad. La casa es una antigua, con varios cuartos, casi todos adornados de una manera muy barroca y con muchos espejos.
Además de confeccionar a medida, tiene vestidos y ropa en general que alquila, y digo ropa en general ya que encontré otro tipo de vestimenta que no es sólo para salir: había desde smokings hasta camperas de cuero, enteritos de ese material, y unos conjuntos tipo ambo. Me quedé atónita ante tanta variedad queer y hasta fetish.
- Esta ropa te la alquila gente de acá, le pregunté a Rita.
- Sí señorita, y gente que ni te imaginarías que podría usar esta ropa. Muchas me las encargan.
- Muero por saber los nombres, aulló Renata.
- No, es secreto de estado, pero vayamos a ver tu vestido, qué andás buscando?
- Algo que sea cómo, no muy largo porque pienso ir con una especie de chatitas, no me pondré tacos ni loca. Viste, me dijo dirigiéndose a mi, una especie de seudo femme pero sin tacos. Jaja.
Lo que yo estaba viendo y oyendo, iba más allá de cualquier cosa que haya escuchado en boca de las otras mujeres con la que estuve. O ellas eran muy recatas o pacatas o vergonzosas, o Renata era puro aire libre. Por momentos me recordaba algo del salvajismo de Melisa, pero viéndola a la distancia percibo que Melisa se frenaba mucho, no sé si por ella o por mi.
Tags: lesbiana * diseñadora * ropa * fetish * fetish dress * dress * amor * shy * lesbiana * la lesbiana argentina * renata
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jueves, febrero 09, 2006
Atardecer
Hoy parecía el Principito, iba corriendo mi silla para poder seguir viendo el atardecer. Me agarró en mi patio, y luego me fui al living, y allí agarré la compu, la acomodé; después abrí una botella de Cabernet, y decidí comprender esta molestia que siento muy adentro, y que me quema. La noche está fresca, y estoy por abrir una segunda botella.
Encendí unas velas, unos sahumerios, y pedí algo para comer, no tengo ganas de cocinar esta noche.
Sólo pienso en una baño reparador antes de irme a acostar, sola. Y remarco el sola, porque hubiera tenido la oportunidad de no hacerlo y preferí que fuera así.
Esta tarde se presentó Bárbara en mi oficina y amenazó con venir y salir a comer. Yo le dije que no, que el viaje de vuelta me había cansado un poco, y que prefería estar unos días all by myself. Se fue poco convencida, pero entendiendo mis razones.
Llegar a Santa Lucía, después de casi dos semanas en Las Grutas es como volver a un pequeño infierno. Todo se sabe, todo se ve, todo se cuenta.
Ahh cansancio del pueblo chico, los pocos espacios donde se puede respirar. Y en esos pocos espacios, la mañana siguiente del día en que volvés te encontrás con tu anterior pareja o amante, que está con su nueva compañía.
Touchée. Sí. La ví a Melisa con la francesa. M. se puso colorada completamente, no sé si la otra me registró, pero el desayuno en La Mariposa terminó en un breve saludo a los chicos y la promesa de volver cuando ella no esté por allí.
Copa tras copa de vino es como cubrirme de seda, y a la vez desnudarme. Es como hacerme el amor por dentro, en esta soledad, que para qué lo voy a negar, no me gusta mucho. Pero hoy la elegí, y preferí no tener que fingir, que sonreir porque sí y hacer el amor con alguien que hoy no deseaba. No es que Bárbara no pueda estimularme (ella me gusta mucho), pero te juro que si la hubiera encontrado sola a M. quizá me hubiera zambullido de cabeza en esa locura nuevamente.
Pero hoy ví, sentí que esto realmente acabó, y que hay que trabajar en ese sentido. Ella por su lado, yo por el mío.
Natalie Barney viene y me lame un dedo, otro. La acaricio, es tan suave, y arisca ala vez, como su ex dueña, M. Ella justamente. Mi chica piercing, mi locura, mi amor perdido prohibido, me camino hacia.... el abismo.
Otra copa, mesera, así acabo con este dolor en la ducha, y conmigo misma.
