La marea lame el cuerpo dormido. Lame
lo olvidado, de mi mano. El agua limpia,
arremete contra el cuerpo que yace
en la playa vacía.
El sol lo enrojece, la sal lo quema.
La botella a su lado no contiene
ningún mensaje.
E/Lla
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sábado, diciembre 30, 2006
viernes, diciembre 29, 2006
Ensalada de frutas
Renata está en la galería. Está en bikini, bordó. Renata está descalza en la galería junto a una mesa cubierta por frutas de todos colores, rebosantes de ardientes aromas.
Renata está, en la galería, descalza. Me mira y me dice: ¿quéres? El durazno partido al medio le empapa la mano con su licor. Le digo que sí, se acerca y me da un pedacito.
- A ver, abra la boquita. La miro y empiezo a reirme.
- No, nada de risa que después se atraganta y le tendré que hacer respiración boca a boca.
- Así me vas a matar, le digo, atragantada y vos bombeándo! Sos loca!
Me da otro pedacito de durazno y así la fruta va despareciendo de su mano; se quiere ir pero no la dejo. Me llevo su mano a la boca, apenas saco la lengua y voy recogiendo el licor del durazno, veo que ella se eriza; veo cómo se van poniéndo erguidos. Voy chupando cada uno de sus dedos, y dejo que ellos jueguen en mi boca, con mi lengua.
Nos miramos, y ella se sienta sobre mis piernas y nos quedamos suspendidas en un largo y profundo y dulce beso.
- Bueno, dice, debo seguir practicando la ensalada de frutas para la cena del domingo, y después podemos practicar la despedida del año me dice guiñando un ojo.
Me deja allí, sentada en la reposera, con un libro que quedó casi debajo del respaldo inclinado, me deja con mi soledad interna, con las ganas y esta fiaca de casi fin de año.
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Renata está, en la galería, descalza. Me mira y me dice: ¿quéres? El durazno partido al medio le empapa la mano con su licor. Le digo que sí, se acerca y me da un pedacito.
- A ver, abra la boquita. La miro y empiezo a reirme.
- No, nada de risa que después se atraganta y le tendré que hacer respiración boca a boca.
- Así me vas a matar, le digo, atragantada y vos bombeándo! Sos loca!
Me da otro pedacito de durazno y así la fruta va despareciendo de su mano; se quiere ir pero no la dejo. Me llevo su mano a la boca, apenas saco la lengua y voy recogiendo el licor del durazno, veo que ella se eriza; veo cómo se van poniéndo erguidos. Voy chupando cada uno de sus dedos, y dejo que ellos jueguen en mi boca, con mi lengua.
Nos miramos, y ella se sienta sobre mis piernas y nos quedamos suspendidas en un largo y profundo y dulce beso.
- Bueno, dice, debo seguir practicando la ensalada de frutas para la cena del domingo, y después podemos practicar la despedida del año me dice guiñando un ojo.
Me deja allí, sentada en la reposera, con un libro que quedó casi debajo del respaldo inclinado, me deja con mi soledad interna, con las ganas y esta fiaca de casi fin de año.
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jueves, diciembre 28, 2006
Reconectándome
Recién ahora puedo describir y muy lentamente. El ayuno fue estupendo, tuve ciertas revelaciones que sospecho me ayudarán a seguir adelante, pero recién puedo volver a escribir ya que me caí, me doblé la muñeca, y bien, terminé con un yeso que duró hasta hace unos días atrás.
Rehabilitación por medio, vuelvo a reencontrarme con mis palabras, aquellas que pueden dibujarme entre la niebla, entre la luz.
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Rehabilitación por medio, vuelvo a reencontrarme con mis palabras, aquellas que pueden dibujarme entre la niebla, entre la luz.
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lunes, noviembre 13, 2006
Ayunando
Sí, comencé un par de días de ayuno, sólo beberé agua y algún que otro jugo de naranja. Necesito vaciar mi cuerpo, vaciar mis entrañas, dejar que se vaya cierta mierda acumulada. Ja. Vaya palabra: mierda, tan pequeña y tan fuerte.
Ayuno y meditación. Le pedí a Renata que me deje un par de días sola. Me miró raro, primero, pero después comprendió, la piba me tiene bien junada.
Quiero ir limpiando mis cuerpos, intentar verme de nuevo, llegar hasta mi ser interior, re-conquistar algo de paz.
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Ayuno y meditación. Le pedí a Renata que me deje un par de días sola. Me miró raro, primero, pero después comprendió, la piba me tiene bien junada.
Quiero ir limpiando mis cuerpos, intentar verme de nuevo, llegar hasta mi ser interior, re-conquistar algo de paz.
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viernes, noviembre 10, 2006
Amaneceres
No sé si alguna vez lo dije, pero me gusta ver amanecer. Hay un aire especial en esa hora en que el cielo va cediendo a las diversas tonalidades de rojo, luego la ceguera del sol, y luego el azul brillante, si es que no hay nubes.
