Me bajé en Plaza Italia para hacer tiempo. Siempre llego temprano, no puedo evitarlo.
Toqué el portero,; un voz grave me atendió, abrió y subí al tercer piso. Lo sabía: no había llegado nadie. Antes de darle la mochila, saqué el paquete con los libros. Literalmente Sonia tiró mi campera que le había dado antes para abrilo. Apenas vio el de Baudelaire, buscó entre las páginas y mirándome fijamente empezó a “leer” en un precioso francés:
“Hippolyte, ô ma soeur! tourne donc ton visage,
Toi, mon âme et mon coeur, mon tout et ma moitié,
Tourne vers moi tes yeux pleins d'azur et d'étoiles!
Pour un de ces regards charmants, baume divin,
Des plaisirs plus obscurs je lèverai les voiles,
Et je t'endormirai dans un rêve sans fin!"
Mais Hippolyte alors, levant sa jeune tête:
- "Je ne suis point ingrate et ne me repens pas,
Ma Delphine, je souffre et je suis inquiète,
Comme après un nocturne et terrible repas.”
No leía, recitaba de memoria, ya que no me despegó los ojos hasta que decidió parar. Entonce tomó el otro libro y me dijo: genial! este no lo tenía. Tengo, el segundo de Macky, “Inferno”, el primero imposible conseguirlo. Prometí hacerle una copia del mío.
Me hizo seguirla para dejar mi bolso y mochila y campera en su cuarto. Olía a vainilla y gengibre. Dejé todo sobre un sofá azul oscuro y cuando me di vuelta casi me la llevo por delante.
- ¿Qué pasa? le dije.
- Nada, nada, miraba cómo acomodabas las cosas.
Y salió rumbo a donde tiene el portero porque estaba sonando. Fuimos como 10 mujeres y un par de chicos gay. La noche pasó, pero por alguna razón mi cabeza andaba en otras cosas… o bien andaba en ella… Entre las otras invitadas estaba Amanda, mi amiga del alma que es amiga de Sonia, pero que no sabía que nosotras habíamos empezado a intercambiar mensajes a partir de conocernos en uno de sus cumpleaños.
- ¿Qué hacés vos acá?
- Sonia me invitó, dije calma.
- ¿A vos?
- Sí, y a vos y al resto de esta gente. ¿qué pasa?
- No pasa nada, dice Amanda, o vos decime ¿pasa algo?
- Andá y relajate un poco querés. No dejés que las porteñas te peguen su locura.
- No seas reventada! ¿no me perdonás que casi viva acá?
- No, le digo seria, y luego la abrazo fuerte. Te quiero y te extraño por allá.
La noche fue pasando, el vino fue pasando, la cerveza para las más jóvenes fue pasando, unas ricas picaditas fueron pasando, hasta que me di cuenta de que quedaba yo sola. Mientras le ayudaba a llevar cosas a la cocina le pedí a Sonia que me llamara un radiotaxi y si me podía pasar mis cosas así me podía ir.
- ¿Ir? ¿a dónde?, me pregunta sorprendida.
- A la terminal. Seguro encuentro un bus para Rosario y de allí empalmo a Santa Lucía.
- ¿A esta hora? ¿Vos estás loca?
- No, bueno, quizá un poco, pero está bueno viajar cerca del amanecer…
- ¿Un domingo? Sabés que te podés quedar, hay lugar como habrás visto.
La que mira sorprendida soy yo ahora.
- Gracias, pero mejor me voy. Así podés descansar.
- No, vos te quedás. Dale! y a la tarde, cuando nos levantamos vamos a comer por allí o a tomar mates a un parque, o no nos levantamos y listo, largó con una carcajada contagiosa.
- No, gracias!! jaja. Mejor voy a buscar mis cosas, le digo.
- Están en mi cuarto, si vas te encierro con ellas adentro y no te dejo salir, dejó de lavar un plato y con las manos llenas de detergente se vino hacia mí, me agarró la cara y me estampó un beso. Sí. Me estampó un beso, tipo estampilla especial, de esas que no se despegan nunca o parecen no despegarse y marcan un evento que vos sabés es especial: fecha patria o la venida del Papa.
Sentí la presión de sus labios besando despacio pero firme, sentí cómo se acercaba su cuerpo al mío; sentí cómo su lengua comenzaba a presionar para pasar el cerco de mis labios incrédulos, sentí cómo mis manos comenzaban a jugar con su cabello corto, en su nuca, sentí el agua jabonosa corriendo por mi cuello, mojándome la camisa. Sentí que no había opción. Y me quedé.
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sábado, abril 10, 2010
All tomorrow’s parties
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martes, mayo 20, 2008
Shane
Y sí, alguna vez tenía que confesarlo, gritarlo a los cuatro vientos; subida desde una mesa y acostada en una cama: amo a Shane! sí, sí, la de L word; sí, la misma que viste y calza.Amanda suele decirme: "pero si a vos te gustan las mujeres con tetas, cómo es posible que te gusta esta chica que no tiene nada".
Yo le contesto que en este caso (como en muchos otros) no tiene nada que ver. Es más, creo que no sería Shane si tuviera más tetas.
En fin, que anoche, milanesas caseras hechas por Amanda y vinito tinto, nos pusimos a ver el programa. Estuvo bueno, a mí me movió mucho todo el testimonio de ella en la escuela donde va el hermanito.
*Suspiros*. Me hace recordar tantas cosas, como debés decir quién sos y qué sos, como si eso le aclarara las cosas a las personas, pero yo siempre apuesto a esa persona desconocida que puede escucharte y que zás, le hace click y empieza a pensarse desde otro lugar, desde otra posibilidad.
Hmmm... tampoco puedo negar que la actriz que interpreta Shane me hace recordar a Melisa. Todo ese estilo desparpajo, toda esa onda que me hizo perder la razón y enamorarme como me enamoré de ella.
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martes, octubre 03, 2006
El secreto de Amanda (post nro. 300)
- Y ahora ¿qué harás? me preguntó Amanda pasándome un mate.
- ¿La verdad? No sé. En realidad quiero intentarlo con Renata.
