Ya volví. Estoy en casa. Nada de viajes. La coraza cedió y soy desnuda, una vez más.
Anoche no sabía lo que quería probar. Hasta dónde llegaba mi locura. Cuando nos encontramos con Elsa, recién allí me di cuenta, de que ella también me lleva casi 20 años. Nos saludamos como dos viejas amigas, cenamos como dos viejas amigas. Esas charlas clásicas de amigas/ ex amantes. Bebimos. Una vez por semana puede hacerlo. Me dijo que sigue tocando el violín. Al menos una vez por mes. Elsa me sonaba como una agenda, y como un eco quebrado de algo que había pasado muchísimo tiempo atrás.
No sé por qué le dije que estaba parando en la misma habitación donde nos habíamos encontrado por primera vez.
- ¿Puedo volver a verla?
No sé por qué dije que sí. Caminar hasta el hotel me resultó muy pesado. El frío, el vino, el ruido, el pasado, el presente.
Sólo puedo decir que fuimos como dos ballenas tratando de llegar muy adentro del océano. Ni tierno. ni dulce, ni salvaje. Nada de nada. Creo que ella fingió. Yo no quise hacerlo.
Nos saludamos como dos damas que deciden (tácitamente) olvidar todo. Yo me duché, me bañé para borrar el crimen que había cometido contra mí misma.
Tomé un café en el bar del hotel. Pedí un remise. Retiro, y aquí estoy.
La desperté muy temprano a Melisa, y le pedí que nos viéramos esta tarde.
Mostrando las entradas con la etiqueta Elsa. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Elsa. Mostrar todas las entradas
sábado, mayo 07, 2005
Revelación
Etiquetas:
Elsa,
En casa,
Folletín,
Melisa,
Metafísica del des-amor,
Mi pasado me condena,
Recaídas
viernes, mayo 06, 2005
Living, loving, she’s just a woman
Siempre me gustó Led Zepp. Y este tema viene muy bien para este momento ¿mental?
Estoy en un hotel en una de las avenidas más francesas de la república argentina. Y en el techo se dibujan las luces de los autos, se escuchan las bocinas. Pedí habitación a la calle, así me inunda el mundanal ruido. Es más, pedí la misma habitación en la que hice el amor, por primera vez, con Elsa. ¿La recuerdan?
Las luces van dibujando mapas sonoros que se mezclan con el humo del cigarrillo. Hace un frío de cagarse. Un frío que el chocolate que tomé en La Giralda no pudo alejar.
Como siempre compré unos libros, no puedo dejar de hacerlo cada vez que vengo a Buenos Aires. Y menos en este viaje de ¿transición? ¿de tiro por elevación?, de puros signos de interrogación.
Soy sólo una mujer, perdida en su propia estupidez. Perdiendo la cabeza por una mujer que la pierde por ella, pero mejor no. Ver qué pasa. Cómo arreglamos el cristal que se quebró.
Algo en mi interior hizo crack. Voilá. Aquí estoy, en esta pieza de hotel, en la avenida más francesa de este país. Sola. Esperando que se hagan eso de las 21:30 hs. La llamé a Elsa. Quedamos en vernos en el Café Montserrat. Al menos nos juntamos allí. Después veremos. Después veré.
Frío, humedad, sal en los labios. Garganta seca. Y el viaje continúa. Rosario, Paraná, Córdoba. Escalas del olvido.
Wish you were here, my love.
Estoy en un hotel en una de las avenidas más francesas de la república argentina. Y en el techo se dibujan las luces de los autos, se escuchan las bocinas. Pedí habitación a la calle, así me inunda el mundanal ruido. Es más, pedí la misma habitación en la que hice el amor, por primera vez, con Elsa. ¿La recuerdan?
Las luces van dibujando mapas sonoros que se mezclan con el humo del cigarrillo. Hace un frío de cagarse. Un frío que el chocolate que tomé en La Giralda no pudo alejar.
Como siempre compré unos libros, no puedo dejar de hacerlo cada vez que vengo a Buenos Aires. Y menos en este viaje de ¿transición? ¿de tiro por elevación?, de puros signos de interrogación.