No sé si alguna vez lo dije, pero me gusta mucho hacer el amor por la mañana, parece que tengo el motor encendido, que hay algo que me quema en mi interior. No todas las personas con las que he compartido un amanecer coinciden con esas ganas, pero a veces se me da, y es una especie de aleluya, como decía Lispector.
No sé si alguna vez lo dije, pero me fascina que me hablen en otra lengua, al amanecer, mientras la cortina se mueve al ritmo de un viento extranjero, y percibo una caricia foránea sobre mis pechos.
No sé si alguna ves lo dije, pero deseo poder ser feliz, completamente feliz, no sólo al amanecer, estando sola o acompañada.
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No sé si alguna vez lo dije, pero me gusta mucho hacer el amor por la mañana, parece que tengo el motor encendido, que hay algo que me quema en mi interior. No todas las personas con las que he compartido un amanecer coinciden con esas ganas, pero a veces se me da, y es una especie de aleluya, como decía Lispector.
No sé si alguna vez lo dije, pero me fascina que me hablen en otra lengua, al amanecer, mientras la cortina se mueve al ritmo de un viento extranjero, y percibo una caricia foránea sobre mis pechos.
No sé si alguna ves lo dije, pero deseo poder ser feliz, completamente feliz, no sólo al amanecer, estando sola o acompañada.
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martes, noviembre 07, 2006
Reencuentro
Su cuerpo se deshizo en mis dedos, en mi boca. Fue el bocado exquisito de estos últimos días. Renata, puro fuego de vuelta, puro torbellino. ¿Cómo explicar esta alegría, este estado tonto?
A veces me digo: no tiene sentido, cuando estás feliz, ponerte a escribir. ¿Para qué? ¿Qué se puede fijar de la alegría? Todo es volátil, pasajero, pero de seguro deja sus marcas, al menos en la comisura de la boca: esa marca de que allí hubo, al menos, una sonrisa por algún tiempo.
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A veces me digo: no tiene sentido, cuando estás feliz, ponerte a escribir. ¿Para qué? ¿Qué se puede fijar de la alegría? Todo es volátil, pasajero, pero de seguro deja sus marcas, al menos en la comisura de la boca: esa marca de que allí hubo, al menos, una sonrisa por algún tiempo.
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jueves, noviembre 02, 2006
Loneliness
La soledad puede hacer estragos o puede amigarte con vos misma. Todo depende de como la vayas tomando. La soledad, como su nombre de mujer lo indica, puede seducirte mortalmente; puede picarte en los ojos y en el corazón, pero el cuerpo arremete, el cuerpo arrastra.
Llamado de Renata: “Debo quedarme unos días más aquí; no te comas ninguna historia rara. Te amo. ¿Me extrañás?”.
Le agradecí la torta, le dije que la voy comiendo en tajadas finas, de a poco; que con cada mordisco voy recorriendo su cuerpo; que me detengo un poco más largamente en algunas de sus zonas.
Le dije que la extraño, le dije que también me gusta la soledad; le dije que estoy encerrada leyendo, escribiendo; le dije que le quiero hacer el amor; le dije que la deseo; le dije que me corté con dedo intentanto picar una cebolla; le dije que tengo ganas de tener una gata, de nuevo; le dije que no me olvide; le dije que por favor me perdone por todo lo que hice en el pasado más reciente.
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Llamado de Renata: “Debo quedarme unos días más aquí; no te comas ninguna historia rara. Te amo. ¿Me extrañás?”.
Le agradecí la torta, le dije que la voy comiendo en tajadas finas, de a poco; que con cada mordisco voy recorriendo su cuerpo; que me detengo un poco más largamente en algunas de sus zonas.
Le dije que la extraño, le dije que también me gusta la soledad; le dije que estoy encerrada leyendo, escribiendo; le dije que le quiero hacer el amor; le dije que la deseo; le dije que me corté con dedo intentanto picar una cebolla; le dije que tengo ganas de tener una gata, de nuevo; le dije que no me olvide; le dije que por favor me perdone por todo lo que hice en el pasado más reciente.
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miércoles, noviembre 01, 2006
El agujero interior
Nada de filosofía barata, pero sí tirar la piña en otra dirección. “Language is a virus”, we all know it, y así y todo lo seguimos usando, nos seguimos contaminando, nos seguimos enamorando, seguimos seduciendo con él.
Estos días me las pasé comiendo torta, pequeñas porciones para que me duren hasta que vuelva Renata (fantasía de comer el último pedacito con ella), y escribiendo cartas a gente amiga que hace mucho que no veo. Sí, se me dio por agarrar la vieja Parker, conseguirle un cartucho, comprar un par de blocks y sentarme en el patio a escribirlas.
La sensación fue muy extraña. Fui contando fragmentos de mi vida (como todo lo que se puede contar es fragmentario). Fui poniendo al día a gente que hace mucho que no sabe de mí. Me fui poniendo al día conmigo misma.
Estuve acomodando la casa, aprovechando mi ser solitario; salí a caminar también. No falta mucho para que vuelva Renata. Quedamos en que no nos llamaríamos, que queríamos ver qué nos pasaba con ese silencio, con esta pequeña distancia. Me pareció y me parece una buena decisión. Sigo observándome.
