Domingo 11 de la mañana. Siento una rodilla que me intenta mover en una cama que no es mi cama.
- Correte, me dicen.
- ¿Otra vez? pregunto mientras me intento hacer a un lado.
- No de esa forma, tonta, me dicen con una sonrisa que dibuja un sol en la habitación. ¿Dibuja un sol? Uff!
Y correrme de nuevo no podría ni aún queriendo. Las diosas! Hacía tiempo que no hacía el amor así, bueh, hacía tiempo que no hacía el amor, pero ese dato no lo comparto con Sonia, que me pone un paquete de facturas en mi falda, y me alcanza un mate amargo.
La habitación huele a sexo y a nag champa. La miro por primera vez. Un dormitorio común y corriente, tranquilo, lindo cómodo, perdido por el barrio de Palermo. La miro mientras ella busca algo en un cajón, mientras me cuenta lo que querría hacer hacer a la siesta.
Le miro el trasero, precioso. Miro sus caderas, admirables, y suspiro mientras casi una bola de fraile se me atora en la garganta.
- Si querés te podés quedar unos días. Yo vuelvo al laburo el martes, me dice mientras trae un cuadernito.
- Hmm no sé si debo y además no tengo muda de ropa, traje poco porque mi idea era irme.
- Y ¿por qué no te fuiste? ¿qué te lo impidió? me pregunta clavándome esos ojos color miel.
- Ahh, no sea así.
- El deseo Elvirita, el deseo te pierde.
¿Qué sabe ella de mi deseo? ¿Qué sabe ella de mí? ¿Qué sé yo ella? ¿Quién cuernos este mujer que me metió en su cama sin preguntarme ¿puedo? ¿Quién es cómo se atrevió a cortar mi celibato? ¿Quién?
Me acerco y la beso. Le hago tambalear el termo, la acaricia, la vuelvo a besar, le muerdo apenas el labio inferior, dejo que mi lengua dibuje el labio superior de su boca.
- Te dije, el deseo te pierde nena.
- Vos no tenés ni idea de lo que soy capaz! le digo soltando una carcajada.
Nos reímos y nos abrazamos y sé que esa pierna se tensa de otra forma, veo que el termo descansa en el piso y el mate en la mesa de luz, y veo que sus planes para la siesta no están tan claros y me doy cuenta que tendré que ir al Once a comprarme un par de remeras al menos.
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lunes, abril 12, 2010
martes, junio 03, 2008
Qué razón tenía esa bruja
Hubo en nuestro querido país una gran poeta (odio decir poetisa) que supo tener razón cuando escribió aquello de:
"Cuídate del amor que es quien se queda.
Para hoy, para mañana, para después de mañana.
Cuídate porque brilla con un brillo de lágrimas yespadas.
Su gloria es la del Sol, tanto como sus furias y su
orgullo. Pero jamás conocerás la paz..."
Bello poema de Olga Orozco, la bruja, la sacerdotisa. El poema se llama Cartomancia y es mucho más largo, pero esa serie de versos mucha veces ha sido para mí una especie de mantra: Cuídate del amor, del amor cuídate; cuídate, amor, del amor. Es quien se queda siempre, por más que no haya un cuerpo cercano, por más que los harapos que visten al corazón son viejas telarañas.
Cuídate, Elvira, cuídate del querer re-caer. De la re-caida amorosa por más asanas que hagás. Cuídate y lavate los dientes y andá a la cama a ver una película, y llorá, llorá fuerte con la caja de Elite al lado. Llorá, total nadie te escucha.
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"Cuídate del amor que es quien se queda.
Para hoy, para mañana, para después de mañana.
Cuídate porque brilla con un brillo de lágrimas yespadas.
Su gloria es la del Sol, tanto como sus furias y su
orgullo. Pero jamás conocerás la paz..."
Bello poema de Olga Orozco, la bruja, la sacerdotisa. El poema se llama Cartomancia y es mucho más largo, pero esa serie de versos mucha veces ha sido para mí una especie de mantra: Cuídate del amor, del amor cuídate; cuídate, amor, del amor. Es quien se queda siempre, por más que no haya un cuerpo cercano, por más que los harapos que visten al corazón son viejas telarañas.
Cuídate, Elvira, cuídate del querer re-caer. De la re-caida amorosa por más asanas que hagás. Cuídate y lavate los dientes y andá a la cama a ver una película, y llorá, llorá fuerte con la caja de Elite al lado. Llorá, total nadie te escucha.
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Yéndose a pique
viernes, noviembre 10, 2006
Amaneceres
No sé si alguna vez lo dije, pero me gusta ver amanecer. Hay un aire especial en esa hora en que el cielo va cediendo a las diversas tonalidades de rojo, luego la ceguera del sol, y luego el azul brillante, si es que no hay nubes.
No sé si alguna vez lo dije, pero me gusta mucho hacer el amor por la mañana, parece que tengo el motor encendido, que hay algo que me quema en mi interior. No todas las personas con las que he compartido un amanecer coinciden con esas ganas, pero a veces se me da, y es una especie de aleluya, como decía Lispector.
No sé si alguna vez lo dije, pero me fascina que me hablen en otra lengua, al amanecer, mientras la cortina se mueve al ritmo de un viento extranjero, y percibo una caricia foránea sobre mis pechos.
No sé si alguna ves lo dije, pero deseo poder ser feliz, completamente feliz, no sólo al amanecer, estando sola o acompañada.
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No sé si alguna vez lo dije, pero me gusta mucho hacer el amor por la mañana, parece que tengo el motor encendido, que hay algo que me quema en mi interior. No todas las personas con las que he compartido un amanecer coinciden con esas ganas, pero a veces se me da, y es una especie de aleluya, como decía Lispector.
No sé si alguna vez lo dije, pero me fascina que me hablen en otra lengua, al amanecer, mientras la cortina se mueve al ritmo de un viento extranjero, y percibo una caricia foránea sobre mis pechos.
No sé si alguna ves lo dije, pero deseo poder ser feliz, completamente feliz, no sólo al amanecer, estando sola o acompañada.
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viernes, octubre 27, 2006
Skin deep
Siempre me llamó la atención que esa frase significara: superficial; por extensión aquello que no es más profundo que la misma piel; aquello que no es profundo at all.
Skin tuya sin mí; deep en la garganta azul del mundo; fucking gris como el rescoldo de la memoria. Sola, skin; deep sin vos. Me dejás, te vas, te vas a otros brazos, más amorosos ¿quizás? Fuego, agua; maternidad sostenida sólo por la teta.
Sin skin voy, andando; fucking verde de estas plantas que riego ¿o son mis lágrimas?
Casandra, ya nadie te escucha, y si lo hacen no te entienden. No hay grito peor: el que sale deep del ombligo.
Don’t break my heart. I U SHE canta Peaches, come on baby let’s go. Don’t break my glass ball. I want I nEEd to see the future: only skin deep miles away from home.
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Skin tuya sin mí; deep en la garganta azul del mundo; fucking gris como el rescoldo de la memoria. Sola, skin; deep sin vos. Me dejás, te vas, te vas a otros brazos, más amorosos ¿quizás? Fuego, agua; maternidad sostenida sólo por la teta.
Sin skin voy, andando; fucking verde de estas plantas que riego ¿o son mis lágrimas?
Casandra, ya nadie te escucha, y si lo hacen no te entienden. No hay grito peor: el que sale deep del ombligo.
Don’t break my heart. I U SHE canta Peaches, come on baby let’s go. Don’t break my glass ball. I want I nEEd to see the future: only skin deep miles away from home.
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martes, octubre 17, 2006
La cotidiana
A ver, cómo lo puedo decir. Sí, con Renata estamos en la cotidiana: ver quién hace qué en la casa (hablo de la mía, ya que es ella la que más se desplaza para acá), ni hemos hablado de convivir 24 horas y siete días a la semana, la que suscribe cree que no sobreviviría. Pero aquí estamos: que la que cocina no lava los platos; que quien limpia el patio; cómo hacemos con la ropa de cama y el baño; en fin, esas menudencias que denuncian una vida en común, por más limitada que esté. A veces no deja de darme un escalofrío cuando me pesco a mí misma haciendo gestos que pueden llegar a parecer los de una pareja bien conformada. No sé. Sospecho que es así la vida, pero no puedo dejar de reconocerme como una mujer de acción.