- No ves, no ves que sos de lo peor.
- Vamos Amanda, vos sabés lo que siento por Melisa, pero ahora que sé dónde está Renata y dónde estoy, quiero seguir con ella, ver qué podemos sacar de bueno.
- Ay amiga del alma, no sé qué decirte.
- Raro te dejé sin palabras! le dije.
- No, esas chicas me dejan sin palabras o consejos y a vos sin aliento. ¿Querés que te confiese algo? me preguntó bajando la voz Amanda, ya que su hija andaba por allí cerca.
- Sí, qué pasa?
- A pesar de todo te tengo envidia, mucha envidia, buena ¿me entendés?
Me la quedé mirando; en los años que la conocía era la primera vez que se “quejaba” de su no estar en pareja.
- Estas loca, vos? No te convendría envidiar a otra persona?
- No, es que vos vivís tan a fondo estas relaciones, te equivoques o no; te caguen o no, las engañes vos a ellas o no. Sos apasionada, y eso me gustaría ser un poco a mí también, dijo Amanda, mirando hacia afuera, por la ventana.
Le tomé la mano, casi instintivamente: “Podés intentarlo...” La sacó rápido, y se quedó mirándome fijo: “No, Elvira, ahora no. Por ahora no puedo nada. Somos amigas, pero hay cosas que vos no sabés”.
- Y vos tampoco de mí, Mandi. Es así, siempre tenemos ese espacio secreto, tan necesario para poder seguir viviendo sin ser invadidas del todo.
- Elvira, me creerías si te digo que hace tiempo estoy enamorada de una persona que nunca me prestó atención?
- Eso es imposible! Es una tonta, entonces, dije.
- ¿Tonta? Yo no dije que fuera una mujer.
- Disculpá, Mandi, me sale por default el femenino.
- Está bien, no es un problema, pero bueno, me tengo que poner a cocinar ¿te quedás?
Jamás la vi así, irse por la tangente, pero me hizo bien saber que ella se fija en alguien.
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- ¿La verdad? No sé. En realidad quiero intentarlo con Renata.
- No ves, no ves que sos de lo peor.
- Vamos Amanda, vos sabés lo que siento por Melisa, pero ahora que sé dónde está Renata y dónde estoy, quiero seguir con ella, ver qué podemos sacar de bueno.
- Ay amiga del alma, no sé qué decirte.
- Raro te dejé sin palabras! le dije.
- No, esas chicas me dejan sin palabras o consejos y a vos sin aliento. ¿Querés que te confiese algo? me preguntó bajando la voz Amanda, ya que su hija andaba por allí cerca.
- Sí, qué pasa?
- A pesar de todo te tengo envidia, mucha envidia, buena ¿me entendés?
Me la quedé mirando; en los años que la conocía era la primera vez que se “quejaba” de su no estar en pareja.
- Estas loca, vos? No te convendría envidiar a otra persona?
- No, es que vos vivís tan a fondo estas relaciones, te equivoques o no; te caguen o no, las engañes vos a ellas o no. Sos apasionada, y eso me gustaría ser un poco a mí también, dijo Amanda, mirando hacia afuera, por la ventana.
Le tomé la mano, casi instintivamente: “Podés intentarlo...” La sacó rápido, y se quedó mirándome fijo: “No, Elvira, ahora no. Por ahora no puedo nada. Somos amigas, pero hay cosas que vos no sabés”.
- Y vos tampoco de mí, Mandi. Es así, siempre tenemos ese espacio secreto, tan necesario para poder seguir viviendo sin ser invadidas del todo.
- Elvira, me creerías si te digo que hace tiempo estoy enamorada de una persona que nunca me prestó atención?
- Eso es imposible! Es una tonta, entonces, dije.
- ¿Tonta? Yo no dije que fuera una mujer.
- Disculpá, Mandi, me sale por default el femenino.
- Está bien, no es un problema, pero bueno, me tengo que poner a cocinar ¿te quedás?
Jamás la vi así, irse por la tangente, pero me hizo bien saber que ella se fija en alguien.
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martes, septiembre 19, 2006
Lo que vendrá
- Vos estás loca, completamente loca, me dijo Amanda. ¿Cómo te vas a rapar? Ahora sí creo que estás gagá.
- No me importa lo que digas, ni lo dura que seas. Necesité hacerlo. No fue fácil decidirme, y luego hacerlo.
- ¿Te vió alguien más?
- No, vine directo para acá. Bah, el que me vio es el del taxi.
- Y ¿qué dirás?
- Nada, no tengo mucho que decir, es más, cada vez que abro la boca armo kilombo. Quiero aprovechar estos días en que Renata no está para reacomodarme.
- Elvira, quiero decirte que te quiero y que cuentes conmigo. Me costará un poco mirarte, me imagino que los primeros días, pero acá estoy, como siempre.
- Sí, ya sé, a mí también me pasa con una amiga de afuera, lo primero que creí fue que estaba enferma, pero como yo u otras, sólo lo estaba de la cabeza y del corazón.
- Sabés, no debería decírtelo, pero ayer, tarde, me llamó Melisa.
- ¿Cómo? ¿A vos?
- Sí, no te olvides que la conozco desde hace tiempo, y que es la hermana de la mejor amiga de Sara.
- Cómo olvidarlo, pero para qué te llamo?
- Para preguntarme por vos, me dijo que ayer fue a la oficina y que no te encontró y eso le pareció raro.
- ¿Algo más te dijo?
- Sí, pero no sé si es conveniente decírtelo.
- Si no querías no hubieras empezado, le dije a Amanda encendiendo un cigarrillo.
- En realidad me pidió que te citara en cierto lugar, que te dijera que ella estaría allí. Quiere hablarte.
- Y vos pensabas decirme esto?
- Lo estaba pensando. No sé, Elvira, no la escuché bien a ella, y tenía miedo.
- Vamos Mandi, ya somos grandes. Decime qué te dijo.
- La cita sería para mañana miércoles, por la mañana.
- ¿En dónde? ¿Te lo dijo?
- Sí. En el viejo departamento que ella compartía con Carlos; me dijo que vos sabés donde queda.