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Estos días me las pasé comiendo torta, pequeñas porciones para que me duren hasta que vuelva Renata (fantasía de comer el último pedacito con ella), y escribiendo cartas a gente amiga que hace mucho que no veo. Sí, se me dio por agarrar la vieja Parker, conseguirle un cartucho, comprar un par de blocks y sentarme en el patio a escribirlas.
La sensación fue muy extraña. Fui contando fragmentos de mi vida (como todo lo que se puede contar es fragmentario). Fui poniendo al día a gente que hace mucho que no sabe de mí. Me fui poniendo al día conmigo misma.
Estuve acomodando la casa, aprovechando mi ser solitario; salí a caminar también. No falta mucho para que vuelva Renata. Quedamos en que no nos llamaríamos, que queríamos ver qué nos pasaba con ese silencio, con esta pequeña distancia. Me pareció y me parece una buena decisión. Sigo observándome.
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domingo, octubre 29, 2006
Torta special
Cuando abrí la puerta no lo podía creer. Era de una pandería y me traían una torta.
Fui hasta la cocina, abrí el paquete, y sobre la cobertura de chocolate blanco decía: “No me olvides”, abrí la tarjeta y leí: “Te amo, Renata”.
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Fui hasta la cocina, abrí el paquete, y sobre la cobertura de chocolate blanco decía: “No me olvides”, abrí la tarjeta y leí: “Te amo, Renata”.
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sábado, octubre 28, 2006
Ser solitario (II)
¿Significa algo tener la casa para “una sola”? ¿Significa algo servirte un Syrah y tirarte en tu sofá preferido y leer a la Yourcenar? ¿Qué “fuegos” arden, mi amor, cuando el sentido de la vida está lejos, o confuso, u olvidado? ¿Qué arde en mí, tan lejana, tan cosa, tan helado de sambayón al whisky? ¿Qué se va quemando, de a poco y que me ahoga como el haschís aquí adentro, muy adentro? Poné, poné tu mano, sentí: la nada. Pero hace tic-tac. La nada, la náusea ¿de golpe sartreana? De Marguerite a Jean Paul (y no el alemán, justamente)? No. Dejo que ella, Yourcenar me queme; me quema con su “treta del débil”, me quema y me hace pensar en todas las mujeres que amé, en todas las mujeres que ¿amo?
Hmm, el libro cae, lo dejo que se vaya, dejo la copa a un lado, me estiro, intento encontrarme, pensarme. Hmm. El cuerpo tieso se va relajando, la mano busca debajo de la camisa el pezón, lo acaricia, intenta que surja de su nada de soledad. Puedo sentir cómo se levanta, cómo choca contra mi dedo. Mi otra mano va hacia abajo, por debajo del short, juega con los vellos. Trato de sincronizar el movimiento. Descubro que ya estaba mojada ¿la metafísica excita? Me voy dando vuelta de a poco, cuidando de no caerme. Mi dedo sabio ya encontró su camino, lo recorre, acaricia la rosa más preciada, la más profunda. Siento algo de electricidad, una sacudida. Siento que puedo empezar a dar vueltas como una calesita, siento que el vértigo está ahí nomás; siento... que ... acaban de tocar el timbre.
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Hmm, el libro cae, lo dejo que se vaya, dejo la copa a un lado, me estiro, intento encontrarme, pensarme. Hmm. El cuerpo tieso se va relajando, la mano busca debajo de la camisa el pezón, lo acaricia, intenta que surja de su nada de soledad. Puedo sentir cómo se levanta, cómo choca contra mi dedo. Mi otra mano va hacia abajo, por debajo del short, juega con los vellos. Trato de sincronizar el movimiento. Descubro que ya estaba mojada ¿la metafísica excita? Me voy dando vuelta de a poco, cuidando de no caerme. Mi dedo sabio ya encontró su camino, lo recorre, acaricia la rosa más preciada, la más profunda. Siento algo de electricidad, una sacudida. Siento que puedo empezar a dar vueltas como una calesita, siento que el vértigo está ahí nomás; siento... que ... acaban de tocar el timbre.
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viernes, octubre 27, 2006
Skin deep
Siempre me llamó la atención que esa frase significara: superficial; por extensión aquello que no es más profundo que la misma piel; aquello que no es profundo at all.
Skin tuya sin mí; deep en la garganta azul del mundo; fucking gris como el rescoldo de la memoria. Sola, skin; deep sin vos. Me dejás, te vas, te vas a otros brazos, más amorosos ¿quizás? Fuego, agua; maternidad sostenida sólo por la teta.
Sin skin voy, andando; fucking verde de estas plantas que riego ¿o son mis lágrimas?
Casandra, ya nadie te escucha, y si lo hacen no te entienden. No hay grito peor: el que sale deep del ombligo.
Don’t break my heart. I U SHE canta Peaches, come on baby let’s go. Don’t break my glass ball. I want I nEEd to see the future: only skin deep miles away from home.