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sábado, octubre 07, 2006
Paños fríos
Me quemaba todo el cuerpo, empezando por mi mano. Quedé muy mal por lo que hice, pero Melisa me llevó al límite, me golpeó bien bajo. En fin, ya está. Recordé que la primera vez que trancé con alguien (Gloria) mientras ya salía con Melisa y se le dije, fue ella la que me abofeteó. Estoy en contra de la violencia, la violencia en mí o en ella, en otras; y estoy de acuerdo con que si alguien te golpea no te quiere, como suelen decir las campañas españolas sobre todo, pero esto era como hacer cerrar la boca, que eso que se está diciendo no se diga. No lo sé, no me jacto, y me parece terrible. Es algo que debo revisar en mí, es algo de lo que aprender.
No me extraña haber caído en cama, con fiebre. No me extraña estar así como eliminando toxinas, como limpiándome.
Cuando llegué a casa después del encuentro con M. lloré mucho, y pude contarle lo que había pasado a Renata. Hablamos mucho hasta que sentí que me estaba cocinando de fiebre.
Lo que recuerdo con claridad es lo que ella me dijo: “A mí ni se te ocurra levantarme la mano”.
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miércoles, octubre 04, 2006
Give me one reason (Tracy Chapman)
Música de fondo para el alma, para el retorno. Música para curar, lamer, dulcificar heridas. ¿Quién le va a pedir razones a la otra? ¿Yo? ¿Renata? Dice el tango: mano a mano hemos quedado. Tabula rasa: maná para los dedos carcomidos; para los pelos crecidos.
El cuerpo de Renata surge como un barco fantasma en el horizonte de mi cama. La veo dormida. La veo descansando después de haber hablado, después de haber hecho el amor. La veo allí, una pierna asoma por debajo de la sábana. Noto que su pie es chico, redondo, rosado. Me dan ganas de ir a besarlo, de ir subiendo por esa pierna depilada (por el vestido); me dan ganas de ir a jugar con ella y pensar que este barco fantasma no lo es tanto.
Este es el segundo pacto que hago con alguien. El primero fue con Melisa, pero ese es diabólico. Con Renata intentaremos construir desde la apertura (¿?). Ay Elvira, lo tuyo es de culebrón sudaca, malo, pero cuando mirás atrás, hace como dos años, antes de empezar a llevar el blog, ¿qué había en tu vida? Parecías una gata callejera buscando refugio, refugiándote en cualquier cama, junto a cualquier cuerpo. Pero esto era aún antes ¿no? Uy, ¿no te da vértigo recordar esos años? y ¿París?, y ¿New york? ¿No te da vértigo pensar en aquellas para las que fuiste alguien en algún momento? No, no es recuento de presas, no soy, nunca me sentí cazadora, pero quizá llega un momento en la vida en que viene bien ponerse a mirar para atrás, sin tanta ira, reconociendo que aquella que fuiste sos vos. Ese es tu background, es lo que te conforma.
Creo que no puedo seguir escribiendo. No sólo sentí que Renata se dio vuelta en la cama, sino que ahora quedó con medio cuerpo descubierto, y es aún más invitante.
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El cuerpo de Renata surge como un barco fantasma en el horizonte de mi cama. La veo dormida. La veo descansando después de haber hablado, después de haber hecho el amor. La veo allí, una pierna asoma por debajo de la sábana. Noto que su pie es chico, redondo, rosado. Me dan ganas de ir a besarlo, de ir subiendo por esa pierna depilada (por el vestido); me dan ganas de ir a jugar con ella y pensar que este barco fantasma no lo es tanto.
Este es el segundo pacto que hago con alguien. El primero fue con Melisa, pero ese es diabólico. Con Renata intentaremos construir desde la apertura (¿?). Ay Elvira, lo tuyo es de culebrón sudaca, malo, pero cuando mirás atrás, hace como dos años, antes de empezar a llevar el blog, ¿qué había en tu vida? Parecías una gata callejera buscando refugio, refugiándote en cualquier cama, junto a cualquier cuerpo. Pero esto era aún antes ¿no? Uy, ¿no te da vértigo recordar esos años? y ¿París?, y ¿New york? ¿No te da vértigo pensar en aquellas para las que fuiste alguien en algún momento? No, no es recuento de presas, no soy, nunca me sentí cazadora, pero quizá llega un momento en la vida en que viene bien ponerse a mirar para atrás, sin tanta ira, reconociendo que aquella que fuiste sos vos. Ese es tu background, es lo que te conforma.
Creo que no puedo seguir escribiendo. No sólo sentí que Renata se dio vuelta en la cama, sino que ahora quedó con medio cuerpo descubierto, y es aún más invitante.
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martes, octubre 03, 2006
El secreto de Amanda (post nro. 300)
- Y ahora ¿qué harás? me preguntó Amanda pasándome un mate.
- ¿La verdad? No sé. En realidad quiero intentarlo con Renata.
- No ves, no ves que sos de lo peor.
- Vamos Amanda, vos sabés lo que siento por Melisa, pero ahora que sé dónde está Renata y dónde estoy, quiero seguir con ella, ver qué podemos sacar de bueno.
- Ay amiga del alma, no sé qué decirte.
- Raro te dejé sin palabras! le dije.
- No, esas chicas me dejan sin palabras o consejos y a vos sin aliento. ¿Querés que te confiese algo? me preguntó bajando la voz Amanda, ya que su hija andaba por allí cerca.
- Sí, qué pasa?
- A pesar de todo te tengo envidia, mucha envidia, buena ¿me entendés?
Me la quedé mirando; en los años que la conocía era la primera vez que se “quejaba” de su no estar en pareja.
- Estas loca, vos? No te convendría envidiar a otra persona?
- No, es que vos vivís tan a fondo estas relaciones, te equivoques o no; te caguen o no, las engañes vos a ellas o no. Sos apasionada, y eso me gustaría ser un poco a mí también, dijo Amanda, mirando hacia afuera, por la ventana.
Le tomé la mano, casi instintivamente: “Podés intentarlo...” La sacó rápido, y se quedó mirándome fijo: “No, Elvira, ahora no. Por ahora no puedo nada. Somos amigas, pero hay cosas que vos no sabés”.
- Y vos tampoco de mí, Mandi. Es así, siempre tenemos ese espacio secreto, tan necesario para poder seguir viviendo sin ser invadidas del todo.
- Elvira, me creerías si te digo que hace tiempo estoy enamorada de una persona que nunca me prestó atención?
- Eso es imposible! Es una tonta, entonces, dije.
- ¿Tonta? Yo no dije que fuera una mujer.
- Disculpá, Mandi, me sale por default el femenino.
- Está bien, no es un problema, pero bueno, me tengo que poner a cocinar ¿te quedás?
Jamás la vi así, irse por la tangente, pero me hizo bien saber que ella se fija en alguien.
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- ¿La verdad? No sé. En realidad quiero intentarlo con Renata.
- No ves, no ves que sos de lo peor.
- Vamos Amanda, vos sabés lo que siento por Melisa, pero ahora que sé dónde está Renata y dónde estoy, quiero seguir con ella, ver qué podemos sacar de bueno.
- Ay amiga del alma, no sé qué decirte.
- Raro te dejé sin palabras! le dije.
- No, esas chicas me dejan sin palabras o consejos y a vos sin aliento. ¿Querés que te confiese algo? me preguntó bajando la voz Amanda, ya que su hija andaba por allí cerca.
- Sí, qué pasa?
- A pesar de todo te tengo envidia, mucha envidia, buena ¿me entendés?
Me la quedé mirando; en los años que la conocía era la primera vez que se “quejaba” de su no estar en pareja.
- Estas loca, vos? No te convendría envidiar a otra persona?
- No, es que vos vivís tan a fondo estas relaciones, te equivoques o no; te caguen o no, las engañes vos a ellas o no. Sos apasionada, y eso me gustaría ser un poco a mí también, dijo Amanda, mirando hacia afuera, por la ventana.
Le tomé la mano, casi instintivamente: “Podés intentarlo...” La sacó rápido, y se quedó mirándome fijo: “No, Elvira, ahora no. Por ahora no puedo nada. Somos amigas, pero hay cosas que vos no sabés”.