- Sí, lo sé.
- ¿Qué vas hacer?
- No sé Amanda, si quiero reacomodarme, creo que no debería ir, y a la vez siento que quizá allí pueda encontrar la pieza que le falta a mi puzzle.
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- No me importa lo que digas, ni lo dura que seas. Necesité hacerlo. No fue fácil decidirme, y luego hacerlo.
- ¿Te vió alguien más?
- No, vine directo para acá. Bah, el que me vio es el del taxi.
- Y ¿qué dirás?
- Nada, no tengo mucho que decir, es más, cada vez que abro la boca armo kilombo. Quiero aprovechar estos días en que Renata no está para reacomodarme.
- Elvira, quiero decirte que te quiero y que cuentes conmigo. Me costará un poco mirarte, me imagino que los primeros días, pero acá estoy, como siempre.
- Sí, ya sé, a mí también me pasa con una amiga de afuera, lo primero que creí fue que estaba enferma, pero como yo u otras, sólo lo estaba de la cabeza y del corazón.
- Sabés, no debería decírtelo, pero ayer, tarde, me llamó Melisa.
- ¿Cómo? ¿A vos?
- Sí, no te olvides que la conozco desde hace tiempo, y que es la hermana de la mejor amiga de Sara.
- Cómo olvidarlo, pero para qué te llamo?
- Para preguntarme por vos, me dijo que ayer fue a la oficina y que no te encontró y eso le pareció raro.
- ¿Algo más te dijo?
- Sí, pero no sé si es conveniente decírtelo.
- Si no querías no hubieras empezado, le dije a Amanda encendiendo un cigarrillo.
- En realidad me pidió que te citara en cierto lugar, que te dijera que ella estaría allí. Quiere hablarte.
- Y vos pensabas decirme esto?
- Lo estaba pensando. No sé, Elvira, no la escuché bien a ella, y tenía miedo.
- Vamos Mandi, ya somos grandes. Decime qué te dijo.
- La cita sería para mañana miércoles, por la mañana.
- ¿En dónde? ¿Te lo dijo?
- Sí. En el viejo departamento que ella compartía con Carlos; me dijo que vos sabés donde queda.
- Sí, lo sé.
- ¿Qué vas hacer?
- No sé Amanda, si quiero reacomodarme, creo que no debería ir, y a la vez siento que quizá allí pueda encontrar la pieza que le falta a mi puzzle.
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domingo, septiembre 17, 2006
Acidez estomacal
Me levanté con acidez, dolor de cabeza, y de parte inferior del cuerpo humano. Ni la quiero nombrar, pero empieza con “C”. Es que a la vuelta de la película Renata estaba más que cariñosa. Ella pudo llegar a su paraíso y yo me quedé comprando los tickets para una próxima vez. Lo malo es que ella se empeñó en intentar sacarme un orgasmo y pago las consecuencias.
Fui a lo de Amanda, mi amiga y consejera:
- ¿Cincuenta? ¿Estás segura?
- Sí Mandy. Me contó Renata, la tipa tiene cincuenta, es psicóloga, y una mandada para algunas cosas. Yo realmente no la conocía.
- Me suena el nombre, pero no importa. Vos estás segura que Melisa estaba allí “de onda” con ella, me preguntó Amanda.
- Sí, si te digo que la tenía unas mesas adelante, y por más oscuridad una ve cuando dos personas se besan o acarician.
- ¿Y cuál es el problema que tenga cincuenta?
- Es mucha edad! dijo casi enojada.
- Pará Elvira, la del mambo con la edad SOS vos, y lo que te jode, dejame que lo diga es que esa “vieja de cincuenta” se esté curtiendo a tu ex, como vos no quisiste seguir haciéndolo.
- De quién sos amiga, mandy, de Melisa o mía.
- Mirá Elvira, yo te quiero mucho, pero mucho, me entendés (me agarró por los hombros) y quiero, deseo, espero que estés bien con alguien.
- ......
- Por eso te voy a decir esto lo más directamente posible: o le das para adelante con Renata, y disfrutás lo que tenés, o bien cortás, vas, la buscás a Melisa y ME/ NOS DEJAN DE JODER. Vos estás hasta los ovarios con esa mina, qué hacés entonces??
- NADA, grité. Ya sé que nada... me puse a llorar.
Sí lloré, sin cebolla, por las mías
- Lo que te pido es que no te sigas haciendo mierda, y que no hagas mierda a otras personas. Además no sé que te pasa, pero te he visto en otras relaciones y nunca tuviste esta locura galopante: que la edad, que el saltar de cama en cama. ¿Qué querés probarte, Vita, qué querés?
Me mató. Amanda me mató, usó el nombre secreto, ese que ni siquiera yo debería estar escribiendo aquí. Era su forma de llamarme cuando éramos un poco más que adolescentes.
La miré y la abracé fuerte; apenas pude susurrar un gracias.
- Mirate, me dijo: sos hermosa, fuerte, inteligente, ¿por qué enrollarte tanto? ¿qué hiciste que pensàs que te merecés pedazo de castigo?
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Fui a lo de Amanda, mi amiga y consejera:
- ¿Cincuenta? ¿Estás segura?
- Sí Mandy. Me contó Renata, la tipa tiene cincuenta, es psicóloga, y una mandada para algunas cosas. Yo realmente no la conocía.
- Me suena el nombre, pero no importa. Vos estás segura que Melisa estaba allí “de onda” con ella, me preguntó Amanda.
- Sí, si te digo que la tenía unas mesas adelante, y por más oscuridad una ve cuando dos personas se besan o acarician.
- ¿Y cuál es el problema que tenga cincuenta?
- Es mucha edad! dijo casi enojada.
- Pará Elvira, la del mambo con la edad SOS vos, y lo que te jode, dejame que lo diga es que esa “vieja de cincuenta” se esté curtiendo a tu ex, como vos no quisiste seguir haciéndolo.
- De quién sos amiga, mandy, de Melisa o mía.
- Mirá Elvira, yo te quiero mucho, pero mucho, me entendés (me agarró por los hombros) y quiero, deseo, espero que estés bien con alguien.