Encendí unas velas, unos sahumerios, y pedí algo para comer, no tengo ganas de cocinar esta noche.
Sólo pienso en una baño reparador antes de irme a acostar, sola. Y remarco el sola, porque hubiera tenido la oportunidad de no hacerlo y preferí que fuera así.
Esta tarde se presentó Bárbara en mi oficina y amenazó con venir y salir a comer. Yo le dije que no, que el viaje de vuelta me había cansado un poco, y que prefería estar unos días all by myself. Se fue poco convencida, pero entendiendo mis razones.
Llegar a Santa Lucía, después de casi dos semanas en Las Grutas es como volver a un pequeño infierno. Todo se sabe, todo se ve, todo se cuenta.
Ahh cansancio del pueblo chico, los pocos espacios donde se puede respirar. Y en esos pocos espacios, la mañana siguiente del día en que volvés te encontrás con tu anterior pareja o amante, que está con su nueva compañía.
Touchée. Sí. La ví a Melisa con la francesa. M. se puso colorada completamente, no sé si la otra me registró, pero el desayuno en La Mariposa terminó en un breve saludo a los chicos y la promesa de volver cuando ella no esté por allí.
Copa tras copa de vino es como cubrirme de seda, y a la vez desnudarme. Es como hacerme el amor por dentro, en esta soledad, que para qué lo voy a negar, no me gusta mucho. Pero hoy la elegí, y preferí no tener que fingir, que sonreir porque sí y hacer el amor con alguien que hoy no deseaba. No es que Bárbara no pueda estimularme (ella me gusta mucho), pero te juro que si la hubiera encontrado sola a M. quizá me hubiera zambullido de cabeza en esa locura nuevamente.
Pero hoy ví, sentí que esto realmente acabó, y que hay que trabajar en ese sentido. Ella por su lado, yo por el mío.
Natalie Barney viene y me lame un dedo, otro. La acaricio, es tan suave, y arisca ala vez, como su ex dueña, M. Ella justamente. Mi chica piercing, mi locura, mi amor perdido prohibido, me camino hacia.... el abismo.
Otra copa, mesera, así acabo con este dolor en la ducha, y conmigo misma.
miércoles, febrero 08, 2006
Lo que llega en los e-mails
Me vengo acostumbrando a recibir varios e-mails por día, en razón de mi blog, este blog. Me he ido acostumbrando a las palabras más o menos dulces, a las propuestas de salidas, a algunas confesiones, pero algo a lo que no me puedo ni quiero acostumbrar es a cierta basura que me envían o a ciertas proposiciones. No suelo contestar ni lo uno ni lo otro.
Ayer un tipo (porque casi siempre esto viene de tipos) me dijo que le gustaría estar conmigo y y el poder hacerme “breast bondage”. Yo sospeché qué sería, y hoy, ya en casa, hice una búsqueda y realmente me pareció de cuarta lo que me escribió, además de esa propuesta.
También me llegan muchas preguntas: ¿cuál es tu dirección? ¿podrías organizarme un evento? ¿Cuál es tu secreto con las minas? ¿Qué medidas tenés?... También me han llegado consejos... sobre todo en el momento más movido de mi relación con Melisa, y también puteadas. Y yo me pregunto ¿todo esto porque una lleva un blog? ¿todo esto despierta una historia personal?
Abrir la puerta de la casa, por más que sea virtual a veces da ganas de mandar todo al carajo y llamarse al silencio, y yo aún quiero contar lo mío, dejarme llevar en las palabras, recrear mi mundo con ellas.
PD: ya de vuelta, en casa, con la gata, mi cama y mi música.
Tags: lesbianas, lesbiana, argentina, romance, amor, erotica, deseo, pasion, breast, bondage
Ayer un tipo (porque casi siempre esto viene de tipos) me dijo que le gustaría estar conmigo y y el poder hacerme “breast bondage”. Yo sospeché qué sería, y hoy, ya en casa, hice una búsqueda y realmente me pareció de cuarta lo que me escribió, además de esa propuesta.