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Skin tuya sin mí; deep en la garganta azul del mundo; fucking gris como el rescoldo de la memoria. Sola, skin; deep sin vos. Me dejás, te vas, te vas a otros brazos, más amorosos ¿quizás? Fuego, agua; maternidad sostenida sólo por la teta.
Sin skin voy, andando; fucking verde de estas plantas que riego ¿o son mis lágrimas?
Casandra, ya nadie te escucha, y si lo hacen no te entienden. No hay grito peor: el que sale deep del ombligo.
Don’t break my heart. I U SHE canta Peaches, come on baby let’s go. Don’t break my glass ball. I want I nEEd to see the future: only skin deep miles away from home.
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miércoles, octubre 25, 2006
Ser solitario
“Eso no matará tu ser solitario”, me dijo Andrea, y esa frase me quedó rondando estos días. Si dejarme llevar por el deseo de la otra no mata mi ser solitario, entonces ¿qué es lo que lo está matando? M siento casi como una vegetal, o una de esas plantas parásitas: adornan pero nada de nada. Siento que soy un adorno para la vida de Renata y siento que no estoy haciendo nada con la mía.
Trabajo, sí por cierto, y mucho. Leo, casi demasiado, pero me descubro escondiéndome detrás de los libros, de la computadora; me descubro encerrándome en mi escritorio, inventando excusas para no salir, para no estar mucho con Renata.
Ella se da cuenta, pero ha tomado esto como una especie de cruzada, y estas cosas no me agradan mucho. Ella se queda, en silencio, ronda la casa, en vez de ponerse con su cosas o ir a su lugar o salir con sus amistades. Me molesta tener que encerrarme en un cuarto de mi propia casa, cuando justamente decidí arreglar esta casa por lo espaciosa, por lo aireada, pero apenas traspaso la puerta del escritorio, allí está ella, toda sonrisa, con mates o café o cerveza cuando yo no le pedí nada, y se va transformando en una especie de sombra.
Si le digo algo, lo toma a mal, se pone a llorar, le pido disculpas e inexorablemente terminamos en la cama, haciendo (d)el amor algo desapasionado, para cumplir con las formas.
No estoy preparada para los rituales de las parejas comunes y corrientes, quizá no estoy preparada para vivirlos y construirlos con Renata. De todas formas este fin de semana se va a Córdoba yseguro allá ella pondrá en movimiento su otra historia, su otra mentira vital. ¿Cómo puede vivir con éso? ¿Cómo puede vivir así? Pero estoy seguro que allá la aman más de lo que yo la quiero. Es una bella persona, me mueve cosas, pero no cuando estamos tan pegadas, tan juntas.
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Trabajo, sí por cierto, y mucho. Leo, casi demasiado, pero me descubro escondiéndome detrás de los libros, de la computadora; me descubro encerrándome en mi escritorio, inventando excusas para no salir, para no estar mucho con Renata.
Ella se da cuenta, pero ha tomado esto como una especie de cruzada, y estas cosas no me agradan mucho. Ella se queda, en silencio, ronda la casa, en vez de ponerse con su cosas o ir a su lugar o salir con sus amistades. Me molesta tener que encerrarme en un cuarto de mi propia casa, cuando justamente decidí arreglar esta casa por lo espaciosa, por lo aireada, pero apenas traspaso la puerta del escritorio, allí está ella, toda sonrisa, con mates o café o cerveza cuando yo no le pedí nada, y se va transformando en una especie de sombra.
Si le digo algo, lo toma a mal, se pone a llorar, le pido disculpas e inexorablemente terminamos en la cama, haciendo (d)el amor algo desapasionado, para cumplir con las formas.
No estoy preparada para los rituales de las parejas comunes y corrientes, quizá no estoy preparada para vivirlos y construirlos con Renata. De todas formas este fin de semana se va a Córdoba yseguro allá ella pondrá en movimiento su otra historia, su otra mentira vital. ¿Cómo puede vivir con éso? ¿Cómo puede vivir así? Pero estoy seguro que allá la aman más de lo que yo la quiero. Es una bella persona, me mueve cosas, pero no cuando estamos tan pegadas, tan juntas.
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domingo, octubre 22, 2006
Cena con la Lectora
Fue en casa, y junto a Renata. Quería que Andrea conociera la nueva casa, que viera cómo había quedado mi nuevo escritorio, que reconociera por allí algunos regalitos que me hizo.
Renata hizo de más que anfitriona, y noté que se esforzaba mucho por querer hacer ver que somos “una pareja”. La dejé hacer, no quise oponerme, eso somos, en eso estamos. Andrea no terminaba de entender bien qué pasaba allí, y creo que tampoco se creyó mucho lo de “la pareja”.
A Renata le conté a grosso modo qué había sucedido entre la lectora y yo; qué espacio ocupó en un tiempo de mi vida. La preocupación de Renata es que no era justamente en mi prehistoria, pero sí un tiempo algo cercano. La tranquilicé diciéndole que ya fue, que por eso quería que ella compartiera esa cena.
