miércoles, marzo 22, 2006

Manos a la obra

- No sabés lo que me duele la espalda, le digo a Amanda que me mira desde atrás de una sábana húmeda.
- Me podés decir para qué contratás albañiles si vos andás detrás de ellos.
- Es una buena pregunta, pero como voy encontrando cosas en cada rincón que van limpiando, quiero quedarme allí.
- ¿Y vas a vivir ahí también? me pregunta.
- No lo sé, no quiero mezclar el lugar de trabajo con el espacio personal, pero cada vez lo pienso más y tengo ganas de vivir allí y conseguir otro espacio para el centro cultural.
- A vos sola se te ocurre arreglar la casa que fuera de tu vieja y poner un centro cultural.
- Era eso o el spa a medias con Roberto, le digo buscando un cigarrillo que quiero dejar de fumar.
- No te veo con un spa, salvo dándole masajes a las chicas.
- Andá no seas guacha, que ya a esta altura parezco la Virgen de Santa Lucía.
- ¿De verdad? ¿Ni un piquito? ¿Ni una paja?
- Che, eso no se pregunta. Paja, claro que sí, pero un cuerpo humano, real, no.
- ¿Y Bárbara?
- Es divina, es hermosa, y muy buena persona, pero no quiero hacerla mierda, no se lo merece. Mirá Amanda...’
- Te miro, amorcito, te miro, me dice pasándome un amargo.
- Mirá, lo de Melisa me dejó como amarga, demasiado ácida, con ganas de morder a quien pase por adelante mío.
- ¿Te la cruzaste? Santa Lucía no es tan grande.
- Sí, en el supermercado, estaba con otra pendeja que no conozco.
- Hmmm tu tono me suena a celos...
- ¿Celos? ¿Yo? Andá. No, sólo te digo que no conozco a la que estaba con ella. Ni quiero conocerla. La ciudad es chica, como vos decís, pero creo que ella se está cuidando de no andar por mis zonas, que ella conoce bien.
- Decime Elvira, decime con el corazón en la mano: ¿alguna vez te enamoraste de verdad?
- De Melisa.
- Digo antes, y que haya durado.
- Ja. Linda pregunta me planteás un miércoles a la mañana. Sí, me enamoré en serio, pero de eso no quiero hablar.
- ¿La conozco?
- Sí, la conocés, si sos como mi sombra.
- No exagerés. Pero quiero que me hables de ella, dale.
- Algún día lo haré, pero ahora debo ir a la oficina y luego a la obra de reconstrucción de mi nido de infancia.
Nos abrazamos y salí para acá, antes de que se largue la lluvia. Cielo amenazante y los albañiles por las dudas no vinieron.


domingo, marzo 05, 2006

Noche de Oscars

Desde las 19 hs. en "La Mariposa" hay una pantalla gigante y se está pasando la Red Carpet pre-Oscars.
Roberto lo decidió a comienzos de esta semana. Vengo de allá para cambiarme de ropa y volver dentro de un rato.
Hay varias películas que están relacionadas con la comunidad LGBT. Podemos conversar al respecto, pero bueno, allí están esas historias.
Así que mejor que en un resto-bar LGBT ver esta entrega de premios.
Somos cholulos, y qué?

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sábado, marzo 04, 2006

Declaración

Fue así, me sonó a eso, y por eso mismo nos reimos mucho. Hoy fui a almorzar a lo de Bárbara, y entre spaguettis y tintillo, esta bella mujer se me declaró: “Quiero estar con vos, ya sabés, como tu... no sé... novia, compañera???”.
Sólo le pedí que me diera tiempo, que no la quiero lastimar, y que tampoco tengo tantas fuerzas para volver a intentar algo.
Le fui sincera: “Melisa siempre estará. Soy yo la que tendrá que trabajar para no recaer. Y muchas veces no estoy tan segura de no querer recaer”.
Si me oyera mi psicóloga. Sí volví a mis sesiones, y me hace bien.

Estaba muy bella Bárbara, y tiene esa seguridad de su vida pasada, de sus decisiones, del saber gozar de la soledad cuando le toca, y gozar con quien le toque en el amor/deseo.
- Yo te espero Elvira, pero no toda la vida ¿sabés?
- Sí... lo sé. Gracias por decirmelo, por ser directa y clara.


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miércoles, marzo 01, 2006

La imposibilidad de la amada

Ausente, es así la mirada. Un disgusto en el cuerpo, una urgencia en los dedos. Un deseo que clama por la cima a conquistar.
Latente, es así el recuerdo. Esclava soy, de mis misma y de vos.
Agitación, es así la abstinencia: de tu nombre, tu voz, tus caricias, de tu sexo.
Compleja, es la duda, la existencia.

Dejo de ser poética (y patética para algunes) y digo: a pesar de todo, me la banco. Ah, sí, no es fácil. Cuando una se intenta amputar el deseo, o si cree que lo logra, el miembro (con perdón) amputado parece seguir allí.

Bárbara aparece como una sombra, un vestigio, pero tampoco. No estoy con nadie, con ninguna, apenas con mi.

Intento rearmar mis días, por eso el silencio. ¿Qué contar, la soledad? ¿El regusto amargo de verme un par de arrugas? ¿Las ganas de sacarme el piercing o hacerme otro?

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domingo, febrero 26, 2006

Alas de libertad

Hoy las ví, en el parque. Iban tomadas de la mano, o bien se abrazaban. Avanzaban entre la gente, que se escandalizaba, sin importarles nada salvo su amor, su relación.
Eran bellas, hermosas en la locura que da la libertad, el poder andar por la calle siendo quien se es.
Cuando las vi me sentí muy fuerte, con esperanzas de que algo cambie realmente, y que cambie en un pueblo tan chico y tan de mierda como este.
Ya sé que el cambio empieza en una misma, pero depende las personas no es cosa fácil salir y decir: Hola soy lesbiana/gay/trans. No, no lo es. Yo noto el temor en las miradas, en los cuerpos de quienes suelen ir a “La Mariposa”. Recuerdo mi propio temor, primero por el amor en sí, estar enamorada y que la otra persona no sepa o no te quieran da temor, además de tristeza, pero el temor por la discriminación, porque te pueden hacer a un lado, es bien feo. Por suerte lo fui pasando rápidamente, y como estas chicas me tiré en la pileta siendo muy joven, y me banqué que me dijeran de todo, que la llamaran a mi vieja y le dijeran cosas por teléfono.
Hoy sentí que al verlas a estas chicas, de menos de 18 años, me crecían alas, alas de libertad, de esperanza, de poder verme a mí misma en una relación menos loca; un piso desde donde poder construir(me) otra vida: menos camas, menos soledad.

viernes, febrero 24, 2006

Los reflejos de la mente

Anoche, mientras cenaba con Amanda y Bárbara, tuve una sensación rara: algo parecido a la curación, a partir de las lamidas de esta animal que soy.
Animal humana que reconoce la finitud de todo: la vida, el amor.
Anoche recordábamos nuestras vidas en la época de la dictadura, nuestras ideas y vueltas; la gente amiga desaparecida, la exiliada, los amores, la censura, el miedo.
Ya todo el mundo leyendo sobre el próximo aniversario de la última dictadura militar, y es casi imposible dejar de hablar de ello.
La recordé a Ana, una amiga en común con Amanda... ¿estará en España aún? Recuerdo haberme enamorado de ella, pero nunca le dije nada. La amé y deseé en silencio durante años.
Me puse a pensar en mi propio exilio, en la biblioteca quemada y enterrada.
Bárbara nos contó que también se tuvo que ir. Cuando vinimos a casa nos quedamos charlando hasta las cuatro de la mañana. Hoy antes de salir a trabajar, la desperté con un mate. Ella durmió en el living, y al despertarse, con ojos medio colorados me dijo: “No pude dejar de soñar con persecuciones con perros”.

miércoles, febrero 22, 2006

Lo pasado, pasado

No es una metáfora: cambié la cerradura de la puerta de mi departamento.
Limpieza: despaché con un cadete las cosas que se habían quedado aquí de M.: CDs, libros, ropa, cuadernos, y mañana irá la gata a casa de su padre. Extrañaré a Natalie Barney, pero las dos sabíamos que esto no duraría.

Vino, golpeó y no abrí. Me dijo de todo, vomitó todo: por despecho, por amor, por pendeja.

Lo nuevo: clases de yoga.

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martes, febrero 21, 2006

Carta de amor y despedida

Querida Melisa:

Espero que entiendas mi letra, y que puedas descifrar lo que quiero decirte entre los manchones de tinta. Si digo que fueron lágrimas sonaré cursi, y ya no me importa. ¿Por qué? Después de haber caído tan bajo, no me preocuparán unas lágrimas en un papel.
Las lágrimas significan que te amo, aún te amo, y como te lo he dicho más de un vez, creo que siempre te amaré.
Pero esta vez quiero poner el punto final, el real. No quiero abrir la puerta, y no la abriré. No quiero verte, y no lo haré. Si llegamos a cruzarnos, por mi bien (ya no puedo hablar en plural) te ignoraré.
Necesito alejarme de lo que me hace mal, y en este momento vos me hacés mal.
Quizá fui yo la que jugó con demasiado fuego, y no lo pude manejar. Pero ahora quiero hielo por todo mi cuerpo.
Te agradezco el haber estado en mi vida, haber podido compartir la tuya. Quiero retener los buenos momentos y aquellos no tan buenos en donde crecimos. Ahora creo, siento, que no estamos creciendo (ves, me salió el plural). Yo no crezco, y no me siento madura.
Y creo que ya a los 42 debo intentar otra cosa con mi vida, con mis sentimientos.
El piercing en mi pezón me recuerda lo pendeja que fui, y la locura con que te amé.
Quiero, si puedes, que me recuerdes bien.
Necesito un poco de paz, y hasta te diría menos ejercicio físico, y si vuelvo a hacerlo, que sea solamente de a dos.
Dulce, te dejo, no quiero hacer una carta muy extensa. Han sido meses muy movidos, muy emotivos.
Te quiero, sé que no te olvidaré.