- Y vos tampoco de mí, Mandi. Es así, siempre tenemos ese espacio secreto, tan necesario para poder seguir viviendo sin ser invadidas del todo.
- Elvira, me creerías si te digo que hace tiempo estoy enamorada de una persona que nunca me prestó atención?
- Eso es imposible! Es una tonta, entonces, dije.
- ¿Tonta? Yo no dije que fuera una mujer.
- Disculpá, Mandi, me sale por default el femenino.
- Está bien, no es un problema, pero bueno, me tengo que poner a cocinar ¿te quedás?
Jamás la vi así, irse por la tangente, pero me hizo bien saber que ella se fija en alguien.
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lunes, octubre 02, 2006
Con las cartas sobre la mesa (II)
Ay, ay, ay Elvirita, no hay nada peor que querer saber, no hay nada peor que hurgar en las heridas ajenas, en las propias. ¿Qué sacás en limpio? ¿De qué te sirve ahora saber?
Ya hace un día que se fue, un día que no sabés de ella, un día y vos no agarrás el teléfono, no la llamás para saber cómo está, pero ¿vos cómo estás? El pelo te va creciendo, la herida que te dejó el piercing en el pezón, y que vos te sacaste ya hace un tiempo, va cerrando; ¿pero cómo estás? Tenés la data y ¿qué hacés con eso? La prima de Córdoba no es prima, es su pareja con la que también intenta terminar desde hace un año, y no pueden cerrar la relación del todo, es por eso que cada vez que va para aquellos lugares para en su “ex” casa, con su ex.
- Mi relación con vos intenta ser otra cosa, Elvira. Te amo, y quiero estar con vos; me gustaría que pudiéramos construir algo entre las dos.
Te quedaste mirándola, pero en realidad mirabas más allá; mirabas como hacia atrás pero en el futuro. Sin duda alguna Laurie Anderson tenía razón en citar a Burroughs: “Language is a virus”. Te carcome y no hay cura. Palabras perras que nos enredan al deseo más mísero, más místico. Revelación de revelaciones: todo desnudo allí, como en una camilla de morgue.
Te quedaste mirándola hasta que fue ella quien se levantó de la cama, quien se fue poniendo el jean, la remera; la que guardó el famoso vestidito en un bolso verde en el que pudiste llegar a ver que guardaba un par de libros que había traído la otra vez, su cepillo de diente, unas ojotas.
No pudiste decir nada, ¿qué ibas a decir? No pudiste detenerla, ni lo intentaste. Se acercó, te acarició la base de la nuca, te beso en la mejilla, te dijo: nos hablamos. La dejaste ir como se deja ir... ¿qué mierda querés escribir Elvira? ¿No te das cuenta que llega un momento en que las palabras ya no te sirven?
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Ya hace un día que se fue, un día que no sabés de ella, un día y vos no agarrás el teléfono, no la llamás para saber cómo está, pero ¿vos cómo estás? El pelo te va creciendo, la herida que te dejó el piercing en el pezón, y que vos te sacaste ya hace un tiempo, va cerrando; ¿pero cómo estás? Tenés la data y ¿qué hacés con eso? La prima de Córdoba no es prima, es su pareja con la que también intenta terminar desde hace un año, y no pueden cerrar la relación del todo, es por eso que cada vez que va para aquellos lugares para en su “ex” casa, con su ex.
- Mi relación con vos intenta ser otra cosa, Elvira. Te amo, y quiero estar con vos; me gustaría que pudiéramos construir algo entre las dos.
Te quedaste mirándola, pero en realidad mirabas más allá; mirabas como hacia atrás pero en el futuro. Sin duda alguna Laurie Anderson tenía razón en citar a Burroughs: “Language is a virus”. Te carcome y no hay cura. Palabras perras que nos enredan al deseo más mísero, más místico. Revelación de revelaciones: todo desnudo allí, como en una camilla de morgue.
Te quedaste mirándola hasta que fue ella quien se levantó de la cama, quien se fue poniendo el jean, la remera; la que guardó el famoso vestidito en un bolso verde en el que pudiste llegar a ver que guardaba un par de libros que había traído la otra vez, su cepillo de diente, unas ojotas.
No pudiste decir nada, ¿qué ibas a decir? No pudiste detenerla, ni lo intentaste. Se acercó, te acarició la base de la nuca, te beso en la mejilla, te dijo: nos hablamos. La dejaste ir como se deja ir... ¿qué mierda querés escribir Elvira? ¿No te das cuenta que llega un momento en que las palabras ya no te sirven?
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domingo, octubre 01, 2006
Con las cartas sobre la mesa (I)
Renata acaba de irse, ya han pasado unos minutos más. No sé si volveremos a vernos, la menos hoy. Renata se va y se lleva su misterio con ella, como dentro de una valijita para títeres.
Fue esta mañana cuando más que preguntarle le dije, o ambas cosas a la vez: “¿que papel juego yo en tu relación cordobesa?”. Me miró, se puso medio pálida, y esgrimió: “¿de qué relación me hablás?”.
- Eso no lo sé, sólo sé que existe y lo único que quiero saber es qué papel juegoyo.
- Me parece que estás muy convencida de algo que no es, Elvira.
- Digamosle ¿tu prima?.
- Estas loca! Primero porque no pasa nada con ella, y segundo porque cómo podría tener algo con ella, es una parienta.
- O así le ponemos a la relación para que no parezca que lo es, quizá, le dije yo levantándome de la cama.
- Elvira ¿qué me querés decir con todo esto? No entiendo nada.
- Que sé que la voy de amante de una relación que ya existía o bien tenés una amante que toma mi lugar de vez en cuando, la miré fijo; se largó a llorar. Nunca pensé ver a Renata llorando, no sé por qué, pero bueno, esa es la imagen que me daba.
Le alcancé un cajita de pañuelos, se sonó fuerte la nariz, y me dijo: “No sé cómo ni quien te dijo esto, que es una verdad a medias”.
- Renata, soy toda oidos, le dije sentándome en el borde de la cama.
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miércoles, septiembre 27, 2006
“Sigue al conejo blanco”
Lo recuerdo muy bien, Trinity le dice a Neo: “¿Alguna vez has tenido un sueño, que pareciera tan real que no lo puedes distinguir de la realidad? Y si no pudieras despertar de ese sueño, ¿cómo sabrías que estas soñando? (...) Es la pregunta la que nos da fuerza. Es la duda la que te ha traído aquí."
Así me siento: pura duda; y no hay píldora ni roja ni azul que sirva para llevarme hacia el final de la guarida del conejo blanco. Pero sí siento que tengo una enorme zanahoria frente a mi nariz, y que voy babeando tras ella: Melisa; y por el otro lado, como la querida Alicia, voy encontrando otras personas que tienen unos carteles que dicen: “Pruébame”; “Amame”; “Olvídame”.
Como Neo me despierto frente a la compu, ya habiendo perdido el registro del tiempo. Como él me debato entre escapar por la ventana o dejarme atrapar por los agentes. El vértigo del salto, la invitación a lo salvaje es exquisita, pero no estoy muy segura de querer seguir ese camino.
Por el otro lado estaba esa mixtura Renata que llegó a seducirme, a prometerme un tiempo de paz. No me importaría mi lugar de amantazgo, pero sí me gustaría tenerlo en claro.
El conejo mueve el rabo, me hace señas casi lisérgicas, y mis ojos se despedazan contra este monitor intentando encontrar las palabras que puedam decir este proceso por el que estoy pasando.
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Así me siento: pura duda; y no hay píldora ni roja ni azul que sirva para llevarme hacia el final de la guarida del conejo blanco. Pero sí siento que tengo una enorme zanahoria frente a mi nariz, y que voy babeando tras ella: Melisa; y por el otro lado, como la querida Alicia, voy encontrando otras personas que tienen unos carteles que dicen: “Pruébame”; “Amame”; “Olvídame”.
Como Neo me despierto frente a la compu, ya habiendo perdido el registro del tiempo. Como él me debato entre escapar por la ventana o dejarme atrapar por los agentes. El vértigo del salto, la invitación a lo salvaje es exquisita, pero no estoy muy segura de querer seguir ese camino.
Por el otro lado estaba esa mixtura Renata que llegó a seducirme, a prometerme un tiempo de paz. No me importaría mi lugar de amantazgo, pero sí me gustaría tenerlo en claro.