- ......
- Por eso te voy a decir esto lo más directamente posible: o le das para adelante con Renata, y disfrutás lo que tenés, o bien cortás, vas, la buscás a Melisa y ME/ NOS DEJAN DE JODER. Vos estás hasta los ovarios con esa mina, qué hacés entonces??
- NADA, grité. Ya sé que nada... me puse a llorar.
Sí lloré, sin cebolla, por las mías
- Lo que te pido es que no te sigas haciendo mierda, y que no hagas mierda a otras personas. Además no sé que te pasa, pero te he visto en otras relaciones y nunca tuviste esta locura galopante: que la edad, que el saltar de cama en cama. ¿Qué querés probarte, Vita, qué querés?
Me mató. Amanda me mató, usó el nombre secreto, ese que ni siquiera yo debería estar escribiendo aquí. Era su forma de llamarme cuando éramos un poco más que adolescentes.
La miré y la abracé fuerte; apenas pude susurrar un gracias.
- Mirate, me dijo: sos hermosa, fuerte, inteligente, ¿por qué enrollarte tanto? ¿qué hiciste que pensàs que te merecés pedazo de castigo?
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jueves, septiembre 14, 2006
No aclarés que oscurece
Me dijo Amanda cuando le conté mi encuentro con Melisa, y cuando intenté explicarle lo que ella me mueve, pero que lo mío es “aquí y ahora” con Renata.
Cuando terminé de decir esta frase, mi querida amiga se largó una carcajada que casi me deja sorda.
- No me vengás con eso.
- Pero Mandy, es que es éso ahora. Yo estoy con Renata.
- Como ahora estás conmigo y dentro de un rato con el carnicero.
- Che, no seas tan dura y cínica. Creo que no me lo merezco.
- Elvirita, a veces me parece que tenés una edad emocional menor a la tuya, y hasta te diría que muchas pendejas son más maduras que vos, incluso Melisa. Es que no podés ver que le gustás, obviamente aún siente algo por vos, y le gusta jugar, encenderte un poco, provocarte, pero sabiendo lo que sí es real ahora: que vos estás en otra, pero no relación, vos estás en otra, y vaya una a saber en qué y dónde.
Me quedé muda. Amanda tiene toda la razón del mundo. Estoy en otra, y creo que no sé muy bien en qué tierra estoy pisando. Si es algo es lodo: muy blando y ensucia mucho, y luego se seca y deja marcas oscuras. Evidencias. Todo es evidencia. Todo te vende, todo te desnuda, todo te exhibe, todo muestra la mierda que sos, todo sigue allí mientras una se hunde.
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martes, julio 18, 2006
¿Estas segura?
Eso fue lo primero que me preguntó Amanda cuando le conté sobre mi anterior encuentro con Renata y su declaración, y lo ando pensando al respecto.
- ¿Estas segura?
- No sé si se puede estar segura, pero sí siento un fueguito aquí adentro hacia ella.
- No lo sé, Elvira, qué querés que te diga. Estuviste tan pero tan rara últimamente: sola, no hablando nada sobre lo amoroso.
- Debe ser por eso: menos ruido y más nueces.
- ¿Te gusta?
- Sí, Amanda, me gusta. Pero creo que es algo más. Con gustarte una persona no basta, es como una especie de estocada en el estómago, pero no es la loca pasión que me creció cuando fue lo de Melisa.
- Sí, eso fue una locura, pero la piba te quería...
- Y yo a ella. La amo, la amé.
- ¿Perdón? Primero lo dijiste en presente, o estoy loca?
- Te pareció, le dije.
Vaya lapsus, fucking lapsus.
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- ¿Estas segura?
- No sé si se puede estar segura, pero sí siento un fueguito aquí adentro hacia ella.
- No lo sé, Elvira, qué querés que te diga. Estuviste tan pero tan rara últimamente: sola, no hablando nada sobre lo amoroso.
- Debe ser por eso: menos ruido y más nueces.
- ¿Te gusta?
- Sí, Amanda, me gusta. Pero creo que es algo más. Con gustarte una persona no basta, es como una especie de estocada en el estómago, pero no es la loca pasión que me creció cuando fue lo de Melisa.
- Sí, eso fue una locura, pero la piba te quería...
- Y yo a ella. La amo, la amé.
- ¿Perdón? Primero lo dijiste en presente, o estoy loca?
- Te pareció, le dije.
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miércoles, julio 12, 2006
Deja vu
Tirada en la cama miro el techo de la que fuera mi casa, en mi niñez. Hoy vuelvo a ella más vieja, cansada, pero con ganas de seguir jugando en su patio, de correr por su galería.
Es raro, pero me pareció haber escuchado la voz de mi madre, me pareció escuchar los ecos de mi risa.
Amanda me dijo que es una casa grande para una persona sola, “te hubiera convenido quedarte en el departamento y alquilar o vender esta”.
No. Quería volver, aunque más no sea por un tiempo, quería volver a darle un sentido después de haber descubierto todo ese lado desconocido de la vida de mi madre, de mí, y que aún no puedo compartir aquí, que no quiero hacer público.
Renata me llama cada tardecita, que cómo estoy, que cómo va el acomodamiento de la casa, que si necesito ayuda. Le dije que me reservo el acomodar las bibliotecas con ella; se puso contenta con esa promesa, yo también.
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Es raro, pero me pareció haber escuchado la voz de mi madre, me pareció escuchar los ecos de mi risa.
Amanda me dijo que es una casa grande para una persona sola, “te hubiera convenido quedarte en el departamento y alquilar o vender esta”.
No. Quería volver, aunque más no sea por un tiempo, quería volver a darle un sentido después de haber descubierto todo ese lado desconocido de la vida de mi madre, de mí, y que aún no puedo compartir aquí, que no quiero hacer público.
Renata me llama cada tardecita, que cómo estoy, que cómo va el acomodamiento de la casa, que si necesito ayuda. Le dije que me reservo el acomodar las bibliotecas con ella; se puso contenta con esa promesa, yo también.