Tuya, Elvira

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lunes, febrero 20, 2006

Un sueño de cuerpo roto

Un sueño es, antes que nada, un desvío; atajo de la carretera de los gustos ingratos, del remanido sabor del deseo.
Sueño con mujeres, con serpientes, con labios, senos y estrellas fugaces. Caigo de bruces ante la concha más dorada, pero que a la vez es un agujero negro que me traga, y me vomita al espacio del olvido.
Lamo esos labios que me absorben, que se cierran sobre mí como un nacimiento al revés.
Soy esclava y reina de un cuerpo que ya no reconozco como mío, ni tuya, ni de ella.
Lava, lava de volcán que no lava nada la mugre del sudor, el pegoteo de dedos, labios, vaginas.
Así, un lenguaje directo: que ofenda, que desnude, que me saque este gusto amargo de la boca, del pubis, de mi clítoris.
¿Cuándo dije que sí? o mas bien ¿por qué dije que sí? ¿qué quería probar? Estar despierta hasta la mañana, no descansar, beber agua hasta el hartazgo.
Siento que me traicioné. Siento que es un final precipitado, no un nuevo final de una historia que recomienza cada vez que un latido, un dolor, una señal.
Algo se acabó, en mí. Quedé vacía. Sin voz(s), sin mí, sin ella.


Tres veces tres

¿Cómo explicarlo? Intentaré un esbozo, apenas un dibujo parecido, un esquema de palabras que represente el deseo desplegado en tres puntas, en tres vértices, ripios, mujeres.
Lo planearon ellas, me invitaron ellas, me hicieron caer, ellas: Melisa y Lucrecia. No digo que fue el sumum porque no lo fue; mi teoría de que una de las tres se queda pagando en algún momento es tal cual, y cuando me quedo pagando yo no me gusta.
No sé si lo volvería hacer, no creo que este trío, menage á trois, se repita: Lucrecia ya se fue, Melisa está estudiando para rendir, y yo estoy laburando a full.
¿Qué me queda de esta experiencia? Resaca de cuerpos en pugna.

sábado, febrero 18, 2006

Elvira las junta....

Si el pez por la boca muere, una lesbiana por otra muere, y si son dos, peor. Lo de anoche fue demasiado, para mi pobre alma. Demasiado ¿para mi orgullo? No sé.
A ver, recapitulemos. Ayer recibí un mensaje de Lucrecia: “Estoy en Santa Lucía. Stop. Quiero verte. Stop. Cómo hacemos. Stop. Besos, la sirenita. Stop”. Yo me quedé fría, era toda una sorpresa. Decidí mandarle un mensaje y decirle que la esperaba en “La mariposa”, ya que tenía allí programada una cena. La misma era con Roberto, y otros amigos de ellos, quizá iría Melisa, que andaba despidiendo a su francesa, que días atrás la había dejado para conocer Buenos Aires.
Bueno, yo estaba allí, nerviosa esperando a Lucrecia, que llegó bien puntual. El gin tonic sin nada en el estómago ya me estaba haciendo efecto. La cuestión es que casi a los postres, recibí por debajo de la mesa una pata de Roberto que casi me deja renga: en el instante que me pateaba, Melisa entraba al bar.
- Hola, hola gente!!! aceptan a una soltera por unos meses!!!, dijo acercándose a la mesa, y encajándome un chupón de aquellos.
- Claro que sí borrega, dijo Roberto, levantàndose con todas sus plumas, yendo a buscar algo para tomar.
Cuando Melisa se sentó se percato de la presencia de Lucrecia:
- Hola, soy Melisa, y vos?
- Hola, qué tal. Yo soy Lucrecia, también soltera, dijo sonriéndose.
A mí el panqueque con dulce de leche me quemaba en la garganta, cuando escuché que Roberto me llamaba desde la cocina.
Indecisa, fui. Dejaba a las dos mujeres solas, pero rodeadas de muchachos que ya estaban en otra.
- ¿Qué vas hacer? me preguntó Robert.
- Ni idea. Mientras le dije eso me asomé por una ventanita, y vi, no hubiera querido, pero vi “la mirada”.
- Me parece que yo no haré nada, como buena nona.
- Andá a cagar, me dijo R.
- Miralas, le dije.
- No se puede creer, ni vos ni M. tienen paz.
- Ella es la que no la tiene y la otra tampoco.
- Repito, ¿qué harás?
- No sé, Lucrecia está en el Hotel de los Gómez, y M. seguro viene para casa. Pero ahora no sé.
La cuestión es que volvimos a la mesa, y el aire se podía cortar con un alfiler. Terminamos los postres, nos fuimos despidiendo, y para mi sorpresa tanto Melisa como Lucrecia querían ir a un boliche a bailar, junto con los chicos. Y fueron.
Hasta ahora no sé nada de ellas, Roberto tampoco.
Y me digo: Elvira, mordete la lengua y morí.


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viernes, febrero 17, 2006

¿Cuál es tu tipo de mujer?

Me escribió, pongamosle un nombre, Romina y me pregunta:
“Querida LLA:
Hola, nunca me animé a escribirte, pero hoy lo hago, ya que diste tu nombre, y eso me acerca más a vos.
Te quería preguntar qué tipo de mujer te gusta, qué mujer te da vueltas, ¿tengo esperanzas?...”
Y continúa con un mail muy dulce, que no citaré aquí, pero sí daré la respuesta: nunca me puse a pensar qué tipo de mujer me gusta, es decir, nunca hice el catálogo. Creo que es una gran mezcla, entre lo interior y lo físico, sí puedo reconocer que me pierde una mujer con tetas, y cuando digo una mujer con tetas, no hablo de siliconas, sino esas mujeres con senos sugerentes, que llenan una camisa, ja.
Uy, qué cosas que ando diciendo por este blog, ya que llegarán otras propuestas juguetonas, seguro, pero no importa. Estoy aquí para dejar caer mis palabras, como miel incitadora.
No, no me di con nada esta noche: ni alcohol, ni nada. Salvo te verde con menta, y mates.
Dentro de un rato una cena en “La Mariposa”. ¿Con quién? Ni se lo imaginan.

jueves, febrero 16, 2006

Hoy me levanté con ganas...

De ir un poco más lejos en el amor;
De cocinar un rico arroz amarillo con bichitos de mar;
de caminar por el parque al atardecer;
de volver a ir a pescar;
de bajar unos kilos;
de trabajar menos y ponerme a estudiar algo;
de ser una escritora famosa;
de decirle al mundo mi nombre, de una vez y para siempre:
Elvira P.
Para el apellido hay tiempo.

martes, febrero 14, 2006

Ars amandi (1): Besos

Creo que una de las cosas más importantes del arte del besar es cómo las dos personas llegan a encontrarse, cómo llegan a unirse sus bocas. No voy a pecar de sabia, ni intento aquí un kamasutra, pero sí intenté recordarme y verme en esa situación.
Me gusta mucho llegar por detrás de la amada, sorprenderla tomándole la cintura, simulando el hacerle cosquillas. Si tiene cabello corto ensayo unos breves besos en la nuca, soplo un poquito, muy suave; si tiene el cabello largo, se lo retiro de manera suave y la beso, busco la base de la nuca, juego allí un rato.
Voy viendo cómo actúan, qué reacción tiene, y no siempre es el mismo segundo paso, pero casi siempre se van dando vuelta despacio, intentando responder a mi beso, y no hay cosa que me gusta más que escaparme, alejarles mi boca, entreabierta, deseante.
La mirada para mí juega un papel muy importante, hay que besar con la mirada antes que con los labios o la boca entera. No me gustan esas mujeres que te comen toda la boca de una, les tengo desconfianza. Ja.
Me gusta llegar despacio, arrimarme a ellas o atraer su cabeza hacia mí, que no se entreguen fácilmente, que me esquiven, me vuelve loca. Completamente. Y allí, en el momento en que labios y labios se encuentran susurrar algo, que salga tibio, que las atraiga aún más; comenzar a besar el labio inferior, morderlo apenas, morder la puntita de la lengua, dejar que ella me recorra, que se tope con mis dientes, última muralla. Y así ya perdernos, enredar lenguas, y manos y piernas (depende dónde estemos y cómo: sentadas, acostadas) las variaciones son múltiples.
Me alejo de la boca y voy hacia sus ojos, los beso, los recorro muy despacio, juego con su cabello.
Esta es parte de mi experiencia del beso, de los besos.

lunes, febrero 13, 2006

Besos eléctricos

Hoy me preguntaba por el arte de besar. Recuerdo esa parte de "Cinema Paradiso" en donde aparece esa gran colección de besos. Y me puse a pensar en cómo beso, en cómo es mi arte amatoria, si la hay. Pensaba en qué nos enloquece a M. y a mi. ¿Qué alquimia logramos?
Pensando en eso, haciendo algunos esbozos que espero sean posts en el futuro, encontré navegando esta descripción del beso eléctrico:

"¿Es posible darle a mi pareja un shock eléctrico cuando lo beso? ¿Cómo "cargarse" con electricidad?

Primero, apague todas las luces y presione sus pies descalzos hacia delante y atrás en la alfombra.
No es necesario que su pareja haga lo mismo, con solo uno que lo haga es suficiente
Con el roce de sus pies en la alfombra, se crea un exceso de partículas eléctricas negativas y cuando usted toca a su pareja que está cargado de partículas "positivas", se crea un "shock" eléctrico.
Una vez realizado el primer paso, acérquese a su pareja, sin tocar ninguna otra parte de su cuerpo, porque si lo hace, "neutralizará" la carga que creó con el roce de sus pies en la alfombra.
En este momento, sus labios se acercan a los de Él y difícilmente puede ver su cara, porque están en a oscuridad. Escuche el sonido de su respiración y utilice eso como una guía en el acercamiento.
Cuando sus labios estén tan cerca como una pulgada, podrá ver resplandecer una pequeña carga eléctrica, que brincará de sus labios a los de Él.

El beso eléctrico podrá realizarse más fácilmente en las siguientes locaciones:
Datos anotados por un Ingeniero Eléctrico.