El conejo mueve el rabo, me hace señas casi lisérgicas, y mis ojos se despedazan contra este monitor intentando encontrar las palabras que puedam decir este proceso por el que estoy pasando.
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jueves, septiembre 21, 2006
Brilla tú diamante loco (II)
Melisa iba desde la base de la nuca hasta arriba de la cabeza dejando un leve rastro de saliva tibia. Yo estaba dura, sentada en la silla, acorralada por sus manos, pero le fui acariciando sus dedos, se los recorría. Apuré como pude el resto de vino que me quedaba en el vaso, tenía la garganta seca.
- ¿Vos querés? me preguntó desde atrás.
- Si quiero qué?
- ¿Querés hacerlo conmigo?
No podía ser tan yegua, preguntarme justo eso en ese momento; me moví en la silla, me di vuelta y sólo encontré sus labios. Me quedé allí, entre lenta y salvaje.
- ¿Qué querés de mí Melisa? le dije mientras le seguía besando las comisuras de los labios, mientras mi lengua luchaba con la de ella.
- ¿No te diste cuenta todavía? Todo, Elvira, todo.
Me levantó de la silla, me abrazó por la cintura, y a los tropezones nos fuimos moviendo, fuimos yendo hacia el cuarto.
Le saqué su remera y ella se fue deteniendo en los botones de la camisa, estaba ansiosa, y yo me imaginaba por qué.
- Ey, otra sorpresa, estás sin corpiño! me dijo
- Viste, soy una mujer nueva, desprejuiciada, loca, caliente.
- No lo digas de nuevo, Elvira, que te rapto.
Fue rápido a ver mis pechos, buscando el que supo tener el piercing. “Voy hacer de cuenta que aún está”, me dijo, y en seguida su lengua, con su piercing estaban en acción.
Me enloqueció con ese beso en el pezón, cómo me apretaba las nalgas con sus manos. Fuimos cayendo hacia la cama, ya desnudas, ya entregadas.
Melisa me puso boca abajo (odio que lo hagan conmigo, me siento que pierdo el control de todo).
- Elvira, me gusta tu espalda. Si supiera la tatuaría; te haría un águila, un dragón, y besaría cada poro.
- Meli, dejame darme vuelta!
Ella sentada encima mío, sobre mi cola, tipo reina del mundo me decía: “No. Mucha veces quise tenerte así. Hoy me doy el gusto, hoy, si esta fuera la última vez, quiero darme el gusto de ver tu espalda, de lamerla (pasaba su lengua, y mi excitación ya era demasiada).
Después de un rato que me pareció un siglo me dejó se hizo a un lado, y fue subiendo por mi costado. Yo no termina de entender qué quería hacer, era como que quería jugar con mi cuerpo, que quería abarcarlo por todos los flancos posibles.
- Elvira, decime por qué tuvimos que lastimarnos tanto? me dijo mientras me acariciaba todo el brazo izquierdo.
- No sé, Melisa, quizá no estábamos listas para lo que teníamos para ofrecernos.
- Y ¿ahora?, se me subió encima y me miraba fijo. Y ahora?
- Ay Melisa, no sé; la quité de encima, irguiéndome un poco en la cama. Casi grité: “No lo sé” y me caí hacia atrás, dejando las piernas que colgaran de la cama.
Melisa subió y también se puso de frente, pero por arriba de mi cabeza, y acomodó la mía sobre su pubis. Me la acariciaba, me acariciaba la cara. Noté que su pubis se movía un poco, y que mi cabeza, iba bajando de nivel. Ni me di cuenta de lo que pasó hasta que pasó. Melisa se vino en mi cabeza; se apretó hacia ella, y acabó. Apenas pude darme vuelta, subir, abrazarla. Apenas me doy cuenta que con ese gesto parecía que ella, me estaba dando a luz.
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- ¿Vos querés? me preguntó desde atrás.
- Si quiero qué?
- ¿Querés hacerlo conmigo?
No podía ser tan yegua, preguntarme justo eso en ese momento; me moví en la silla, me di vuelta y sólo encontré sus labios. Me quedé allí, entre lenta y salvaje.
- ¿Qué querés de mí Melisa? le dije mientras le seguía besando las comisuras de los labios, mientras mi lengua luchaba con la de ella.
- ¿No te diste cuenta todavía? Todo, Elvira, todo.
Me levantó de la silla, me abrazó por la cintura, y a los tropezones nos fuimos moviendo, fuimos yendo hacia el cuarto.
Le saqué su remera y ella se fue deteniendo en los botones de la camisa, estaba ansiosa, y yo me imaginaba por qué.
- Ey, otra sorpresa, estás sin corpiño! me dijo
- Viste, soy una mujer nueva, desprejuiciada, loca, caliente.
- No lo digas de nuevo, Elvira, que te rapto.
Fue rápido a ver mis pechos, buscando el que supo tener el piercing. “Voy hacer de cuenta que aún está”, me dijo, y en seguida su lengua, con su piercing estaban en acción.
Me enloqueció con ese beso en el pezón, cómo me apretaba las nalgas con sus manos. Fuimos cayendo hacia la cama, ya desnudas, ya entregadas.
Melisa me puso boca abajo (odio que lo hagan conmigo, me siento que pierdo el control de todo).
- Elvira, me gusta tu espalda. Si supiera la tatuaría; te haría un águila, un dragón, y besaría cada poro.
- Meli, dejame darme vuelta!
Ella sentada encima mío, sobre mi cola, tipo reina del mundo me decía: “No. Mucha veces quise tenerte así. Hoy me doy el gusto, hoy, si esta fuera la última vez, quiero darme el gusto de ver tu espalda, de lamerla (pasaba su lengua, y mi excitación ya era demasiada).
Después de un rato que me pareció un siglo me dejó se hizo a un lado, y fue subiendo por mi costado. Yo no termina de entender qué quería hacer, era como que quería jugar con mi cuerpo, que quería abarcarlo por todos los flancos posibles.
- Elvira, decime por qué tuvimos que lastimarnos tanto? me dijo mientras me acariciaba todo el brazo izquierdo.
- No sé, Melisa, quizá no estábamos listas para lo que teníamos para ofrecernos.
- Y ¿ahora?, se me subió encima y me miraba fijo. Y ahora?
- Ay Melisa, no sé; la quité de encima, irguiéndome un poco en la cama. Casi grité: “No lo sé” y me caí hacia atrás, dejando las piernas que colgaran de la cama.
Melisa subió y también se puso de frente, pero por arriba de mi cabeza, y acomodó la mía sobre su pubis. Me la acariciaba, me acariciaba la cara. Noté que su pubis se movía un poco, y que mi cabeza, iba bajando de nivel. Ni me di cuenta de lo que pasó hasta que pasó. Melisa se vino en mi cabeza; se apretó hacia ella, y acabó. Apenas pude darme vuelta, subir, abrazarla. Apenas me doy cuenta que con ese gesto parecía que ella, me estaba dando a luz.
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miércoles, septiembre 20, 2006
Brilla tú diamante loco (I)
Desde el pasillo se podía escuchar música: “Sweet home Alabama”, cantada por Jewel. El tema parecía pegarme directo en la panza. Decidí fumarme un cigarrillo sentada en la escalera antes de golpear. Era cerca del mediodía. Cuando terminó Jewel sonó James Brown, “I feel good”. Tomé una larga inhalación y decidí golpear la puerta. La música (ahora Bruce Springteen) disminuyó un poco, y entonces la puerta se abrió.
- Hola, me dijo Melisa. Creí que ya no venías.
- Hola. Es que tenía otras cosas que hacer antes de venir.
- Pero bueno, ya estás acá.
El departamento parecía estar distinto y se lo dije. Es que lo están arreglando para alquilarlo, ya que Carlos se va y Melisa que no vive allí no lo puede bancar sola.
- Como lo ponemos en alquiler, quería invitarte a comer acá por última vez. Es como cerrar un ciclo, entendés.
- Sí, muy bien, Meli.
La otra noche de la película no había notado que estaba más delgada, y con cara de cansada. Mientras la miraba ella cocinaba y me dijo que pusiera la música que quisiera.