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domingo, julio 09, 2006
Independencia
Hogar dulce hogar. Todo desparramado; cajas y más cajas. Amigas y amigos trajinando, ayudándome a subir la cama hasta el segundo nivel de la casa, chistes sobre si esa cama hablara, indirectas sobre mi soledad de los últimos meses, mi estado casi monjeril.
Renata miraba, observaba. No sabía si reirse o no. Quiero terminar de estar en la nueva casi y poder darle una respuesta, mejor dicho, dármela a mí misma. Siguiendo con la imagen del aroma, Renata es un aroma nuevo, una especie de chocolate exclusivo. Menos mal que no me escucha ni lee ninguna de mis amigas, me dirían: estás hasta los ovarios. Y no es tan así, no es exactamente igual a como fue con Melisa: dos animales salvajes comiéndonos el mundo. Creo que aquí es diferente, ella es diferente, y yo estoy haciendo un trabajo intenso en mi interior para no desbocarme, para no arruinar nada. No calculo, voy con cuidado.
Dentro de un rato llegará Amanda con el locro prometido, y también el resto de la gente. Me insistieron mucho para hacer una especie de pre-fiesta de inauguración.
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Renata miraba, observaba. No sabía si reirse o no. Quiero terminar de estar en la nueva casi y poder darle una respuesta, mejor dicho, dármela a mí misma. Siguiendo con la imagen del aroma, Renata es un aroma nuevo, una especie de chocolate exclusivo. Menos mal que no me escucha ni lee ninguna de mis amigas, me dirían: estás hasta los ovarios. Y no es tan así, no es exactamente igual a como fue con Melisa: dos animales salvajes comiéndonos el mundo. Creo que aquí es diferente, ella es diferente, y yo estoy haciendo un trabajo intenso en mi interior para no desbocarme, para no arruinar nada. No calculo, voy con cuidado.
Dentro de un rato llegará Amanda con el locro prometido, y también el resto de la gente. Me insistieron mucho para hacer una especie de pre-fiesta de inauguración.
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martes, junio 13, 2006
Mates con Amanda
Me invitó a tomar mates con facturas, el pretexto era verla a Sara, su hija y mi ahijada, que hacía mucho que no veía. Esto me parecía algo raro, y me adelanté:
- Vos tenés algo que decirme, no?
- No, nada en especial, sólo charlar un rato, solas, ya que anoche éramos varias.
- Justamente (la miro fijo), vos no querés decirme nada sobre anoche?
- ¿Te gusta Renata? me descargó.
- No lo sé, le dije mordiendo una bola de fraile.
- Vamos, Elvira, a quién querés engañar?
- ¿Yo? a nadie. Es que no lo sé. El nombre no me gusta, pero ella no está mal, y tampoco lo que hace. Pero no sé.
- Ayer, antes de que llegaras me estuvo tirando la lengua.
-?¿?¿?¿?¿?
- Sí. Me preguntó qué te gustaba, tipo hobbies o esas cosas, y si estabas saliendo con alguien.
- ¿Y vos qué le dijiste? pronuncié casi tartamudeando.
- La verdad, que estás sola (hasta donde sé), y que te gusta la literatura, el cine, que sos casera.
- ¿Qué? Todo eso! Vos estás loca.
- Por lo que sé la piba es, es ...
- ¿Torta?
- Ay sí, qué forma tenés de decir las cosas. A Sara nunca le digas así!, sonó a reto amoros.
- Ella es la torta mayor y me gana! Y qué se supone que tengo que hacer yo?
- No sé, vos ya sos grande, pero no quería dejar de decírtelo. Es que estás tan sola, tan sin rumbo... No sé.
- Gracias querida amiga, yo puedo sola, y además este tiempo de soledad me vino bien.
- Yo creo que te piensa decir algo. Qué sé yo, y si metí la pata, disculpame.
- No, eso no tiene perdón de ninguna diosa Mandy, de ninguna.
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- Vos tenés algo que decirme, no?
- No, nada en especial, sólo charlar un rato, solas, ya que anoche éramos varias.
- Justamente (la miro fijo), vos no querés decirme nada sobre anoche?
- ¿Te gusta Renata? me descargó.
- No lo sé, le dije mordiendo una bola de fraile.
- Vamos, Elvira, a quién querés engañar?
- ¿Yo? a nadie. Es que no lo sé. El nombre no me gusta, pero ella no está mal, y tampoco lo que hace. Pero no sé.
- Ayer, antes de que llegaras me estuvo tirando la lengua.
-?¿?¿?¿?¿?
- Sí. Me preguntó qué te gustaba, tipo hobbies o esas cosas, y si estabas saliendo con alguien.
- ¿Y vos qué le dijiste? pronuncié casi tartamudeando.
- La verdad, que estás sola (hasta donde sé), y que te gusta la literatura, el cine, que sos casera.
- ¿Qué? Todo eso! Vos estás loca.
- Por lo que sé la piba es, es ...
- ¿Torta?
- Ay sí, qué forma tenés de decir las cosas. A Sara nunca le digas así!, sonó a reto amoros.
- Ella es la torta mayor y me gana! Y qué se supone que tengo que hacer yo?
- No sé, vos ya sos grande, pero no quería dejar de decírtelo. Es que estás tan sola, tan sin rumbo... No sé.
- Gracias querida amiga, yo puedo sola, y además este tiempo de soledad me vino bien.
- Yo creo que te piensa decir algo. Qué sé yo, y si metí la pata, disculpame.
- No, eso no tiene perdón de ninguna diosa Mandy, de ninguna.
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miércoles, marzo 22, 2006
Manos a la obra
- No sabés lo que me duele la espalda, le digo a Amanda que me mira desde atrás de una sábana húmeda.
- Me podés decir para qué contratás albañiles si vos andás detrás de ellos.
- Es una buena pregunta, pero como voy encontrando cosas en cada rincón que van limpiando, quiero quedarme allí.
- ¿Y vas a vivir ahí también? me pregunta.
- No lo sé, no quiero mezclar el lugar de trabajo con el espacio personal, pero cada vez lo pienso más y tengo ganas de vivir allí y conseguir otro espacio para el centro cultural.
