Hoy en la librería:
“– Por lo que estuvimos charlando ayer, ¿vos también sos lesbiana como Melisa?
– Sí, ¿no estaba claro?
Se rió. –Sí, está claro, pero sólo quería estar segura. Como eso del nombre, por qué la otra vez me dijiste otro?
– Era sólo una broma, nada más.
– Es un engaño.
– Si vos lo ves así.”
No quise explicarle sobre el mundo L y una de sus protagonistas. El domingo charlamos más la película. Ella la veía por primera vez. ¿Su nombre? Andrea. ¿Edad? 25 años (3 más que Melisa). ¿piercings? según ella ninguno, pero con ganas de hacerse alguno. ¿Lecturas? Muchas y confusas. pocas mujeres, muchos hombres, como nos pasa a casi todas. ¿Ojos? Verdes muy intenso, no baja la mirada. ¿Voz? algo grave, pero dulce.
– ¿Cuándo vuelve Melisa?
– Uy! parece que la estás esperando mucho, y que yo no soy un buen reemplazo.
– No, no es eso. Es que...
– ¿Qué?
– Nunca le pude dar una respuesta a algo que ella me preguntó.
– Se puede saber qué cosa?
Me miró muy fijo: no. Por ahora no.
Mostrando las entradas con la etiqueta Mi(s) salida(s) del armario. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Mi(s) salida(s) del armario. Mostrar todas las entradas
lunes, octubre 03, 2005
miércoles, mayo 11, 2005
Salir del armario
Tenía 19 años e Inés tenía apenas tres más. Éramos dos pendejas enamoradas, y nos comíamos el mundo. Ese que quedaba ahí afuera, ese que apuntaba hacia Buenos Aires o bien hacia Rosario. Éramos tan jóvenes y nos enamoramos. Estábamos locas una por la otra. Día y noche, noche y día juntas. Fue mi primera relación con otra mujer, con otra persona. Ella encaró, yo no lo pude creer, y allí estuvimos. Tres años. Al poco tiempo de salir, yo decidí decirle a mi mis viejos lo mío, ya que se había concretizado en algo, no era sólo lesbianismo platónico. Pero lo hice sin consultarlo con ella.
!La que se armó! Ella no quería que todo el mundo supiera que ella era lesbiana. Yo le expliqué que mis viejos sabían que yo era. No le había dado ningún nombre.
No fue fácil, vernos, amarnos y seguir construyendo algo. Pero la pasión era muy fuerte. Y tener pasión en un lugar como Santa Lucía no es muy sano, salvo que estés pensando en irte de ahí.
Lo habíamos planeado. Cuidadosamente. Pero cuando llegó el momento, casi con los boletos de micro en la mano, yo dije: “me quedo”. Inés nunca me lo perdonó. Por eso Amanda insiste con que la dejé ir. Por lo que supe, se fue con el tiempo a Estados Unidos, y allá se casó con un tipo. Me dicen que tiene una hija. Nunca salió del armario, nunca dijo nada.
A mí me echaron de un laburo, pero a escondidas, no.
!La que se armó! Ella no quería que todo el mundo supiera que ella era lesbiana. Yo le expliqué que mis viejos sabían que yo era. No le había dado ningún nombre.
No fue fácil, vernos, amarnos y seguir construyendo algo. Pero la pasión era muy fuerte. Y tener pasión en un lugar como Santa Lucía no es muy sano, salvo que estés pensando en irte de ahí.
Lo habíamos planeado. Cuidadosamente. Pero cuando llegó el momento, casi con los boletos de micro en la mano, yo dije: “me quedo”. Inés nunca me lo perdonó. Por eso Amanda insiste con que la dejé ir. Por lo que supe, se fue con el tiempo a Estados Unidos, y allá se casó con un tipo. Me dicen que tiene una hija. Nunca salió del armario, nunca dijo nada.
A mí me echaron de un laburo, pero a escondidas, no.
Etiquetas:
Identi-kit,
Inés,
Mi(s) salida(s) del armario,
Salir(se) del closet
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