- Te pido disculpas por lo del otro día. Yo no tenía idea de que irías a ver la película, me dijo y el CD que yo sostenía casi se me cae.
Me la quedé mirando: “Vos sabés que trato de ir a lo que hacen los chicos. De hecho por vos los conocí”.
- Si, lo sé. Pero lo último que hubiera querido es que me vieras con Silvia. Te puede parece raro esto, esta confesión.
- Sí, un poco rara, pero me parece que condice con lo rara que somos nosotras, y no solamente vos, le dije sonriendo y encendiendo otro pucho.
Se me acercó y me dijo: ¿Puedo? y me abrazó fuerte, no sé cuánto tiempo estuvimos allí paradas, abrazadas. Se separó un poco y la vi secarse los ojos. “Disculpame”, me dijo, no quería llorar, pero bueno, me salió.
- No me pidas disculpas por eso, por favor!
- Mejor sigo preparando este espaguetis, me sonrió.
- Ok. Meli, ¿seguís jugando a las máquinas? ¿Al pinball? le pregunté recordando la primera vez que la vi; recordando el tugurio en el que estábamos antes de venir acá por primera vez.
- No, Elvira, no tengo mucho tiempo. Con lo de mi viejo estoy corriendo todo el día, trato de ponerme las pilas para encontrar una beca que me calce y bueno así.
- Me imagino que en el “bueno así” está incluida esta mujer, ¿no?
- Uy! te salió del alma, “esta mujer”.
- Bueno, qué querés!
- ¿Querés saberlo? me miró muy fijo.
- No ahora, tengo hambre.
- Ya va, faltan unos minutos para la salsa. Y no te vas a sacar esa gorrita? Raro en voz algo en la cabeza...
Cuando iba a seguir me miro más fijo: ¿Vos te hiciste algo? Cuando te abracé no te miré para arriba.... No, Elvira, no podés haberte... Vino casi corriendo y me sacó la gorrita.
- Te pelaste!!!! Elvira P. se peló! ¿Cuándo??? No paraba de pasarme la mano por la parte de atrás de la cabeza, suavemente.
- Esperá que me hacés cosquillas, le dije.
- Estás, cómo te diría? Perversamente hermosa. esa pelada acentúa tu mirada.
Yo no sabía dónde meterme y no había mucho lugar.
La fui empujando hacia la cocinita para que terminara de comer; pudimos comer hablando de casi nada importante, una puesta al día de cosas inútiles. Sospecho que todas las ex que nos volvemos a encontrar después de un tiempo hacemos eso.
- Y ¿de esa mujer qué me podés contar? quise saber.
Melisa me miró como sólo ella sabe: “No quiero hablar de eso ahora”. Le hice un gesto como diciéndole, bueno después, pero quiero saber.
Ella se levantó, dejó los platos en la mesada, y se paró detrás mío. Cuando quise darme vuelta, me dijo: “No, quedate así”. Tenía sus manos en mi cabeza, y las pasaba suave. De golpe sentí su respiración en la base de la nuca. Parecía soplar, pero no. Me quise mover y sus manos me detuvieron apoyándose firmes en mis hombros. Sentí, percibí su lengua, que empezaba a subir por la nuca...
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- Hola, me dijo Melisa. Creí que ya no venías.
- Hola. Es que tenía otras cosas que hacer antes de venir.
- Pero bueno, ya estás acá.
El departamento parecía estar distinto y se lo dije. Es que lo están arreglando para alquilarlo, ya que Carlos se va y Melisa que no vive allí no lo puede bancar sola.
- Como lo ponemos en alquiler, quería invitarte a comer acá por última vez. Es como cerrar un ciclo, entendés.
- Sí, muy bien, Meli.
La otra noche de la película no había notado que estaba más delgada, y con cara de cansada. Mientras la miraba ella cocinaba y me dijo que pusiera la música que quisiera.
- Te pido disculpas por lo del otro día. Yo no tenía idea de que irías a ver la película, me dijo y el CD que yo sostenía casi se me cae.
Me la quedé mirando: “Vos sabés que trato de ir a lo que hacen los chicos. De hecho por vos los conocí”.
- Si, lo sé. Pero lo último que hubiera querido es que me vieras con Silvia. Te puede parece raro esto, esta confesión.
- Sí, un poco rara, pero me parece que condice con lo rara que somos nosotras, y no solamente vos, le dije sonriendo y encendiendo otro pucho.
Se me acercó y me dijo: ¿Puedo? y me abrazó fuerte, no sé cuánto tiempo estuvimos allí paradas, abrazadas. Se separó un poco y la vi secarse los ojos. “Disculpame”, me dijo, no quería llorar, pero bueno, me salió.
- No me pidas disculpas por eso, por favor!
- Mejor sigo preparando este espaguetis, me sonrió.
- Ok. Meli, ¿seguís jugando a las máquinas? ¿Al pinball? le pregunté recordando la primera vez que la vi; recordando el tugurio en el que estábamos antes de venir acá por primera vez.
- No, Elvira, no tengo mucho tiempo. Con lo de mi viejo estoy corriendo todo el día, trato de ponerme las pilas para encontrar una beca que me calce y bueno así.
- Me imagino que en el “bueno así” está incluida esta mujer, ¿no?
- Uy! te salió del alma, “esta mujer”.
- Bueno, qué querés!
- ¿Querés saberlo? me miró muy fijo.
- No ahora, tengo hambre.
- Ya va, faltan unos minutos para la salsa. Y no te vas a sacar esa gorrita? Raro en voz algo en la cabeza...
Cuando iba a seguir me miro más fijo: ¿Vos te hiciste algo? Cuando te abracé no te miré para arriba.... No, Elvira, no podés haberte... Vino casi corriendo y me sacó la gorrita.
- Te pelaste!!!! Elvira P. se peló! ¿Cuándo??? No paraba de pasarme la mano por la parte de atrás de la cabeza, suavemente.
- Esperá que me hacés cosquillas, le dije.
- Estás, cómo te diría? Perversamente hermosa. esa pelada acentúa tu mirada.
Yo no sabía dónde meterme y no había mucho lugar.
La fui empujando hacia la cocinita para que terminara de comer; pudimos comer hablando de casi nada importante, una puesta al día de cosas inútiles. Sospecho que todas las ex que nos volvemos a encontrar después de un tiempo hacemos eso.
- Y ¿de esa mujer qué me podés contar? quise saber.
Melisa me miró como sólo ella sabe: “No quiero hablar de eso ahora”. Le hice un gesto como diciéndole, bueno después, pero quiero saber.
Ella se levantó, dejó los platos en la mesada, y se paró detrás mío. Cuando quise darme vuelta, me dijo: “No, quedate así”. Tenía sus manos en mi cabeza, y las pasaba suave. De golpe sentí su respiración en la base de la nuca. Parecía soplar, pero no. Me quise mover y sus manos me detuvieron apoyándose firmes en mis hombros. Sentí, percibí su lengua, que empezaba a subir por la nuca...
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lunes, septiembre 18, 2006
Rito iniciático
Renata se fue al famoso casamiento en Córdoba, digo famoso por aquella sesión en la diseñadora.
Melisa vino hasta la oficina, y me hice negar. Le pedí a Gloria que le dijera que no estaba. Estuvo como una hora sentada en el bar de la esquina, como intuyendo mi presencia y esperando verme. La podía ver desde la ventana, y no le di el gusto, no me di el gusto.
Cuando me cercioré de que Melisa se había ido, salí. Llevaba el paquetito en el bolso. Llegué a casa, me hice un café, puse música: Patti Smith, algo de AC/DC, Led Zepp, Sumo.
Saqué el paquetito que había comprado en el centro, lo desenvolví, lo abrí, leí las instrucciones.
Fui al baño, puse unos inciensos. Me desnudé completamente y me puse frente al espejo. Agarré la máquina, fuerte en mi mano derecha. El primer mechón cayó limpio, sobre el lavabo. Mi rostro empalideció, y aparecieron unas lágrimas en mis ojos. Una franja lechosa dividía al medio mi cabeza. Encaré por el lado izquierdo: por mí misma, me dije. La segunda estocada a ese lado la dediqué a Inés, mi “primera” mujer entre mis piernas y en mi corazón.
Del living venía: “High voltage, rock and roll”.