- A vos sola se te ocurre arreglar la casa que fuera de tu vieja y poner un centro cultural.
- Era eso o el spa a medias con Roberto, le digo buscando un cigarrillo que quiero dejar de fumar.
- No te veo con un spa, salvo dándole masajes a las chicas.
- Andá no seas guacha, que ya a esta altura parezco la Virgen de Santa Lucía.
- ¿De verdad? ¿Ni un piquito? ¿Ni una paja?
- Che, eso no se pregunta. Paja, claro que sí, pero un cuerpo humano, real, no.
- ¿Y Bárbara?
- Es divina, es hermosa, y muy buena persona, pero no quiero hacerla mierda, no se lo merece. Mirá Amanda...’
- Te miro, amorcito, te miro, me dice pasándome un amargo.
- Mirá, lo de Melisa me dejó como amarga, demasiado ácida, con ganas de morder a quien pase por adelante mío.
- ¿Te la cruzaste? Santa Lucía no es tan grande.
- Sí, en el supermercado, estaba con otra pendeja que no conozco.
- Hmmm tu tono me suena a celos...
- ¿Celos? ¿Yo? Andá. No, sólo te digo que no conozco a la que estaba con ella. Ni quiero conocerla. La ciudad es chica, como vos decís, pero creo que ella se está cuidando de no andar por mis zonas, que ella conoce bien.
- Decime Elvira, decime con el corazón en la mano: ¿alguna vez te enamoraste de verdad?
- De Melisa.
- Digo antes, y que haya durado.
- Ja. Linda pregunta me planteás un miércoles a la mañana. Sí, me enamoré en serio, pero de eso no quiero hablar.
- ¿La conozco?
- Sí, la conocés, si sos como mi sombra.
- No exagerés. Pero quiero que me hables de ella, dale.
- Algún día lo haré, pero ahora debo ir a la oficina y luego a la obra de reconstrucción de mi nido de infancia.
Nos abrazamos y salí para acá, antes de que se largue la lluvia. Cielo amenazante y los albañiles por las dudas no vinieron.
- Me podés decir para qué contratás albañiles si vos andás detrás de ellos.
- Es una buena pregunta, pero como voy encontrando cosas en cada rincón que van limpiando, quiero quedarme allí.
- ¿Y vas a vivir ahí también? me pregunta.
- No lo sé, no quiero mezclar el lugar de trabajo con el espacio personal, pero cada vez lo pienso más y tengo ganas de vivir allí y conseguir otro espacio para el centro cultural.
- A vos sola se te ocurre arreglar la casa que fuera de tu vieja y poner un centro cultural.
- Era eso o el spa a medias con Roberto, le digo buscando un cigarrillo que quiero dejar de fumar.
- No te veo con un spa, salvo dándole masajes a las chicas.
- Andá no seas guacha, que ya a esta altura parezco la Virgen de Santa Lucía.
- ¿De verdad? ¿Ni un piquito? ¿Ni una paja?
- Che, eso no se pregunta. Paja, claro que sí, pero un cuerpo humano, real, no.
- ¿Y Bárbara?
- Es divina, es hermosa, y muy buena persona, pero no quiero hacerla mierda, no se lo merece. Mirá Amanda...’
- Te miro, amorcito, te miro, me dice pasándome un amargo.
- Mirá, lo de Melisa me dejó como amarga, demasiado ácida, con ganas de morder a quien pase por adelante mío.
- ¿Te la cruzaste? Santa Lucía no es tan grande.
- Sí, en el supermercado, estaba con otra pendeja que no conozco.
- Hmmm tu tono me suena a celos...
- ¿Celos? ¿Yo? Andá. No, sólo te digo que no conozco a la que estaba con ella. Ni quiero conocerla. La ciudad es chica, como vos decís, pero creo que ella se está cuidando de no andar por mis zonas, que ella conoce bien.
- Decime Elvira, decime con el corazón en la mano: ¿alguna vez te enamoraste de verdad?
- De Melisa.
- Digo antes, y que haya durado.
- Ja. Linda pregunta me planteás un miércoles a la mañana. Sí, me enamoré en serio, pero de eso no quiero hablar.
- ¿La conozco?
- Sí, la conocés, si sos como mi sombra.
- No exagerés. Pero quiero que me hables de ella, dale.
- Algún día lo haré, pero ahora debo ir a la oficina y luego a la obra de reconstrucción de mi nido de infancia.
Nos abrazamos y salí para acá, antes de que se largue la lluvia. Cielo amenazante y los albañiles por las dudas no vinieron.
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lunes, febrero 06, 2006
Levantando mails
Bárbara: “¿Dónde estás? Te extraño. Avisame cuando andes por acá!”.
Roberto: “Sólo para informarte: Melisa está de vuelta, y no está sola. Se vino con la francesa (...) No enloquezcas, seguí pasándola bomba con tu sirenita.”
Amanda: “Ya no sé qué hacer con Sara. Quiere irse a vivir a Chile. Yo a esa piba le desconfío. ¿Vos qué harías en mi lugar?
Ahhh todos mis roles: amante, amiga, y madrina. Todo en pocas líneas en mails rápidos, certeros.
Así que Melisa volvió con la franchuta, mirala vos. Este Roberto es de lo peor. Buen amigo pero clavador de aguijones. Lo quiero, y sabe que hizo bien en avisarme. Cuando vuelva al pago quiero estar lista, para cualquier cosa.
Bárbara, Bárbara. Amante-amiga. Algo raro me ata a ella. Me siento bien, compartimos cosas, pero no es el amor de mi vida.
Con mi ahijada qué puedo hacer, nada. Como le escribí a Amanda: “dejala sola. Si quiere ir que vaya, y que sepa por primera vez qué es estar lejos de su mama!!”. Seguro que me ligo un coscorrón cuando vuelvo por esta respuesta.
Roberto: “Sólo para informarte: Melisa está de vuelta, y no está sola. Se vino con la francesa (...) No enloquezcas, seguí pasándola bomba con tu sirenita.”
Amanda: “Ya no sé qué hacer con Sara. Quiere irse a vivir a Chile. Yo a esa piba le desconfío. ¿Vos qué harías en mi lugar?