En el sofá 55voltios
En el cine 66 voltios
En la alfombra 625 voltios
En el lobby de un hotel 800 voltios
Debajo de una cobija de lana 250 a 4000 voltios"

La fuente de esta locura es un sitio muy femme: Sólo mujeres. ¿Será para las MUY mujeres?

Yo debo estar loca

Mientras me cepillaba los dientes no dejaba de mirarme en el espejo. Mi imagen matinal era de espanto: ojeras, cara hinchada, ojos medio rojos. Puaj.
Me miraba y me decía: vos debés estar enferma, o loca. A vos deberían encerrarte y no dejarte salir cada vez que Melisa toca a tu puerta. Vos tenés que decirle que no, ser más dura. No es no en cualquier idioma... menos en el del amor me contradecía mi otro yo.
Un espanto, realmente. Hablando sola mientras me higienizo, mientras me ducho, mientras tomo el primer café de la mañana y preparo la portátil para salir a mi trabajo.
Anoche vino de nuevo, y volvimos a caer en el desenfreno del sexo, en el delirio del deseo, pero no cáscara, sino algo más profundo, y eso es lo que me asusta, y mucho.
¿Cómo sobrevivir a esto?¿Cómo sobreviviré cuando no ande por acá?
Lo charlamos, lo hablamos y no me convence, pero mientras tanto vuelvo y yo acepto.
Le conté esto a Amanda, mi mejor amiga, y me dijo muy suelta de cuerpo: “estás hasta los ovarios, y en todo este tiempo ese sentimiento en vos no cambió. Bancate ese defecto”. La mandé a la mierda. Uff, no la llamaba para que me dijera lo que ya sé, sino para que me dibujara un salvoconducto. Por lo pronto no lo hay. No way, out.

domingo, febrero 12, 2006

Con vos y con ella también

No sé qué vino primero: si la carta o la voz en el teléfono. Fue primero la carta, la vi pasar por debajo de la puerta, y al ir hacia ella sonó el teléfono. Era su voz: ¿Tenés la carta? ¿La abriste ya?
- Estoy en eso, apenas pude balbucear.
- Abrila, por favor.
- ...
Y la voz empezó a leer la carta, era el mismo texto que tenía en mi mano: “Pienso en vos, no puedo dejar de hacerlo. Ningún cuerpo reemplaza al tuyo, ninguna caricia me mueve más hacia el paroxismo. Tu voz, tus besos, tu sabiduría han dejado una marca muy fuerte. Estoy marcada ¿entendés? Y así vuelvo a vos: desnuda y deseante.
¿Me deseás aún? ¿Me querés?
Sueño con vos, con el pasado, con un posible futuro. Y veo, como en una gran pantalla, todo aquello por lo que pasamos. Te quiero en mí, y quiero que me quiero, de nuevo.
Me veo con vos, yendo y viniendo, haciendo el amor. Me veo yendo a tu casa, entrando a ella de nuevo, sirviendo un vino en tu copa favorita, o leyéndote un poema, preparando la cama. Me veo yendo a tu casa, golpeando a tu puerta para que me abras, golpeando...”
Allí se terminaba el texto de la carta: la voz cortó allí y en el mismo momento golpearon a mi puerta. Sentí un escalofrío, no lo voy a negar.
Fui hasta allí, volvieron a golpear, abrí. El corazón se me paró un segundo, frío y calor todo junto. Melisa cerró su celular, y guardó en un bolsillo un papelito.
- ¿Puedo entrar? me dijo.
Yo sólo me hice a un lado y para hacerle lugar.
- ¿Qué es esto Melisa? ¿A qué querés jugar? le dije haciéndome la recia y con temblor en mis piernas.
- No es un juego, es lo que siento.
- Vos estás completamente...
- ¿Loca? Quizá. Eso es lo que me despertás. Locura.
Se sentó en ese sofá que tantas veces nos hamacó, se sacó su campera vaquera y se quedó en una camina que me sonaba conocida. Sí, así estaba vestida cuando nos conocimos.
- ¿Es loco querer estar acá con vos y cuando vuelvo a París con ella? me preguntó.
- Creo que sí, no es así...
- ¿No es así qué? Sonaba tan pero tan segura que me iba desmantelando, me iba dejando sin palabras.
- No sé Melisa, es una gran mezcla lo que siento.
- ¿Y dónde lo sentís? En el cuerpo o adentro.
Me la quedé mirando, directo a los ojos, llorando: “Vos ya lo sabés. Es por dentro por fuera, como un aura. Mierda, te amo pendeja del diablo.”
Se me acercó y abrazó muy fuerte, me besó, me fue desnudando, me fue haciendo el amor como cuando... como... ahora. No había pasada, nada de nada.
Se quedó en casa desde anoche hasta hace un rato ¿qué hizo con la francesa? No lo sé y ni se lo pregunté.
Su pregunta es muy directa, como su propuesta: cuando ella esté acá, quiere estar conmigo. ¿Y yo? le pregunté, qué haré cuando vos estés allá?
- Lo que vos quieras, ya somos grandes, pero no quiero fingir, cuando esté en Santa Lucía, que no quiero verte, que no me importás.
- No sé, no es justo.
- Para quién, E., para quién no es justo? me dijo, besándome de nuevo, dándome vueltas en la cama como un trompo, haciéndome respirar, vivir de nuevo.
- ¿Amante de mi pareja? ¿Amante de una amante? pensé en voz alta.
- Ay! ponele el nombre que quieras pero no quieras que me aleje estando acá: no quiero, no puedo.

Así estuvimos. Así nos dormimos y amamos y comimos, y jugamos con la gata, y le mostré mis poemas. Un domingo que brilla raro. Un domingo donde el corazón me late y late y no baja su velocidad.

sábado, febrero 11, 2006

¿De qué hablás en el blog?

Hace unos cuantos días atrás, por primera vez le dije a la persona que estaba conmigo, en este caso a Lucrecia, que yo llevaba un blog. Se sonrío, y me dijo que no me creía., pero al día siguiente encontré en mi compu los rastros de su búsqueda. En ese momento me sonríe yo. Pero la cuestión no quedó allí. Me hizo algunas preguntas, las clásicas: ¿qué escribís allí?
- Mi historia, mis relaciones, algunas de las cosas que me pasan durante el día.
- Y sos muy detallista?
- No tanto, cuando es necesario lo soy, le dije.
- Y escribiste sobre mí?
- Sí, algo. Dije que sos mi sirena.
- Andáaa, fue su respuesta.
- De verdad, eso escribí, y que no te creía sobre el primer nombre que me dijiste.
Se quedó pensando. Lucrecia volvió al ataque:
- Y... pusiste que no te puedo besar en el ombligo porque te da cosquillas?
- Nop, eso no puse porque es muuuy intimo. Me reí junto con ella.
Esto me recuerda al capítulo que vi anoche de Los Simpson, en el que Homero es profesor de “Vida Matrimonial” y para mantener su alumnado empieza a contar detalles íntimos de su vida con Marge, y esta se re-enoja, y lo echa de la casa.
Yo no puedo echarme de mi blog, pero sí ver qué cuento.

Lucrecia siguió: Y sobre las relaciones íntimas ¿qué ponés? ¿Sos pornográfica?
- No lo creo, ya te dije, no soy muy detallista.
- ¿Y te dejan comentarios?
- Sí muchos. Me encantan leerlos, sean de cualquier tipo, y con algunos de ellos empiezo a pensar cosas en voz alta o mejor dicho, escrita.
- ¿Querés que te saque una foto para que la pongas allí?
- ¿En el blog? No, ni loca.
-Dale! No seas mala.
- Está bien, pero esperá que pose, como una modelo, y será mejor con otra ropa.
- Nooo, así parecés una cincuentona, me gritó al verme.
- No estoy tan lejos, linda, y como la gente que lee mi blog no tiene ni idea de cómo soy, la foto vale.
- Bien! , y usás tu verdadero nombre?
- Por ahora no, sólo una alusión a lo que soy. Y saben la inicial: E.
- Qué guacha que sos... así nadie te va a encontrar. Yo quiero leerte, y dejarte comentarios picantes.
- jajaja, no, no lo harás.
- Sí, sí lo haré cuando te descubra. Y ahora lo podré hacer por la foto.
- Ok. Ahora sí, tomala.
- Click.


viernes, febrero 10, 2006

El templo del morbo y la semántica


Creo que fue Sabina quien le da como nombre a un bar “EL templo del morbo”, en una de sus canciones. Pues bien: hablemos del contenido de este blog: creo que no se llevaría ese nombre sabinesco comparado con otros blogs en español o en inglés (que son los más que sigo).
Este comienzo retórico tiene que ver con un comentario que dejaron en mi post sobre lo que llega en los e-mails. Como era de esperar está firmado de manera anónima, y se supone escrito por una mujer “MUY” mujer.
Lo pego aquí así saben de qué voy hablando:

“Yo creo que si quiseras invadirte en tu silencio deberias crear un blog con un nombre no tan obvio. Creo que te invade un alto egocentrismo y te gusta mucho que te miren o espien, eso no forma parte de hacer la tuya y ser original, te lo dice una mujer MUY mujer, que es cero conservadora y hasta a veces se pasa de open mind, el hombre es instintivamente estupido, lo bueno seria tratar de no provocar (voluntariamente)algo semejante. Suerte”