El lado derecho me costó más: este mechón va por Melisa; este otro, me dije, va por la lectora, Andrea.
La parte de atrás era una especie de símbolo, de lugar a alcanzar a cualquier costo. Allí pensé en la paz interior, en el aprendizaje, en el desapego. Pensé en la muerte, pensé en mi madre.
Junté todo el pelo en una bolsa verde, fui hasta el jardín, hice un pozo y lo eché allí. Le puse encima una ramita de rosa china que se había caído de la planta más grande.
Fui al baño de nuevo, llené la bañadera, me sumergí. Sales y más aromas. Cuando terminé con el baño me pasé un aceite de almendra por mi “pelada”.
No termino de reconocer a esa del espejo, pero espero que lleguemos a ser buenas amigas.
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Melisa vino hasta la oficina, y me hice negar. Le pedí a Gloria que le dijera que no estaba. Estuvo como una hora sentada en el bar de la esquina, como intuyendo mi presencia y esperando verme. La podía ver desde la ventana, y no le di el gusto, no me di el gusto.
Cuando me cercioré de que Melisa se había ido, salí. Llevaba el paquetito en el bolso. Llegué a casa, me hice un café, puse música: Patti Smith, algo de AC/DC, Led Zepp, Sumo.
Saqué el paquetito que había comprado en el centro, lo desenvolví, lo abrí, leí las instrucciones.
Fui al baño, puse unos inciensos. Me desnudé completamente y me puse frente al espejo. Agarré la máquina, fuerte en mi mano derecha. El primer mechón cayó limpio, sobre el lavabo. Mi rostro empalideció, y aparecieron unas lágrimas en mis ojos. Una franja lechosa dividía al medio mi cabeza. Encaré por el lado izquierdo: por mí misma, me dije. La segunda estocada a ese lado la dediqué a Inés, mi “primera” mujer entre mis piernas y en mi corazón.
Del living venía: “High voltage, rock and roll”.
El lado derecho me costó más: este mechón va por Melisa; este otro, me dije, va por la lectora, Andrea.
La parte de atrás era una especie de símbolo, de lugar a alcanzar a cualquier costo. Allí pensé en la paz interior, en el aprendizaje, en el desapego. Pensé en la muerte, pensé en mi madre.
Junté todo el pelo en una bolsa verde, fui hasta el jardín, hice un pozo y lo eché allí. Le puse encima una ramita de rosa china que se había caído de la planta más grande.
Fui al baño de nuevo, llené la bañadera, me sumergí. Sales y más aromas. Cuando terminé con el baño me pasé un aceite de almendra por mi “pelada”.
No termino de reconocer a esa del espejo, pero espero que lleguemos a ser buenas amigas.
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domingo, septiembre 17, 2006
Acidez estomacal
Me levanté con acidez, dolor de cabeza, y de parte inferior del cuerpo humano. Ni la quiero nombrar, pero empieza con “C”. Es que a la vuelta de la película Renata estaba más que cariñosa. Ella pudo llegar a su paraíso y yo me quedé comprando los tickets para una próxima vez. Lo malo es que ella se empeñó en intentar sacarme un orgasmo y pago las consecuencias.
Fui a lo de Amanda, mi amiga y consejera:
- ¿Cincuenta? ¿Estás segura?
- Sí Mandy. Me contó Renata, la tipa tiene cincuenta, es psicóloga, y una mandada para algunas cosas. Yo realmente no la conocía.
- Me suena el nombre, pero no importa. Vos estás segura que Melisa estaba allí “de onda” con ella, me preguntó Amanda.
- Sí, si te digo que la tenía unas mesas adelante, y por más oscuridad una ve cuando dos personas se besan o acarician.
- ¿Y cuál es el problema que tenga cincuenta?
- Es mucha edad! dijo casi enojada.
- Pará Elvira, la del mambo con la edad SOS vos, y lo que te jode, dejame que lo diga es que esa “vieja de cincuenta” se esté curtiendo a tu ex, como vos no quisiste seguir haciéndolo.
- De quién sos amiga, mandy, de Melisa o mía.
- Mirá Elvira, yo te quiero mucho, pero mucho, me entendés (me agarró por los hombros) y quiero, deseo, espero que estés bien con alguien.
- ......
- Por eso te voy a decir esto lo más directamente posible: o le das para adelante con Renata, y disfrutás lo que tenés, o bien cortás, vas, la buscás a Melisa y ME/ NOS DEJAN DE JODER. Vos estás hasta los ovarios con esa mina, qué hacés entonces??
- NADA, grité. Ya sé que nada... me puse a llorar.
Sí lloré, sin cebolla, por las mías
- Lo que te pido es que no te sigas haciendo mierda, y que no hagas mierda a otras personas. Además no sé que te pasa, pero te he visto en otras relaciones y nunca tuviste esta locura galopante: que la edad, que el saltar de cama en cama. ¿Qué querés probarte, Vita, qué querés?
Me mató. Amanda me mató, usó el nombre secreto, ese que ni siquiera yo debería estar escribiendo aquí. Era su forma de llamarme cuando éramos un poco más que adolescentes.
La miré y la abracé fuerte; apenas pude susurrar un gracias.
- Mirate, me dijo: sos hermosa, fuerte, inteligente, ¿por qué enrollarte tanto? ¿qué hiciste que pensàs que te merecés pedazo de castigo?
Tags: lesbianas, lesbiana, argentina, romance, amor, erotica, deseo, pasion
Fui a lo de Amanda, mi amiga y consejera:
- ¿Cincuenta? ¿Estás segura?
- Sí Mandy. Me contó Renata, la tipa tiene cincuenta, es psicóloga, y una mandada para algunas cosas. Yo realmente no la conocía.
- Me suena el nombre, pero no importa. Vos estás segura que Melisa estaba allí “de onda” con ella, me preguntó Amanda.
- Sí, si te digo que la tenía unas mesas adelante, y por más oscuridad una ve cuando dos personas se besan o acarician.
- ¿Y cuál es el problema que tenga cincuenta?
- Es mucha edad! dijo casi enojada.
- Pará Elvira, la del mambo con la edad SOS vos, y lo que te jode, dejame que lo diga es que esa “vieja de cincuenta” se esté curtiendo a tu ex, como vos no quisiste seguir haciéndolo.
- De quién sos amiga, mandy, de Melisa o mía.
- Mirá Elvira, yo te quiero mucho, pero mucho, me entendés (me agarró por los hombros) y quiero, deseo, espero que estés bien con alguien.
- ......
- Por eso te voy a decir esto lo más directamente posible: o le das para adelante con Renata, y disfrutás lo que tenés, o bien cortás, vas, la buscás a Melisa y ME/ NOS DEJAN DE JODER. Vos estás hasta los ovarios con esa mina, qué hacés entonces??
- NADA, grité. Ya sé que nada... me puse a llorar.
Sí lloré, sin cebolla, por las mías
- Lo que te pido es que no te sigas haciendo mierda, y que no hagas mierda a otras personas. Además no sé que te pasa, pero te he visto en otras relaciones y nunca tuviste esta locura galopante: que la edad, que el saltar de cama en cama. ¿Qué querés probarte, Vita, qué querés?
Me mató. Amanda me mató, usó el nombre secreto, ese que ni siquiera yo debería estar escribiendo aquí. Era su forma de llamarme cuando éramos un poco más que adolescentes.
La miré y la abracé fuerte; apenas pude susurrar un gracias.
- Mirate, me dijo: sos hermosa, fuerte, inteligente, ¿por qué enrollarte tanto? ¿qué hiciste que pensàs que te merecés pedazo de castigo?
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sábado, septiembre 09, 2006
¿Ser o no ser por estabilidad económica, social?
El sabor malteado de la cerveza Q... Stout me refresca un poco la garganta, mientras la espero a Renata. Teníamos ganas de salir a comer afuera, pero no nos decidíamos con el menú. En fin, cuestiones meramente domésticas de dos personas con gustos gastronómicos muy diversos.
Estaba pensando en lo que el otro día me “confesó” Laura, la moza del bar de la Plaza de la Congoja, donde suelo ir a tomar mi capuccino.
Se me acercó hace unas mañanas atrás y me dijo: “Dísculpeme, pero tendría que hablar con usted, si no la molesto. Es algo personal”.