Ahhh todos mis roles: amante, amiga, y madrina. Todo en pocas líneas en mails rápidos, certeros.
Así que Melisa volvió con la franchuta, mirala vos. Este Roberto es de lo peor. Buen amigo pero clavador de aguijones. Lo quiero, y sabe que hizo bien en avisarme. Cuando vuelva al pago quiero estar lista, para cualquier cosa.
Bárbara, Bárbara. Amante-amiga. Algo raro me ata a ella. Me siento bien, compartimos cosas, pero no es el amor de mi vida.
Con mi ahijada qué puedo hacer, nada. Como le escribí a Amanda: “dejala sola. Si quiere ir que vaya, y que sepa por primera vez qué es estar lejos de su mama!!”. Seguro que me ligo un coscorrón cuando vuelvo por esta respuesta.
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miércoles, mayo 18, 2005
El tipo en cuestión
Estoy como loca. Casi no pude dormir pensando en lo mala mina que es Dolores. El tipo con el que está saliendo, es el ex de Amanda, mi amiga del alma, el padre de Sara, la amiguita de la hermana de Melisa.
Sanguijuela, eso es esa tipa. La cabeza me da vueltas a mil. Lo que me pregunto es dónde lo cazó. Ella te pesca, tiene esa forma. A mí me pasó lo mismo. Me dejé llevar en una reunión. Y que una cosa lleva a otra, y así. La lujuria de la soledad, se le podría llamar.
Pero basta, no estoy como para recordar cómo fue que llegué a encamarme con Dolores la primera vez. Ella sabe, estoy segura, que la vi, y que a él también lo vi. No creo que ella no sepa quién es él. Qué pedazo de loca. Me sacó, y realmente no sé qué hacer. Debería decirle algo a Amanda, pero si lo de esa noche llegó a ser sólo un giro de D., mejor que Amanda no sepa lo de su ex.
Qué lo tiró!
Sanguijuela, eso es esa tipa. La cabeza me da vueltas a mil. Lo que me pregunto es dónde lo cazó. Ella te pesca, tiene esa forma. A mí me pasó lo mismo. Me dejé llevar en una reunión. Y que una cosa lleva a otra, y así. La lujuria de la soledad, se le podría llamar.
Pero basta, no estoy como para recordar cómo fue que llegué a encamarme con Dolores la primera vez. Ella sabe, estoy segura, que la vi, y que a él también lo vi. No creo que ella no sepa quién es él. Qué pedazo de loca. Me sacó, y realmente no sé qué hacer. Debería decirle algo a Amanda, pero si lo de esa noche llegó a ser sólo un giro de D., mejor que Amanda no sepa lo de su ex.
Qué lo tiró!
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domingo, mayo 01, 2005
Comiendo en lo de Amanda
Qué lindo dormir hasta tarde, y levantarse para ir a comer a otro lugar. NO tener que hacer nada en la casa. Muy bueno para un domingo.
Acabo de llegar de lo de Amanda. Me invitó a comer locro, casero. Excelente, y muy liviano. Ella le pone de todo, pero nunca te cae mal.
Amanda estaba como loca, quería saber T-O-D-O, y que cómo se tenía que enterar por Sara y etc.
Cuando terminé de contarle todo lo que ustedes ya saben, salvo algunos detalles o datos que no he dado por aquí, Amanda se me quedó mirando.
- Mirá. ¿Cuántos años hacen que nos conocemos? ¿Más de 20?
- Y sí, por ahí andamos.
- Es la primera vez que te noto hablar como una “enamorada”.
- ....
- Sí, no te hagás la boluda. Sabés a qué me refiero. Al menos es la primera vez que te escucha hablar así desde la historia con Inés.
- No empecemos...
- No, no empiezo, pero ya sabés qué pienso.
- Sí... que la dejé ir.
- Y más cosas, que ahora no vienen al caso. Y por eso te quiero decir esto, si a esta piba la querés o ves que te estás enamorando o que puede ir en serio, por favor, no la dejés, no la espantés. Tenés esa extraña capacidad de destruir lo bueno que te pasa.
- Ah, gracias, sos una amiga.
- ¿Me equivoco? ¿Qué pasó con Inés? Tu maldito orgullo.
- Cortala que se pudre todo.
- Yo la corto, pero no quiero que te sigas haciendo mierda, y en este caso que la hagas mierda a Melisa. Por poco la vi crecer.
- Otro palo más ¿no?
- No. Lo de la edad es bien relativo. Pero espero que todo ande bien.
- Ay Amandita, para mí la edad no es poca cosa. Melisa me está dando un nuevo aire que respirar, pero es joven, y planea irse a vivir a otro lado cuando se reciba. Puede aparecer otra mujer.
- Basta. Pará. ¿Estás bien con ella?
- Sí. Muy bien, te diría.
- Entonces no pensés tanto en el futuro. Pero ayudalo un poco y que ese poco sea bueno.
Se me acercó y me abrazó muy fuerte.
- ¿Cuando se vuelven a ver?
- Creo que esta noche. Quedé en llamarla.
Acabo de llegar de lo de Amanda. Me invitó a comer locro, casero. Excelente, y muy liviano. Ella le pone de todo, pero nunca te cae mal.
Amanda estaba como loca, quería saber T-O-D-O, y que cómo se tenía que enterar por Sara y etc.
Cuando terminé de contarle todo lo que ustedes ya saben, salvo algunos detalles o datos que no he dado por aquí, Amanda se me quedó mirando.
- Mirá. ¿Cuántos años hacen que nos conocemos? ¿Más de 20?
- Y sí, por ahí andamos.
- Es la primera vez que te noto hablar como una “enamorada”.
- ....
- Sí, no te hagás la boluda. Sabés a qué me refiero. Al menos es la primera vez que te escucha hablar así desde la historia con Inés.
- No empecemos...
- No, no empiezo, pero ya sabés qué pienso.
- Sí... que la dejé ir.