Más allá de tener algún error por tipeo y apuro que así aclararía un poco la incoherencia de la primera oración, creo que esta persona descarga lo que piensa es un insulto o la verdad revelada: “Creo que te invade un alto egocentrismo y te gusta mucho que te miren o espien, eso no forma parte de hacer la tuya y ser original”. ¿Cuál es la novedad? Si decido, como otras personas, abrir un blog personal es para abrir un poco la puerta y salir a jugar. ¿Eso es egocentrismo? Y sí es hacer la mía, quizá no original, pero la mía dentro de mi mundo.
Ahora está esta frase MATADORA: “te lo dice una mujer MUY mujer”... Wow... creo que muchas de mis lectoras lectores querrán conocerte con esa aseveración. ¿Cuál es tu mujerómetro? ¿Comparada con quién sos MUY mujer? O ese ser “MUY mujer” te sitúa en el lado no torta de la vida, pero con ganas?
Algo que aprendí con los años es que cuando alguien te dice que es cero conservadora: lo es, y el porcentaje de conservadurismo va variando con la hipocresía acumulada. Lo mismo para open mind. Yo no soy open mind, ser lesbiana no me hace open mind (quizá por eso mi no al sado hard).
Ahora bien, mi amiga la anónima sostiene que “el hombre es instintivamente estupido”... concuerdo con ella pero debo admitir que algunos no lo son, y sigue con esa claridad que la caracterizó en este comentario tan sabroso: “lo bueno seria tratar de no provocar (voluntariamente)algo semejante”... ¿qué cosa debo evitar, provocar la estupidez de los hombres? Ah no. Otra cosa que aprendí con los años es que no quiero hacerme cargo del lugar que ocupamos las lesbianas o las relaciones lésbicas en las fantasías de los tipos y en las de algunas mujeres MUY mujeres, para nada conservadoras y super open minded.
No, yo paso de eso, y paso de eso escribiendo lo que quiera en MI blog, en el momento que quiera.
No puedo evitar ni que se pajeen, ni que me odien o me amen o deseen. Las letras, las historias, aquello que hacemos literatura es así: moviliza, calienta o te deja impávida/o.


jueves, febrero 09, 2006

Atardecer

Hoy parecía el Principito, iba corriendo mi silla para poder seguir viendo el atardecer. Me agarró en mi patio, y luego me fui al living, y allí agarré la compu, la acomodé; después abrí una botella de Cabernet, y decidí comprender esta molestia que siento muy adentro, y que me quema. La noche está fresca, y estoy por abrir una segunda botella.
Encendí unas velas, unos sahumerios, y pedí algo para comer, no tengo ganas de cocinar esta noche.
Sólo pienso en una baño reparador antes de irme a acostar, sola. Y remarco el sola, porque hubiera tenido la oportunidad de no hacerlo y preferí que fuera así.
Esta tarde se presentó Bárbara en mi oficina y amenazó con venir y salir a comer. Yo le dije que no, que el viaje de vuelta me había cansado un poco, y que prefería estar unos días all by myself. Se fue poco convencida, pero entendiendo mis razones.
Llegar a Santa Lucía, después de casi dos semanas en Las Grutas es como volver a un pequeño infierno. Todo se sabe, todo se ve, todo se cuenta.
Ahh cansancio del pueblo chico, los pocos espacios donde se puede respirar. Y en esos pocos espacios, la mañana siguiente del día en que volvés te encontrás con tu anterior pareja o amante, que está con su nueva compañía.
Touchée. Sí. La ví a Melisa con la francesa. M. se puso colorada completamente, no sé si la otra me registró, pero el desayuno en La Mariposa terminó en un breve saludo a los chicos y la promesa de volver cuando ella no esté por allí.
Copa tras copa de vino es como cubrirme de seda, y a la vez desnudarme. Es como hacerme el amor por dentro, en esta soledad, que para qué lo voy a negar, no me gusta mucho. Pero hoy la elegí, y preferí no tener que fingir, que sonreir porque sí y hacer el amor con alguien que hoy no deseaba. No es que Bárbara no pueda estimularme (ella me gusta mucho), pero te juro que si la hubiera encontrado sola a M. quizá me hubiera zambullido de cabeza en esa locura nuevamente.
Pero hoy ví, sentí que esto realmente acabó, y que hay que trabajar en ese sentido. Ella por su lado, yo por el mío.
Natalie Barney viene y me lame un dedo, otro. La acaricio, es tan suave, y arisca ala vez, como su ex dueña, M. Ella justamente. Mi chica piercing, mi locura, mi amor perdido prohibido, me camino hacia.... el abismo.
Otra copa, mesera, así acabo con este dolor en la ducha, y conmigo misma.

miércoles, febrero 08, 2006

Lo que llega en los e-mails

Me vengo acostumbrando a recibir varios e-mails por día, en razón de mi blog, este blog. Me he ido acostumbrando a las palabras más o menos dulces, a las propuestas de salidas, a algunas confesiones, pero algo a lo que no me puedo ni quiero acostumbrar es a cierta basura que me envían o a ciertas proposiciones. No suelo contestar ni lo uno ni lo otro.
Ayer un tipo (porque casi siempre esto viene de tipos) me dijo que le gustaría estar conmigo y y el poder hacerme “breast bondage”. Yo sospeché qué sería, y hoy, ya en casa, hice una búsqueda y realmente me pareció de cuarta lo que me escribió, además de esa propuesta.

También me llegan muchas preguntas: ¿cuál es tu dirección? ¿podrías organizarme un evento? ¿Cuál es tu secreto con las minas? ¿Qué medidas tenés?... También me han llegado consejos... sobre todo en el momento más movido de mi relación con Melisa, y también puteadas. Y yo me pregunto ¿todo esto porque una lleva un blog? ¿todo esto despierta una historia personal?
Abrir la puerta de la casa, por más que sea virtual a veces da ganas de mandar todo al carajo y llamarse al silencio, y yo aún quiero contar lo mío, dejarme llevar en las palabras, recrear mi mundo con ellas.

PD: ya de vuelta, en casa, con la gata, mi cama y mi música.


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martes, febrero 07, 2006

Volviendo a casa

Está decidido: vuelvo a casa. Basta de vacaciones. Necesito mi casa, mi colchón, mi gata, mis lugares.
¿Lucrecia? Ella se queda unos días más. Dentro de una semana debe volver a Baires, para trabajar. Sí, es de Buenos Aires, vive en Montserrat. Le dije que tengo amigas por allí, que suelo parar cerca.
¿Nos volveremos a ver? No sé. Intercambiamos direcciones de mails, números de teléfono. Nos estamos despidiendo. Hasta ahora fue muy bueno, me cargó las pilas y me siento casi como nueva, llena de deseo.
En Santa Lucía me esperan un par de trabajos grandes, y que demandan mi presencia. Debo ponerme con lo de la casa de mi madre, e intentar encontrarme, finalmente, con mi media hermana.
Ahh, me canso de sólo enumerar todo esto, pero lo siento bien mío, y quiero estar allí, presente. Carpe Diem, too.

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Hastío y recuerdos de otro mar

Siento que viene, o mejor dicho: ya está instalado. Hastío, cansancio, aburrimiento. Mar y cama, too much.
Me siento y escribo mi vida, trato de hacerla vivir en palabras que a veces no alcanzan para decirme.
Una vez, hace ya más de 10 o quince años tuve un amor en Mar del Plata. Ella era de Haedo, vivía allí, y sus viejos tenían un depto. en “la feliz”. Nos escribíamos, éramos “pen pals”, de alguna manera. Ella nunca había estado con una mujer, y yo moría por ella.
Encontrarnos a solas era un kilombo: sus hermanos allí, y yo compartiendo con unas amigas “hetero” el lugar donde paraba. Estábamos todo el día juntas, en realidad desde el atardecer hasta el amanecer. Eramos silencios, eramos música de jazz en las veredas. Lo hicimos en un parque, la primera vez, bien entrada la noche, mientras los haces de luz de la linterna de la cana trataba de encontrar el lugar desde donde venían los jadeos. Pajeros de mierda!
Lo hicimos donde pudimos, pero poco. A mí me quedó gusto a poco. Partimos después cada una hacia su ciudad: ella conoció un flaco, quedó embarazada, tuvo a su niño, yo pasé por otras etapas, por otros amores. Pero a ella aún la recuerdo. Su nombre tenía la palabra mar en su comienzo.

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lunes, febrero 06, 2006

Levantando mails

Bárbara: “¿Dónde estás? Te extraño. Avisame cuando andes por acá!”.
Roberto: “Sólo para informarte: Melisa está de vuelta, y no está sola. Se vino con la francesa (...) No enloquezcas, seguí pasándola bomba con tu sirenita.”
Amanda: “Ya no sé qué hacer con Sara. Quiere irse a vivir a Chile. Yo a esa piba le desconfío. ¿Vos qué harías en mi lugar?

Ahhh todos mis roles: amante, amiga, y madrina. Todo en pocas líneas en mails rápidos, certeros.
Así que Melisa volvió con la franchuta, mirala vos. Este Roberto es de lo peor. Buen amigo pero clavador de aguijones. Lo quiero, y sabe que hizo bien en avisarme. Cuando vuelva al pago quiero estar lista, para cualquier cosa.

Bárbara, Bárbara. Amante-amiga. Algo raro me ata a ella. Me siento bien, compartimos cosas, pero no es el amor de mi vida.

Con mi ahijada qué puedo hacer, nada. Como le escribí a Amanda: “dejala sola. Si quiere ir que vaya, y que sepa por primera vez qué es estar lejos de su mama!!”. Seguro que me ligo un coscorrón cuando vuelvo por esta respuesta.

Spleen

Ayer no quise ir a la playa, preferí quedarme en la frescura del depto. Las Grutas es un lugar bellísimo, pero todo quema. Pocos árboles, mucho polvo cuando al atardecer se levanta el viento.
Ayer me quedé y subí mi foto, tomada por Lucrecia.
- Si vos escribís sobre mí, yo debo sacarle una foto a la autora.
- Ok. Pero esperá que pose.