La miré extrañada, pero le dije que no había problema. “Le parece cuando termino mi turno?” me preguntó. Dale, le dije, y la cité en mi oficina, que le queda en la esquina.
Llegó Laura con cara cansada, y con un no sé qué en la mirada. Hmmm, me dije para mí misma, esto parece de índole metafísico, y creo que no me equivoqué.
- Elvira, trataré de ser lo más clara y directa, dijo.
Juro que el corazón se me paró y pensé que tenía flor de kilombo en puerta, pero no.
- ¿Qué es Laura?
- Mire. Yo sé que usted es ..., bueno... que a usted le gustan las mujeres...
- Me imagino que lo descubriste por varias situaciones en el bar o bien alguien te lo dijo. Se sonrió.
- Ambas cosas, pero lo que me pasa es que a mí también me gustan las chicas.
- Ah, pude articular.
- Y hasta curtí con una, bah, de vez en cuando lo seguimos haciendo.
- Qué bien! dije ya más relajada cuando me pareció que el asunto no venía para mi lado.
- No, no está bien, ya que salgo desde hace cinco años con un chico y estamos por casarnos. Es de los Gallardo, lo debe conocer.
- ¿Los de la concesionaria de motos?
- Sí, ellos. Con Gustavo fue amor a primera vista, y yo caí a sus pies. Pero a mí las mujeres me gustaron desde siempre, pero nunca nada, vio. En el secundario me gustó una compañera. Yo creo que ella era, pero no sé.
- Y esta chica con la que “a veces” curtís, de dónde salió, o qué te pasa con ella?
- Se llama Vanina, y es artesana. La conocí en un bar, una noche que salí con Gustavo.
- ¿Cómo?
- Sí, fuimos a ese bar “La Mariposa”, lo debe conocer.
- Cómo no! Qué raro que no te vi, pero bueno, no estoy allí todos los días.
- Fuimos porque mi novio quería ver quiénes eran los putos del barrio.
- Disculpame, pero qué pedazo de mierda.
Se puso colorada, pero me había enojado. - ¿Y vos?.
- Yo nada, me pareció bueno ir, ya que es común que gente que no es homosexual vaya a un lugar así.
No quise aclarar nada, no estaba allí como activista, estaba más como confesora.
- Bueno, allí estaba Vani. Según ella me echó el ojo enseguida, pero el primer avance fue en el baño. Allí intercambiamos fonos, es decir, ella me dio el suyo. Yo lo guardé y días después la llamé.
Se quedó callada, mirando más allá, y había una leve sonrisa, como un solcito salía de la comisura de sus labios. Conozco esa sensación.
- ¿Yyyyyy?
Se sonrío: - Fue de lo mejor. Es decir, nos encontramos y terminamos curtiendo. Fue hermoso, y yo me sentí muy bien, pero al día siguiente cuando vino Gustavo, uff, me sentí para el culo.
- Me imagino, y ahora... qué pasa, por qué quisiste contarme esto a mí?
- Es que no tengo a nadie para contarle, y es que a ella la quiero. Cada encuentro es más intenso, y me pide que me vaya a vivir con ella. Pero yo pienso en mi futuro.
- ¿Tu futuro?
- Sí, qué futuro puedo tener junto a una artesana? Con Gustavo tendré casa, y hasta me dijo que puedo seguir trabajando para tener lo mío o bien dejar y estudiar lo que yo quiera.
- Hmmm. Creo ver cuál es tu duda, y creo que vos te podrás imaginar cuál es mi respuesta.
- No sé Elvira. Además de lo económico está la mierda de la familia. Yo sé lo que piensan mi viejos de las personas homosexuales. Yo no puedo hacerles eso.
- Es que vos no les vas a hacer nada, Laura, vos vas a ser vos misma con la persona que realmente querés o deseás, y listo.
- No, no es tan fácil.
- Nadie dijo que lo fuera, pero creo que vale la pena intentarlo, si es que querés vivir de manera sincera.
- ¿Usted es pública?
Me sonreí: Sí, desde hace ya mucho tiempo; algunas personas lo registran, otras no; y las que se enojaron o se asustaron fueron desapareciendo y otras fueron volviendo.
- Ya que estamos en confianza, sabe una cosa?, me dijo
- No, qué.
- Alguna vez le tuve ganas!
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Estaba pensando en lo que el otro día me “confesó” Laura, la moza del bar de la Plaza de la Congoja, donde suelo ir a tomar mi capuccino.
Se me acercó hace unas mañanas atrás y me dijo: “Dísculpeme, pero tendría que hablar con usted, si no la molesto. Es algo personal”.
La miré extrañada, pero le dije que no había problema. “Le parece cuando termino mi turno?” me preguntó. Dale, le dije, y la cité en mi oficina, que le queda en la esquina.
Llegó Laura con cara cansada, y con un no sé qué en la mirada. Hmmm, me dije para mí misma, esto parece de índole metafísico, y creo que no me equivoqué.
- Elvira, trataré de ser lo más clara y directa, dijo.
Juro que el corazón se me paró y pensé que tenía flor de kilombo en puerta, pero no.
- ¿Qué es Laura?
- Mire. Yo sé que usted es ..., bueno... que a usted le gustan las mujeres...
- Me imagino que lo descubriste por varias situaciones en el bar o bien alguien te lo dijo. Se sonrió.
- Ambas cosas, pero lo que me pasa es que a mí también me gustan las chicas.
- Ah, pude articular.
- Y hasta curtí con una, bah, de vez en cuando lo seguimos haciendo.
- Qué bien! dije ya más relajada cuando me pareció que el asunto no venía para mi lado.
- No, no está bien, ya que salgo desde hace cinco años con un chico y estamos por casarnos. Es de los Gallardo, lo debe conocer.
- ¿Los de la concesionaria de motos?
- Sí, ellos. Con Gustavo fue amor a primera vista, y yo caí a sus pies. Pero a mí las mujeres me gustaron desde siempre, pero nunca nada, vio. En el secundario me gustó una compañera. Yo creo que ella era, pero no sé.
- Y esta chica con la que “a veces” curtís, de dónde salió, o qué te pasa con ella?
- Se llama Vanina, y es artesana. La conocí en un bar, una noche que salí con Gustavo.
- ¿Cómo?
- Sí, fuimos a ese bar “La Mariposa”, lo debe conocer.
- Cómo no! Qué raro que no te vi, pero bueno, no estoy allí todos los días.
- Fuimos porque mi novio quería ver quiénes eran los putos del barrio.
- Disculpame, pero qué pedazo de mierda.
Se puso colorada, pero me había enojado. - ¿Y vos?.
- Yo nada, me pareció bueno ir, ya que es común que gente que no es homosexual vaya a un lugar así.
No quise aclarar nada, no estaba allí como activista, estaba más como confesora.
- Bueno, allí estaba Vani. Según ella me echó el ojo enseguida, pero el primer avance fue en el baño. Allí intercambiamos fonos, es decir, ella me dio el suyo. Yo lo guardé y días después la llamé.
Se quedó callada, mirando más allá, y había una leve sonrisa, como un solcito salía de la comisura de sus labios. Conozco esa sensación.
- ¿Yyyyyy?
Se sonrío: - Fue de lo mejor. Es decir, nos encontramos y terminamos curtiendo. Fue hermoso, y yo me sentí muy bien, pero al día siguiente cuando vino Gustavo, uff, me sentí para el culo.
- Me imagino, y ahora... qué pasa, por qué quisiste contarme esto a mí?
- Es que no tengo a nadie para contarle, y es que a ella la quiero. Cada encuentro es más intenso, y me pide que me vaya a vivir con ella. Pero yo pienso en mi futuro.
- ¿Tu futuro?
- Sí, qué futuro puedo tener junto a una artesana? Con Gustavo tendré casa, y hasta me dijo que puedo seguir trabajando para tener lo mío o bien dejar y estudiar lo que yo quiera.
- Hmmm. Creo ver cuál es tu duda, y creo que vos te podrás imaginar cuál es mi respuesta.
- No sé Elvira. Además de lo económico está la mierda de la familia. Yo sé lo que piensan mi viejos de las personas homosexuales. Yo no puedo hacerles eso.
- Es que vos no les vas a hacer nada, Laura, vos vas a ser vos misma con la persona que realmente querés o deseás, y listo.