Andrea nos contó sus andanzas en México, cómo se enganchó con la causa de Ciudad Juárez; que empezó a escribir una novela; que todo este tiempo estuvo sola.
- En México y sola? no te puedo creer dijo Renata, con todas las lesbianas que hay por allí.
- Sí, quizá sea así, pero tal vez no encontré la que sea para mí. Me gusta la soledad y me la banco, no quiero estar por alguien por estar, le contestó de una forma que me congeló el estómago.
- Con Elvira estuvimos charlando sobre hacer un viaje, y unos de los posibles lugares es ese país, pero sus costas, las playas, le dijo. Yo quiero descansar, dijo Renata, ella quiero ver cosas culturales, librerías, bibliotecas. Yo también, además allá hay toda una tradición en títeres de papel, pero si quiero descansar, quiero hacer eso.
- Es un país muy bello, dijo Andrea. Les fascinaría, y de hecho, si ando por allá de nuevo, cuenten con mi espacio en el DF, al menos.
- Gracias Andrea, dije, pero apenas estamos empezando a planear esto de viajar juntas; ya sabés mi ser solitario se opone aún un poco a eso, dije sonriéndoles a ambas; y para mi sorpresa Andrea me respondió mirándome directo a los ojos: “No te vendría mal alguna vez dejarte llevar, dejarte llevar por el deseo de la otra. Eso no matará tu “ser solitario”.
Renata hizo de más que anfitriona, y noté que se esforzaba mucho por querer hacer ver que somos “una pareja”. La dejé hacer, no quise oponerme, eso somos, en eso estamos. Andrea no terminaba de entender bien qué pasaba allí, y creo que tampoco se creyó mucho lo de “la pareja”.
A Renata le conté a grosso modo qué había sucedido entre la lectora y yo; qué espacio ocupó en un tiempo de mi vida. La preocupación de Renata es que no era justamente en mi prehistoria, pero sí un tiempo algo cercano. La tranquilicé diciéndole que ya fue, que por eso quería que ella compartiera esa cena.
Andrea nos contó sus andanzas en México, cómo se enganchó con la causa de Ciudad Juárez; que empezó a escribir una novela; que todo este tiempo estuvo sola.
- En México y sola? no te puedo creer dijo Renata, con todas las lesbianas que hay por allí.
- Sí, quizá sea así, pero tal vez no encontré la que sea para mí. Me gusta la soledad y me la banco, no quiero estar por alguien por estar, le contestó de una forma que me congeló el estómago.
- Con Elvira estuvimos charlando sobre hacer un viaje, y unos de los posibles lugares es ese país, pero sus costas, las playas, le dijo. Yo quiero descansar, dijo Renata, ella quiero ver cosas culturales, librerías, bibliotecas. Yo también, además allá hay toda una tradición en títeres de papel, pero si quiero descansar, quiero hacer eso.
- Es un país muy bello, dijo Andrea. Les fascinaría, y de hecho, si ando por allá de nuevo, cuenten con mi espacio en el DF, al menos.
- Gracias Andrea, dije, pero apenas estamos empezando a planear esto de viajar juntas; ya sabés mi ser solitario se opone aún un poco a eso, dije sonriéndoles a ambas; y para mi sorpresa Andrea me respondió mirándome directo a los ojos: “No te vendría mal alguna vez dejarte llevar, dejarte llevar por el deseo de la otra. Eso no matará tu “ser solitario”.
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jueves, octubre 19, 2006
Desayuno con la Lectora
Fui a desayunar a “La mariposa”, hacía un tiempo que no iba y quería saber cómo andaban las cosas de los chicos, y el bar.
Estaba leyendo el diario, frente a mi capuccino, cuando sentí que una mano se posaba en mi hombro y alguien alguien me decía: “Hola, Elvira”. Reconocí enseguida la voz, pero no lo podía creer hasta que di vuelta la cabeza. Era Andrea y estaba allí sonriendo, me levanté y nos abrazamos fuerte, largo. Podía sentirle cómo le latía el corazón.
La invité a que se sentara a tomar algo, ¿volviste? le pregunté.
- Hace un par de días que estoy en Santa Lucía, y antes estuve una semana en Buenos Aires, haciendo unos trámites, me dijo.
No podía dejar de mirarla y agarrarle una de sus manos. Sentía como una pequeña fiesta en mi interior.
- ¿Te quedás más días por acá?
- Algunos, tengo que hacer cosas antes de volver a México en diciembre o fines de noviembre.
- Contame qué hiciste, cómo te fue? Ya sé, que no será para contarlo en media hora, pero quizá nos podamos ver otro día ¿qué te parece?, le dije.
- ¿Querés que nos veamos? ¿De verdad? me preguntó.
- Sí, ¿por qué no?
- Es que, no sabía, me enteré que estás en pareja...
- Y eso qué tiene que ver? ¿No podemos charlar como viejas amigas? le dije, queriendo creer en lo que le estaba diciendo.
- Bueno, podemos comer un día aquí y charlamos; ¿seguís teniendo el mismo teléfono?