Fue raro ponerme a borrar mi rostro, no siento que sea esconderme, pero todavía no quiero que las multitudes me paren por la calle. Ja. Un poco de humor para una mañana medio aburrida. Estoy entre cansada y saturada de mar. Lucrecia, siguiendo con lo intelectual, dice que sufro de “spleen”; más que spleen sufro de ansiedad crónica. Me cuesta relajarme, quedarme en un solo lugar, y hay quienes dirían, en una misma cama con una misma persona.

domingo, febrero 05, 2006

Me, myself, I ... bah, yo

Talking head(s)


Te gustan los juegos mentales, eso hace que me gustes más. Las palabras, además de la música, son tu pasión. Hacía tiempo que no me pasaba: alguien rápida, que devuelve la estocada mental al toque, alguien que dispara rápido sus ideas, sus respuestas, en al menos otros dos idiomas.
Me das la razón: tu nombre no es Amanda, es Lucrecia. Te creo un poco más, pero aún me suena literario. No importa. Esto es un juego, y lo juego. Es bueno saber desde un comienzo de qué va la historia o la no historia.
¿Mi corazón? Una especie de caleidoscopio, lleno de gasas y pervinox. Ya nadie podría romperlo, ergo no pido eso, pido que vengan y me lo roben, de una vez para siempre, que me lleven con él, que me lleven de verdad. Que me traguen y me vomiten.
Pero, si lo pienso bien, ni eso pido. Ya no pido nada, cada vez que lo hice me fue dado, pero el antídoto no suele venir con el veneno.
So, here we are, Lucrecia and me. Living loving we’re just two women. ¿Veneno? ¿Lucrecia? Hmmm. Sigo con los juegos, mentales, de palabras, de significantes en trance.

sábado, febrero 04, 2006

Lady in red


Viniste de rojo, húmedos tus cabellos, tus manos aromadas por un urgente perfume. Viniste de rojo para embestirme. Me dijiste tu nombre: Amanda. Mentís y lo hacés muy bien. Ese no es tu nombre, y no me importa, por primera vez no me importa. También me mentís diciéndome que sos lesbiana, que sólo lo hacés con mujeres. Sorry, nena, no es verdad. Se nota en tu cuerpo, en tus movimientos, que también curtís con tipos, y sabés qué... no me importa.
Somos las dos en el aquí y ahora. En cada beso, cogida, en cada comida que compartimos. Ni ayer ni mañana. Carpe Diem, en rojo, tornando al violeta.
Te dije que llevo un blog, no me creíste, pero en mi computadora encontré tu búsqueda... ¿qué buscabas? Nada... una gota en el océano de la blogosfera.
Sos la única que lo sabe: escribo mi vida, y la de aquellas con quienes me cruzo. Esa parte de vida, queda por aquí.

Cogés bien ¿sabías? ¿Te lo han dicho tus hombres? El sur libera, el sur limpia el alma y el cuerpo, y la mente.
Viniste de rojo, querías jugar a las escondidas, al gallito ciego, a caperucita roja.
Me das fuerza ¿sabías? Amanda, la que es amada por una tonta como yo; por una romántica como yo. Te emocionaste cuando te di las rosas la otra noche. Yo también, fue con desapego, pero me emocioné. Aún puedo regalar flores; o un libro, o bombones.
A Melisa solía regalarle bombones, nos empachábamos con ellos. Pero aquí estás vos, y me observás mientras escribo. Estás en esa cama de un pequeño departamento, en el culo del mundo, y mientras fumás me mirás, en pose.
- ¿Escribís sobre mí?
- Sí, te digo. Me siento casi como una pintora, con su modelo allí desnuda. Te pinto con palabras, pero más que a vos a la situación.
- ¿Lo voy a poder leer?
- Si lo encontrás sí, es todo tuyo este texto que estoy por subir en la web.

Morbo del saberse contada, dicha, saboreada en palabras. Sus pezones comienzan a pararse, a erguirse como torres marinas. Mis manos necesitan otra cosa más que un teclado. Es bella Amanda, la que miente. Somos bellas en esta tarde remota de un remoto sur, frío y con lluvia.

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viernes, febrero 03, 2006

Después de las sierras, el mar


Sí, después de mis semanas en Córdoba, curando el corazón y el cuerpo; descansando mi mente, volví para Santa Lucía, trabajé unos días, y decidí rumbear para el sur del país, y sobre todo volver a un lugar tan bello como Las Grutas.
Ya hace más de una semana que estoy por aquí, en el depto de una amiga, pero sola. Bah, sola es una forma de decir, ya que a los tres días de llegar apareció en mi vida una sirena, y una no pudo dejar de oir su llamado, por más que me había propuesto no meterme en nada, por meses, al menos.
Pero esto fue más fuerte, y bueno, aquí estoy, no tan sola, tampoco enamorada, pero gozando un poco de la vida con otra mujer, de casi mi edad, música, y masajista. ¿Qué más puedo pedir?

jueves, febrero 02, 2006

Paisaje Zen


Las Grutas, 2 de febrero de 2006

Tu ombligo: un ojo de agua, al salir del mar, de la ducha. Tus orejas: caracolas esquivas a mis besos, laberintos sonoros de tu mundo. Tus dedos: mi delirio, mi excitación, la música de tu piano. Tu lengua: erizo de mar, esponja marina que me despierta, que me mece, que me coge. Tus pechos: todo el mundo en donde habito y mamo y respiro.
Tu nombre: aún no me es dado. Te niegas. Dices que es lo de menos, que puedo seguir llamándote “mi sirena”. Claro: viniste directo desde el mar, en el sur de esta patria, más que austral.

miércoles, febrero 01, 2006

Paisaje (poema)

La luz alta del desfiladero,
la cañada del cuerpo
que escondes de mi toque,
de mi roce. La luz alta que ciñe
el talle deseado; el pecho ambar,
marrón; el costado sin herida, divino
de tu cuerpo. Carne en mí, sed en mí,
perdida voy, en vos.

E/LLA

sábado, enero 21, 2006

Poema

No hay aire, hay
la no espera, la imagen rota
del espejo, ilusorio.
Hay hojas, verdes,
del libro de la vida; hay
un espacio en mí que sos vos
viva, amante, calma.

E/LLA

domingo, enero 08, 2006

Cortando por lo sano

Estoy en Córdoba, en casa de unas amigas. Vine porque ya no daba más ni del corazón ni del calor en mi ciudad.
Unos días de descanso me vendrán muy bien. No traje la compu portátil, así que sólo hoy me puse a borrar unos mails, y hago este aviso. Nada de cybers ni locutorios. Verdes, aire, y tranquilidad mental.

viernes, enero 06, 2006

Sin reinas ni regalos

¿Cómo estoy? Para el orto. Con calor, enojada. Excusa dada por Melisa: se quedó en lo de unas amigas y cómo ya eran las 10 de la noche pensó que mejor sería no llamarme.
No le creo, y se lo dije. Y me importa nada, y se acabó. Intentó hacer puchero del otro lado y le dije que no se moleste, que no le sirvará, y que para mí ya fue.
No soy fría, soy realista.

jueves, enero 05, 2006

miércoles, enero 04, 2006

Sucumbiendo a su hechizo


Hoy me llamó me Melisa, me dijo llorando que si se lo pido no vuelve a París, que se queda, que lo intentamos de nuevo, que podemos hacerlo, que nos lo merecemos.
Le dije que se quede tranquila, que no, que no nos dejemos arrastrar por el deseo. “La carne sola no es todo” le dije, y sentí que sonaba más que cursi, sonoba como guión de película clase Z.
- No me vengás con pelotudeces, acordate que yo estaba enamorada de vos un tiempo antes de que nos conociéramos en ese cumpleaños. Sé lo que siento por vos.
- Meli, nos estamos haciendo mierda, dándonos golpes bajos. Quizá yo, finalmente, deba reconocer que no soy una mujer de una sola mujer.
- No me jodás, E., no me vengás con esa.
- Es verdad, quizá deba reconocerlo, y quien quiera estar conmigo aceptar eso.
- No te hagas la recia, la dura, la “no me importa un cuerno”. Sé que me amás, me deseás, ¿qué más?
- Podemos cortar?
- Si vos querés, sí, pero esta noche paso por tu casa, a las ocho, y te voy a sacar el sí.
- Ni se te ocurra.
- Vos me conocés bien, sabés que puedo hacerlo. Soy tu bruja, una vez, sólo una vez me lo dijiste y no lo olvidé.
- Un beso, quizá nos veamos.

Mis manos sudan, no puedo dejar de fumar, ando de un lado al otro y... no quiero. No quiero caer, recaer en esto.

Arena movediza

Ayer vino a casa Melisa, no le pude decir que no entrara. Traía una sidra, y un regalo: una compilación con temas piratas de la Etheridge. Natalie Barney casi se le fue encima.
Charlamos un rato, a distancia, como dos animales que se acechan. Estaba hermosa, no lo voy a negar. Y tampoco voy a negar que cuando fui a hacer café y llegó por atrás, y me dio vuelta y me dió un chupón de aquellos, no me negué, me dejé hacer, nos dejamos hacer. Y lo hicimos. Lo hicimos una vez en la cocina, lo hicimos en el living, lo hicimos en el dormitorio. Pasamos casi todo el martes juntas, hasta que le pedí que se fuera, que esto es una locura. Que sí, que nos deseamos, que en este plano todo bien, pero no en el otro. En la construcción esa del amor. No quería irse, y yo en verdad no quería que se vaya. Hace dos horas que cerré la puerta tras ella. Dos horas que sigo bebiendo sola, ahora cerveza. Dos horas en que este pedo no me impide escribir y llorar a la vez. Lloro por pelotuda, por enamorada, por pajera, por calentona.
Lloro por cabrona. Porque la amo y la dejo ir; porque quiero dejar de amarla; porque quiero que deje de amarme. Quiero el final, el corte más profundo, la herida que cierre con sal.
Un desierto para mi corazón, quiero. El deseo nublado de la soledad más absoluta. Mierda, la amo. Y me hundo.

lunes, enero 02, 2006

¿A quién quiero engañar?

Hoy aproveché a regar las plantas y a mojarme, ya que hacía y aún hace, un calor insoportable. De golpe, mirando la Santa Rita, me fui, y en un instante el agua que chorreaba de mi cabeza se transformó en lágrimas o se mezcló con mis lágrimas. Recordé una noche que nos quedamos despiertas con Melisa mirando las estrellas, esos satélites que se ven andando por lo cielos, contando historias de estrellas fugaces. Hacia el amanecer hicimos el amor allí en el patio, entre las palntas, como dos animalitas.
No podía dejar de llorar y realmente quedé como con el alma en otro lado, vieron como cuando una viaja? Así. Como dice la canción: “el caballo tira pa’lante, el alma tira p’atrás”.
No pude almorzar, y con mucho esfuerzo me hice ahora unos mates antes de sentarme con la compu en el patio, de nuevo.
En verano es mi territorio, y Natalie Barney me acompaña. ¿Serán todos así mis días de duelo, de cerrar esta cicatriz? ¿podré volver a amar de verdad? ¿Es el amor una construcción, como siempre sostuve?