- No, no es tan fácil.
- Nadie dijo que lo fuera, pero creo que vale la pena intentarlo, si es que querés vivir de manera sincera.
- ¿Usted es pública?
Me sonreí: Sí, desde hace ya mucho tiempo; algunas personas lo registran, otras no; y las que se enojaron o se asustaron fueron desapareciendo y otras fueron volviendo.
- Ya que estamos en confianza, sabe una cosa?, me dijo
- No, qué.
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Laura (moza bar)
martes, julio 18, 2006
¿Estas segura?
Eso fue lo primero que me preguntó Amanda cuando le conté sobre mi anterior encuentro con Renata y su declaración, y lo ando pensando al respecto.
- ¿Estas segura?
- No sé si se puede estar segura, pero sí siento un fueguito aquí adentro hacia ella.
- No lo sé, Elvira, qué querés que te diga. Estuviste tan pero tan rara últimamente: sola, no hablando nada sobre lo amoroso.
- Debe ser por eso: menos ruido y más nueces.
- ¿Te gusta?
- Sí, Amanda, me gusta. Pero creo que es algo más. Con gustarte una persona no basta, es como una especie de estocada en el estómago, pero no es la loca pasión que me creció cuando fue lo de Melisa.
- Sí, eso fue una locura, pero la piba te quería...
- Y yo a ella. La amo, la amé.
- ¿Perdón? Primero lo dijiste en presente, o estoy loca?
- Te pareció, le dije.
Vaya lapsus, fucking lapsus.
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- ¿Estas segura?
- No sé si se puede estar segura, pero sí siento un fueguito aquí adentro hacia ella.
- No lo sé, Elvira, qué querés que te diga. Estuviste tan pero tan rara últimamente: sola, no hablando nada sobre lo amoroso.
- Debe ser por eso: menos ruido y más nueces.
- ¿Te gusta?
- Sí, Amanda, me gusta. Pero creo que es algo más. Con gustarte una persona no basta, es como una especie de estocada en el estómago, pero no es la loca pasión que me creció cuando fue lo de Melisa.
- Sí, eso fue una locura, pero la piba te quería...
- Y yo a ella. La amo, la amé.
- ¿Perdón? Primero lo dijiste en presente, o estoy loca?
- Te pareció, le dije.
Vaya lapsus, fucking lapsus.
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domingo, junio 25, 2006
¿Ready to go?
Mi pregunta, casi metafísica del día de la fecha es: ¿puede una estar segura de poder enfrentar los cambios?
Esta mañana me avisaron pueden entregarme la casa ya arreglada en su totoalidad hacia fines de la primera semana de julio. Gulp. Un nudo en el estómago. Es un vértigo.
Me quedo parada en el medio de mi living, miro hacia el patio, hacia el dormitorio. Recuerdo esos locos encuentros amorosos con Melisa por cada una de estas habitaciones, en este sofa donde reposa la portátil y en donde apenas puedo tener parado el termo de estos mates amargos que me estoy tomando.
Mirá la biblioteca, el estante de los CDs, miro los adornitos, miro todo y es casi la vida. Tanta fuerza, tanto deseo, tanto amor, tanto dolor.
Miro y miro, trato de sobreponer las imágenes presentes y las que serán el futuro, pero que a la vez vienen de un pasado.
¿Estoy lista? Quién lo sabe.
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Esta mañana me avisaron pueden entregarme la casa ya arreglada en su totoalidad hacia fines de la primera semana de julio. Gulp. Un nudo en el estómago. Es un vértigo.
Me quedo parada en el medio de mi living, miro hacia el patio, hacia el dormitorio. Recuerdo esos locos encuentros amorosos con Melisa por cada una de estas habitaciones, en este sofa donde reposa la portátil y en donde apenas puedo tener parado el termo de estos mates amargos que me estoy tomando.
Mirá la biblioteca, el estante de los CDs, miro los adornitos, miro todo y es casi la vida. Tanta fuerza, tanto deseo, tanto amor, tanto dolor.
Miro y miro, trato de sobreponer las imágenes presentes y las que serán el futuro, pero que a la vez vienen de un pasado.
¿Estoy lista? Quién lo sabe.
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Melisa
sábado, marzo 04, 2006
Declaración
Fue así, me sonó a eso, y por eso mismo nos reimos mucho. Hoy fui a almorzar a lo de Bárbara, y entre spaguettis y tintillo, esta bella mujer se me declaró: “Quiero estar con vos, ya sabés, como tu... no sé... novia, compañera???”.
Sólo le pedí que me diera tiempo, que no la quiero lastimar, y que tampoco tengo tantas fuerzas para volver a intentar algo.
Le fui sincera: “Melisa siempre estará. Soy yo la que tendrá que trabajar para no recaer. Y muchas veces no estoy tan segura de no querer recaer”.
Si me oyera mi psicóloga. Sí volví a mis sesiones, y me hace bien.
Estaba muy bella Bárbara, y tiene esa seguridad de su vida pasada, de sus decisiones, del saber gozar de la soledad cuando le toca, y gozar con quien le toque en el amor/deseo.
- Yo te espero Elvira, pero no toda la vida ¿sabés?
- Sí... lo sé. Gracias por decirmelo, por ser directa y clara.
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Sólo le pedí que me diera tiempo, que no la quiero lastimar, y que tampoco tengo tantas fuerzas para volver a intentar algo.
Le fui sincera: “Melisa siempre estará. Soy yo la que tendrá que trabajar para no recaer. Y muchas veces no estoy tan segura de no querer recaer”.
Si me oyera mi psicóloga. Sí volví a mis sesiones, y me hace bien.
Estaba muy bella Bárbara, y tiene esa seguridad de su vida pasada, de sus decisiones, del saber gozar de la soledad cuando le toca, y gozar con quien le toque en el amor/deseo.
- Yo te espero Elvira, pero no toda la vida ¿sabés?
- Sí... lo sé. Gracias por decirmelo, por ser directa y clara.
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Mi pasado me condena
lunes, febrero 20, 2006
Un sueño de cuerpo roto
Un sueño es, antes que nada, un desvío; atajo de la carretera de los gustos ingratos, del remanido sabor del deseo.
Sueño con mujeres, con serpientes, con labios, senos y estrellas fugaces. Caigo de bruces ante la concha más dorada, pero que a la vez es un agujero negro que me traga, y me vomita al espacio del olvido.
Lamo esos labios que me absorben, que se cierran sobre mí como un nacimiento al revés.
Soy esclava y reina de un cuerpo que ya no reconozco como mío, ni tuya, ni de ella.
Lava, lava de volcán que no lava nada la mugre del sudor, el pegoteo de dedos, labios, vaginas.
Así, un lenguaje directo: que ofenda, que desnude, que me saque este gusto amargo de la boca, del pubis, de mi clítoris.
¿Cuándo dije que sí? o mas bien ¿por qué dije que sí? ¿qué quería probar? Estar despierta hasta la mañana, no descansar, beber agua hasta el hartazgo.
Siento que me traicioné. Siento que es un final precipitado, no un nuevo final de una historia que recomienza cada vez que un latido, un dolor, una señal.
Algo se acabó, en mí. Quedé vacía. Sin voz(s), sin mí, sin ella.
Sueño con mujeres, con serpientes, con labios, senos y estrellas fugaces. Caigo de bruces ante la concha más dorada, pero que a la vez es un agujero negro que me traga, y me vomita al espacio del olvido.
Lamo esos labios que me absorben, que se cierran sobre mí como un nacimiento al revés.
Soy esclava y reina de un cuerpo que ya no reconozco como mío, ni tuya, ni de ella.
Lava, lava de volcán que no lava nada la mugre del sudor, el pegoteo de dedos, labios, vaginas.
Así, un lenguaje directo: que ofenda, que desnude, que me saque este gusto amargo de la boca, del pubis, de mi clítoris.
¿Cuándo dije que sí? o mas bien ¿por qué dije que sí? ¿qué quería probar? Estar despierta hasta la mañana, no descansar, beber agua hasta el hartazgo.
Siento que me traicioné. Siento que es un final precipitado, no un nuevo final de una historia que recomienza cada vez que un latido, un dolor, una señal.
Algo se acabó, en mí. Quedé vacía. Sin voz(s), sin mí, sin ella.
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