- Y más cosas, que ahora no vienen al caso. Y por eso te quiero decir esto, si a esta piba la querés o ves que te estás enamorando o que puede ir en serio, por favor, no la dejés, no la espantés. Tenés esa extraña capacidad de destruir lo bueno que te pasa.
- Ah, gracias, sos una amiga.
- ¿Me equivoco? ¿Qué pasó con Inés? Tu maldito orgullo.
- Cortala que se pudre todo.
- Yo la corto, pero no quiero que te sigas haciendo mierda, y en este caso que la hagas mierda a Melisa. Por poco la vi crecer.
- Otro palo más ¿no?
- No. Lo de la edad es bien relativo. Pero espero que todo ande bien.
- Ay Amandita, para mí la edad no es poca cosa. Melisa me está dando un nuevo aire que respirar, pero es joven, y planea irse a vivir a otro lado cuando se reciba. Puede aparecer otra mujer.
- Basta. Pará. ¿Estás bien con ella?
- Sí. Muy bien, te diría.
- Entonces no pensés tanto en el futuro. Pero ayudalo un poco y que ese poco sea bueno.
Se me acercó y me abrazó muy fuerte.
- ¿Cuando se vuelven a ver?
- Creo que esta noche. Quedé en llamarla.
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¿Cuestión de edad?,
Amanda,
Melisa,
Reuniones con amigas/os
lunes, abril 25, 2005
Confesiones
(...)
- Ah no. Mirá que te acostás con una pendeja y amanecés meada hasta los ovarios. Recordá el dicho.
- Me parece que no es así el dicho.
- No me vengás con esa. ¿Desde cuándo te gustan las pendejas? ¿O ya te estás poniendo vieja chota?
- Vieja tu abuela. Pero... vos la viste ayer, Amanda, vos la viste.
- Sí, y tiene sólo 22 años.
- Y una mirada y unas manos.
- Estás hecha una vieja pajera.
- Che, no me digás así.
- ......
- Quizá sea una fantasía. No más que eso.
- ¿Una fantasía? ¿De qué estás hablando, ...?
- Siempre quise tener algo con una campeona de flippers.
- No. Pero no ves que a vos te pegó mal el champagne. “Tener algo con una campeona de flipper”. No lo puedo creer.
- ¿Vos sos o no sos mi amiga? Te estoy contando una fantasía y vos me cargás así. Me gustó. La piba me gustó.
- Por lo que sé, tiene novio.
- Y qué? Eso no me asusta. Pero me gustaría volver a verla, no sé si para que pase algo, sólo para verla y hasta verla jugar.
- Escuchame, ..., cambiando de tema, ¿volviste a saber algo de Dolores?
- Guacha. Sos una guacha. Eso no es cambiar de tema.
- Ah no. Mirá que te acostás con una pendeja y amanecés meada hasta los ovarios. Recordá el dicho.
- Me parece que no es así el dicho.
- No me vengás con esa. ¿Desde cuándo te gustan las pendejas? ¿O ya te estás poniendo vieja chota?
- Vieja tu abuela. Pero... vos la viste ayer, Amanda, vos la viste.
- Sí, y tiene sólo 22 años.
- Y una mirada y unas manos.
- Estás hecha una vieja pajera.
- Che, no me digás así.
- ......
- Quizá sea una fantasía. No más que eso.
- ¿Una fantasía? ¿De qué estás hablando, ...?
- Siempre quise tener algo con una campeona de flippers.
- No. Pero no ves que a vos te pegó mal el champagne. “Tener algo con una campeona de flipper”. No lo puedo creer.
- ¿Vos sos o no sos mi amiga? Te estoy contando una fantasía y vos me cargás así. Me gustó. La piba me gustó.
- Por lo que sé, tiene novio.
- Y qué? Eso no me asusta. Pero me gustaría volver a verla, no sé si para que pase algo, sólo para verla y hasta verla jugar.
- Escuchame, ..., cambiando de tema, ¿volviste a saber algo de Dolores?
- Guacha. Sos una guacha. Eso no es cambiar de tema.
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Confesiones
domingo, abril 24, 2005
Cumpleaños de 15
Estoy de cumpleaños de 15. Sara, la hija de Amanda, una amiga, los cumple y yo estaré allí, como su madrina, pero también como encargada de que todo salga bien. ¿Por qué? Porque mi laburo, de lo cual vivo y pervivo, es ser gestora de eventos sociales y culturales. Vos venís me decís qué querés hacer y yo te armo todo el esquema, logística, decoración, regalos, etc.
Este emprendimiento lo pude empezar a llevar adelante a partir de mis contactos y de las personas amigas de ellos. Es decir una buena agenda, que fue creciendo en la época en que trabajaba en una empresa de turismo. En realidad estaba asociada a un tipo que me cagó.
Pero aquí estamos cuando Sarita, ya con sus 15 estrenados hace pocos días, va a festejarlo con sus amigas y amigos. No quiso que hubiera muchos familiares, y me parece que está bien.
Por suerte lo habíamos programado para hacerlo en un salón, porque anoche llovió y hoy amaneció muy frío.
Estoy en los últimos detalles, toda esta preparación final me mantiene pensando en otra cosa.
Me pone mal no saber dónde estoy parada, ni con quién estoy parada. Preferiría saber que estoy en un pantano pero sola. En fín. Un domingo ocupado es mejor que nada.
Este emprendimiento lo pude empezar a llevar adelante a partir de mis contactos y de las personas amigas de ellos. Es decir una buena agenda, que fue creciendo en la época en que trabajaba en una empresa de turismo. En realidad estaba asociada a un tipo que me cagó.
Pero aquí estamos cuando Sarita, ya con sus 15 estrenados hace pocos días, va a festejarlo con sus amigas y amigos. No quiso que hubiera muchos familiares, y me parece que está bien.
Por suerte lo habíamos programado para hacerlo en un salón, porque anoche llovió y hoy amaneció muy frío.
Estoy en los últimos detalles, toda esta preparación final me mantiene pensando en otra cosa.
Me pone mal no saber dónde estoy parada, ni con quién estoy parada. Preferiría saber que estoy en un pantano pero sola. En fín. Un domingo ocupado es mejor que nada.
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