No tan sola

Pasé el fin de año con Amanda, con su hija Sara y su cybernovia chilena, Carmen, que finalmente cruzó los Andes.
Comimos juntas las cuatro, y yo decidí quedarme en lo de Amanda. Eso sí, me llevé conmigo a Natalie Barney para que no se asustara con los estruendos de los petardos.

¿Cómo la pasé? Bien, acompañada, con amor de amigas a mi alrededor. A eso de las 12 y pico me llamaron Melisa y Bárbara. Sí, las dos. Melisa muy dulce y Bárbara invitándome a su casa, le dije que no, que por ahora necesito un poco de soledad, y lo bueno fue que pareció entenderlo.
Melisa estaba medio asustada por los incidentes en París. Me dio bronca que me comentara eso. No quiero saber nada de ello. Pero en fin, sospecho que soy una buena oreja para ella. No lo sé.

Ahora estoy en casa, solita, con la gata dormitando en la cama, a mis pies. Un té frío de jazmin me acompaña para refrescareme en una noche terriblemente calurosa. Quiero que llueva y que la lluvia se lleve mi blues.

viernes, diciembre 30, 2005

Poema

Cruce de aguas
cuando duele la espalda curva
da sobre el cuerpo
amado, enfermo; signo de luz
tras la ventana, corrida. Lengua viva
o muerte; vértigo de la noche astillada,
de amor. Es posible vivir sin la voz, sin vos
en el infierno.

E. (LLA)

¿Frialdad?


Me dicen que soy fría, pero no creo que sea así, mi reacción fue de sangre bien caliente. ¿Cómo se puede reaccionar ante la verdad desnuda de esta frase: “ pero esa mina me dio vuelta, me pasó lo mismo que con vos.” ¿Cómo? No me quedó otra, era obvio que lo nuestro ya había sido.
Cuando una busca o se encuentra o le sucede una amante es porque busca, necesita o desea algo diferente de su pareja, no lo mismo. Cuando te sucede lo mismo que con tu pareja, cuando hubo la misma magia, lo que fuera, es porque lo que tenías con tu pareja ya fue, y tu amante es el presente. No hay tu tía. Y ahí vienen los problemas cuando mantenemos las dos relaciones, me pregunto ¿a qué costo?
Prefiero reventar de tristeza, de bronca, decaer, sentirme una piltrafa, pero no eternizarme en el lugar, espacio, relación que me está produciendo dolor, y sobre todo por algo ficticio. Una cuando está así, de a dos, necesariamente finge, finge con alguna de las dos personas. Y eso yo no lo quiero para mí.
Me duele, me duele en el alma, en la concha, en el corazón, en mis juanetes este final, pero creo que es lo más sabio, lo que nos puede cuidar y curar y evitar que nos mandemos a la mierda.
De todas formas, ayer Melisa no dejó de llamarme, de decirme que lo intentemos, de que es capaz de quedarse, de cambiar de idea. Y yo le dije que no, que no hay nada peor que dejar sus cosas por intentar salvar una relación que ya fue, al menos en este tiempo. Le dije: “cuidemos el resto del amor”. No quiero escuchar dentro de un tiempo la recriminación: “Ves, por vos no volví a París, y ahora...”.

jueves, diciembre 29, 2005

Claro como el agua - La ruptura


Volvió Melisa. Volvió más flaca, con cara de desgano y desamor. Volvió amarga. Nunca la había visto así, y nunca la había sentido tan pero tan lejana.
- París me hizo mierda.
- Es una lástima, le dije.
- Bah, no París París, no me refiero a la ciudad, a la cultura... Esa mina me hizo mierda la cabeza y el corazón.
- ...
- Creo que nunca te lo dije, por pudor quizá, quizá por mi amor hacia vos: pero esa mina me dio vuelta, me pasó lo mismo que con vos.
- ...
- París y ella. Era una mezcla peligrosa, pero vos estabas allí tan presente. Y yo no te podía ni escribir ni decir nada. ¿Qué podía decirte? Me sentía una hija de puta.
- Y te falta la pregunta que le hiciste a la lectora.
- Era sólo un lance, pero a la piba te la tiraste vos!
- ¿Me la tiré? ¿Qué me decís?
- Y cómo se llama eso entonces? No te vengás a hacer la finoli.
- Mejor seguí con lo de París.
- Sí, mejor. Pero... ¿por qué si nos amamos hay este maltrato?
- Es el guión de los grandes amores: no tienen happy end, dije ya cansada.
- No deberían tener un final, eso.
- Pero lo tienen.
- París me partió al medio. Y lo que decidí es que el año que viene termino acá y me voy para allá.
- ¿Por ella?
- ¿Te importa en serio?
- Por algo pregunto.
- No. Por lo que puedo hacer, por mi carrera.
- Y por ella.
- De todas formas, a principios de la segunda semana de enero me voy hasta febrero, y después vuelvo para rendir.
- Bien, me alegro por vos.
- No me decís otra cosa?
- Ahora no puedo, salvo que es mejor que “esto que tuvimos” lo tornemos en pasado, lo recordemos con mucho cariño, y que seamos, dentro de lo posible, amigas. Y que por el momento guardemos distancia.
- Wow, te largaste todo el discurso.
- No, es una propuesta y una necesidad. Quiero saber en qué estoy y con quién estoy y si es posible que estemos en la misma ciudad o a un kilometraje posible de recorrer en un colectivo de larga distancia, o un tren (o lo que quede de ellos).
- ¿Es una orden?
- No seas pendeja busca roña. No es una orden.
- Disculpá. Es que te quiero y aún te deseo, y...
- Basta, nena. Basta. Mejor lo dejamos acá, y si alguna vez podemos charlar más, lo haremos. Por mi parte this is over.
- (llanto).
La abracé fuerte, nos abrazamos fuerte, y cada una salió para su casa. Esto pasó anoche.

martes, diciembre 27, 2005

Cuando las cosas cambian


Así lo siento: las cosas están cambiando, y estoy dejando que ellas hagan en mí, o mejor dicho que Ella haga en mí. Bárbara se quedó hasta el lunes a la mañana. Fuego y pan fueron esas horas. Pero ayer también estuvo por acá. Y me dejé hacer, me tomar, me dejé alimentar, me dejé comer, me dejé amar.
Siento que no estoy a la defensiva, siento que puedo moverme libre. Creo que estoy aprendiendo otros movimiento del amor, otros gestos. Se suman al caleidoscopio de mi vida, a esta fragmentaria que soy cuando escribo, cuando me miran, cuando me miman.
Dejo caer la máscara. Mi nombre con E se extiende, se expande, electriza este cuerpo, mi tu cuerpo.
La lava quema este corazón viejo, este corazón joven. El aire arde, hay un paisaje de fuego y lo hago mío. Ritual: me faltas y te tomo en presente.

sábado, diciembre 24, 2005

Chin chin


Tengo esa sensación contradictoria, mezcla de: uff estas fiestas de mierda, el reblandecimiento del alma y todas/os somos buenos, y ma’ sí, intentemos pasarla lo mejor posible. Inspirada en lo último fui al mercado y compré: unos turrones, un pan dulce, unas cositas con chocolate, y una sidra etiqueta negra. No, no me gusta el champagne ¿y qué? No pude con mi ansiedad y acabo de probar uno de los turrones, relleno con naranja y cubierto con chocolate. Natalie Barney me mira y me pregunta: ¿no hay nada para mí? Sí, una latita de atún.
Le propuse a Bárbara que fuera con sus amigas a “La Mariposa”, yo estaré allí. Me dijo: “Veré qué piensan ellas. No quieren darse mucho a conocer como tortas, vos ya sabés”. Sí, lo sé, lo sé. No voy a hacer aquí mi discurso pro-visibilidad, y pro-proceso de visibilización, etc. Hoy no. Es casi nochebuena y no quiero parecer pesada. ¿Ven? Me reblandecí.
Ahh el espíritu navideño, ahh la comercialización del espíritu navideño, ahh los dolores y falsedades de estas fiestas... ¿Fiestas? ¿Celebraciones? Me siento mejor en Fin de año, es la celebración pagana.
Bueno, la cuestión es que si hay alguien ahí que festeja: sola, acompañada, relegada, divorciada, soltera, en abstinencia, feliz, triste, con ganas, sin ellas, de prestado, en casa propia les deseo lo mejor y que lo sueños no sean tan grandes y lejanos para poder alcanzarlos.
Chin chin!

viernes, diciembre 23, 2005

Con “E” de...

Ni nombre comienza con E de:
estrella, esmeralda, elena, esperanza, estertor, entresijo, espejismo, eden, eros, erótica, eleusis, encuentro, enebro, eneldo, elegía, égloga, estridencias, estoque, estrago, estilo, estío, Estigia, erosión, estafa, estímulo, estampida, elipsis, estaciones, esquife, esquirla, epifanía, epígrafe.

miércoles, diciembre 21, 2005

Solsticio de verano

Ahhh la punta absurda del iceberg, ah la punta del iceberg que semeja un pezón, ah el pezón que me molesta (por el piercing).
Solsticio, y yo aquí en mi jardín/patio/plantabaja/isla de Santa Lucía. Yo sola, con una buena cerveza bock, sentada aquí. Natalie Barney está intentando cazar vaya una a saber qué bichito entre las plantas.
Yo sola, hoy quiero regalarme el permiso de decir mi nombre. Dejar caer el tul, la máscara, la capa y el capote.
Yo, E..., me encuentro aquí a punto de desnudarme, para mí, para la noche que nace, que crece. Yo con nombre propio, acalorada.
Estuve pensando, y quizá eso me hace mal. Estuve pensando en esperar a que venga Melisa, hablar con ella, y cortar ese relación. No es bueno para ella, ni ya lo es para mí. La amo, lo sé bien profundo acá, pero ya no da más para que estemos juntas.
Hoy me llamó, me pidió disculpas por la locura de la semana pasada, y me avisó que el Instituto decidió concluir el curso esta semana, así que para fin de año estará por acá.
Yo sola, cerveza en mano, apenas iluminada por la pantalla de la portátil, parezco un punto muy reducido de este planeta.
Bárbara quiere que pase las fiestas con ella y otras amigas; Roberto quiere que lo pase con él en “La Mariposa”; mi media hermana, Luisa, me mandó un mail preguntámdome qué pensaba hacer.
Yo aquí, aqui solita, diría una cantante española. No pienso, ahora, en nada. Me dejo llevar por Miles Davis, por la negra que corre en mi garganta; por el ronrrón de Natalie Barney.
Soy un punto, con y sin luz. Estrella fugaz en la vida de muchas, personas.