También me llegan muchas preguntas: ¿cuál es tu dirección? ¿podrías organizarme un evento? ¿Cuál es tu secreto con las minas? ¿Qué medidas tenés?... También me han llegado consejos... sobre todo en el momento más movido de mi relación con Melisa, y también puteadas. Y yo me pregunto ¿todo esto porque una lleva un blog? ¿todo esto despierta una historia personal?
Abrir la puerta de la casa, por más que sea virtual a veces da ganas de mandar todo al carajo y llamarse al silencio, y yo aún quiero contar lo mío, dejarme llevar en las palabras, recrear mi mundo con ellas.
PD: ya de vuelta, en casa, con la gata, mi cama y mi música.
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martes, febrero 07, 2006
Volviendo a casa
Está decidido: vuelvo a casa. Basta de vacaciones. Necesito mi casa, mi colchón, mi gata, mis lugares.
¿Lucrecia? Ella se queda unos días más. Dentro de una semana debe volver a Baires, para trabajar. Sí, es de Buenos Aires, vive en Montserrat. Le dije que tengo amigas por allí, que suelo parar cerca.
¿Nos volveremos a ver? No sé. Intercambiamos direcciones de mails, números de teléfono. Nos estamos despidiendo. Hasta ahora fue muy bueno, me cargó las pilas y me siento casi como nueva, llena de deseo.
En Santa Lucía me esperan un par de trabajos grandes, y que demandan mi presencia. Debo ponerme con lo de la casa de mi madre, e intentar encontrarme, finalmente, con mi media hermana.
Ahh, me canso de sólo enumerar todo esto, pero lo siento bien mío, y quiero estar allí, presente. Carpe Diem, too.
Tags: lesbianas, lesbiana, argentina, romance, amor
¿Lucrecia? Ella se queda unos días más. Dentro de una semana debe volver a Baires, para trabajar. Sí, es de Buenos Aires, vive en Montserrat. Le dije que tengo amigas por allí, que suelo parar cerca.
¿Nos volveremos a ver? No sé. Intercambiamos direcciones de mails, números de teléfono. Nos estamos despidiendo. Hasta ahora fue muy bueno, me cargó las pilas y me siento casi como nueva, llena de deseo.
En Santa Lucía me esperan un par de trabajos grandes, y que demandan mi presencia. Debo ponerme con lo de la casa de mi madre, e intentar encontrarme, finalmente, con mi media hermana.
Ahh, me canso de sólo enumerar todo esto, pero lo siento bien mío, y quiero estar allí, presente. Carpe Diem, too.
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martes, mayo 17, 2005
Cómo vienen mis días
Puedo decir que mis días están transcurriendo con cierta paz que no deja de llamarme la atención. Es demasiada.
Poder disfrutar del amor, dar y darme placer en la compañía de la persona que estoy aprendiendo a querer. Me siento enamorada, hasta enamorada de toda la situación en la que conocí y cómo se fue dando lo mío con Melisa. Pero querer es otra cosa, al menos eso me parece a mi.
La mayoría de las veces nos encontramos en casa, pero yo también voy al departamento que comparten con Carlos.
Siguen los arreglos en loo que será “La Mariposa” el primer bar lgbt de Santa Lucía. Está quedando lindo. Todos tenemos muchas expectativas.
Melisa está intentando convencerme para adoptar una gatita. Y yo lo estoy pensando mucho. Tengo un patio con plantas y todo, pero no sé.
El trabajo va bien, y eso ayuda mucho. Pero ya ando pensando en las vacaciones. Quizá pueda hacer algo en julio. Y ése es otro vértigo: ¿vacaciones juntas?. Todo suena como que es la primera vez, y sí lo es con esta persona.
Ah, la otra noche salimos a tomar un helado con Melisa y nos cruzamos con Dolores. La cuchillada fue atroz: estaba con un tipo. Sé que me vio, pasamos por delante del bar en donde estaban. Lo peor es que conozco al tipo, y realmente no sé si me lo está haciendo a propósito. ¿Se puede ser tan perra? Y de última ¿por qué me calienta tanto en qué está ella si yo estoy bien con M.?