- El de la oficina es el mismo, el de casa es 4-...
- No, mejor no me des el de tu casa.
- ¿Qué pasa Andrea? Si me lo decís, quizá puede comprender un poco lo reticente que estás a que nos veamos.
- Sabés qué Elvira? Para mí lo que pasó con vos fue muy fuerte, y no estoy segura, yo, de poder verte sólo “como una vieja amiga”. Si vos me ayudas, quizá pueda hacerlo.
Tragué saliva, lo menos que me esperaba era una confesión de este tipo, a esa hora de la mañana , en este mes de octubre, a casi 10 meses de haberla visto por última vez.
- Bueno, le dije, hay formas de encontrarse y poder “keeping it cool”.
Se sonrío. “Me tengo que ir, pero te llamo; o nos dejamos los mensajes con los chicos”.
Pedí otro capuccino e intenté leer el diario, pero lo único que volvía a mi cabeza era una la frase que ella había dicho recién y la escena de la última vez que nos vimos.
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Estaba leyendo el diario, frente a mi capuccino, cuando sentí que una mano se posaba en mi hombro y alguien alguien me decía: “Hola, Elvira”. Reconocí enseguida la voz, pero no lo podía creer hasta que di vuelta la cabeza. Era Andrea y estaba allí sonriendo, me levanté y nos abrazamos fuerte, largo. Podía sentirle cómo le latía el corazón.
La invité a que se sentara a tomar algo, ¿volviste? le pregunté.
- Hace un par de días que estoy en Santa Lucía, y antes estuve una semana en Buenos Aires, haciendo unos trámites, me dijo.
No podía dejar de mirarla y agarrarle una de sus manos. Sentía como una pequeña fiesta en mi interior.
- ¿Te quedás más días por acá?
- Algunos, tengo que hacer cosas antes de volver a México en diciembre o fines de noviembre.
- Contame qué hiciste, cómo te fue? Ya sé, que no será para contarlo en media hora, pero quizá nos podamos ver otro día ¿qué te parece?, le dije.
- ¿Querés que nos veamos? ¿De verdad? me preguntó.
- Sí, ¿por qué no?
- Es que, no sabía, me enteré que estás en pareja...
- Y eso qué tiene que ver? ¿No podemos charlar como viejas amigas? le dije, queriendo creer en lo que le estaba diciendo.
- Bueno, podemos comer un día aquí y charlamos; ¿seguís teniendo el mismo teléfono?
- El de la oficina es el mismo, el de casa es 4-...
- No, mejor no me des el de tu casa.
- ¿Qué pasa Andrea? Si me lo decís, quizá puede comprender un poco lo reticente que estás a que nos veamos.
- Sabés qué Elvira? Para mí lo que pasó con vos fue muy fuerte, y no estoy segura, yo, de poder verte sólo “como una vieja amiga”. Si vos me ayudas, quizá pueda hacerlo.
Tragué saliva, lo menos que me esperaba era una confesión de este tipo, a esa hora de la mañana , en este mes de octubre, a casi 10 meses de haberla visto por última vez.
- Bueno, le dije, hay formas de encontrarse y poder “keeping it cool”.
Se sonrío. “Me tengo que ir, pero te llamo; o nos dejamos los mensajes con los chicos”.
Pedí otro capuccino e intenté leer el diario, pero lo único que volvía a mi cabeza era una la frase que ella había dicho recién y la escena de la última vez que nos vimos.
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martes, octubre 17, 2006
La cotidiana
A ver, cómo lo puedo decir. Sí, con Renata estamos en la cotidiana: ver quién hace qué en la casa (hablo de la mía, ya que es ella la que más se desplaza para acá), ni hemos hablado de convivir 24 horas y siete días a la semana, la que suscribe cree que no sobreviviría. Pero aquí estamos: que la que cocina no lava los platos; que quien limpia el patio; cómo hacemos con la ropa de cama y el baño; en fin, esas menudencias que denuncian una vida en común, por más limitada que esté. A veces no deja de darme un escalofrío cuando me pesco a mí misma haciendo gestos que pueden llegar a parecer los de una pareja bien conformada. No sé. Sospecho que es así la vida, pero no puedo dejar de reconocerme como una mujer de acción.
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Renata
domingo, octubre 15, 2006
Viajes
Renata quiere que viajemos, que viajemos juntas, que tracemos un itinerario y que nos vayamos. Ella quiere lo más natural, más verde, más islas; yo quiero las viejas capitales, el empedrado de París, las sombras de sus calles, sus buhardillas; quiero Berlín, quiero Praga.
- ¿No podés dejar de ser literaria por un minuto? me dice.
- No, no puedo, eso es lo que soy, Renata, además esas ciudades me gustan más allá de la literatura. También quiero volver a La Habana, caminar por su malecón, perderme por esos rincones que de seguro desaparecerán dentro de poco tiempo.
- Ah, ves, ahí sí. Un día en La Habana y luego las playas.