martes, diciembre 20, 2005

Dos mujeres de una misma generación

Recién ayer lunes, por la mañana, volví a casa. Volví, puedo decir, renovada. Si miro para atrás, en todos estos meses, he vivido cosas muy fuertes, muchas emociones, mucho apasionamiento.
Una mujer, muy joven, me dio vuelta mi vida, el mundo, y a su manera, y a la lejanía lo sigue haciendo. Hablo de Melisa.
Pero desde hace unas semanas, la aparición de Bárbara, fue como una especie de bálsamo. Es otra cosa, y no quiero comparar.
Tampoco quiero decir que pasé un un día y medio como hacía mucho que no lo pasaba, pero sí fue muy cercano a los primeros momentos con M. Quizá eso tenga que ver con ¿la pasión? No lo sé, no lo quiero hacer tan racional. Sé que con Bárbara funcionamos, tenemos cosas en común, y estamos más cercanas en edad. No quiero hacer de esto un tema, no en este momento.
Creo que la cuestión pasa porque ella está aquí, ahora. Ahh, yo que amo las palabras, que las necesito, que son parte fundamental de mi mundo, me quedé sin palabras para describir el domingo pasado, para poder describir las puertas del cielo y un jardín por donde me llevaron.
Creo que no quedó un recoveco de mi cuerpo sin ser besado, lamido, llevado hasta el estallido. Pero esto suena muy terrenal, hasta muy soft. Y tampoco quiero tirarme de cabeza, no quiero jugarme todas las fichas, es un umbral. Es eso. La punta del iceberg.

sábado, diciembre 17, 2005

Bárbara al rescate

Ayer habíamos hablado por teléfono, y esta mañana se apareció cumpliendo su promesa de ayer: “Yo a vos te saco de tu casa aunque no quieras”. Ante mi negativa me dije: “Te lo prometo”. Y así fue. Pasó hoy, bien temprano: con facturas y equipo de mate. Me dijo: “Mirá, yo no quiero que me cuentas nada de ella, no quiero saber nada, sólo quiero sacarte del encierro en te que metiste por sus llamadas”.
Como yo me acaba de levantar me tuvo que esperar un rato, y mientras me intentaba vestir, después de la ducha, Bárbara se puso a juguetearme, a sacarme el toallón, a alejarme el corpiño. Parecía una niña.
Me llevó al parque, es así: me llevó. Allí estuvimos unas horas, hasta el mediodía. Fuimos a comer a un bar de la costanera. Caminamos un rato más y a eso de las cuatro de la tarde ya estaba en casa.
Nos despedimos para vernos esta noche, en su casa. Me tentó con el menú: mollejas al ron. Never eat it.
Así que aproveché a dormir la siesta, a darme un baño de inmersión, y aquí estoy intentando terminar de vestirme para salir. Me siento rara, pero creo que me merezco pasar un buen momento.

viernes, diciembre 16, 2005

Gritos y susurros

Me doy cuenta que la lejanía no le hace bien a M., y que tampoco se banca del todo estar con otra persona allá.
Sé que en esta oportunidad no debe ser fácil, ya que esa persona se accidentó, pero no tiene ningún derecho de llamarme a cualquier hora y volver con esa cantinela histérica. Me duele muchísimo decir esto sobre una actitud de M., pero no puedo llamarlo de otra forma.
Hoy hablé mucho con Amanda, y ella me hizo reflexionar, ponerme del lado de Melisa, pero eso no me convence.
Estuve a punto de mandarla a la mierda un par de veces cuando hoy llamó. Sí, no es una llamada por día, son como dos o tres y hasta mails incoherentes. Me da miedo a la vez sentirla de esa forma, me preocupa. Realmente no sé qué le pudo pasar en estas semanas, y qué desató en ella el accidente de la otra chica.
Su voz me taladra, y me taladra, y no puedo recuperar el dejo amoroso que suele tener, la vieja Melisa de todo este tiempo, incluso con nuestras idas y venidas.
Siento, muy adentro, que voy levantando el ancla, que quiero alejarme. No me es fácil.

martes, diciembre 13, 2005

Al otro lado del espejo

Temprano sonó el teléfono. Antes de llegar el tubo a mi oreja sentí el llanto. Era Melisa. Apenas podía entenderle qué decía. Su amiga parisina había sufrido un accidente: bici, auto, noche, y llanto, puro llanto. No sabía qué decirle, ni cómo consolarla.
- ¿Vive? le pregunté.
- Sí, vive, aún vive. Nunca me había pasado esto. Nunca, me entendés.
- Sí, seguro que te entiendo.
- Nunca le había pasado algo a alguien con quien yo ando. Nunca. Y más llanto.
- A veces pasa, pero me preocupás vos.
- Yo estoy bien, sin dormir, pero triste, muy triste. Bueno, no tengo más monedas.
- Decime donde estás y yo te llamo.
- No. Así está bien.
- Ok. Cualquier cosa llamame por cobrar, o mandame un mail.

Cuando colgué, no sé por qué recordé estos versos de Prevert: “¿Recuerdas Barbara? Llovía aquel día sobre Brest...” lo recordé en francés. Loca asociación.

lunes, diciembre 12, 2005

Armas de seducción

Esta mañana tocaron el timbre muy temprano, tipo 7:30. Cuando pregunté quien era me dijeron: “Desayunos sorpresa”. Yo conozco a esa gente porque muchas veces he tenido que contratarlos por algún trabajo de eventos.
Medio dormida pregunté: ¿qué desea?
- Vengo a traerle un desayuno.
- ¿Qué?
- Usted es menganita de tal.
- Sí.
- Entonces es para usted.

Les abrí y sí, allí estaba: una taza de café sólo, con todo el resto de lo que traen esas bandejas, y una mesita bellísima. El muchacho me lo dejó en la mesa del living, y cuando se fue, abrí la tarjeta que estaba junto a tres rosas rojas: “Pienso en vos. B.”
Me quedé muda, mas bien me quedé allí quietita oliendo el aroma del café, y mirando fijamente las facturas que había en el plato: dos tortas negras, dos suspiros de monja y una tortita de ricota. Eso es lo que se llama un mensaje indirecto. Me maté de risa un rato, y me quedé de nuevo, con la tarjetita en la mano, viendo hacia el patio. Me gustó esta sorpresa. No la esperaba ni ahí.
La llamé varias veces para darle las gracias y sólo una vez me atendió el contestador. Veré si hablo con ella más tarde.

domingo, diciembre 11, 2005

Cosquillas en el corazón

Hoy almorcé con Bárbara, que me había llamado ayer para invitarme: “Unos spaguettis para matar la soledad”, me gustó el título de la invitación, suena a cuento.
Me di cuenta de que no vive tan lejos, está a más o menos 14 o 15 cuadras. Insistimos en que es extraño que nunca nos hayamos cruzado. Por los gustos que tenemos nos hubiera tenido que pasar, pero en fín, la vida es así.
Cuando llegué, llevando unas masas, ya que ella ponía todo, incluso el vino, me sorprendió verla con su cabello suelto, parecía una especie de manto.
Es un octavo piso, con muy buena iluminación. Pequeño, pero acogedor. “Mi oficina es más grande”, me dice sonriendo, - no quiero nada grande desde que me separé.
La miro, trata de contrastar sus gestos, hoy a la luz del día, con los de la otra noche, primero en el bar y luego en mi casa, y en especial en la cama. Parece otra mujer, más tranquila, más meticulosa.
Tiene un balcón lleno de plantas, le digo que debo enseñarle otra vez mi jardín. “Sí, sólo lo entreví por la persiana, al amanecer cuando me fui.” Recién ahí se acerca, me besa, lento, pero sostenido. Caigo en la cuenta que cuando entré nos besamos en las mejillas. Contesto a su beso, y allí nos quedamos, de pie, abrazadas junto a la mesada de la cocina. Me “sabe” raro.
Comimos, le ayudé a juntar las cosas, y ella propuso salir a caminar. Cuando lo dijo la miré sorprendida y ella me preguntó: “Alguna otra día?”.
- No. Me parece perfecto así bajamos la pasta.
- Exacto.

Estuvimos paseando como dos horas, hasta descubrimos una feria cerca de la costanera. El camino de vuelta nos trajo hasta mi casa, aquí tomamos te, charlamos un rato y ella se fue hace como una hora atrás.
Otro beso, intenso. Chau, chau. Insisto: sabe raro, pero rico.