Soy sólo una mujer, perdida en su propia estupidez. Perdiendo la cabeza por una mujer que la pierde por ella, pero mejor no. Ver qué pasa. Cómo arreglamos el cristal que se quebró.
Algo en mi interior hizo crack. Voilá. Aquí estoy, en esta pieza de hotel, en la avenida más francesa de este país. Sola. Esperando que se hagan eso de las 21:30 hs. La llamé a Elsa. Quedamos en vernos en el Café Montserrat. Al menos nos juntamos allí. Después veremos. Después veré.
Frío, humedad, sal en los labios. Garganta seca. Y el viaje continúa. Rosario, Paraná, Córdoba. Escalas del olvido.
Wish you were here, my love.
Etiquetas:
Buenos Aires,
Distancias,
Elsa,
Metafísica del des-amor,
Mi pasado me condena,
Recaídas
jueves, abril 21, 2005
Love letters: Elsa
Hoy me descubrí unas canas, no me quedan mal, en realidad apenas se ven. Pero junto con las canas descubrí una vieja caja llenas de cartas. Estaba cubierta de polvo, bien alto en una de las estanterías. Ya casi la había olvidado, y en verdad, tenía miedo a abrirla.
Es una caja simple, de esas para archivos, de un marrón ya gastado. A pesar mío la abrí. Un vaho de humedad, perfumes, y polvo me atacó. Tuve que toser y la caja se me fue a la mierda, pero por suerte las cartas estaban acomodadas y atadas en paquetitos.
No recordaba que me hubiera tomado tanto trabajo con ellas; demasiada paciencia para una impaciente como yo.
Así que las junté, me fui al living con ellas, me preparé un café y me abismé en ese pasado.
Empecé con un paquetito envuelto en papel barrilete azul. Afuera se podía leer: Elsa. Y me pareció bien comenzar por esas, ya que desde este fondo de olvido y no olvido, es decir el presente, el otro día recibí una de ella.
Las conté: 10. Sobres gruesos, de esos con un forro de papel azul adentro, sobre viejos para esta época. Me encantan.
Comienzos de los noventa. ¿En qué andaba yo por esos años? Mejor ni pensarlo. Era la peor de todas. Ja.
Comienzos de los noventa. Entre dark y romantic, yo salía con una ex violinista. ¿Se puede ser realmente ex violinista? No lo sé, ella pensaba que sí.
“Querida ...:
Tu presencia ayer en casa me dio ganas de intentar parte del “Trino del diablo”. No porque sea una gran intérprete sino porque Tartini me recuerda a vos: rebuscada casi sin sentido.
No te enojes. No frunzas el ceño. No te alejes. Al menos me hacés acercar al violín y no al alcohol.
Ah tus besos,..., me encienden. ¿Lo podés creer? Para una vieja de mi edad, y vos tan joven, tan con ganas de comerte el mundo. Ya te lo estás comiendo y me estás dejando sin nada.
Te quiero ¿sabías? Y me da bronca que estés lejos. Que estos kilómetros nos separen.
Vos sabés que yo no puedo viajar tanto como querría, así están las cosas, y te pido que me comprendas.
¿No te basta que te quiera, que te desee?
(...)”
No puedo seguir transcribiendo. Se me nublan los ojos por las lágrimas. Qué día hoy, qué día.
Es una caja simple, de esas para archivos, de un marrón ya gastado. A pesar mío la abrí. Un vaho de humedad, perfumes, y polvo me atacó. Tuve que toser y la caja se me fue a la mierda, pero por suerte las cartas estaban acomodadas y atadas en paquetitos.
No recordaba que me hubiera tomado tanto trabajo con ellas; demasiada paciencia para una impaciente como yo.
Así que las junté, me fui al living con ellas, me preparé un café y me abismé en ese pasado.
Empecé con un paquetito envuelto en papel barrilete azul. Afuera se podía leer: Elsa. Y me pareció bien comenzar por esas, ya que desde este fondo de olvido y no olvido, es decir el presente, el otro día recibí una de ella.