- ¿Un día en La Habana? Vos está loca, a mí no me alcanza, por más que ya conozca. Por suerte allí hay dos playas muy lindas: una, la Santa María del Mar, la otra, Guanabo, de la zona en donde vivía y lo apresaron a Virgilio Piñera.
- Ves, ahí vamos de nuevo.
- Es la solución, le digo, vos te vas todos los días a las playas (hay más que esas dos) y yo recorro de nuevo la ciudad, visito a gente amiga.
- ¿Gente amiga? me mira directo a los ojos.
- No mezcles mi biografía anterior a tu llegada a mi vida, con la posible realización del viaje.
- ¿Cuánto viviste en La Habana? me pregunta trayendo otro porrón de Stout.
- Dos años, muy intensos por cierto. Tengo grabada a fuego esa ciudad en el corazón, y la gente que conocí, y (mirándola también directo a los ojos) a la que amé, eso no lo puedo, ni quiero negar.
- ¿Sabés qué Elvira? Me parece que la solución para este viaje, sería ver entre los lugares que ninguna de las dos conoce, elegir uno y empezar por allí. ¿Qué pensás?
Me levanté , la agarré por la cintura, la besé en el cuello, la atraje bien hacia mí, la abracé fuerte, fuerte: “Te amo”, le dije, “Te amo”, repetí. “Te deseo”, le dije, “te deseo” en cada ciudad que conocí, en cada rincón que recorrí, en cada cama que me ayudó a descansar y a amar.
- Me mentís, lo sé, me dijo; me mentís pero lindo, me hacés que te lo crea.
- Creeme, Renata, creeme. Creé que por primera vez en mi vida empiezo a ver claro, a sentir claro; creeme que cuando se mezcla el deseo y el amor y el sueño y la fantasía hay un solo nombre: Re-na-ta, el tuyo.
Tags: lesbianas, lesbiana, argentina, romance, amor, erotica, deseo, pasion
- ¿No podés dejar de ser literaria por un minuto? me dice.
- No, no puedo, eso es lo que soy, Renata, además esas ciudades me gustan más allá de la literatura. También quiero volver a La Habana, caminar por su malecón, perderme por esos rincones que de seguro desaparecerán dentro de poco tiempo.
- Ah, ves, ahí sí. Un día en La Habana y luego las playas.
- ¿Un día en La Habana? Vos está loca, a mí no me alcanza, por más que ya conozca. Por suerte allí hay dos playas muy lindas: una, la Santa María del Mar, la otra, Guanabo, de la zona en donde vivía y lo apresaron a Virgilio Piñera.
- Ves, ahí vamos de nuevo.
- Es la solución, le digo, vos te vas todos los días a las playas (hay más que esas dos) y yo recorro de nuevo la ciudad, visito a gente amiga.
- ¿Gente amiga? me mira directo a los ojos.
- No mezcles mi biografía anterior a tu llegada a mi vida, con la posible realización del viaje.
- ¿Cuánto viviste en La Habana? me pregunta trayendo otro porrón de Stout.
- Dos años, muy intensos por cierto. Tengo grabada a fuego esa ciudad en el corazón, y la gente que conocí, y (mirándola también directo a los ojos) a la que amé, eso no lo puedo, ni quiero negar.
- ¿Sabés qué Elvira? Me parece que la solución para este viaje, sería ver entre los lugares que ninguna de las dos conoce, elegir uno y empezar por allí. ¿Qué pensás?
Me levanté , la agarré por la cintura, la besé en el cuello, la atraje bien hacia mí, la abracé fuerte, fuerte: “Te amo”, le dije, “Te amo”, repetí. “Te deseo”, le dije, “te deseo” en cada ciudad que conocí, en cada rincón que recorrí, en cada cama que me ayudó a descansar y a amar.
- Me mentís, lo sé, me dijo; me mentís pero lindo, me hacés que te lo crea.
- Creeme, Renata, creeme. Creé que por primera vez en mi vida empiezo a ver claro, a sentir claro; creeme que cuando se mezcla el deseo y el amor y el sueño y la fantasía hay un solo nombre: Re-na-ta, el tuyo.
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En casa,
Identi-kit,
La Habana.,
Mi pasado me condena,
Renata
viernes, octubre 13, 2006
Poema de Melisa
Hoy recibí por mail este ¿poema? de Melisa:
Te sepulto, nena, bajo los escombros,
bajo las cenizas de mi alma.
Te sepulto y escarbo para volver
a enterrarte, viva, en mi corazón
ya vacío. Te miro a los ojos
como una perra mira a quien
le da de comer o le hace una inútil
caricia en su lomo. Te sepulto, nena,
te borro; te como con pena y escupo
el nombre secreto que supiste darme.
M. L.
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Te sepulto, nena, bajo los escombros,
bajo las cenizas de mi alma.
Te sepulto y escarbo para volver
a enterrarte, viva, en mi corazón
ya vacío. Te miro a los ojos
como una perra mira a quien
le da de comer o le hace una inútil
caricia en su lomo. Te sepulto, nena,
te borro; te como con pena y escupo
el nombre secreto que supiste darme.