PD: hoy el blog cumple 8 meses.

sábado, diciembre 10, 2005

Historia y características del pacto con Melisa

Después de lo que pasó con Gloria, tuvimos con Melisa este primer encuentro de tres horas en donde pasó de todo. Otro día pudimos hablar de la confianza. Pero a los dos meses, fue Melisa quién estuvo con otra persona, y desde allí, y cuando cumplimos tres meses de amor, pudimos ir charlando cómo íbamos siguiendo con nuestra relación.
A lo que llegamos, y con pequeñas variaciones para cada una, era que cuando las dos no estemos juntas, al menos en el mismo espacio, tendremos una relación abierta, y cada una decidirá si vale la pena contarlo o no.
Cuando estemos en el mismo espacio (con esto entendemos ciudad) y se llegara a dar algo, veríamos qué nos pasa, qué sucede con nosotras.
No es fácil, no es cómodo. Pero lo decidimos dos personas adultas.

viernes, diciembre 09, 2005

La noche fue Bárbara

Uff, tengo esa sensación en el estómago, y en la garganta. Esos restos de resaca, que por más te de jengibre, no se te va en casi todo el día. Poca resaca de bebida, mucha de cogida. Uy, ando mal pa’ las letras. Ando como puedo, en la casa. La abstinencia ajena ha hecho estragos en mi cuerpo, claro, yo ayudé un poco.
Sí, fui a la fiesta de “La Mariposa”; a diferencia de otras veces, bailé. Salí de la mesa o de la barra y anduve por el salón: había varias/os conocidos; me iba detrás de la barra y ayudaba con alguna copa, hasta que nos vimos. Sí, fue mutuo, y tipo como en las películas, flishhh y chac: las dos miradas se juntan, se cruzan, hacen splash una en la otra. Pero nos ignoramos. Sí, como dos señoras recatadas, de más de cuarenta. Cada una por su lado, sola. Hasta que a eso de las 11 de la noche se acercó a la barra y pidió un daikiri de frutillas. Yo estaba rompiendo hielo, y casi me corto la mano. Wow su voz: mezcla de Bellessi y Jean Moreau. Me di vuelta y de nuevo las miradas, pero esta vez se sumó una sonrisa. Apenas pude responder, pero lo hice.
A la media hora, estaba sentada en una mesa, fumando y pensando en nada o intentando no pensar en nada, es decir en Melisa, cuando Roberto me trajo me trajo un daikiri como el que ella había pedido.
- Te lo mandan de regalo, me dijo.
- ¿Quién?
- Mesa 14, del lado de la ventana.
Allí estaba haciendo el gesto como de brindis a la lejanía, pero creo que en 10 segundos estaba en mi mesa.
Se llama Bárbara, 45 años, abogada, separada desde hace un año después de haber convivido cinco. Cabello largo, entrecano, peinado en una especie de rodete. Jean, camisa y manos fuertes, pero tiernas.
Charlamos de que raro que nunca nos habíamos visto, si el trabajo, si Santa Lucía, que la soledad, que las separaciones, que las relaciones abierta, que si querés un café, dónde, en mi casa, okey, vamos.
Al grano, sin dilación, con urgencia, con sabiduría, con ganas. Me confesó: 9 meses sin coger. Le dije sonriendo: se te nota.
- Qué mala que sos.
- Se te nota, qué querés, y la besé.
- Que me mientas. Sos linda.
- Vos sos la que mentís.
- No, sos linda, pero ese piercing....
- Mejor no hablemos de ciertas cosas.

jueves, diciembre 08, 2005

Día de la Virgen

No hay nada mejor que un feriado basado en la virginidad, ni mejor idea que hacer una fiesta para perderla.
A los chicos de “La Mariposa” se les ocurrió hacer una fiesta esta noche llamada “Noche de la Virgen”. Yo lo pensé mucho y al final decidí ir. Un poco de cerveza o vino no vendrá mal.
Roberto, uno de los dueños, tampoco anda muy bien amorosamente, así que parece que la idea de festejar fue también para levantar su ánimo.
- ¿Vos qué vas hacer? me pregunto después que le contara sobre cómo estamos con M.
- No sé, no quiero pensar a priori. Por ahora la soledad pinta bien.
- Vamos mujer que vos no naciste para estar sola.
- Eso decís vos. Yo la disfruto mucho, pero algo se había encendido dentro mío cuando Meli volvió de sopresa y todo eso. Lástima que no lo pudimos muy bien por la venida de mi media hermana y todo ese rollo.
- Claro, ¿cómo vas con eso?
- La mina se volvió para Buenos Aires. Yo fui posponiendo el encuentro y ella debía volver a sus cosas. Quedamos en que lo haríamos no forzadamente. Yo aún no abrí el paquete de cartas que me trajo. Lo metí en un cajón y allí está.
- No es fácil, pero bueno, justo por eso “Fiesta, que fantástica, fantástica esta fiesta, que fantástica, fantástica esta fiesta, esta fiesta con amigos y sin ti.”
Pienso estrenar una camisa negra de seda.

martes, diciembre 06, 2005

Touché

Acabo de leer un mail de Melisa en donde me avisa que se tiene que quedar en París hasta mediados de de Enero. El Instituto donde está estudiando recuperará las clases perdidas durante los días de los incendios, ocurridos como hace un mes atrás.
Me dice que se reencontró con su “amiga” parisina. Dice que no es nada eso comparado con lo nuestro, pero que como habíamos quedado, me lo dice.
Leo su mail y por primera vez en todos estos meses, me molesta, me duele. Lo puse en su carpeta, “M”, para releerlo.
Me levanté, me preparé un café bien cargado, y me quemé un dedo. Todo fenónemo, para un martes que venía más o menos bien, sin calor, casi primeros días de primavera.
¿Qué me duele? ¿La sinceridad? Si forma parte de lo que hemos pactado. ¿Qué entonces? Creo que lo que más me molesta es esta carga de vacío. Siento un hueco acá, en el plexo, que le llena hasta el estómago. Un vacío que se expande, y me hace dejar cosas por la mitad: libros, cosas que quiero hacer, mis acuarelas.
Escribí esto:

Duele este decir, sin aliento: estoy viva.
Duele el doblarse esta espalda
sobre la palabra que quema y desarma
la arruga de tu recuerdo.
Tiembla mi voz cuando nombro
el horror de ya no sentir
el latido de tu pulso, la yugular
donde muerdo, la carne, el deseo.
Vos.

Están viniendo los poemas. Los voy juntando, como cuando era joven, como cuando me dejaba traspasar por la poesía. La magia, si la hay, está en otra parte, honey.

domingo, diciembre 04, 2005

La lectora, mudanzas

Ayer al mediodía recibí un llamado de Andrea, la lectora. Después de los saludos esperables, me dijo que tenía que hablar conmigo.
Yo no tenía muchas ganas, por dos razones: una, estaba super ocupada, y segunda, no quería recaer en tentaciones. Insistió y le dije que sí, pero que iba a ser muy tarde, ya que tenía dos trabajos que supervisar. Finalmente nos encontramos a la madrugada de hoy, sí a las 1:30 de la mañana, y estuvimos hablando hasta eso de las 4 am. Ahora estoy que me caigo, pero cuando vi el reloj, que casi está por marcar las 16 hs. pensé: Andrea ya está rumbo a Rosario.
Sí, Andrea se va a lo de una amiga que vive allí hasta fin de año, y el 2 de enero está saliendo hacia México. Sí: dejó a su novio, dejó Santa Lucía y dejará el país en pocos días. ¿Razones?
- Me harté. No soporto más vivir en esta ciudad de mierda, donde todos te observan lo que hacés y dejar de hacer. Me cansé de la ambigüedad de las personas, de la gente careta. Me cansé de no poder encontrar una mina con la quien curtir tranquila, sin historias.
- ¿Una mina?, pregunté.
- Sí. Bueno, vos sabés que yo soy muy intelectual y eso, pero me gusta decirle mina a una mujer que me gusta.
- Claro. ¿Y cuándo te vas?
- Mañana zarpo hacia Rosario, y el 2 de enero al DF. No sé si me quedaré allí, veré qué pinta.
- Pero tenés una beca, algo?
- No, nada. Sólo un par de amigas que me hice vía chat y que me dijeron que quizá puedo enseñarle inglés a los gringos, y cosas así. Quiero dedicarme a escribir.
- Me parece refuerte la movida que vas hacer. Te deseo todo lo mejor, y que te portes muy mal.
Se sonrió. Nos abrazamos muy fuerte y nos dimos un buen beso, como para cerrar nuestra historia con un recuerdo dulce.

Cerré la puerta, y allí me quedé, mientras Natalie Barney me refregaba las piernas. Levanté las tazas de café, y me senté un rato en la cocina. Pensé en cómo van desapareciendo de mi vida personas a las que quiero, y cómo se van las personas jóvenes con las cuales, además de compartir el deseo, pude intercambiar un par de ideas, libros y hasta discos.
No soy, como leí en un blog, una vieja que se busca pendejas. Me sucedió esto en este último año. No soy roba cunas, no me ando haciendo la pendex. Ellas, Melisa y Andrea, llegaron a mi vida con una fuerza inusitada, dieron vuelta mi mundo, lo desarticularon, y me enseñaron cosas nuevas, y me dieron esperanzas.
Pero ahora se van. Melisa ya está en París, de nuevo; y Andrea con este viaje. Ojalá yo también pudiera armar el bolso y salir por allí, sin tiempo, sin espacio. Pero no puedo, aún no puedo.

Uff, para colmo toda esta sensación se mezcla con el estúpido espíritu navideño que ya el comercio impone en todas partes. Odio estas fechas. Odio estar tan sola, y no hablo de no estar rodeada de gente. Hablo de esa soledad, que no se va de ninguna manera. Salvo...

viernes, diciembre 02, 2005

Poema


No existo; no me busques
que sólo soy
la sombra de las palabras que ilumino,
el gesto de una gata bostezando.
No me salgas al encuentro
que soy fantasma de tu propia miopía,
dibujo entramado de tu ignorado deseo. No
saltes hacia mí, no
valgo la pena; no soy red ni pesca; no soy
más que la que sueña amarte
desde un petril roido por el tiempo.

LLA (es decir, mío)

jueves, diciembre 01, 2005

Pensando en todo, pensando en nada

Hoy me tomé el día, me quedé en casa. Acomodé, limpié, salí temprano a hacer unas compras; me compré los últimos chocolates de la temporada, una tirita de asado.
Ahora estoy tomando unos amargos mientras veo cómo Natalie Barney juega con la Santa Rita (buganvilla en otros países, o veranera). Está hermosa, muy “florecida”. Me encanta ver a la gata jugar entre las plantas. Me da paz y alegría.
Hoy pinta ser un día así, tranquilo, con tiempo para no hacer nada de lo super urgente, de lo super cotidiano. Ya sé que la semana que viene me llegan todos los pedidos relacionados con las fiestas, así que debo relajarme ahora lo más que pueda.
Tengo pendiente el encuentro con mi media hermana para poder empezar a hablar, y tengo a medias una carta, sí, sí, una de esas que aún se escriben en papel, para Melisa. Le quiero mandar una carta donde le agradezco todo lo que hizo por mí desde su llegada sopresa las otras semanas atrás. Esa es la idea, pero como viene, para ser la historia de mi vida, mi novela personal.