Las conté: 10. Sobres gruesos, de esos con un forro de papel azul adentro, sobre viejos para esta época. Me encantan.
Comienzos de los noventa. ¿En qué andaba yo por esos años? Mejor ni pensarlo. Era la peor de todas. Ja.
Comienzos de los noventa. Entre dark y romantic, yo salía con una ex violinista. ¿Se puede ser realmente ex violinista? No lo sé, ella pensaba que sí.
“Querida ...:
Tu presencia ayer en casa me dio ganas de intentar parte del “Trino del diablo”. No porque sea una gran intérprete sino porque Tartini me recuerda a vos: rebuscada casi sin sentido.
No te enojes. No frunzas el ceño. No te alejes. Al menos me hacés acercar al violín y no al alcohol.
Ah tus besos,..., me encienden. ¿Lo podés creer? Para una vieja de mi edad, y vos tan joven, tan con ganas de comerte el mundo. Ya te lo estás comiendo y me estás dejando sin nada.
Te quiero ¿sabías? Y me da bronca que estés lejos. Que estos kilómetros nos separen.
Vos sabés que yo no puedo viajar tanto como querría, así están las cosas, y te pido que me comprendas.
¿No te basta que te quiera, que te desee?
(...)”
No puedo seguir transcribiendo. Se me nublan los ojos por las lágrimas. Qué día hoy, qué día.
Etiquetas:
¿Cuestión de edad?,
Cartas,
Elsa,
En casa,
Mi pasado me condena
lunes, abril 18, 2005
Sin aliento: Elsa
Hoy recibí carta de una vieja amante. En este caso éramos amantes en el sentido tradicional. Ella en pareja, yo más o menos solita y bueh... cuando se dan estas cosas se dan. Algo que yo me juré hace tiempo, fue no despreciar las ocasiones. Ojo: no a todas le digo que sí, ni a todas me les declaro.
Sigo. Recibí carta de E., ex alcohólica y ex violinista. Más bien butch, bombera o como le quieran llamar. Duramos poco: o desafinaba o era demasiado-tipo-hombre para mí.
En su carta me dice que encontró unas cartas mías, esas viejas y amarillas y tiernas cartas. Y que, de golpe, le dio ganas de tomar un café o una cerveza (sic) conmigo.
Parada frente al ventanal que da al parque, me pegaba con el sobre en mi mano izquierda, con ese gesto de duda tan típico de telenovela ¿latinoamericana?
Miré hacia atrás... en mi memoria, y los recuerdos que pude encontrar no eran tan seductores. No. E. no es Dolores. ¿Y por qué cuernos la pongo a la otra con inicial? Elsa. Elsa. No. No es un nombre que me suene para ahora.
Sólo imaginarme con ella en la cama me da mucho frío al alma, y es como una penetración constante. Uf. LO que yo ando necesitando es una fogata, y algo más tribádico. Roce, fuego y fulgor. Ars amandi.
Sigo. Recibí carta de E., ex alcohólica y ex violinista. Más bien butch, bombera o como le quieran llamar. Duramos poco: o desafinaba o era demasiado-tipo-hombre para mí.
En su carta me dice que encontró unas cartas mías, esas viejas y amarillas y tiernas cartas. Y que, de golpe, le dio ganas de tomar un café o una cerveza (sic) conmigo.
Parada frente al ventanal que da al parque, me pegaba con el sobre en mi mano izquierda, con ese gesto de duda tan típico de telenovela ¿latinoamericana?
Miré hacia atrás... en mi memoria, y los recuerdos que pude encontrar no eran tan seductores. No. E. no es Dolores. ¿Y por qué cuernos la pongo a la otra con inicial? Elsa. Elsa. No. No es un nombre que me suene para ahora.
Sólo imaginarme con ella en la cama me da mucho frío al alma, y es como una penetración constante. Uf. LO que yo ando necesitando es una fogata, y algo más tribádico. Roce, fuego y fulgor. Ars amandi.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