Poder disfrutar del amor, dar y darme placer en la compañía de la persona que estoy aprendiendo a querer. Me siento enamorada, hasta enamorada de toda la situación en la que conocí y cómo se fue dando lo mío con Melisa. Pero querer es otra cosa, al menos eso me parece a mi.
La mayoría de las veces nos encontramos en casa, pero yo también voy al departamento que comparten con Carlos.
Siguen los arreglos en loo que será “La Mariposa” el primer bar lgbt de Santa Lucía. Está quedando lindo. Todos tenemos muchas expectativas.
Melisa está intentando convencerme para adoptar una gatita. Y yo lo estoy pensando mucho. Tengo un patio con plantas y todo, pero no sé.
El trabajo va bien, y eso ayuda mucho. Pero ya ando pensando en las vacaciones. Quizá pueda hacer algo en julio. Y ése es otro vértigo: ¿vacaciones juntas?. Todo suena como que es la primera vez, y sí lo es con esta persona.
Ah, la otra noche salimos a tomar un helado con Melisa y nos cruzamos con Dolores. La cuchillada fue atroz: estaba con un tipo. Sé que me vio, pasamos por delante del bar en donde estaban. Lo peor es que conozco al tipo, y realmente no sé si me lo está haciendo a propósito. ¿Se puede ser tan perra? Y de última ¿por qué me calienta tanto en qué está ella si yo estoy bien con M.?
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viernes, mayo 13, 2005
¿Ven? Yo se los dije
- ¿Un bar gay?
- Gay, lésbico, para todo el mundo, dije.
- Vos debés estar borracha, me dijo Analía.
- No, Any, no. De verdad. Lo abrirán cerca de la la librería “El albatros”.
- Deben estar locos. Los van a linchar.
- No sos medio exagerada. Es sólo un bar. Pensá lo que sería poner cámaras en ciertas casas. Eso sí que sería más amenazante, ¿no?
- ¿Qué me querés decir?, me dijo ya enojada.
- Eso que dije.
- Mirá, a mí las indirectas no me gustan. Vos ya sabés por qué yo no digo abiertamente que soy lesbiana. Estoy en política, vos me entendés.
- Puedo comprender tu miedo, pero entenderte, no.
- No me vengás con eso de nuevo, ..., por favor.
- Vos sabés como pienso. Sería interesante que supieran que hay una concejala torta.
- Vos estás loca.
- Sí, eso me dijo el psiquiatra que me medicó cuando se fue Inés. Me dio pastillas y me dijo: esto puede ser curable. Ahora sí tiene una oportunidad.
- ...
- ¿Otro café?, ofrecí.
- Gay, lésbico, para todo el mundo, dije.
- Vos debés estar borracha, me dijo Analía.
- No, Any, no. De verdad. Lo abrirán cerca de la la librería “El albatros”.
- Deben estar locos. Los van a linchar.
- No sos medio exagerada. Es sólo un bar. Pensá lo que sería poner cámaras en ciertas casas. Eso sí que sería más amenazante, ¿no?
- ¿Qué me querés decir?, me dijo ya enojada.
- Eso que dije.
- Mirá, a mí las indirectas no me gustan. Vos ya sabés por qué yo no digo abiertamente que soy lesbiana. Estoy en política, vos me entendés.
- Puedo comprender tu miedo, pero entenderte, no.
- No me vengás con eso de nuevo, ..., por favor.
- Vos sabés como pienso. Sería interesante que supieran que hay una concejala torta.
- Vos estás loca.
- Sí, eso me dijo el psiquiatra que me medicó cuando se fue Inés. Me dio pastillas y me dijo: esto puede ser curable. Ahora sí tiene una oportunidad.
- ...
- ¿Otro café?, ofrecí.
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jueves, mayo 12, 2005
La Mariposa
Santa Lucía jamás tuvo un boliche gay, jamás una sección relacionada a lo lgtb en una librería. Sí hay esquinas, zonas de la ciudad frecuentadas por los muchachos.
Las chicas, ah, las chicas no hemos tenido mucho, salvo nuestras miradas cruzándose en cualquier lugar, ver si se podía acercarse a esa persona, o bien las amigas de las amigas, o las amigas, o las hijas de las amigas, o las madres de las amigas.