M. L.
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Melisa,
Metafísica del des-amor
jueves, octubre 12, 2006
Preocupación de una amiga
Una amiga, de casi mi misma edad, fue a un cumpleaños, la estaba pasando bien hasta que comenta en cierto punto de la reunión: “Claro, cuando yo terminé el secundario en el 82, bla bla bla”, y la chica que estaba a su lado se empezó a reir, y le dijo: “Es el año en que yo nací”.
Mi amiga me dijo: “Ay Elvira, qué podía hacer ante esa realidad, esa piba nacía cuando yo estaba terminando el secundario”, y suspiró: “No puede hacer nada, de nada, y eso que me hubiera perdido en esos labios que me trajeron a la realidad de golpe. La hubiera comido a besos, pero no pude decirle nada”.
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Mi amiga me dijo: “Ay Elvira, qué podía hacer ante esa realidad, esa piba nacía cuando yo estaba terminando el secundario”, y suspiró: “No puede hacer nada, de nada, y eso que me hubiera perdido en esos labios que me trajeron a la realidad de golpe. La hubiera comido a besos, pero no pude decirle nada”.
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¿Cuestión de edad?
miércoles, octubre 11, 2006
Encuentros
¿Qué sucede cuando dos personas se “encuentran”?, y remarco el encuentran dándole un sentido amplio, el más amplio que tenga.
Una puede pensar que hay varios niveles de encuentros: reales, casuales, virtuales, cósmicos, metafísicos, químicos, etílicos, florales; encuentros que se dan en todos los cuerpos que nos conforman.
Encuentros al cubierto, al desnudo; con máscaras, a cara descubierta o con la cara pintada en son de guerra; encuentros en dos lenguas, en tres lenguas, con la lengua más profunda de la noche.
Encuentros a la luz del día, en penumbras, con la luz del baño encendida, con candelas, a la hora de la siesta, en los zaguanes, debajo de los puentes; de madrugada y contra el insomnio.
Encuentros en donde sólo suenan los jadeos, resuenan los gritos, arrullan los susurros, ahogan los gemidos, tiemblan las camas, se mojan los colchones, una lámpara cae de su mesa de luz.
Encuentros en donde la diosa realiza su acto más sagrado, donde las brujas se sacrifican al lado más oscuro de la carne, donde las locas recuperan la lucidez del deseo, donde las cuerdas se pierden para siempre en la no consciencia del orgasmo.
Encuentros que vamos coleccionando, olvidando, dibujando, escribiendo, fotografiando; cada cosa en su lugar y un lugar siempre vacante para aquella cosa que falta por tanto sobrar.
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Una puede pensar que hay varios niveles de encuentros: reales, casuales, virtuales, cósmicos, metafísicos, químicos, etílicos, florales; encuentros que se dan en todos los cuerpos que nos conforman.
Encuentros al cubierto, al desnudo; con máscaras, a cara descubierta o con la cara pintada en son de guerra; encuentros en dos lenguas, en tres lenguas, con la lengua más profunda de la noche.
Encuentros a la luz del día, en penumbras, con la luz del baño encendida, con candelas, a la hora de la siesta, en los zaguanes, debajo de los puentes; de madrugada y contra el insomnio.
Encuentros en donde sólo suenan los jadeos, resuenan los gritos, arrullan los susurros, ahogan los gemidos, tiemblan las camas, se mojan los colchones, una lámpara cae de su mesa de luz.
Encuentros en donde la diosa realiza su acto más sagrado, donde las brujas se sacrifican al lado más oscuro de la carne, donde las locas recuperan la lucidez del deseo, donde las cuerdas se pierden para siempre en la no consciencia del orgasmo.
Encuentros que vamos coleccionando, olvidando, dibujando, escribiendo, fotografiando; cada cosa en su lugar y un lugar siempre vacante para aquella cosa que falta por tanto sobrar.
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De palabras está hecho el mundo,
En casa
sábado, octubre 07, 2006
Paños fríos
Me quemaba todo el cuerpo, empezando por mi mano. Quedé muy mal por lo que hice, pero Melisa me llevó al límite, me golpeó bien bajo. En fin, ya está. Recordé que la primera vez que trancé con alguien (Gloria) mientras ya salía con Melisa y se le dije, fue ella la que me abofeteó. Estoy en contra de la violencia, la violencia en mí o en ella, en otras; y estoy de acuerdo con que si alguien te golpea no te quiere, como suelen decir las campañas españolas sobre todo, pero esto era como hacer cerrar la boca, que eso que se está diciendo no se diga. No lo sé, no me jacto, y me parece terrible. Es algo que debo revisar en mí, es algo de lo que aprender.
No me extraña haber caído en cama, con fiebre. No me extraña estar así como eliminando toxinas, como limpiándome.
Cuando llegué a casa después del encuentro con M. lloré mucho, y pude contarle lo que había pasado a Renata. Hablamos mucho hasta que sentí que me estaba cocinando de fiebre.
Lo que recuerdo con claridad es lo que ella me dijo: “A mí ni se te ocurra levantarme la mano”.
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