No es una ciudad grande, tiene sus casi 300.000 habitantes, pero no es el infierno de Buenos Aires.
La idea de Roberto y Damián me parece bien jugada, y me imagino lo que se vendrá. La liga de la decencia, y esos grupos que existen en todas partes.
Melisa está como loca y ya anda marcando catálogos, y buscando cosas por internet. Yo los ayudo pensando en las posibles reformas al lugar, títulos de libros y buena onda.
El bar estaría pegado a la librería, pero no la incluiría. Ámbitos separados. Está cerca del centro, y creo que con el tiempo se irán animando a la cuestión del día.
Cuántas veces soñé con un lugar así. Está bueno verlo a los 42 años. Sí, claro que sí.
Me muero por empezar a ver a las tortas tapadas, a esas de las cuales vos sospechás y nada. Realmente me parece que esto será el efecto mariposa.
Las chicas, ah, las chicas no hemos tenido mucho, salvo nuestras miradas cruzándose en cualquier lugar, ver si se podía acercarse a esa persona, o bien las amigas de las amigas, o las amigas, o las hijas de las amigas, o las madres de las amigas.
No es una ciudad grande, tiene sus casi 300.000 habitantes, pero no es el infierno de Buenos Aires.
La idea de Roberto y Damián me parece bien jugada, y me imagino lo que se vendrá. La liga de la decencia, y esos grupos que existen en todas partes.
Melisa está como loca y ya anda marcando catálogos, y buscando cosas por internet. Yo los ayudo pensando en las posibles reformas al lugar, títulos de libros y buena onda.
El bar estaría pegado a la librería, pero no la incluiría. Ámbitos separados. Está cerca del centro, y creo que con el tiempo se irán animando a la cuestión del día.
Cuántas veces soñé con un lugar así. Está bueno verlo a los 42 años. Sí, claro que sí.
Me muero por empezar a ver a las tortas tapadas, a esas de las cuales vos sospechás y nada. Realmente me parece que esto será el efecto mariposa.
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Se viene el estallido
(por la tarde)
- ¿Ves? El local está rebueno, y está cerca de la librería. Hasta podríamos hacer una sección de literatura lésbica, gay, queer, qué sé yo! –dijo Roberto dando una pitada al cigarrillo.
- Está muy bueno. Con unos cuantos arreglos quedará perfecto –comentó Melisa.
Yo me puse a recorrerlo, pensando qué se necesita hacer.
- ¿Bar solo?, pregunté
- Por ahora sí, pero pensamos con Damián en un Resto-bar.
-Buena idea, dije.
- Y abierto todo el día.
- Más que buena idea. Habrá que ver quiénes se van animando!
- Mirá, ..., la cuestión es que vengan, si vienen sólo a la noche, abriremos en ese horario para no perder guita, y si da todo el día, todo el día será.
- No me dijeron qué nombre están pensando.
- “La Mariposa”, dijo totalmente excitado Roberto.
- Ay, no, entre este y la librería tendremos un zoológico.
- Andá, que sos loca! Pero te quiero igual!, me dijo abrazándome fuerte.
- ¿Ves? El local está rebueno, y está cerca de la librería. Hasta podríamos hacer una sección de literatura lésbica, gay, queer, qué sé yo! –dijo Roberto dando una pitada al cigarrillo.
- Está muy bueno. Con unos cuantos arreglos quedará perfecto –comentó Melisa.
Yo me puse a recorrerlo, pensando qué se necesita hacer.
- ¿Bar solo?, pregunté
- Por ahora sí, pero pensamos con Damián en un Resto-bar.
-Buena idea, dije.
- Y abierto todo el día.
- Más que buena idea. Habrá que ver quiénes se van animando!
- Mirá, ..., la cuestión es que vengan, si vienen sólo a la noche, abriremos en ese horario para no perder guita, y si da todo el día, todo el día será.
- No me dijeron qué nombre están pensando.
- “La Mariposa”, dijo totalmente excitado Roberto.
- Ay, no, entre este y la librería tendremos un zoológico.
- Andá, que sos loca! Pero te quiero igual!, me dijo abrazándome fuerte.
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